EE.UU., la OTAN y el régimen neonazi de Kiev culpables de la crisis en Ucrania

 

Ucrania:
EE.UU., la OTAN y el régimen neonazi de Kiev culpables de la crisis en Ucrania

por Luis Alfonso Mena
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Rusia plantea la desmilitarización y desnazificación de Ucrania, donde el régimen instaurado en 2014 reivindica políticos colaboracionistas de los ejércitos de Adolfo Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.
La sumisión frente al imperio gringo y su maquinaria mediática mundial lleva a muchos a repetir, sin ninguna crítica, la narrativa de las potencias occidentales sobre lo que ocurre en Ucrania.
En realidad, lo que hace Rusia es proteger su territorio ante la amenaza nuclear diseminada a lo largo de países europeos integrados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, Otan, y neutralizar, con operaciones especiales focalizadas, la infraestructura militar ucraniana establecida en centenares de bases militares repletas de toneladas del armamento surtido por el Pentágono y el Reino Unido.
En suma, decirle “basta” a la expansión del bloque agresivo de la Otan, cuyo jefe, EE.UU., se halla sediento de dólares para la industria militar norteamericana y afectado por una crisis económica de magnitud insospechada.
Además, y no menos importante, Rusia acude en ayuda de las repúblicas populares democráticas de Donetsk y Lugansk, independizadas de Kiev y situadas en la región oriental de Donbass, cuya población lleva ocho años siendo masacrada por el régimen neonazi instalado en el poder en Ucrania luego del golpe de Estado de 2014, que derrocó a Víctor Yanukóvich, golpe largamente patrocinado por la CIA y las potencias occidentales, con la participación de escuadrones paramilitares fascistas ucranianos.
La operación rusa en respaldo a las dos repúblicas autónomas, reconocidas por el presidente Vladimir Putin el lunes 21 de febrero, fue recibida con beneplácito por la población que la esperaba hacía años luego de padecer la persecución política y la violación de los derechos humanos, sociales y económicos del gobierno de Petro Poroshenko, surgido del golpe fascista, y del actual presidente, Volodimir Zelensky, un comediante de televisión convertido en “jefe de Estado” en el marco del régimen de extrema derecha imperante, pero, en realidad, un títere de EE.UU. y del Reino Unido.
Los sufrimientos de los cuatro millones de pobladores de la región del Donbass, cuyo idioma es el ruso, lo mismo que su idiosincrasia, cultura, tradiciones y sentimientos, han sido indecibles y condujeron a la independencia frente al poder central de Ucrania. Además, los habitantes de esta región se niegan a ser incorporados a la Otan y a la Unión Europea.
Más de 14.000 personas asesinadas, bombardeos y ataques diarios a manos del régimen y del llamado Batallón Azov (una agrupación nazi-fascista integrada por supremacistas blancos locales y de otros países incorporados al Ejército y al Ministerio del Interior ucranianos), la pérdida de sus pensiones, la ilegalización de la lengua rusa (¡qué tal esto!) y un sinnúmero de medidas han lacerado el alma y los cuerpos de millones de residentes de Lugansk y Donetsk.
El testimonio de Luis Hernando Muñoz, ciudadano colombiano residenciado en Donetsk desde hace 36 años, ha resultado impactante por la claridad de lo que realmente ocurre allí y el martirio que les ha tocado soportar durante ocho años. Se trata de un documento televisivo que dejó pasmados a los periodistas de Caracol, que cuando lo contactaron seguramente no se imaginaban la historia que se iba a revelar sobre la realidad de la sufrida región.
Por todo ello, Rusia plantea la desmilitarización y desnazificación de Ucrania, donde el régimen instaurado en 2014 reivindica políticos colaboracionistas de los ejércitos de Adolfo Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, como Stepan Bandera, en cuyo homenaje el Parlamento de ese país decretó el 1 de enero, fecha de nacimiento del pro nazi, como día nacional.
Y donde proliferan agrupaciones de extrema derecha que glorifican, con el patrocinio del gobierno y de EE.UU., el nazismo, derrotar al cual costó la vida de más de veinte millones de soviético en la que se bautizó históricamente como la Gran Guerra Patria (1939-1945), legado traicionado por muchos hoy en Ucrania.
El objetivo de las potencias de Occidente, pues, es inundar de misiles de largo alcance la frontera con Rusia utilizando a Ucrania, pero para ello es indispensable hacerla miembro de la Otan.
Lo que está exigiendo Rusia de manera rotunda desde hace años, y que ha sido sistemáticamente desconocido por EE.UU., el Reino Unido y la Otan en general, es que se desista de esa iniciativa, que está en la estrategia de seguir desenterrando la anacrónica Guerra Fría surgida en 1949.
Para el gobierno ruso convertir a Ucrania en la plataforma de misiles nucleares, que en cinco minutos estarían impactando en Moscú, se constituye en asunto de supervivencia de su pueblo y su territorio, y de ahí su rechazo a la Otan. No es un invento de última hora de Putin.
Un hecho más: en 2014, la igualmente mayoritaria población rusa de la península de Crimea decretó, mediante referéndum, su separación de Ucrania y su regreso a jurisdicción de Rusia: el 95% de los participantes en la consulta votó por esa opción, lo cual exacerbó aún más a los nacionalistas de la ultraderecha de Kiev.
Moscú reclama, en el marco de los diálogos en marcha en Bielorrusia con Ucrania, el reconocimiento de Crimea como parte de la geografía rusa.
Las posiciones light
Ante este panorama complejo, sectores de la izquierda light y el progresismo liberal socialdemócrata en Latinoamérica hoy se acomodan y se suman a las sirenas de condenas occidentales a Rusia, sin ninguna contextualización histórica y geopolítica, porque creen que asumir esa condena suma votos, ambienta gobernabilidad o, por lo menos, neutraliza los rayos de las derechas.
Medios de comunicación que se reclaman “independientes” y hasta “alternativos” asumen, igualmente, el discurso de las grandes corporaciones comunicacionales de los países de la Otan, repiten sus líneas discursivas al pie de la letra y se prestan para reproducir imágenes claramente manipuladas del lado de la maquinaria de la guerra de desinformación.
