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La impunidad sigue ocultando la fosa común del segundo vuelo de Orletti

 


El comandante con el zapato del maestro Julio Castro

La impunidad sigue ocultando la fosa común del segundo vuelo de Orletti

ROGER RODRIGUEZ·LUNES, 5 DE OCTUBRE DE 2020·TIEMPO DE LECTURA: 20 MINUTOS
Hace 44 años, el 5 de octubre de 1976, se realizó el "segundo vuelo" en el que una veintena de uruguayos secuestrados en el "pozo" de Automotores Orletti de Argentina, fueron traídos a Uruguay en el Vuelo 511 del Transporte Aéreo Militar Uruguayo (TAMU), detenidos en unidades militares, ejecutados y enterrados, probablemente, en una fosa común. El caso fue denunciado en La República en 2002, la Fuerza Aérea reconoció la existencia de aquel segundo vuelo en 2004, el comandante del Ejército admitió el vuelo y la ejecución en 2006, cuando se llegó a realizar una causa judicial por la que ocho militares y policías fueron condendos en 2009, pero el Ejército sigue sin confesar dónde fueron enterrados. La impunidad sigue cubriendo la verdad de esa tumba.
I - El INFORMANTE DE SIMÓN RIQUELO
El 17 de marzo de 2002, dos días después que un examen de ADN confirmara que el joven que Rafael Michelini había ubicado en Argentina era efectivamente el hijo desaparecido de Sara Méndez, comenzó otra etapa en la investigación periodística realizada durante más de un año para Posdata Folios y por la que se habían conseguido los datos que permitieron encontrar a Simón Riquelo.
El informante que ayudó a encontrar a Simón Riquelo fue quien reveló la existencia del segundo vuelo de Orletti.
Inicialmente, la investigación tuvo como objetivo confirmar o descartar un documento con el testimonio un presunto agente de la policía federal que habría participado en los seguimiento de Zelmar Michelini desde meses antes al 18 de mayo de 1976 cuando lo asesinaron. Se buscó como fuente a un ex agente de la SIDE que había pertenecido a la banda de Aníbal Gordon y operó en el centro de torturas Automotores Orletti. (1)
El informante aceptó colaborar como fuente anónima solo sobre el caso de Simón, pero cuando se le preguntó sobre lo ocurrido con los uruguayos que habían desaparecido en setiembre y octubre de 1976, luego del primer vuelo de Orletti en el que había trasladado a otros secuestrados en junio y julio, admitió que también estuvieron en aquel centro clandestino de detención en el que operaba el Plan Cóndor.
La tapa de La República donde por primera vez se hizo mención al segundo vuelo de Orletti. (17/03/2002)
“De Uruguay a los argentinos nos han cobrado todo y mucho ha salido a la luz. Pero que no nos adjudiquen esas desapariciones. A los que no murieron en Orletti nosotros los devolvimos. No sabíamos que los del primer viaje estaban vivos, así que cuando cerraba Orletti se planificó otro viaje grande en el que se incluyó a todos los que quedaban, incluso cinco argentinos. No participé en la entrega, pero creo que a esos últimos tienen que buscarlos en Uruguay”, dijo. (2)
Tras la confirmación de la identidad de Simón y su reencuentro con Sara Méndez, se volvió a contactar al informante argentino, quien agregó nuevos detalles de los procedimientos en los que fueron detenidos aquellos uruguayos pertenecientes al Partido por la Victoria del Pueblo (PVP). La veracidad de su testimonio dejó abierta la especulación sobre un terrible fin de aquel segundo grupo de trasladados: si no fueron “blanqueados” como los primeros, solo pudieron ser ejecutados y enterrados en un cementerio clandestino. (3)
II – LOS TRANSPORTISTAS DEL SEGUNDO VUELO
Meses más tarde, otra fuente de información, esta vez un militar uruguayo, permitió reconstruir los detalles de aquel segundo vuelo de Orletti e identificar los nombres de quienes estuvieron implicados en el traslado. En setiembre de 2002 se publicó en La República la segunda parte de la investigación con un dato significativo: el copiloto de vuelo que trajo a los uruguayos de Orletti había sido el entonces comandante en jefe de la Fuerza Aérea, Brigadier General José Pedro Malaquín.
