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D E R R O T A D O

 D E R R O T A D O



Una enorme pueblada (si tomamos en cuenta la población de la Banda Oriental en el período artiguista) siguió en el Éxodo al Protector de los Pueblos Libres. Intuía aquella larga caravana de originarios, gauchos pobres y negros en  busca de la libertad, que con Don José se iba quizás para siempre el sueño de la patria justa y soberana, sobretodo aquella soñada patria en la que “los más infelices serían los más privilegiados”, aquella de la que tan solo se vieron brillar algunos rayos de su sol con el Reglamento de Tierras.

Entrado ya el siglo XX!, las lágrimas vertidas al quemar el rancho y abandonar el pago aún humedecen nuestra campaña.

Los descendientes de aquellos gestores del Éxodo Oriental que asombra aún hoy a los historiadores, siguen tan pobres como entonces, aspirando a un pedazo de tierra o poblando los cantegriles en los alrededores de las ciudades.

Mientras tanto el Uruguay pasa en estos últimos años por una etapa de ingresos privilegiados gracias a la coyuntura internacional necesitada de nuestros productos de exportación.

Desde el 20 de febrero de 2020 hasta julio de 2021 los depósitos en los bancos crecieron 4.784 millones de dólares. Podemos decir entonces que en el Uruguay hay muchísima plata, más que suficiente para generar trabajo, comprar tierras para Colonización, construir viviendas y subvencionar a los afectados por la pandemia.

Sin embargo esa plata encanutada en los bancos está en manos tan sólo de  19.000 ciudadanos…

Agreguemos a eso los depósitos en el exterior de  “los peores criollos” que en marzo de 2021 sumaban 8.711 millones de dólares, o sea 2.500 millones más que antes de la pandemia.

A los “malla oro” se les revientan los bolsillos de dólares mientras el pueblo ve multiplicar las ollas populares, agotarse las energías de cocineros voluntarios y los recursos que solidariamente aportan sindicatos, organizaciones sociales y pequeños comerciantes.

El gobierno no da señales de gravar los altos ingresos privados al contemplar las penurias de su pueblo.

Por el contrario (hábil estratega) el General descendiente directo de los riveristas que traicionaron el ideario artiguista y generaron un ejército represor de su propio pueblo, hoy senador de la República, mueve sus piezas de ajedrez mostrándose preocupado por los recortes  a Colonización, pero obviamente no plantea tocar el bolsillo de los “malla oro” a quienes, además de pertenecer también representa en el gobierno y el parlamento.

Este personaje apuesta a generar simpatías entre la gente de campo, a la vez que le hace guiñadas a cierto sector político del Frente Amplio permeable a sus jugadas de “inteligencia”, por sus carencias ideológicas en el momento de tener que realizar un análisis de clase de quienes son los amigos y los enemigos del pueblo.

Mientras tanto el pueblo, como históricamente ha sido, se tiene sólo a sí mismo y sólo en sí mismo puede confiar…


             ESTEBAN PÉREZ

¿QUÉ HABRÍA HECHO ARTIGAS ANTE EL DISCURSO DE VÁZQUEZ?


Artigas: cuadro de Luis Ferrer, Paysandú, Uruguay



¿QUÉ HABRÍA HECHO ARTIGAS ANTE EL DISCURSO DE VÁZQUEZ?



Tratándose de un mandatario que va por su segundo período de gobierno, cabe la pregunta ¿Cuánto de artiguista tuvo la administración anterior de Vázquez?

Ello porque el discurso pronunciado ante el Parlamento este domingo por el nuevo Presidente estuvo cargado de referencias al ideario artiguista. Las frases "Que los más infelices sean los más privilegiados", "Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana" y "Sean los orientales tan ilustrados como valientes", fueron citadas textualmente mientras que Vázquez insistió en la vigencia de los "principios y valores"artiguistas qué "constituyen el noble metal de nuestra identidad"???

Hace 10 años en las mismas circunstancias hizo una referencia al pensamiento artiguista cuando dijo: "El nombre de José Artigas nos impulsa y convoca, su ejemplo nos inspira y compromete". ¿Vimos en los siguientes cinco años acciones artiguistas en el gobierno de Vázquez?

Artigas: cuadro de Luis Ferrer, Paysandú, Uruguay
La respuesta parece bastante obvia

Observemos por ejemplo el proceso de extranjerización de la tierra que se consumó durante su gobierno. Mientras Artigas en su reglamento de tierras de 1815 disponía prioridad absoluta para los criollos, dejando solo en segunda instancia alguna posibilidad para ciudadanos de otras naciones americanas y por último alguna posibilidad a otros extranjeros, Tabaré Vázquez puso en venta la tierra del Uruguay como si fuera una simple mercancía. Así durante su gobierno el precio de la tierra ascendió vertiginosamente a tal punto que pocos uruguayos pudieron competir con los grandes capitales extranjeros que empezaron a pujar por adueñarse de nuestro suelo. Eso condujo a que hoy aproximadamente la tercera parte de la tierra uruguaya es de propiedad de extranjeros. ¿Hay algún parecido entre Artigas y Vázquez o lo que vemos es el contraste más grande que se pudiera imaginar?

Hace pocos días se acaba de conocer un trabajo de investigación elaborado por los docentes de la Facultad de Agronomía de la Udelar, Gabriel Oyhantcabal y Pablo Areosa y por el docente del Servicio Central de Extensión y Actividades en el Medio de la UdelaR, Ignacio Narbondo, en el que se investiga la identidad de los dueños de la tierra en Uruguay en base a los datos más recientes. En este informe se demuestra que al comenzar este año, 27 conglomerados empresariales acaparan en Uruguay 1.641.000 hectáreas. Esto significa que este grupo de empresas transnacionales "controlan prácticamente la misma superficie que los 21.645 establecimientos que había registrados como agricultores familiares y que en 2013 acumulaban 1.690.000 hectáreas

Artigas: cuadro de Luis Ferrer, Paysandú, Uruguay
¡27 empresas extranjeras se quedaron con la tierra que poseían 21.645 orientales! ¿Es eso artiguista?