Pero una de las posiciones más absurdas de los denominados progresistas es la de Gabriel Boric, el presidente electo de Chile, quien llamó a apoyar incondicionalmente el régimen neonazi de Ucrania, olvidando los tormentos de su pueblo en la Chile de 1973, torturado y masacrado por la dictadura fascista de Pinochet. ¡Qué contradictorio, que doloroso!
En esta época de ignorancias, “olvidos” y claudicaciones muchos no recuerdan, o nunca han denunciado, que los gobiernos surgidos en Ucrania después del golpe de Estado de 2014 ilegalizaron la lengua rusa que hablan millones de personas, especialmente en el este (región de Donbass), acabaron con las pensiones de trabajadores, encarcelaron a miles de opositores y sometieron al hambre y a los bombardeos cotidianos a millones de personas habitantes de las ahora repúblicas independientes de Donetsk y Lugansk.
Y, menos, recuerdan episodios tan terribles como la espantosa cacería de obreros desatada por las hordas nazis en 2014 que concluyó con el brutal asesinato de 50 jóvenes y trabajadores comunistas en la ya tristemente célebre masacre a la Casa de los Sindicatos de Odessa, incendiada con la gente en su interior.
Quienes hoy asumen el discurso de EE.UU. sobre el operativo ruso en Ucrania no recuerdan la actual infame guerra de los jeques árabes contra el pueblo de Yemen, la destrucción imperialista desatada en Libia, la brutal guerra de EE.UU. y otras potencias contra el pueblo sirio, las invasiones gringas a Irak y Afganistán.
Tampoco recuerdan (o se hacen los amnésicos) el despedazamiento por parte de la Otan de la antigua Yugoslavia en siete trozos, para lo que fueron necesarios 78 días incendiando Belgrado y otras ciudades de la patria de Tito, contra las que lanzaron 2.300 misiles, 14.000 bombas y 15 toneladas de uranio empobrecido que generaron una crisis ambiental del horror.
Los que hoy lanzan alaridos hipócritas sobre Rusia, callan ante los bombardeos diarios del régimen nazi-sionista de Israel, patrocinado por EE.UU., contra el pueblo palestino en su lacerado, invadido y dividido territorio (Gaza y Cisjordania), que dejan miles de víctimas. ¡Cinismo sin límites!
Tampoco recuerdan las invasiones a Panamá, Granada, República Dominicana y tantas otras agresiones atroces acometidas por el imperio estadounidense en nuestro continente americano… Ni hablan de la guerra de las Malvinas, en la que el imperio inglés asesinó a centenares de argentinos para mantener la posesión del territorio invadido.
Y, desde luego, no se atreven a denunciar los terribles bloqueos económicos e intentos de invasión contra Cuba, la República Bolivariana de Venezuela y Nicaragua, tres países solidarios en estos momentos decisivos con Rusia, al lado de la República Popular China y de Bielorrusia.
Para rematar, nos encontramos un artículo de Camilo González Posso (“Se escala la guerra imperial de reparto entre potencias capitalistas”), en la misma tónica de los centristas tan de moda hoy.
En principio lo que plantea González es la no alineación, es decir, tratar por igual a la Otan y su política hegemónica, y a Rusia, a la que se busca aislar. González reivindica a Henry Kissinger, quien, entre otras cosas, habla de rechazo a la anexión rusa de Crimea, con lo cual el articulista desconoce el referéndum de 2014 en el que, como mencionamos arriba, la población decidió su retorno a Rusia (Crimea fue “obsequiada” por Nikita Jruschov a Ucrania en 1954). Y ni una palabra sobre las masacres y limpieza étnica del régimen de Kiev contra las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk. González remata con el viejo argumento de no meterle ideología a esto. El discurso “profesional”.
La provocación del fantoche
Y mientras tanto, el régimen fantoche de Iván Duque, haciendo ejercicios con submarinos nucleares de EE.UU. en el océano Atlántico con la Armada gringa, otro acto de provocación contra Venezuela, como tantos que desde Colombia se han emprendido por los que usurpan el poder hoy en la Casa de Nariño y que tienen el cinismo ahora de hablar de invasiones e intervencionismo.
Ocultan que desde La Guajira colombiana se inició la nefasta Operación Gedeón, derrotada por Venezuela en las costas de la Guaira en mayo de 2020, y el circo en los puentes de norte de Santander para invadir, en febrero de 2019, a la hermana república con camiones de supuesta “ayuda humanitaria” y centenares de guarimberos armados con el auspicio de la Policía de Duque.
Que la Rusia de hoy no es socialista, sino un país que regresó al capitalismo, luego de la disolución de la Unión Soviética en 1991, se sabe. Pero eso no significa que, en el marco de las contradicciones del mundo capitalista de hoy, tengamos que desconocer asuntos fácticos denunciados por Moscú, empezando por la amenaza nuclear contra el pueblo ruso y la tragedia de ocho años en el Donbass.
Por el contrario, si algo está logrando esta crisis es que se empiezan a divulgar por el mundo estos hechos sobre los que la dictadura mediática internacional ha callado, y a pesar de la censura que los muy “democráticos” gobiernos de la Otan han impuesto para silenciar a medios como RT, Sputnik y otros. Cuando no hay argumentos, se recurre a amordazar la voz del mensajero. Y a producir un rosario de “sanciones” económicas, diplomáticas y de todo tipo, hasta deportivas, como las de la mafia de la Fifa.
Los agresores no son ni el pueblo ni el gobierno rusos, son la Otan, EE.UU. el Reino Unido y demás potencias occidentales y su títere, el régimen neo-nazi de Ucrania. Rusia y las repúblicas autónomas de la región de Donbass (Donetsk y Lugansk) se defienden.
Como dijera el analista chileno Alejandro Kirk, Rusia no cometerá el error de la Urss en 1939 de “intentar apaciguar al agresor con concesiones”. Moscú sabe que el régimen de Kiev es símbolo de arbitrariedad y cobardía. Ante la amenaza del bloque guerrerista de la Otan, Rusia tenía un dilema: se protege o claudica. Ya saben cuál es la respuesta.