La tapa de La República en que se denuncia a Malquín como copiloto del segundo vuelo (02/09/2002).
La investigación periodística confirmó que en los primeros días de octubre de 1976 en el Aeropuerto Internacional de Carrasco había aterrizado el vuelo Nº 511 del Transporte Aéreo Militar Uruguayo (TAMU). Un C-47 de la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU) procedente del Oeste y que la aeronave carreteó hasta ser estacionada junto al hangar de la Brigada de Mantenimiento y Abastecimiento (BMA) de la FAU, que estaba custodiada por soldados y que descendieron entre 14 y 16 civiles encapuchados –uno de ellos vendado con una bufanda–, quienes fueron subidos a camiones del Ejército y trasladados con rumbo desconocido.
La coordinación de ese vuelo -se explicaba- fue realizada por el entonces coronel (av.) Uruguay Araújo Umpiérrez, denunciado años antes por el ex agente Julio Barboza como uno de los mandos principales del Servicio de Información y Defensa (SID). La nave tenía como piloto al mayor Walter Pintos, como copiloto al mayor José Pedro Malaquín y como tripulante al capitán Daniel Muñoz. La Brigada de Mantenimiento y Abastecimiento, esa madrugada, estaba a cargo del mayor Walter Dopazzo.
La confirmación de la fecha del vuelo requirió de un nuevo contacto con el informante argentino que había permitido encontrar a Simón: “No me quedan dudas ni confusiones, estoy seguro de ese vuelo, porque fue ese día que (Miguel Angel) Furci se quedó con la chiquita (Mariana Zaffaroni)”, dijo. Un dato coincidente con el testimonio de un argentino sobreviviente de Orletti: Luis Bertazzo había sido liberado el 7 de octubre y recuerda “que unos días antes de ello se había procedido al traslado de un grupo de uruguayos”, según consta en las actas de la causa del Plan Cóndor llevada adelante por la justicia argentina. (4)
Gavazzo, uniformado detrás de la cámara de TV, observa el falso operativo de detención de los traídos en el primer vuelo de Orletti. (Portada de El País)
Aquel informe periodístico agregaba otro dato particular. El comunicado que la Dirección Nacional de Relaciones Públicas (DINARP) difundió a fines de octubre de 1976, cuando se hizo un falso operativo de detención para “blanquear” a los detenidos del primer vuelo en un chalet del balneario Shangrilá, incluía la mención de 22 subversivos detenidos en setiembre. El texto, leído por el propio mayor José Nino Gavazzo, generó una confusión que llevó a los diarios a titular la captura de “62 subversivos”. Veintidós eran los del segundo vuelo que hasta entonces continuaban vivos. (5)
III – CONFIRMACIÓN DE LA FAU Y ARCHIVOS DE USA
Tres años más tarde, con el informe sobre los desaparecidos en dictadura que realizó la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU) se terminó por confirmar la existencia del segundo vuelo de Orletti. El 11 de agosto de 2005 en La República se publicaba: “El informe que la Presidencia de la República entregó ayer a la organización Familiares de Detenidos Desaparecidos señala que la Fuerza Aérea realizó en 1976 dos «servicios» de traslado aéreo de prisioneros desde Argentina, a pedido del Servicio de Información y Defensa (SID), en julio y octubre de aquel año, aunque «desconociendo la identidad y cantidad de pasajeros».
“La confesión de la FAU tira por tierra la historia oficial que por tres décadas escribieron las Fuerzas Armadas uruguayas y luego convalidó la Comisión para la Paz del gobierno de Jorge Batlle, respecto a que en Uruguay no hubo ejecuciones masivas de prisioneros ni cementerios clandestinos con fosas comunes como en Argentina y solo hubo muertos «accidentales» en la tortura”, denunciaba. Y agregaba: “La confirmación del «segundo vuelo» de Orletti implica que un grupo de quince a veinte militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), secuestrados en Buenos Aires entre el 23 de setiembre y el 4 de octubre de 1976, luego de ser trasladados ilegalmente a Montevideo, fueron asesinados a sangre fría y enterrados en una fosa común para continuar hasta hoy como desaparecidos.”