El informe dice que los capitales que han comprado recientemente tierra en Uruguay provienen primero del norte de Europa con 557.679 hectáreas y 29 operaciones, y en segundo lugar de Estados Unidos con 295.338 hectáreas y 17 operaciones. ¿Cumplió Vázquez con el principio artiguista del Reglamento de 1815 cuando dijo que había que distribuir tierras bajo la consigna ?"os más infelices sean los más privilegiados" ??

"Las cifras relevadas dan la pauta de que el acaparamiento transnacional de tierras en Uruguay supera al menos el millón y medio de hectáreas, ya que es altamente probable que haya más superficie en propiedad de empresas transnacionales que no pudieron ser relevadas para este trabajo", sostienen los autores del referido informe académico que no hace más que confirmar lo que todos podemos observar en Uruguay: cada vez más tierra en menos manos. Cada vez más gringos terratenientes y más uruguayos corridos del campo.

Insisto: ¿Puede invocar a Artigas en Presidente que obró así?

Para abreviar, planteo solo dos preguntas respecto a las otras frases de Artigas que incluyó Vázquez en su discurso: ¿Puede pronunciar las palabras "Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana", un Presidente que recurrió al veto para cerrarle el paso a una Ley que aprobaron los representantes del pueblo en el parlamento de la República? ¿Puede pronunciar las palabras Sean los orientales tan ilustrados como valientes?, un Presidente que contribuyó a devaluar la calidad educativa de nuestro país al punto que hoy nos avergonzamos de los bajos rendimientos que quedan expuestos cada vez que se hace una evaluación

A la luz de la obviedad de las respuestas, cabe concluir que las referencias de Vázquez al pensamiento artiguista, solo fueron adornos para motivar aplausos y aparentar un compromiso que sus propias acciones desmienten.Si Artigas pudiera hablar, es fácil imaginar lo que diría?

Anibal Terán Castromán

EL CACIQUILLO Y LA PRIMER DEFENSA DE PAYSANDU


EL CACIQUILLO Y LA PRIMER DEFENSA DE PAYSANDU
4 diciembre, 2009 · de Chan Tacuabe · en LA NACION CHARRUA. ·



1811 PRIMERA DEFENSA DE PAYSANDU TAN O IGUAL DE HEROICA QUE LA DE LEANDRO GOMEZ PERO AQUI NADIE LA RECUERDA Y POCOS LA CONOCEN..

El Caciquillo y la Redota a cubierto de amenazas

1811: Los Charrúas están en guerra con los portugueses invasores, antes de que se inicie “La emigración”

La primer fecha del “Exodo del pueblo oriental” bien puede ser el 26 de setiembre de 1811, cuando un oficial portugués que está en Belén le pide refuerzos a su superior, porque se siente inseguro. Los invasores que llegaron atravesando la frontera del norte ya habían penetrado en algunos puntos, hasta las costas del Rio Negro, pero cuanto más avanzan, en peor situación se encuentran. El desierto llamado “La Sierra” es un lugar dominado por los indios bravos.

Copio algunas líneas del inmenso diálogo secreto cruzado entre los oficiales portugueses que operan en el frente norte.

El sargento mayor Manuel dos Santos Pedroso le escribe a José Francisco Muniz Fagúndez:

—“Aquí necesito gente para la guarnición de varios lugares que he conquistado; así como apoyo en Curuzú Cuatiá que también tomé dos veces por la fuerza de las armas; pero no tengo gente para la guarnición de ese pueblo; volvieron los enemigos a posesionarse de él. El furriel Bentos Manuel con las fuerzas que lo acompañan está en Paysandú, reunidas ambas partidas.

Respecto a los charrúas por ahora los dejaremos… al respecto bocalmente conversaremos” (1)

En cambio Diego de Souza, que entró por el sureste, avanza sobre Montevideo en una especie de paseo militar. La presión militar de los invasores creció hasta hacerse insostenible. El 7 de octubre, se firma en Arroyo Seco, frente a Montevideo, un cese de hostilidades. El asedio a la ciudad se paraliza y el ejército sitiador de Montevideo, encara una operación de retirada hacia San José. (2)

Con esa misma fecha, José Rondeau, el comandante del ejército auxiliador porteño, que todavía está en las inmediaciones de Montevideo, felicita a José Ambrosio Carranza, el oficial patriota que dos días antes, con cien hombres, le tendió una emboscada y derrotó una partida portuguesa, cerca de la casa de Pezoa, no lejos de Paysandú. (3)

Por las dudas, Carranza también había enterado de sus triunfos, al gobierno de Buenos Aires:

—“Tengo el honor de dar a Vuestra Excelencia la plausible noticia de haber ocupado este día, con las armas de la patria, el oprimido pueblo de Paysandú, sin oposición alguna, después de haber tenido con los portugueses dos choques en campaña, en que salieron completamente derrotados, de todo lo cual dirijo el circunstanciado parte a mi general en Jefe (Rondeau) quien no dudo, lo pasará a Vuestra Excelencia” (4)

1RA DEFENSA DE PAYSANDU

UN POETA. Vale la pena detenerse en una corta digresión.

El oficio dirigido a la capital porteña, se destaca entre los documentos de época producidos en nuestra Banda, por la buena redacción y por su ortografía perfecta; fue escrito indudablemente, por Bartolomé Hidalgo, que es más prolijo que Monterroso o Barreiro, los principales secretarios de Artigas.