fuente:
https://www.telesurtv.net/opinion/EE.UU.-la-OTAN-y-el-regimen-neonazi-de-Kiev-culpables-de-la-crisis-en-Ucrania-20220303-0006.html

¿Guerra en Ucrania?

¿Guerra en Ucrania?

Neonazis en Ucrania

Se deteriora la situación en Europa. Puede estallar una guerra en Ucrania y entonces es imprevisible donde se puede extender.

Los grandes medios suecos  y de otros países están creando una histeria como de que Rusia puede invadir la isla de Gotland y atacar entonces a Suecia, aparte de que siempre es "inminente" su agresión a Ucrania. Ésto es, sin duda, parte de una gran campaña organizada desde Washington para incorporar al país escandinavo a la OTAN como base de ataque a Rusia y dominar el Mar Báltico. Ésto está alentado por los políticos, fieles a las grandes empresas multinacionales suecas que aspiran a participar del saqueo de los enormes recursos naturales rusos. Hay que recordar que Suecia participó en Libia, seguramente mojando algo de los fondos libios que, después de 10 años, todavía no han aparecido y, más recientemente mandó buques de guerra a maniobras navales de la OTAN en el Mar Negro.

Como si Suecia tuviera algo que ver en esa zona de influencia!

Rusia está inquieto, con toda razón, por la cantidad de bases militares que la rodean y que realizan maniobras con su modelo como enemigo.

Como dice John Pilger 3:

"Los hechos no informados son: las tropas de Rusia están en Rusia. Las tropas británicas están en las fronteras de Rusia. Rusia está rodeada de misiles de EEUU. El gobierno electo de Ucrania fue derrocado por Obama y reemplazado por un régimen anti ruso infestado de nazis"

La táctica de asediar y dividir les ha funcionado por lo menos en dos ocasiones:
con la URSS en el '90 y con Yugoeslavia en el '99.

Esta vez la apuesta es mayor y puede conllevar una guerra atómica con la extinción de la especie humana como consecuencia, pero a ellos no les importan los riesgos y están necesitando una presa grande para contrarrestar a China y la ruina que implicaría para ellos un pacto militar-industrial-económico Rusia-China con toda su zona de influencia en Asia y hasta parte de África.

No es cierto que en noviembre de 2013, la Unión Europea, apoyada por Washington, ofreció al presidente ucraniano Viktor Yanukovych una asociación benigna con la democracia y la prosperidad europeas. No es cierto que Yanukovych estaba preparado para firmar el acuerdo, pero Putin lo intimidó y sobornó para que lo rechazara. Entonces comenzaron las protestas del Maidan de Kiev y todo lo que siguió después.

La propuesta de la UE era una imprudente provocación forzando al presidente democráticamente electo de un país profundamente dividido a elegir entre Rusia y el Occidente. Así también fue el rechazo de la UE de la contrapropuesta de Putin de un plan Ruso-Europeo-Americano para salvar a Ucrania de un colapso financiero. En sí mismo, la propuesta de la UE no era económicamente viable. Al ofrecer poca asistencia financiera, requería del gobierno ucraniano decretar medidas de dura austeridad y habría restringido agudamente su prolongada y esencial relación comercial con Rusia. Tampoco era la propuesta de la UE enteramente benigna. Ella incluía protocolos que requerían que Ucrania se adhiriera a la política "militar y de seguridad" de Europa - lo que significaba de hecho, sin mencionar esta alianza, la OTAN. Nuevamente, no fue la alegada "agresión" de Putin que inició la crisis actual sino en su lugar una especie de agresión de terciopelo por parte de Bruselas y Washington para meter a toda Ucrania en el Occidente, incluso(en texto pequeño) en la OTAN.

La guerra civil de hoy día en Ucrania no fue causada por la respuesta agresiva de Putin a las protestas pacíficas del Maidan contra la decisión de Yanukovych.
En febrero de 2014, las protestas radicalizadas del Maidan, fuertemente influidas por fuerzas callejeras de extremo nacionalismo y aun semi-fascistas, se volvieron violentas. Con esperanza de una resolución pacífica, los ministros de relaciones exteriores europeos negociaron un compromiso entre los representantes parlamentarios de Maidan y Yanukovych. Éste lo habría dejado como presidente, con menos poder, de un gobierno de una coalición por reconciliación hasta elecciones prematuras en diciembre. En unas pocas horas, agitadores callejeros violentos abortaron este acuerdo. Los líderes de Europa y Washington no defendieron su propio acuerdo diplomático. Yanukovych huyó a Rusia. Partidos parlamentarios minoritarios representando a Maidan y, predominantemente Ucrania occidental - entre otros Svoboda, un movimiento ultranacionalista previamente anatematizado por el Parlamento Europeo como incompatible con valores europeos - formaron un nuevo gobierno. Washington y Bruselas respaldaron este golpe y han apoyado sus resultados desde entonces. Todo lo que siguió, desde la anexión de Crimea por Rusia y la expansión de la rebelión en el sudeste de Ucrania a la guerra civil y la "operación antiterrorista" de Kiev, fue detonado por el golpe de febrero. Las acciones de Putin fueron predominantemente reactivas
2.


El Instituto Schiller 5

El riesgo de las mentiras de que Rusia está por invadir Ucrania abarca ni más ni menos que una guerra atómica con la consiguiente aniquilación de la especie humana.

La documentación de un dossier  del Instituto Schiller muestra una cronología de como Occidente, no Rusia, paso a paso ha escalado la presión militar sobre ésta. Ésto ha sucedido desde la disolución de la Unión Soviética sin traba alguna. El propósito se dice que es ayudar a Ucrania, pero todos deben poder comprender que la OTAN no puede expandirse sin límite sin verse obligada a confiarse completamente en las armas atómicas,

En términos puramente militares la OTAN no puede movilizar suficientes fuerzas como para medirse con lo que Rusia puede hacer en la región. Ésto fue establecido este verano pasado con las grandes maniobras militares rusas en su propio territorio con más de 100.000 soldados. Ya ahora Ucrania es sacrificada en un desorden económico dirigido por Occidente en que los oligarcas se enriquecen, mientras que los trabajadores se ven obligados a emigrar. La escalada alienta la reanudación de la guerra en Ucrania del Este que puede conducir a que el país sea completamente estropeado como punto central de una Tercera Guerra Mundial con armas atómicas.

Lo que se necesita ahora en la comprensión en Occidente, de que Ucrania no puede ser usada para conquistas militares y que el diálogo es, por lo tanto, necesario para encontrar alguna forma de coexistencia con Rusia y una solución democrática para la amenaza de extinción contra los resistentes ucranianos del Donbass al golpe.

El Donbass
Las regiones de Lugansk y Donetsk, con mayoría de su población rusa, resistieron al golpe que destituyó al presidente Yanukovich, elegido democráticamente y se declararon independientes en un plebiscito realizado en 2014.
La reacción del gobierno de Kiev fue declarar terroristas a los insurgentes y arremeter con medios militares, incluyendo artillería, lo que causó un desastre humanitario y un enfrentamiento con milicias pro rusas locales.
Con la mediación de Francia y Alemania y las firmas de Rusia, el gobierno ucraniano y representantes del Donbass se logró el llamado Acuerdo de Minsk para lograr la paz, que detuvo un avance de los milicianos sobre las tropas oficialistas.
Este acuerdo fue luego boicoteado tanto por Kiev, como por los EEUU, lo que provocó hostilidades que han proseguido todo el tiempo.
Es obvio que Rusia no va a aceptar indiferente que masacren a la población de habla rusa y a los ciudadanos rusos de la región.