Los informes sobre desaparecidos pedidos por el presidente Tabaré Vázquez confirmaron la existencia del segundo vuelo.
El 21 de agosto de 2005 el periodista Gabriel Pereyra hacía un aporte desde el diario El Observador, al denunciar la existencia de un “tercer vuelo” en el que a mediados de 1978 también se había trasladado «al menos a seis uruguayos detenidos en Argentina, los cuales fueron asesinados en Montevideo. «Ary Héctor Severo Barreto y Jorge Hugo Martínez Horminoguez», serían dos de los detenidos. (7) El traslado de los detenidos a sus países de origen se constituía en un “modus operandi” del Plan Cóndor.
Los archivos estadounidenses del Plan Cóndor confirman el plan de ejecuciones de la represión coordinada de las dictaduras.
En abril de 2006, documentos desclasificados por el National Security Archive de los Estados Unidos se constituyeron en una evidencia confirmatoria de la participación de oficiales de Inteligencia Militar uruguaya en el secuestro y desaparición de un grupo de compatriotas en Argentina en setiembre de 1976, se explicaba en otro artículo de La República.
“Los documentos hechos públicos en el marco del 30 aniversario del golpe de Estado en Argentina, señalan como un ejemplo de la «Operación Cóndor», como se denominó a la coordinación represiva de las dictaduras del Cono Sur, el caso de los uruguayos Jorge Zaffaroni y su esposa María Islas de Zaffaroni”, se informaba. “El nuevo documento, elaborado hace treinta años por el «Departamento of Defense Intelligence Information Report» estadounidense, está fechado el 28 de setiembre de 1976, en pleno proceso de una represión contra los uruguayos, que finalizaría en los primeros días de aquel mes de octubre”, se decía. (8)
IV – “EN BENEFICIO PROPIO O DE UN TERCERO”
La investigación periodística derivó entonces hacia el objetivo económico de la represión sobre los militantes del PVP, quienes en 1974 había realizado un secuestro extorsivo sobre un empresario argentino para financiar su lucha contra la dictadura. Se concluyó que los militares uruguayos habían recuperado buena parte de aquel rescate y por lo tanto no podían incluirse en la “Ley de Caducidad” que no amparaba los crímenes «que se hubieren cometido con el propósito de lograr para su autor o para un tercero, un proyecto económico».
El objetivo económico de los represores uruguayos se evidenció con el intento de extorsión realizado contra Gerardo Gatti en Orletti.
Los represores uruguayos ya habían intentando chantajear al PVP en 1975 cuando propusieron una reducción de penas a quienes estaban presos en Uruguay a cambio del dinero de aquel secuestro. La extorsión volvió a aplicarse en Orletti con los detenidos del “primer vuelo” cuando habían capturado a los sindicalistas Gerardo Gatti y León Duarte. Y nuevamente hubo coacción cuando en setiembre se secuestro en Orletti a Alberto Mechoso y Adalberto Soba y se reclamó dinero para liberar a sus esposas e hijos.
Los entretelones de aquellas acciones fueron confirmadas por el propio informante argentino que llevó a encontrar a Simón Riquelo. El dinero recuperado por los represores fue repartido en tercios: una cuota para los mandos militares argentinos, otra para la banda de Anibal Gordon que operaba en Orletti y la tercera para los militares uruguayos. «El turco Arab, incluso, se puso a bailar como odalisca sobre la mesa, mientras se bañaba con whisky», narró el informante.(9)
Parte del dinero de Orletti fue a parar a los bolsillos de los represores que en Uruguay realizaron inversiones inmobiliarias desde la llamada Base Valparaíso, último paradero de María Claudia García de Gelman, cuya ubicación se había logrado en el transcurso de la investigación periodística (10). Hay al menos dos edificios en Montevideo (en Luis A. de Herrera y Demóstenes y en Ramón Anador casi José Batlle y Ordóñez) habitados por militares que crearon desde allí sociedades civiles para su construcción.