No es casualidad que a continuación de las buenas noticias que encabezan el oficio de Carranza a Buenos Aires, se incluya este pedido: “Se digne librar el competente nombramiento de comisario de esta expedición a mi mando, con el sueldo que Vuestra Excelencia halle conveniente, al patriota don Bartolomé Hidalgo, pues es sujeto en quien están refundidas las circunstancias recomendables, capaces de causar la dirección y consejo de mi, para conseguir el éxito de mis empresas, habiendo voluntariamente seguido a mi lado hasta este pueblo reconquistado, encargado de diferentes ramos de mi expedición. En Paysandú, octubre 8 de 1811”. (4)

El parte de la toma de Paysandú, que también integra las obras completas de Bartolomé Hidalgo, dice a nombre de Carranza:

—“Desde el arroyo de la Leche, continué mi marcha con indecible trabajo, por la escasez de caballadas, hasta el puesto de Benito Chain, adonde esperé reunirme con la división de Baltasar Ojeda, que vino el día 5 a las cuatro y media de la tarde, en cuya hora salimos en dirección a Paysandú. Reunido el día 8 con 28 charrúas al mando del Caciquillo Manuel Artigas y varios vecinos, avanzamos el pueblo, habiendo la división de Ojeda cercándolo por tres puntos en la parte opuesta y yo por el lado de la entrada real, con la segunda división.



Pero ¡Cuál no fue nuestra sorpresa cuando vi el pueblo totalmente desocupado y saqueado a su extremo!” (5)

También el parte de la reconquista pacífica de Paysandú termina con consideraciones personalísimas:

—“Concluiré diciendo que en las marchas desde la Capilla de Mercedes hasta Paysandú, me han asistido voluntariamente, Rufino Martínez de la Torre y don Francisco Haedo, ejes de nuestras marchas, y don Bartolomé Hidalgo quien desde que pisé en la Capilla no se ha separado de mi lado llevando la dirección de mis consejos y trabajando en obsequio de la patria todo cuanto le era posible en el cargo que provisionalmente le di, de comisario y director que por sus conocimientos, capaz es de encargarse de cualquiera otra mayor comisión. Paysandú, 9 octubre de 1811”.

EL SUR. Con fecha 13 de octubre, Diego de Souza, al mando de las fuerzas incontenibles que entraron por el este, informa:

—“Alguas de nosas partidas tem chegado a POZISOENS DISTANTES MEIO DA DE CAMINO do Exercito que bloquea Monte Vidéo. Quazi o país enteiro da Banda Oriental de Rio Negro e occidental até San Miguel, asim como desde os Límites Neutrales com as nossas posesoens do Rio Grande e vilas, para cá de Santa Teresa, esta ocupado pelas Tropas Portuguezas”. (6)

El 23 de octubre, se ratifica acuerdo preliminar y el ejército auxiliador, venido de Buenos Aires inicia su retirada y por consiguiente, la Banda Oriental es abandonada a los invasores.

Es entonces que los orientales, que venían sintiendo en carne propia hasta dónde esta derrota se imponía a sangre y fuego, resuelven emigrar y se inicia una huida masiva hacia Salto (que los criollos llamaron La Emigración; los gauchos analfabetos, la Redota; y los historiadores cultos, muchas años después, “elExodo”); esa marcha de todo un pueblo (más de 4.000 personas) fue un intento desesperado por cruzar en paso del Salto Grande hacia la costa de Entre Ríos, para quedar a salvo de la invasión. Y es muy claro que la Redota pudo cumplir su propósito, porque el litoral no cayó en manos de los invasores. En el norte el problema portugués fue la resistencia charrúa y luego las milicias que Artigas organizó con los propios vecinos, su personal y los gauchos sueltos.

Cuatro días después de ratificado el tratado que entregó la Banda Oriental (el día 27 de octubre) Lino de Moraes le informa a Diego de Souza, desde Montevideo: Artigas va al frente de 2.000 hombres y se dirige a la Capilla de las Mercedes.

Artigas, el verdadero, no el milico mentido de Blanes
Cuadro de Luis Ferrer, Paysandú y Valizas, Uruguay

ARTIGAS Y CARRANZA. Esa misma semana (el 31 de octubre) Bartolomé Hidalgo, escribe:

—“Mi querido Carranza: El señor don José Artigas me dirige el adjunto oficio para usted y me encarga, en carta particular, que determine acerca de sus sentimientos, lo que me parezca más conveniente, porque en la actualidad no lo asisten los debidos conocimientos con respecto a usted. Pero yo, que he merecido su confianza y que he sido y seré su inseparable compañero, no he dilatado un momento en remitirlo para que usted se entere de su justo y sabio contenido y proceda en un todo según su tenor.

A Artigas ya le escribo, diciéndole que por parte de usted, puede descansar. Yo confío que la reunión (de ustedes) será lo más pronto posible”. (7)

Nace así una hermosa amistad entre Carranza y el Jefe de los Orientales. Cuando además de la comunicación de su amigo, Artigas recibe una carta de Carranza confirmándole su adhesión, la respuesta es desbordante.

En un mismo día (2 de noviembre) Artigas le escribe dos veces a Carranza:

—Mi paisano: La de usted del 30 del que acaba, me manifiesta los sentimientos que le asisten sobre nuestras operaciones. Yo aseguro a usted que ellos son en un todo conforme a los principios que he adoptado y que quisiera que siguieran todos.

Exalte el entusiasmo de las gentes para que no queden bajo el portugués, no les manifieste usted nada absolutamente de las consecuencias que deben resultar en beneficio de la patria.

La reunión de los indios bravos es de la primera necesidad y yo espero que usted, de cualquier modo, me envíe algún cacique, acompañado de diez o doce indios para que trate conmigo.