Crimea
La península de Crimea en el sureste de Ucrania, aloja la base de Sebastopol, histórica en la Segunda Guerra Mundial y que hospeda a una gran parte de la flota rusa del Mar Negro.
Fue parte de Rusia históricamente, pasando a pertenecer a Ucrania en 1954, cedida entonces por el primer ministro Kruschev, de la URSS.
El 95% de la población de la península es rusa, lo que determinó que en un plebiscito luego del golpe de Maidan, se decidiera por un porcentaje similar de los votos, su incorporación a la Federación Rusa.
Es posible que uno de los objetivos del golpe, impulsado y luego apoyado por el gobierno de Washington, principalmente en la figura de la diplomática Victoria Nuland
6, fuera controlar la base de Sebastopol, maniobra que fue eludida por la incorporación de su población por medio de un plebiscito del que nadie discute su validez, a la Federación Rusa, igual que el de la península de Crimea en su conjunto.

Los países bálticos y Polonia
Las reacciones en los diferentes países de Europa varían bastante, aun entre los miembros de la OTAN.
Por un lado los países bálticos(Estonia, Letonia y Lituania) y Polonia en que se han realizado antes maniobras militares de la OTAN a metros de Rusia, en simulacros con ésta como su enemigo, se han apresurado a enviar armas al caldero hirviente que se ha vuelto Ucrania.
También en los vecinos escandinavos la prensa cipaya no ha tardado en insuflar el fantasma de la "agresión rusa inminente" cuando todo el buen sentido está indicando que el gigante euroasiático está totalmente desinteresado de ellos.
Suecia fortaleció su defensa de la isla báltica de Gotland y Dinamarca envió buques y aviones a la zona.
En cambio Turquía y Alemania prohibieron el acceso a su espacio aéreo a aviones con destino a Ucrania y esta última prohibió también a Estonia que enviara armas de origen alemán a la zona ucraniana.
Asimismo Croacia ha decidido retirar todas sus tropas de la zona de conflicto con Rusia.

Resumen
Un gran conflicto se ha encendido entre los intereses de las grandes empresas imperialistas y sus lacayos en explotar los enormes recursos naturales rusos y la línea que defiende su autonomía política y económica.
Parecería ser una de las últimas oportunidades de subsistencia de un globalismo imperialista al que ya le va quedando poco por saquear.
Siendo legítima la preocupación de Rusia por su seguridad, lo más importante para todos nosotros seres humano es que el establecimiento de una base de misiles de la OTAN en Ucrania implicaría que Moscú estaría a sólo 5 minutos de vuelo.
Vemos en ésto dos peligros enormes para la humanidad entera: por un lado que crecería la tentación del "primer golpe" por ambos enemigos y en segundo lugar que aumentaría la posibilidad de un error en que una hecatombe nuclear podría aniquilar a la especie humana entera.

Ricardo Ferré
Playa Hermosa, enero de 2022

Referencias

1. Renunció el jefe de la Marina alemana tras desatar una crisis diplomática con Ucrania por elogiar a Putin - Infobae

2. War with Russia?: From Putin & Ukraine to Trump & Russiagate
Stephen F. Cohen

2 Falacias sobre Ucrania II

2 Falacias sobre Ucrania II
(Continuación)




 Falacia No.4:

La guerra civil de hoy día en Ucrania fue causada por la respuesta agresiva de Putin a las protestas pacíficas del Maidan contra la decisión de Yanukovych.


Hechos:

En febrero de 2014, las protestas radicalizadas del Maidan, fuertemente influidas por fuerzas callejeras de extremo nacionalismo y aun semi-fascistas, se volvieron violentas. Con esperanza de una resolución pacífica, los ministros de relaciones exteriores europeos negociaron un compromiso entre los representantes parlamentarios de Maidan y Yanukovych. Éste lo habría dejado como presidente, con menos poder, de un gobierno de una coalición por reconciliación hasta elecciones prematuras en diciembre. En unas pocas horas, agitadores callejeros violentos abortaron este acuerdo. Los líderes de Europa y Washington no defendieron su propio acuerdo diplomático. Yanukovych huyó a Rusia. Partidos parlamentarios minoritarios representando a Maidan y, predominantemente Ucrania occidental - entre otros Svoboda, un movimiento ultranacionalista previamente anatematizado por el Parlamento Europeo como incompatible con valores europeos - formaron un nuevo gobierno. Washington y Bruselas respaldaron este golpe y han apoyado sus resultados desde entonces. Todo lo que siguió, desde la anexión de Crimea por Rusia y la expansión de la rebelión en el sudeste de Ucrania a la guerra civil y la "operación antiterrorista" de Kiev, fue detonado por el golpe de febrero. Las acciones de Putin fueron predominantemente reactivas.




War with Russia?: From Putin & Ukraine to Trump & Russiagate

Stephen F. Cohen

2 Falacias sobre Ucrania

 2 Falacias sobre Ucrania



(Continúa)

Falacia No. 3:

En noviembre de 2013, la Unión Europea, apoyada por Washington, ofreció al presidente ucraniano Viktor Yanukovych una asociación benigna con la democracia y la prosperidad europeas. Yanukovych estaba preparado para firmar el acuerdo, pero Putin lo intimidó y sobornó para que lo rechazara. Por lo tanto comenzaron las protestas del Maidan de Kiev y todo lo que siguió después.


Hechos:

La propuesta de la UE era una imprudente provocación forzando al presidente democráticamente electo de un país profundamente dividido a elegir entre Rusia y el Occidente. Así también fue el rechazo de la UE de la contrapropuesta de Putin de un plan Ruso-Europeo-Americano para salvar a Ucrania de un colapso financiero. En sí mismo, la propuesta de la UE no era económicamente viable. Al ofrecer poca asistencia financiera, requería del gobierno ucraniano decretar medidas de dura austeridad y habría restringido agudamente su prolongada y esencial relación comercial con Rusia. Tampoco era la propuesta de la UE enteramente benigna. Ella incluía protocolos que requerían que Ucrania se adhiriera a la política "militar y de seguridad" de Europa - lo que significaba de hecho, sin mencionar esta alianza, la OTAN. Nuevamente, no fue la alegada "agresión" de Putin que inició la crisis actual sino en su lugar una especie de agresión de terciopelo por parte de Bruselas y Washington para meter a toda Ucrania en el Occidente, incluso(en texto pequeño) en la OTAN.



War with Russia?: From Putin & Ukraine to Trump & Russiagate

Stephen F. Cohen


Traducción de Ricardo Ferré

Delito de muchedumbre

 

Delito de muchedumbre




Por Fernando Moyano

25 noviembre 2021 para Prensa   Alternativas 

Una opinión personal
La enoclofobia, también conocida como demofobia, es la fobia o miedo irracional a las multitudes. (Wikipedia)


Los hechos a los que nos referimos acá han sido ampliamente informados y comentados: procesamiento y condena de seis militantes sociales, tres por autores del delito de atentado con agravantes y otros tres por cómplices. La condena se basa en lo ocurrido hace casi nueve años -15 de febrero de 2013-, un acto masivo de protesta por el traslado de la jueza Mariana Mota fuera de la órbita penal, dispuesta por la Suprema Corte de Justicia. Ocurrió en la sede de la misma en el acto de formalizar el traslado de diez jueces a nuevos cargos, Mariana entre ellos.
 