La base Valparíso, último paradero de María Claudia García de Gelman, se adquirió con el dinero robado en Orletti.
Se estima que 8 millones de dólares fueron “confiscados” por la patota del SID y la OCOA (11) durante sus operativos en el marco del Plan Cóndor. Otra parte del dinero se destinó a la adquisición de bases de represión: en Argentina un local en la calle Coronel Díaz (donde hoy funciona la sede de inteligencia antiterrorista argentina) y en Montevideo lo que se conocería como la Casona de la calle Millán, “pozo” en el que asesinaron al maestro Julio Castro. (12)
VI – BUSCANDO “LA TUMBA DE LOS DEL OMNIBUS”
En agosto de 2006, La República publica el testimonio de un suboficial del Ejército que había operado en el centro de torturas “300 Carlos” ubicado en el Servicio de Material y Armamento, a los fondos del Batallón de Infantería N° 13 de la calle Instrucciones. El militar sostuvo que los pasajeros del segundo vuelo de Orletti estuvieron detenidos en esa unidad y se los conocía como “los del ómnibus”, porque había llegado en un autobús.(13)
El antropólogo José López Mazz apoya la hipótesis de que existen fosas comunes en el Batallón 14.
La “tumba de los del ómnibus” era uno de los lugares de búsqueda de los desaparecidos en la dictadura, según testimonios que había recogido la Comisión para la Paz creada durante el gobierno de Jorge Batlle, en cuyo informe final no se había incluido la existencia del “segundo vuelo” de Orletti. Según los elementos recabados, esa fosa se encontraba en un lugar no determinado del “Campo de Vidiella” frente al Batallón N° 14 de Toledo.
El suboficial del Ejército sostuvo que “los del ómnibus” llegaron procedentes del aeropuerto “El Palomar” de Buenos Aires y fueron colocados aparte de los otros detenidos que eran entonces torturados en el “300 Carlos”. «La mayoría de los detenidos llegaba siempre en camiones del Ejército y, ocasionalmente, en camionetas o jeeps. La diferencia de esos ‘tupas’ era que los trajeron en el ómnibus que el Servicio de Material y Armamento usaba para el transporte de su personal», explicó.
Infografía publicada en La Repúblico en base al testimonio del suboficial del Ejércio (27/08/2006)
La fuente militar agregó un dato escalofriante: el grupo no fue trasladado en forma masiva para su «disposición final», sino que fue llevado en pequeños grupos dentro de una camioneta blanca tipo «combi» (marca «Pingo» o «Pony»), que la OCOA había «decomisado» en el puerto de Montevideo ese año. Un dato que podría implicar la existencia de fosas comunes para cada uno de esos grupos masivamente ejecutados. Hipótesis que admite el atropólogo José Luis López Mazz, quien dirigió las excavaciones de búsqueda de los desaparecidos.
El informante afirmó que el lugar de enterramiento de los que «se morían» era entre la cancha de fútbol del Batallón 13 y el arroyo. «Nosotros lo veíamos desde la Guardia de Prevención, dentro de «la pera», a la izquierda del galpón de enfrente, y desde el «300 Carlos» a la derecha de ese galpón», dijo y ante una fotografía aérea, la fuente marcó una triangulación entre los lugares donde se encontró el cuerpo del escribano Fernando Miranda, el radio no identificado y la arboleda que da al barrio Peñarol. Un sitio donde los arqueólogos que buscan los desaparecidos no habían concluido su trabajo y en el que trece años más tarde, octubre de 2019, fue encontrado el cuerpo del militante comunista Eduardo Bleier.
El militar retirado también señaló una serie de nombres de personal subalterno que estuvo relacionado con los enterramientos, el manejo de una excavadora del SMA color verde y la llamada «Operación Zanahoria» del Batallón 13, en la que se exhumaron cuerpos de desaparecidos en 1984. La fuente aportó datos sobre eventuales lugares de enterramiento dentro del campo de Vidiella, adjunto al Batallón de Paracaidistas Nº 14 de Toledo. La información fue entregada entonces a las autoridades a cargo de la búsqueda de desaparecidos.