Apuremos todos los recursos para que los portugueses no se hagan dueños de esta banda. Puntas del arroyo Perdido, 2 de noviembre de 1811.

La segunda carta a Carranza, con la misma fecha, está escrita de mano de Miguel Barreiro (secretario y sobrino de Artigas) y es más breve y más extraordinaria. Dice:

—“Reunida la gente en Sandú( Paysandu), conservará usted dicho punto, precisamente, hasta mi llegada, procurando aumentar sucesivamente, (el ardor) de la gente y activando las providencias concernientes a reunir cuantas armas se pueda.

Auxiliará usted a la mayor brevedad a mi Caciquillo, dándole orden de partir para los indios bravos, a fin de que estos nos auxilien con sus brazos en una causa que también es la suya; para ello, aconsejará usted de mi parte al Caciquillo. Emplee cuantos medios razonables estén a su alcance”.

Seguramente fue un día muy especial ese 2 de noviembre, junto a las costas del arroyo Perdido, con la caravana del Exodo entrando en Soriano, a la altura de Porongos.

Artigas escribe: “Auxiliará usted a mi Caciquillo”.

En esta frase, el posesivo “MI” cobra una sugestión que no tiene igual en ninguno de los miles de documentos que Artigas habrá de producir a lo largo de toda su vida.

Ese “mi”, que parece escapado como un exceso involuntario de espontaneidad, descubre algo íntimo que Artigas, jamás deja traslucir. (Tal vez se expresa así porque supone que es inútil disimular con Carranza. La mención llamativa de los charrúas en el parte escrito por Bartolomé Hidalgo, hace suponer que el poeta conocía la vinculación de sangre existente entre el Caciquillo y Artigas. Hidalgo había servido en la casa paterna de Artigas y en Montevideo, el 13 de agosto de 1805, Bartolomé Hidalgo había firmado a ruego por Francisca Artigas, el consentimiento para que su hija Rosalía Villagrán se casara con el ayudante mayor del Cuerpo de Blandengues de esta frontera, don José Gervasio Artigas.

También hay otro dato escondido en las dos cartas del dos de noviembre: el Caciquillo no sabe leer. Artigas no le escribe a él, le ruega a Carranza: Dele orden (a mi Caciquillo) de partir “para los indios bravos”. Sabiendo este detalle, más misteriosa y más mágica se hace la carta de Artigas al Caciquillo donde firma aclarando: “Tu padre, Artigas”. El Caciquillo lleva con él ese papel que no es capaz de leer, como si fuera un talismán (Véase el librito: “Artigas y su hijo el Caciquillo” donde explico las connotaciones que rodean a esa carta clave. La lleva entre sus ropas un hombre que viaja desnudo).

El llamado a los indios infieles (la comisión que Artigas le encargara al Caciquillo: traer a los caciques) dio resultado inmediato. A los doce días de las cartas a Carranza, Artigas le escribe a Elías Galván:

“Los indios infieles, abandonando sus tolderías, inundan la campaña presentándome sus bravos esfuerzos para cooperar a la consolidación de nuestro gran sistema.”

Por un terreno así defendido fue avanzando La Redota, a cubierto de toda amenaza. Y de esa derrota inolvidable, nacimos.

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(1) Archivo Artigas, tomo V, pág. 299

ARTIGAS: EL HOMBRE SOLO

EL HOMBRE SOLO

                                               

Pasarán todavía muchos años antes de que el mundo entero, América y el Uruguay, conozcan a Artigas. Ningún otro personaje en el país, se le com­para. Ningún otro, en todo el ámbito continental.
El pasado es él; la respuesta que reclama el presente, está en él; en él, está el futuro.
Sobre nuestras tierras pesa, desde hace ciento cincuenta años, su derrota. Pero esa su derrota, es su victoria y será nuestra victoria.
Durante todos los días y todas las noches de estos ciento cincuenta años, mientras sus huesos se convertían, en polvo, el sol y las estrellas, los cielos y los suelos americanos, han visto la pompa triunfal de quienes lo negaron, de quienes lo traicionaron, de quienes lo escarnecieron.

La historia del pasado siglo y medio es, con parciales y/o transitorias rectificaciones, la historia del antiartiguismo. Y si alguien, en contadas épocas, volvió a empuñar algunas de sus banderas, ninguno tuvo una visión tan armónica y completa de nuestro quehacer y nuestro destino.
Cuando desapareció en el silencio, América entera, desapareció con él.
La hora llegó de aquellos que no creían a nuestros pueblos capaces de ser libres y reclamaban tutores. Cambian los tiempos, la desconfianza que lleva a la alienación continúa. Ayer, España, Portugal, Francia, Inglaterra. Hoy Esta­dos Unidos o el respaldo de otros bloques.
Independencia es ser lo que somos, - nuestra vocación y nuestra geografía - ­sin atarnos a nadie, sin sujetarnos a los intereses de nadie.
La hora llegó de los que asimismo negaban la posibilidad de organizarnos re­publicana y democráticamente. De quienes, lógicos, a la tutela externa, querían agregar, para combatir a los "anarquistas", la interna tutela de los doctores o de los déspotas iluminados, fideicomisarios del amo extraño. Los dictadores de hoy son los herederos de los monárquicos de ayer.
La hora llegó de los que balcanizaron a nuestros pueblos. De los que nos divi­dieron, por imposición de los de afuera y para satisfacer sus ambiciones de man­do. Estos ciento cincuenta años de nuestra América, son ciento cincuenta años de despedazamiento y fragmentación.
La hora llegó de las oligarquías rurales y ciudadanas que crearon las ciudades monstruosas y vanas, despojaron de las tierras a quienes necesitaban trabajarlas, entregaron las riquezas al extranjero.     
Artigas es la independencia total y la república democrática; la nación en la confederación; la producción frente al intermediario; los frutos de la tierra para los que sobre ella, penan.
Por eso sus enemigos fueron todos: los débiles y los déspotas; los escépticos y los burócratas; los intermediarios y los terratenientes; los hombres de poca fe y los hombres de orden; los extranjerizantes, vendida el alma al poderoso ajeno y también los "patriotas" de campanario atados al minúsculo solar cir­cuido por el horizonte visible.
Y está el hombre.
El resplandeciente e impar valor humano. El héroe que no contó con el favor de los dioses.
El combatiente de carne y hueso en un perdido rincón del mundo, en un perdido rincón de América, que debió librar una larga batalla, sin pausa, solo, contra los de fuera y contra los propios. El héroe limpio de oropel y sin eco, cuyo único refugio era la fe de los más humildes y más desamparados, y también su misma fe, nunca quebrantada, en esos desamparados y humildes.
¿Qué otro personaje a lo largo y a lo ancho de todo el continente sostuvo combate semejante?
¿Qué otro personaje a lo largo y a lo ancho de la memoria de los hombres, mantiene silencio tan digno, soporta sufrimiento tan constante y prolongado cuando, dicho su mensaje y cumplida su jornada, queda solo, ya definitivamente solo, en diálogo con Dios y a la espera de la muerte?
Bienvenida ella si es súbita y más si se cumple en la euforia de la pelea. Des­graciado de aquel que padece lento agonizar y mayor su gloria si no cede a los golpes de las horas, y a las acechanzas del abandono y a la física decrepitud.
Pepe y su primo