La sentencia que dicta ahora la jueza actuante Ana de Salterain hace un breve relato de los hechos entre las 10 y las 14 horas de ese día. Señala que ingresaron a la sede 150 personas habiendo muchas más afuera y que no ocurrió de parte de ninguna de ellas ningún acto de agresión física contra otras personas ni daño material contra las instalaciones u objetos. Después de un buen rato de demora debido a las protestas (canto de consignas y nada más que eso, que la jueza considera insultantes) la actividad pautada por la SCJ se llevó a cabo cerrando las puertas de la sala de ceremonias mientras los manifestantes permanecieron en el edificio, retirándose luego hacia las 13:30. Quedaron unos pocos algunos minutos más sin ninguna acción relevante. La sentencia relata también el papel de mediadores exhortando a la gente a retirarse luego un buen tiempo de haber ingresado, que cumplieron dos miembros de la dirección del PIT-CNT de los cuales se menciona uno, Gustavo Signorelli del sindicato de Judiciales, al que se lo llama “Signorelle”. Se señala como convocantes a la protesta al PIT-CNT y “otras” organizaciones. El papel de “líderes” de los condenados no está demostrado en ningún lado ni se intenta hacerlo.
Se realizó ahora, el miércoles 17 de noviembre, una “Asamblea abierta” ante la sede de la SCJ (que estaba vallada), un acto de protesta de unas 200 personas con la presencia de lo condenados, canto de consignas, etc. En las intervenciones se dijo que los “agravantes” de la sentencia ni se sabe cuales serían. Es el único punto al que voy a referirme; se sabe.

 
La sentencia señala como agravante que el delito de “atentado” sea cometido por “tres o más personas”, según el Código Penal. ¡Tres personas! Realmente es completamente irracional. La jueza se basa, sin mencionarlo expresamente pero es evidente, en los criterios que da Jorge Peirano Facio (conocido por los estudiantes de sus tiempos docentes como Peirano “Fascio”) en un trabajo del cual tomamos su título: Delito de Muchedumbre.

 
Este especialista en el derecho civil uruguayo reconocido internacionalmente incursiona acá en el derecho penal, como también incursionó en la política como ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Pacheco, y también, tal vez para tener una visión completa del problema desde ambos lados, en el delito. Fue procesado dos veces por estafas millonarias. Este verdadero especialista en el tema, entonces, explica que la normativa de nuestro derecho en ese aspecto está inspirada en el Codigo Rocco de la Italia de Mussolini. A su vez toma las ideas conceptuales en autores como el sociólogo francés Gustave Le Bon de principios del siglo XX, especializado en explicar que la evolución hace que unos pueblos sean superiores a otros, y también que las multitudes inciden a la baja en la racionalidad del comportamiento de los individuos. Las multitudes tenderían a comportarse de manera puramente impulsiva, irracional, descontrolada, ignorante, y el individuo en la multitud es arrastrado a eso. (Piscología de las masas, 1895. Algunas de estas ideas, y no es culpa del autor, son tomadas como base para definir la propaganda política por Hitler en Mi lucha).
Basándose en Le Bon, Peirano distingue en la muchedumbre las figuras del líder y los dirigidos. Y conserva, como buen académico, los términos en francés meneur y mené. Así son las multitudes y así funcionan, según estos autores. Y desde el punto de vista penal eso importa a la hora de definir a quién se manda en cana. ¿Por qué delito? Por el delito de muchedumbre. Si leemos la sentencia de Salterain eso es exactamente lo que dice.
Y también debemos decir que Salterain ni siquiera aplica con mínima seriedad esos criterios que su maestro indica. No sigue las pautas de investigar las distintas posibilidades a la hora de establecer culpabilidades si las hay, no evalúa nada. Eso Salterain se lo saltea. Está tan mal redactada la sentencia que repite fragmentos enteros, y hasta se equivoca, como señalamos, en el apellido “Signorelle”. Saca del cajón una cosa a medio hacer y la tira sobre la mesa sin tomarse el trabajo de pasar en limpio el borrador, tiene que hacerlo de apuro por los “tiempos políticos” que requieren sumar un rinoceronte más al desfile. Siempre lo político está por encima de lo jurídico. Siempre.


Veamos apenas algunas de las cosas más gruesas. Para todo no da.


Y voy a empezar por algo. Yo estuve allí.


Entré en la sede la Corte. No lo hice a instancias de nadie, ni de los ahora condenados ni de ningún otro. Cada acción la decidí por mi mismo. Fui de los últimos en retirarse, cuando por mi cuenta decidí que ya no había nada para hacer ahí adentro. Nadie me dijo que entrase, nadie me dijo que saliese. Y hasta donde sé, eso mismo hicieron todos. Nadie me dijo “yo vine porque me dijo Fulano”. Y hablé con muchos de los participantes.


Cito aquí un fragmento de las conclusiones de Peirano:
 

Responsabilidad del “meneur”. Es preciso distinguir aún: - si efectivamente dirigió la muchedumbre hacia el crimen. [En ese caso] es plenamente responsable por el delito cometido. El hecho de que el delito haya sido cometido por una muchedumbre se considerará como agravante de la pena impuesta a ese delito. … [o] - si el “meneur” fue conducido por la muchedumbre no incurre en responsabilidad penal. Pero contra él se pueden tomar medidas curativas o preventivas. La apreciación del si el “meneur” fue conductor o conducido, queda librada a criterio del juez. Éste sabrá deducir el verdadero carácter de su intervención de acuerdo a ciertas reglas de buen sentido. Así, si el “meneur” fue uno de los motivos preponderantes, o el motivo preponderante en la formación de la muchedumbre existen posibilidades en el sentido de que ha sido realmente el conductor. La cosa es improbable en el caso de que haya surgido en una muchedumbre ya formada. (Los destacados en negrita son nuestros).

 
Vemos aquí varias cosas. El agravante, como dijimos, es la muchedumbre. Corresponden medidas “curativas” porque la muchedumbre vendría a ser una enfermedad. Si la locura viene de un lado o el otro, el juez sabrá. En este caso, la juez, sobre eso ni palabra. Pero en este caso se trata, según toda la evidencia, de una muchedumbre que los procesados por ser “líderes” encontraron ya formada. Había sido convocada públicamente por otras organizaciones con sus propios “lideres” de pacotilla, pero al menos eso pretendían ser. Eso lo dice la propia sentencia detalladamente.