V – EL JUICIO, LA CONDENA Y LA CONFIRMACIÓN
Inicialmente detenidos en setiembre de 2006 por un pedido de extradición solicitado por la Justicia argentina, un grupo de militares, policías y subalternos fue finalmente encausado por el juez penal de 19° turno, Luis Charles, ante acusación de la fiscal penal de 2° turno, Mirta Guianze. El juicio duró dos años, antes que la fiscalía pidiera la condena de los procesados y el juez aplicara condenas de hasta 25 años de prisión por la desaparición forzada de las víctimas del “segundo vuelo” de Orletti.
Los coroneles Gavazzo, Silveira y Rama, tres de los principales represores de Orletti fueron condenados.
Un primer dato confirmatorio de aquel negado vuelo lo dio el entonces comandante en jefe de la Fuerza Aérea, Enrique Bonelli, quien admitió que él y su antecesor José Pedro Malquín, siempre creyeron que habían sido los pilotos del “primer vuelo” que trajo desde Orletti a los que fueron detenidos en el falso operativo montado en el chalet Sussy del balneario Shangrilá.
“Bonelli -copiloto del primer vuelo- dijo que, en ambos casos, «no se supo a quien se traía ni la cantidad ni la identidad de las personas». Luego de tantos años, agregó, «se dice que en ese segundo vuelo vinieron una nómina determinada de personas y nada se sabe de él. Yo no tengo más nada que agregar precisamente por eso, porque las tripulaciones nunca supimos a quienes trajimos».«Las dos tripulaciones pensamos que efectivamente ésas eran las personas que habíamos traído. Nosotros no sabemos más, ni tenemos mayor información al respecto», alegó.(14)
También el entonces comandante del Ejército, Carlos Díaz, reconoció la existencia del segundo vuelo al ampliar el informe sobre desaparecidos de su arma. Díaz manifestó la imposibilidad de acceder a información sobre la lista de detenidos transportados y su identidad ya que no se trató de un operativo del Ejército sino del Servicio de Información de Defensa (SID), que durante la dictadura, dependía orgánicamente del Ministerio de Defensa. (15)
El general Carlos Díaz terminó por reconocer la existencia del segundo vuelo y la ejecución de su pasajeros.
El general Díaz terminó de confirmar el segundo vuelo al declarar ante el juez Charles y la fiscal Guianze en abril de 2007, cuando afirmó en el juzgado que los presos políticos trasladados desde Buenos Aires en octubre de 1976 estuvieron en un centro militar clandestino, y que luego fueron ejecutados. Sin embargo, el ya ex comandante en jefe del Ejército dijo no tener información respecto a los lugares de enterramiento de los cuerpos. Tampoco indicó entonces tener conocimiento de las actas del Tribunal de Honor del coronel Gilberto Vázquez, en las que se reconoció el segundo vuelo y el asesinato de su pasajeros. (16)
La Justicia no tardó en confirmar la existencia del segundo vuelo (17), pero necesitó muchos meses para llegar a una condena de los implicados. Finalmente, en agosto de 2008, la Fiscalía solicitó una pena de 25 años de penitenciaria para los militares José Nino Gavazzo, Ricardo Arab, Jorge Silveira, Ernesto Ramas y Gilberto Vázquez, y de 20 años para el coronel (r) Luis Maurente y los ex jerarcas policiales José Sande Lima y Ricardo «Conejo» Medina, por su participación en el secuestro y desaparición de los pasajeros del «Segundo Vuelo». (18) En marzo de 2009, el juez Luis Charles condenó a los acusados y la sentencia fue confirmada por un tribunal de apelaciones a mediados de 2010 (19).
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A diez años de la confirmación de la condena, doce años del procesamiento con prisión de lo militares responsables, dieciocho años de la denuncia periodística que se ha ido reafirmando durante más de una década, y cuarenta y cuatro años del traslado ilegal de aquel 5 de octubre de 1976, el “segundo vuelo” de Orletti ya no es negado, pero sus víctimas siguen desapareciendo cada día, bajo la tierra que aplastan la impunidad del pacto de silencio y la desidia de los tres poderes del Estado.