Otros hubieran querido explicarse y justificarse.
El, en su recóndito ostracis­mo, no. Ni se explicó ni se justificó. Después de haber librado batalla, calló.
Ese su augusto silencio no tiene paralelo ni ejemplo. Una crucifixión que duró trein­ta años.
Cristo a la jineta, él sí. Nuestro Cristo a la jineta, que, en su inmenso des­amparo, luego de mostrarnos cómo se combate, nos enseñó cómo se espera.
Allí sobre la cruz, pudo preguntarse si su afán había sido necesario y fecundo. Allí, sobre la cruz pudo, en un humano momento de flaqueza, también impetrar: "Señor, Señor ¿por qué me has abandonado?".
Pero ya despojado de todo orgullo, ya liberado de toda vanidad, si es que algún día la tuvo, él, Cristo inmortal a la jineta, desvalido y miserable, enmudeció y se inclinó.
Tanto o más que su brioso batallar, es su transido silencio el que ahora nos golpea, el que nos golpeará siempre mientras los orientales y aún los america­nos, no seamos lo que él quiso que fuéramos.
Sí, él, Cristo a la jineta, nuestro Cristo a la jineta, para redención de nuestros pecados y salvación de nuestra alma y nuestra tierra. Sí, él, nuestro Cristo a la jineta, para ayudarnos a vivir y para ayudarnos a morir.
*  *  *
El mensaje del combatiente podrá – deberá - cumplirse un día y quedar vacío de virtualidad creadora.
La enseñanza del hombre nunca se agotará
Carlos Quijano                                                             
MARCHA, 20 de Junio de 1964
envío de Pedro H
posta - postaporteñ@ 1188 - 2014-06-19 

Cuadros de Luis Ferrer, Paysandú

ARTIGAS: EL GRAN TRAICIONADO

250° aniversario del Natalicio de Artigas

EL GRAN TRAICIONADO




Hace poco más de diez años, Pivel Devoto mostró, desde las páginas de MARCHA, en una dilatada y documentada serie de notas, como, a través del tiempo había solu­cionado el juicio sobre la personalidad y la ac­ción de Artigas
"De la leyenda negra al culto artiguista" se titulaban esas notas, que por des­gracia detuvieron sus comentarios en 1880.
"Vencedor en el terreno ideológico - escribía Pivel -  Artigas vio eclipsar su hegemonía polí­tica ante el reclamo de sus tenientes que con las provincias que acaudillaban, se creyeron en un grado de madurez reñida con el protectorado, al tiempo que los últimos hechos de armas en la resistencia contra la invasión portuguesa, señala­ban el ocaso del poderío militar del jefe de los orientales”.
“Desde ese momento., todos aquellos  motivos  de pasión personal y colectiva que la lucha había engendrado, servirían para nutrir las jui­cios de la 'leyenda negra artiguista'
La clase culta del Ría de la Plata, que salvo excepciones, entró a la revolución de 1810, sin sospechar las alteraciones del orden social que ella traería, así como los otrora ricos hacendados de la campa­ña oriental que, auspiciaron la gran protesta rural de 1811, a la que Artigas dio un contenida ideológico contrario a sus intereses, no perdo­narían par largo tiempo al 'caudillo tumultua­rio' que al declarar a estas pueblas 'en el goce de sus derechos primitivos', los iniciara en la verdadera revolución, cuyas incontables manifestaciones anárquicas fueron desde entonces señaladas coma sello característico de la que se dio en llamar 'las tiempos de Artigas'.
Es hora de preguntarse si ese culto a que re­fiere con toda propiedad Pivel, no es un culto, de latría, si no la es también, en muchos aspec­tos, externo, si, por último no es superfluo., en cuanto "se da par medio de cosas vanas e inúti­les a dirigiéndolo a otros fines" que los verdade­ros y auténticos
La leyenda negra puede haber adquirido nue­vas formas la que fue ponzoñosa calumnia pue­de haberse convertido en reverente homenaje, pero una y otro responden al mismo propósito: ocultarnos a Artigas, despojarnos de él, disimu­larnos su significación, ofrecernos una imagen desfigurada del héroe
La diatriba y la hagiogra­fía conducirían a 1o mismo. Y lo que no pudo aquélla, lo lograría ésta.
Así nos parece. Traicio­nado en vida, Artigas sigue traicionado en la muerte. ¡Y qué traición!
*  *  *