Gustavo Signorelli allí mal mencionado y el único mencionado de las organizaciones convocantes, perdió junto con su agrupación las elecciones en su sindicato al año siguiente. Y al siguiente volvió a perder el último cargo que tenían en la Directiva. El suyo. Dejó de ser para siempre dirigente sindical, perdió por lo tanto sus fueron sindicales y debió volver a trabajar como simple funcionario, deambulando por los juzgados porque nadie lo quería, por inservible. Pero no le peguemos tanto al pobre prototipo de burócrata sindical, no es el tema de esta nota.
Vayamos a lo que importa. La acción fue convocada públicamente por determinadas organizaciones mencionadas en la sentencia. Entonces, la juez que sale de la vaina por meter en cana a alguien debería considerar la posibilidad de que los realmente conductores de esa terrorífica muchedumbre fuesen los dirigentes de esas organizaciones. Gritar consignas nunca puede ser considerado un delito, o habría que meter en las cárceles ya completamente desbordadas a la mitad del Uruguay comenzando por las hinchadas futboleras. Pero si lo fuese, ese terrorífico delito de muchedumbre fue cometido ANTES de las negociaciones del tal “Signorelle” et al para que la gente se retirase. Eso lo relata la sentencia. Y si acaso la gente ya delictiva se retiró mayoritariamente a instancias de esos “conductores” es “de buen sentido” explorar la posibilidad de que hayan sido esos los instigadores al delito que se pretende. Si asalto un banco, tomo rehenes, después vienen negociadores policiales, hablamos, decido deponer la acción y liberar a los rehenes, seguramente esa actitud sea tomada como atenuante del delito, pero no creo que me dejasen ir lo más pancho para mi casa. El delito se habría efectivamente cometido.


O sea: o hubo delito o no lo hubo. Si lo hubiere -supongamos ese absurdo- y hubo “conductores” y la gran mayoría de la gente fue conducida a retirarse por esos conductores DESPUÉS de haber supuestamente delinquido a instancias de ellos, pues a ellos. Y si no hubo delito para unos menos aun para los otros. Eso sería “de buen sentido”.
Pero no esperemos buen sentido, lo político está por encima de lo jurídico. Y la política es política de clase. De lo que se trata aquí es del buscar el ESCARMIENTO de la muy peligrosa costumbre de juntarse y protestar, de la protesta COLECTIVA. Esa fobia, ese terror, no es en realidad “irracional”. Es totalmente racional para la clase dominante, la clase de los muy pocos. Evitar que los muchos de la clase dominada se junten. “Tres son multitud”, dicen.


El miedo racional de la clase dominante al despertar de los oprimidos es una constante. La definición jurídica de delitos como asonada, atentado, y la condición multitudinaria como agravante, incluso el ridículo de “tres son multitud”, parte de la lógica de dominio de la minoría sobre la mayoría. Cuando ese dominio se debe, por razones históricas, compatibilizar de alguna manera con las instituciones formalmente democráticas, se recurre a ciertos mecanismos variables que dependen de muchos factores. Es evidente que en la medida que aumenta la conflictividad social, o exista la perspectiva de que aumente, se buscarán mecanismos preventivos de contención. El disciplinamiento social debe incluir “vigilar y castigar” pero disuadir es mejor que castigar. Uno de los mecanismos de disuasión usado a lo largo de la historia es el castigo selectivo ejemplarizante.
El sociólogo Pierre Bourdieu ha explicado esto en “El poder simbólco”, “Fundamentos de una teoría de la violencia simbólica”, etc, un poco en la línea de Michel Foucault que aludimos más arriba. “Una forma de violencia que podemos llamar ‘dulce’ y casi invisible”, y que sería un “acto docente”. Pero para que la violencia simbólica funcione debe haber una violencia fáctica que cumpla el papel fundante que luego se reproduce y amplía en la violencia simbólica. El papel moneda circula y funciona, pero debe haber un respaldo en el banco emisor, o no valdría nada. La violencia simbólica y fáctica se relacionan de forma similar.


Vamos a verlo en concreto. El delito de muchedumbre presenta el siguiente problema, bien concreto: son muchos.
No se puede procesar y castigar a todos, es material y jurídicamente imposible. En muchos casos no se sabe, en su amplia mayoría, ni quienes son. Entonces cobra especial importancia procesar y castigar a algunos: es el escarmiento. A ver si así paran.


Por eso es que este tipo de acción judicial no tiene, en este caso, nada que ver con la lógica. Si hay dos presuntos líderes (y para la ideología de esa clase dominante líderes tiene que haber habido porque sin líderes no hay historia) y la gente siguió a uno, no se procesa necesariamente al que la gente siguió sino al que sería más peligroso que la gente pudiera seguir, aunque no lo haya hecho. No según el delito que efectivamente ocurrió sino sobre el que podría tal vez peligrosamente ocurrir. Por eso ocurre esto que vemos, procesar y condenar por un delito que no existe, según el supuesto peligro de lo que podría llegar a pasar. No según lo que efectivamente pasó. Un peligro para alguien o algo en concreto.


La fobia a la muchedumbre es un miedo racional del dominador minoritario sobre la rebelión potencial del dominado mayoritario.
En ese sentido el fallo de la jueza Salterain es un ejemplo de libro. Y es algo tan descarado y grosero, que, de hecho, es una incitación a la protesta multitudinaria, como ya lo vimos en la realidad concreta. Hay que procesar a a jueza por incitación a la violencia.