Otorgués


Bien pocos, - si los hubo -, tuvieron en la pa­tria vieja, cabal medida de lo que Artigas fue y representó. La traición y la defección fueron la infatigable compañía de éste. Sombra y eco de su soledad. No pensamos al decirlo en la trai­ción de las oligarquías porteñas, la de los Puey­rredón y los Tagle; no pensamos tampoco en las astucias alevosas de los caudillos del Pro­tectorado ni en las de la diplomacia lusitana, sutil y corruptora. Pensamos en las que conoció y sufrió en su propia tierra que revistieron las más diversas formas.
Uno de los episodios me­nos explorados de nuestra historia es el de la in­vasión portuguesa y aún menos explorado toda­vía - hechas las debidas excepciones, Pivel en primer término - son los años de la Cisplatina que, en realidad, se extienden desde la ocupa­ción de Montevideo, el 17 hasta el 25.
¿Por qué ése vacío en nuestra historia?
La Cisplatina, sin embargo, es un fruto y al tiempo una semilla. Anuda el paso de los hechos. Mues­tra la continuidad de una lucha que llega a nuestros días y ha de prolongarse en los futuros. La Cisplatina es el reclamo, primero y la gozosa aceptación después, de la invasión extranjera. Las fuerzas del "orden" estaban cansadas de la anarquía y los "anarquistas". De la tumultua­ria irrupción de las masas. El héroe convocaba al sacrificio; el extranjero, ofrecía la sopa en el collar. Entre la libertad - aventura y riesgo - y  la seguridad - sumisión y prebendas - la opción  de las llamadas clases dirigentes de entonces, fue la que debía ser.

Artigas y su primo


¿Por qué, - volvemos a preguntar -, la Cisplatina ha tenido tan pocos comentarios y comentaristas?
Admitamos que sea por pudor. Al respecto se nos permitirá intercalar el relato de un pequeño hecho. En 1852, apareció en Londres la segunda edición ampliada de un libro de Sir Woodbine Parish - Buenos Aires and the provin­ces of the Río de la Plata - Woodbine Parish ha­bía sido cónsul general de Inglaterra en Buenos Aires desde 1824 hasta 1832 y su obra rebosa de datos de gran interés. Poco después de publi­cado el libro, lo tradujo al español, en Buenos Aires, Justo Maeso, al mismo tiempo que mu­chos años más tarde habría de participar con fervor en la reivindicación de Artigas. El libro de Parish contenía muchos documentos hasta entonces desconocidos. Maeso suprimió algunos y para explicar la supresión dijo: "En el original inglés hay un documento firmado por el general Belgrano y el doctor Rivadavia, datado en Lon­dres el 16 de mayo de 1815 y que precede a los anteriores por su fecha; pero su contenido es de tal carácter que me he permitido omitirlo en este apéndice. Esta omisión despoja a esta tra­ducción española de un valioso agregado; pero en cambio ella será bien acogida por los corazo­nes generosos que preferirán la privación de una estéril curiosidad al oprobio que pueda recaer sobre nombres y reputaciones que como el del primero son el más glorioso timbre de la hidalguía argentina”.
Más de treinta años después, en 1885, al pu­blicar su "Artigas", Maeso volvió sobre el tema: "En la obra en inglés de Sir Woodbine Parish ' Buenos Aires y las Provincias del Río de la Pla­ta' que tradujimos y anotamos extensamente hace treinta y un años, de que hablábamos an­tes, se contenían en el apéndice algunos de los documentos que evidenciaban esas vergonzosas defecciones. Entre ellas se incluía la reverente petición y súplica dirigida a Carlos IV por Bel­grano y Rivadavia y otros documentos relativos a negociaciones análogas. Por un sentimiento de dignidad y aun de candor juvenil, como argenti­nos y aún como una amarga decepción a que no queríamos resignarnos, ni en la que podíamos creer, esperando a mejores pruebas, nos decidi­mos a suprimir algunos de esos documentos, de cuya irrecusable autenticidad muy pronto después nos cercioramos y ratificamos".
Ahora bien, en 1958 se reimprimió en Bue­nos Aires - colección El Pasado Argentino, Ha­chette - el libro de Woodbine Parish, en la tra­ducción de Maeso y con un prólogo de José Luis Busaniche. El documento a que refiere Maeso continúa suprimido y a él no hace la me­nor mención el prologuista Busaniche. Más aún al pie de la página 564, aparece otra vez la nota explicativa de Maeso. Un largo siglo ha pasado y no se quiere develar el misterio. Agregamos, aunque ya el detalle es nimio, que por azar po­seemos la edición original de Woodbine Parish, fechada en 1852, y que el documento de la referencia, va de las páginas 386 a 392, a pesar de que la versión que de él se da es un resumen, según el propio Parish lo declara
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Admitamos, como antes decíamos, que las mutilaciones y vacíos de nuestra historia se ha­yan producido, como en el caso de Maeso, por pudor. Puede que en otros casos las razones ha­yan sido distintas; pero no interesa ahora discu­tirlo ni tampoco averiguarlo. La historia sincera, como la quería Seignobos no puede incurrir en semejantes omisiones. Y escribir la historia con sinceridad, nos hará bien a todos. No hay otra manera de conocer, por nuestro pasado, nues­tro destino. Y entonces las falsas glorias caerán y las auténticas resplandecerán mejor.
Desde que la invasión se inicia, la traición hasta entonces soterrada, aparece. Los años que van del 16 al 20, - hasta que Artigas se encierra en el Paraguay -  son años de lucha sin pausa y de cruentas y repetidas derrotas y también de flaquezas, defecciones y renuencias.
El "frente interno" como hoy le llaman, so­bre todo Montevideo, no marcha a compás con la desesperada y audaz resistencia de las tropas, sin armas ni cuadros, de Artigas. Mientras esos soldados instintivos se hacen matar, el procera­to ciudadano conspira, intriga, suplica y acoge complaciente las proposiciones de la oligarquía porteña y de la Corte Imperial. Cualquier amo antes que los "anarquistas" de Artigas.
Buenos Aires está dispuesto a entregar la provincia. El procerato montevideano a vender su alma, para salvar bienes y tranquilidad, al diablo. Pero no es sólo en la ciudad donde la conspiración se incuba. También los jefes mili­tares participan en ella. Portugal, que ha espe­rado su hora, recoge, entre bendiciones, los fru­tos de esta doble y además estúpida traición.
Y son muchos los grandes hombres de nues­tra historia, esos que hoy llenan el nomenclátor de la ciudad, los que aparecen confundidos en­tre las sombras de la gran conjura
En 1816, ya con la invasión en marcha, se produce la asonada del 3 de septiembre y el arresto de don Miguel Barreiro. Al frente de ella están, entre otros, Juan Ma. Pérez y Lucas Obes.
Pocos meses después, Juan J. Durán y Juan Francisco Giró delegados del Cabildo de Monte­video, ofrecen en bandeja la provincia oriental al gobierno de Pueyrredón, más que cómplice, fautor de la invasión. De ese Cabildo forman parte Juan de Medina, Felipe García, Agustín Estrada. Joaquín Suárez, que luego rescatará con dignidad este error o falta, Santiago Sierra, Lorenzo J. Pérez, Jerónimo Bianqui. Artigas rechaza la entrega y contesta a los diputados Durán y Giró, desde el Campo Volante de Santa Ana, el 26 de diciembre de 1816: "Por precisos que fuesen los momentos del conflicto, por ple­nos que hayan sido los poderes que V. S. reves­tía en su diputación, nunca debieron creerse bas­tantes a sellar los intereses de tantos pueblos sin su expreso consentimiento. Yo mismo no basta­ría á realizarlos sin este requisito, ¿y V. S. con mano serena ha firmado el acta publicada por ese gobierno en 8 del presente? Es preciso ó su­poner a V. S. extranjero en la historia de nues­tros sucesos, o creerlo menos interesado en con­servar lo sagrado de nuestros derechos, para subscribirse á unos pactos, que envilecen el mérito de nuestra justicia, y cubren de ignominia la sangre de sus defensores"



"El jefe de los orientales ha manifestado en todos tiempos que ama demasiado su patria, para sacrificar este rico patrimonio de los orienta­les al bajo precio de la necesidad. Por fortuna la presente no es tan extrema que pueda ligarnos a un tal compromiso. Tenga V. S. la bondad de re­petirlo en mi nombre a ese gobierno y asegurar­le mi poca satisfacción en la liberalidad de sus ideas con la mezquindad de sus sentimientos."
"En consecuencia V. S. ha cesado de su co­misión, y si le place puede retirarse á Montevi­deo, allí podrán efectuarse las justificaciones competentes, y ojalá que los resultados de su comisión condigan a los de su conocida honra­dez."
En mayo del 17, los jefes y oficiales de las fuerzas sitiadoras de Montevideo, se pronuncian contra Rivera y exigen que el mando sea confe­rido a Thomas García de Zúñiga.
Algo más tarde Bauzá; entre cuyos oficiales se cuenta Oribe, abandona el sitio y se va con armas y bagajes previo acuerdo con Lecor, a Buenos Aires.
Después de la derrota de Tacuarembó, cuan­do Artigas marcha a las provincias argentinas que aún le son fieles, en busca de refuerzos, Ri­vera desacata las órdenes de su jefe y licencia sus tropas, deserta y se rinde a los portugueses. El propio Eduardo Acevedo, acota al comentar la lucha con Ramírez: "Fue vencido pues Arti­gas, gracias a la escuadra, a las armas y a los sol­dados que el gobierno de Buenos Aires había puesto a la disposición de Ramírez en virtud de los convenios secretos del Pilar. Y fue vencido también, porque las divisiones orientales que habían escapado del desastre de Tacuarembó, en vez de cruzar el Uruguay, desacataron sus ór­denes para entrar en transacciones con Lecor. Si esas fuerzas lo hubieran acompañado a Corrien­tes, es probable que la suerte de las armas le hubiese sido favorable y entonces las Provincias Unidas habrían decretado la guerra al Brasil, co­mo complemento obligado del derrumbe de las autoridades que habían pactado la conquista de la Banda Oriental. De aquí seguramente la amarga reconvención que el coronel Cáceres pone en boca de Artigas: "que Rivera tenía la culpa del triunfo de los portugueses”
Mientras los soldados de Artigas mueren en  los combates que se inician en Santa Ana y se cierran en Tacuarembó; mientras los jefes planean pronunciamientos o desertan, el, Cabildo de Montevideo, eximio representante de la contrarrevolución y -¿por qué no?- de la antipatria,se avillana en zalemas y genuflexiones ante el invasor. Lo recibe bajo palio y aprovecha la protección de las armas "portuguesas para denos­tar a Artigas. El 23 de enero de 1817, seis días después de la entrada de Lecor, el Cabildo declara por boca de su síndico, que "debe tener en vista el comprometimiento general de este vecindario con las tropas de Artigas, con Bue­nos Aires y principalmente con los españoles; y que S. E. debe entrever que en manos de cual­quiera de éstos que el pueblo desgraciadamente cayera, sería una víctima infeliz de la venganza y llegarían al colmo de sus desdichas. Que a él le parecía que al Cabildo representante de los pueblos, tocaba agitar su engrandecimiento y que no había otro medio que el que pasaba a proponer, cual es (previa la debida licencia del señor Capitán de la Provincia) hacer una diputa­ción a su Majestad Fidelísima el Rey nuestro se­ñor, impetrándole su protección y suplicándole que tuviera la dignación de incorporar este terri­torio a los dominios de su corona".