EL PROYECTO PARA OTORGAR PRISIÓN DOMICILIARIA A LOS MAYORES DE 65 AÑOS



EL PROYECTO PARA OTORGAR PRISIÓN DOMICILIARIA A LOS MAYORES DE 65 AÑOS

El beneficio es para los peores






Pablo Chargonia
Brecha 11 11 2021
El partido Cabildo Abierto ha impulsado varias iniciativas que apuntan a beneficiar a los camaradas del senador Guido Manini Ríos. A los que están en prisión y a los que podrían estarlo. Comenzaron con la peregrina pretensión de restablecer la ley de caducidad. Siguieron con la idea de «interpretar» por ley que los delitos de la dictadura son delitos ordinarios prescriptibles. Y finalmente, aunque no en forma excluyente, proponen la prisión domiciliaria para los mayores de 65 años. El anteproyecto es una reacción ante cierto relativo impulso de los procesamientos en los dos últimos años. Manifiesta la intención de beneficiar a torturadores, homicidas y desaparecedores, pretextando la pandemia, por la vía torcida de volver ilusorias las penas y poner en riesgo los procesos penales.
La carta del Foro de Montevideo –cuya vocera más notoria es la escritora Mercedes Vigil– muestra con menos pudor la intención de beneficiar a los torturadores, que, según se lee, no cometieron crímenes aberrantes que ofenden la conciencia de la humanidad, sino meras «faltas».
La carta revela un grado de corrupción moral tal que debería provocar nuestra repulsa espontánea. Nadie que escribiera semejante obscenidad puede pretender ser atendido por un presidente electo democráticamente. Y, sin embargo, este reclamo nauseabundo se escuchó en la Torre Ejecutiva.
¿Los violadores de derechos humanos son titulares de derechos humanos? La pregunta tiene una respuesta categóricamente afirmativa. Tienen derechos y deben ser respetados. Tanto el Código del Proceso Penal de 1980 como el de 2017 prevén la internación en un establecimiento adecuado o en el domicilio del detenido en caso de enfermedad grave incompatible con la permanencia en un establecimiento carcelario.
De los 40 represores que están siendo sometidos a juicio o han sido condenados por crímenes de la dictadura, 26 permanecen en un establecimiento penitenciario (cárceles de Domingo Arena y de Coraceros) y 14 tienen actualmente prisión domiciliaria. A estos últimos, previo informe médico forense, el juez competente les concedió ese beneficio toda vez que evaluó que la permanencia en el establecimiento de detención era incompatible con su estado de salud.
A propósito, vale mencionar el caso de un represor que jamás estuvo en prisión: Ernesto Ramas –condenado por las desapariciones en Automotores Orletti y la de María Claudia García de Gelman– permaneció durante años en el Hospital Militar, hasta que regresó a su casa en Piriápolis. Cuando, el año pasado, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal 1 de Buenos Aires denegó la prisión domiciliaria que había sido pedida por el represor uruguayo Manuel Cordero Piacentini, reflexionó así: «[…] En los casos que exista una obligación internacional de perseguir, investigar, sancionar adecuadamente a los responsables y hacer cumplir la pena […] debe tenerse presente que la justicia penal no solo tiene una naturaleza sancionadora, sino que, en el ámbito internacional, fundamentalmente, tiende a prevenir la reiteración de ilícitos a través del juzgamiento ejemplificador de los responsables de delitos como los que aquí nos ocupan, puesto que una característica destacable de esta rama del derecho es esa general función preventiva».
La prisión domiciliaria de mayores de 65 años –que no presenten enfermedades graves incompatibles con la permanencia en un establecimiento penitenciario– distorsiona el valor simbólico preventivo de las escasas condenas que hoy existen, arriesga los procesos en los que se adoptó la prisión preventiva (no podemos ignorar los casos de represores prófugos) y vuelve ilusoria la noción de justicia con relación a procesos penales que ocurrirían en el futuro inmediato.
La sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso «Gelman versus Uruguay», de 2011, ordena específicamente el cumplimiento cabal de la obligación de perseguir penalmente las graves violaciones de los derechos humanos. Este caso está abierto, lo que implica que Uruguay aún no satisface completamente su obligación de juzgar y castigar. En su resolución de supervisión del 19 de noviembre de 2020, la Corte afirmó que «persisten interpretaciones judiciales que podrían representar un obstáculo para la investigación de graves violaciones a derechos humanos cometidas durante la dictadura». Si a esto se le sumara una ley beneficiaria para los represores, el cuestionamiento se acentuaría.
Por otro lado, excluir del beneficio a los criminales de lesa humanidad posteriores a 2006, tal como reza el anteproyecto, implica jugar aviesamente una carta en el actual debate de los tribunales uruguayos con relación a la vigencia de esa categoría de crímenes durante el período de facto. Pero se pasa por alto lo que la Corte Interamericana de Derechos Humanos dice en numerosas sentencias, incluida la de la condena a Uruguay: no importa si los tribunales penales nacionales califican estos crímenes estatales masivos como crímenes del
derecho internacional. En todo caso, se trata de «graves violaciones a los derechos humanos». Por lo tanto, el deber del Estado democrático es ineludible: investigar, juzgar a sus responsables y castigar. No se admite, en tales casos, ni amnistía, ni indulto, ni cosa juzgada, ni prescripción. La impunidad de esos crímenes, cualquier forma de impunidad, supone el incumplimiento del deber de proteger y promover los derechos fundamentales.
Ahora estamos en un juzgado penal en Montevideo. Vean a ese hombre que fue torturado en el batallón Florida en 1972. Se levanta las mangas de la camisa y le muestra sus cicatrices al juez Nelson dos Santos: «Quise escapar de la tortura», dice. Escuchémoslo hablar de uno de los militares que hoy están en Domingo Arena: «Supe que ideó un sistema para aplicar el submarino, que consistía en acostar al detenido sobre una tabla basculante, de modo que el torturado no se lastimara con el borde del tacho». No está recordando, está reviviendo. El tormento, la sombra de aquel militar hoy preso, la idea suicida… todo está presente tantos años después.
Los cuerpos desnudos oscilan bajo el techo del cuartel. Cuelgan de las muñecas atadas a la espalda. Hombres y mujeres deliran, gritan, lloran. Fueron miles y miles. Sintetizar el horror parece imposible. Los testimonios que he escuchado tantas veces en un juzgado constituyen la prueba principal para procesar y condenar con todas las garantías procesales que los imputados nunca les ofrecieron a sus víctimas. Esos testimonios son la base para imputar abuso de autoridad contra los detenidos, privación de libertad, amenazas y lesiones, entre otros delitos que traducen la tortura en los términos de la tipificación de la ley penal vigente en los años setenta. Me refiero a estos crímenes en particular porque son los que en el discurso del Foro de Montevideo y de los dirigentes de Cabildo Abierto se pretenden banalizar.
La aprobación del proyecto de ley de Cabildo Abierto, además del deterioro ético que su sola presentación implica, expondría al país a ser cuestionado por el incumplimiento de su deber internacional para con la humanidad, de prevenir la repetición de aquellos horrores padecidos. De todos modos, si este proyecto no prosperara, lo que puede preverse desde ya son nuevos intentos reaccionarios a favor de la impunidad.

fuente: https://brecha.com.uy/el-beneficio-es-para-los-peores/



màs sobre tema contraimpunidad: dossier Genocidas en Italia
https://donde-estan.com/2021/07/09/confirmada-la-sentencia-a-genocidas-uruguayos-en-tribunal-de-roma/5/




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Por la vuelta - Jorge Zabalza

 Por la vuelta



Por aquellos tiempos en que tejíamos amores en los campamentos “peludos”, nos cayeron encima unas medidas prontas de seguridad. El 7 de octubre de 1965 las decretó el colegiado con mayoría del Partido Nacional, su ala “liberal conservadora” integrada por los mismos apellidos que hoy nos gobiernan. Su liberalismo nos les impidió apoyarse en la ley para instaurar un régimen de excepcionalidad dirigido a controlar las movilizaciones obreras.