El cura Monterroso, secretario de artigas

Firman el acta los cabildantes, Juan de Medina, Felipe García, Agustín Estrada, Lorenzo J. Pérez, Ge­rónimo Pio Bianqui y el secretario Francisco Solano Antuña.
A poco, el Cabildo designa a Larrañaga y a Bianqui diputados ante el rey don Juan VI, para reclamar y concertar la incorporación. "Solici­tarán - dicen las instrucciones - con el mayor empeño que S. M. se digne incorporar a sus do­minios del Brasil este territorio de la Banda Oriental del Río de la Plata". Estas instrucciones, además de los anteriores cabildantes, las firman el alcalde de 1er. voto don Juan José Duran y el Defensor de Menores don Juan Fco. Giró, los mismos personajes que un año antes habían ido a entregarle la provincia a Pueyrredón.


Artigas y Melchora

La traición iba a consumarse. En tanto Arti­gas se hunde para siempre en el Paraguay, Cane­lones, Maldonado y San José también se declaran incorporados a la corona de Portugal y en 1821 se reúne el Congreso Cisplatino. Forman parte de él los cabildantes de antes, los deserto­res de antes y el 18 de julio de 1821, reténgase la fecha, después de sesudos discursos de Bian­qui, Llambí y Larrañaga, se vota por aclamación la incorporación a Portugal. "De este modo, acertó a decir, Bianqui, se libra a la Provincia de la más funesta de todas las esclavitudes que es la de la anarquía. Viviremos en orden bajo un poder respetable; seguirá nuestro comercio sos­tenido por los progresos de la pastura; los hacendados recogerán el fruto de los  trabajos emprendidos en sus haciendas, para repararse de los pasados quebrantos y los hombres díscolos que se preparan a utilizar, el desorden y satisfa­cer sus resentimientos en la sangre de sus com­patriotas se aplicarán al trabajo o tendrán que sufrir el rigor de las leyes; y en cualquier caso que prepare el tiempo, o el torrente irresistible de los sucesos, se hallará la provincia rica, des­poblada y en estado de sostener el orden que es la base de la felicidad pública. De hecho nuestro país está en poder de las  tropas portuguesas”.
Deben repetirse los nombres de los que vo­taron esa incorporación tanto más cuanto que un sospechoso y en el caso también piadoso, ol­vido, ha disimulado o disminuido la tremenda culpa.
Son éstos: Juan José Durán, Dámaso A. La­rrañaga, Thomas García de Zúñiga, Fructuoso Rivera, Loreto de Gomensoro, José Vicente Gallegos, Manuel Lago, Luis Pérez, Mateo Visillac, José de Alagón, Gerónirno Pío Bianqui, Ro­mualdo Ximeno, Alejandro Chucarro, Manuel Antonio Sylba, Salvador García, Francisco Llambí.
Así cerró el drama. El drama de un hombre solo y de su auténtico e inmaduro pueblo, que va de pelea en pelea, mientras la intriga de los de afuera, unida a la fuerza, y la traición y la flaqueza de los de adentro lo empujan a la  muerte. 
Treinta años más había de vivir Artigas, en su largo viaje, sin quejas, al fondo de la noche. Treinta años de una grandeza impar. La calumnia no respetó su callada y, sin duda, angustiosa soledad. .
Después vino tardíamente la hora de la repa­ración y en ella todas las voces confluyeron pa­ra ofrecemos la imagen depurada e ideal de un jefe, sin sangre, sin huesos y sin barro, de un tu­telar patriarca colocado más allá del bien y del mal, del error y de la injusticia. Depurada ima­gen, vacía de vida. Depurada imagen que perte­nece a la hagiografía.
Y bien, hay que rescatar hoy y siempre al au­téntico Artigas, de la doble conspiración que es una sola: la de la calumnia y la del incienso. En lo más hondo de la tierra las dos corrientes que chocaron en un terrible remolino durante los años de la patria vieja, continúan su curso. El personaje tiene un inaudito valor humano pero además es la encarnación de la esperanza y el destino nacionales. Fue el suyo el drama de la soledad, que soportó, como héroe alguno fue capaz de soportar. Maestro así de vida, porque todas nuestras desazones e infortunio son ridí­culos y mezquinos frente a cuanto él, en obsti­nado silencio, padeció.
Encarnó la Orientalidad. Mientras aliente un oriental, Artigas vivirá. Pero fue también y so­bre todo, el heraldo y. profeta de la revolución nacional, esa que aún espera el llamado de los tiempos para realizarse. Por serlo, los hombres de "orden", lo acosaron, lo traicionaron, lo ca­lumniaron. Antes que los "anarquistas" de Arti­gas, la intervención extranjera. Antes que la re­volución de esos "anarquistas" se propagara, la entrega al enemigo secular, preparada "inteli­gentemente", con gran abundancia de palabras, por los doctores de chistera y levita, genuflexos y cobardes, pedantes y miopes.
Ahora como ayer, ha de volverse hacia el Ar­tigas auténtico - sangre, nervios, huesos, barro - ­para reiniciar la. marcha y lanzarse al combate, contra los herederos del alma de aquellos que consumaron la gran traición, esa gran traición todavía victoriosa, que recurre a los mismos mé­todos, las mismas prácticas, los mismos argu­mentos y los mismos apoyos - cambian sólo las denominaciones - para derrotar otra vez al Artiguismo.
Carlos Quijano          
  MARCHA, 19 de mayo de 1961

Cuadros de Luis Ferrer, Paysandú