Símbolo de su violencia institucional, fue la foto de Juan Carlos “Pocho” Hornos, militante del vidrio, a quien la policía colgó del arco de la cancha de “El Puente”, a orillas del Pantanoso, el emblemático “paralelo 38”. La democracia formal, burguesa y liberal, tenía peores antecedentes: en 1961 un policía enfurecido había asesinado a Walter Motta, militante sindical de la industria de la carne. Bastaba un poco de barullo obrero para que los liberales se quitaran la careta y sacaran a relucir los colmillos del poder. En esos días, el 22 de octubre, en el semanario “Marcha”, Carlos María Gutiérrez, el Negro, publicó una columna titulada “Arizaga no existe”.

Relataba en ella la detención de Julio Arizaga en jefatura de policía. El directorio de OSE había proporcionado a la policía una lista de “sospechosos” que incluía a Arizaga, por su militancia sindical, pero, también y principalmente, por ser fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Gutiérrez denunciaba que Julio había sido sometido a torturas.

La información de la policía, “veraz y transparente”, contaba que el Canario se había auto flagelado y que, posteriormente, estando internado en el Hospital Militar, atacó al custodio, le sobrevino un shock nervioso y se golpeó la cabeza contra las paredes y la tarima. En el juzgado pudieron constatar que su cuerpo y la cara estaban tapizadas con hematomas, quemaduras de cigarrillos, cortes y arañazos. El juez decretó la libertad de Arizaga, pero, apenas traspuesta la puerta del juzgado, fue nuevamente detenido y nuevamente torturado.

A Julio Arizaga no lo amparaba ninguna constitución de la república, no había ley ni habeas corpus que lo protegiera… no tenía derechos ni libertades… “no existía” para la república democrática. En “Marcha”, noviembre de 1965, el maestro Julio Castro caracterizó esas circunstancias: “reinado de los torturadores”.

El terrorismo de Estado no nació de un repollo, lo precedió una escalada de actos preparatorios, el período que los intelectuales liberales y conservadores necesitaron para fundamentar la violencia institucional. Los acicateaba la molesta sensación de que el pueblo uruguayo podía hacer una revolución parecida a la hecha por el cubano. Recién luego llegó la brutalidad descarnada.

A fines de los ’50, principios de los ’60, fueron surgiendo las teorías que postulaban una especie de “contrarrevolución preventiva” para defender la “libertad” y el Estado de Derecho. Académicos, historiadores e intelectuales liberales, orgánicos de los partidos institucionalizados, satanizaron bajo el término “antipatria” a la izquierda no institucionalizada, argumento que justificaba el recurso a la represión violenta.

Aparecieron las organizaciones del activismo reaccionario: MONDEL, ALERTA y el MEDL, todas usaban el término “Libertad” en sus siglas. Fueron el anticipo directo de la Juventud Uruguaya de Pie (JUP), fundada en 1970. Manifestaban que los asistía la razón y la fuerza, pues contaban, en especial, con el respaldo de las fuerzas armadas. Proclamaban no temer el recurso a la violencia, se preparaban para todas las formas de lucha y así irrumpió el Escuadrón Caza Tupamaros. Otra expresión de esas ideas la concretó el general Mario Aguerrondo al organizar la logia de la triste fama.

Ocho años después de la tortura impune a Julio Arizaga, las fuerzas que fue acumulando la reacción más extrema dieron su golpe de Estado. Ya contaban con las ideas y los argumentos, la organización de su militancia, el necesario apoyo electoral y habían colonizado importantes sectores de las fuerzas armadas, aspecto, éste último, en el que contaron con la invalorable colaboración de la Escuela de las Américas.

En 1985 los militares de la dictadura se retiraron de manera ordenada a sus cuarteles. Políticamente desgastados, pero no derrotados; culpables, pero sin remordimientos, intactas sus convicciones y su manera de interpretar la realidad. Conservaron tanta fuerza en lo moral y lo práctico, que los partidos políticos se sintieron obligados a conceder la impunidad. Fue el peaje que pagaron para que los milicos permitieran la restauración institucional. Wilson Ferreira Aldunate no se avino a las exigencias planteadas en el Club Naval, pero, luego, dio sus dos pasos atrás y respaldó la inmoral caducidad.

Las ínfimas mayorías electorales obtenidas en 1985 y 2009, reafirmaron el modo de pensar y de sentir de los impunes. Con la moderación la izquierda cuestionadora del sistema y del capitalismo, se transformó en progresismo, otra versión liberal, que los llevó a ser apoyo de la democracia formal y burguesa, esa que los poetas de las ciencias sociales califican de “altísima calidad”. Hoy en día el Uruguay es un “paraíso de la impunidad y de la paz entre oprimidos y opresores”, una excepción en este continente convulsionado, la rediviva Suiza de América.

De repente, el 2 de febrero del 2010, una joven mujer, jueza de Penal de 7° Turno, condenó a 30 años de prisión al golpista Juan María Bordaberry. En la sentencia, la doctora Mariana Mota demostró que el dictador era culpable de atentado a la constitución por dar el golpe, de nueve delitos de desaparición forzosa y de los homicidios políticos de Ubagésner Cháves Sosa y Fernando Miranda. Lo acusó por no haber hecho nada para impedir la muerte de 29 personas torturadas entre mayo de 1972 y mayo de 1976.

Tampoco esa sentencia histórica nació de un repollo, fue abonada con el duro batallar contra los diferentes pactos de impunidad que nos atraviesan. El dictamen hizo saltar los acuerdos explícitos e implícitos que sostenían la “muralla” de protección a los criminales. Fue un elefante que rompió la corrección política que reinaba en el bazar de impunidades. Condenar a Bordaberry por dictador significó colocar un punto final a las justificaciones para no hacer nada. Punto final a las aspiraciones “dar vuelta la página” que se esconden en los recovecos de los partidos institucionalizados. Mariana pateó el nido de la partidocracia interesada en mantener el statu quo acordado en el Club Naval. Quedó en la mira de todos, del liberalismo conservador y del liberalismo progresista. La persiguieron por igual Jorge Batlle, Gonzalo Aguirre y Fernández Huidobro (que la acusaba de haber procesado sin pruebas a su amigo, el general Calcagno). La persecución culminó con su traslado del ámbito penal al de los juzgados civiles, un acto político de reafirmación de la impunidad de los crímenes de lesa humanidad.

Nueve años después llegó el disparate judicial que condena por “atentado” una protesta pacífica, la criminaliza. Deja la sensación de que, en verdad, este período de institucionalidad republicana es, más bien, un lento transitar entre dos dictaduras, la que se retiró en 1985 y la que acecha desde los cuarteles, la que vendrá, apenas sientan que acumularon las fuerzas necesarias. Como decía Enrique Cadícamo en su tango “Por la vuelta”: “la historia vuelve a repetirse”.

Jorge Zabalza