NOTAS:
(1) - 15/03/2002 – POSDATA FOLIOS - RAMÍREZ, SIMÓN Y 72 DESAPARECIDOS - La hora de Simón - https://www.facebook.com/notes/roger-rodriguez/posdata-folios-el-coronel-ram%C3%ADrez-sim%C3%B3n-y-el-segundo-vuelo-de-orletti/688351767882878/
(2) - 17/03/2002 – LA REPUBLICA - El informante que dio los datos para ubicar a Simón afirmó que fueron entregados a los militares uruguayos - Los desaparecidos de Orletti fueron trasladados a Uruguay - http://www.lr21.com.uy/politica/73881-los-desaparecidos-de-orletti-fueron-trasladados-a-uruguay
(3) - 09/06/2002 – LA REPUBLICA - El "informante" que permitió encontrar a Simón Riquelo confirma el último vuelo de los uruguayos de Orletti - Los militares que participaron en el Plan Cóndor ocultan la existencia de un cementerio clandestino en el Uruguay - http://www.lr21.com.uy/politica/82367-los-militares-que-participaron-en-el-plan-condor-ocultan-la-existencia-de-un-cementerio-clandestino-en-el-uruguay
(4) - 02/09/2002 - LA REPUBLICA - Testigo afirma que en octubre de 1976 viollegar el vuelo Nº 511 de TAMU con civiles encapuchados - El Brig. Gral. Malaquín, comandante de la FAU, habría trasladado a los desaparecidos de Orletti - http://www.lr21.com.uy/politica/90531-el-brig-gral-malaquin-comandante-de-la-fau-habria-trasladado-a-los-desaparecidos-de-orletti
(5) - 02/09/2002 - LA REPUBLICA - La conferencia de prensa la dio Gavazzo, de uniforme y lentes negros - Comunicado de la Dinarp reconoció la captura de los desaparecidos de Orletti - http://www.lr21.com.uy/politica/90536-comunicado-de-la-dinarp-reconocio-la-captura-de-los-desaparecidos-de-orletti
(6) . 11/08/2005 – LA REPUBLICA - El informe de la Fuerza Aérea confirmó la existencia del "segundo vuelo" de Automotores Orletti- Uruguayos secuestrados en Argentina en setiembre de 1976 fueron ejecutados y enterrados en Uruguay- http://www.lr21.com.uy/politica/185116-uruguayos-secuestrados-en-argentina-en-setiembre-de-1976-fueron-ejecutados-y-enterrados-en-uruguay
(7) - 22/08/2005 – LA REPUBLICA - Habría habido más de tres o cuatro "vuelos de la muerte" - http://www.lr21.com.uy/politica/186316-habria-habido-mas-de-tres-o-cuatro-vuelos-de-la-muerte
(8) - 03/04/2006 – LA REPUBLICA - Archivos desclasificados en Washington evidencian participación del Ejército en secuestros de 1976- Documento implica a militares uruguayos en el secuestro de "pasajeros" del 2º vuelo de Orletti - http://www.lr21.com.uy/politica/207090-documento-implica-a-militares-uruguayos-en-el-secuestro-de-pasajeros-del-2%C2%BA-vuelo-de-orletti
(9) - 01/06/2006 – LA REPUBLICA - La "Patota de la OCOA" robó y trajo al Uruguay 7 millones de dólares en 1976, "en beneficio propio o de un tercero"- Todos los crímenes de Automotores Orletti no están amparados en la Ley de Caducidad - http://www.lr21.com.uy/politica/212555-todos-los-crimenes-de-automotores-orletti-no-estan-amparados-en-la-ley-de-caducidad
(10) - 13/05/2005 – LA REPUBLICA - EL CENTRO CLANDESTINO DONDE EL POLICÍA RICARDO 'CONEJO' MEDINA FUE A ASESINAR A LA NUERA DE JUAN GELMAN- Base Valparaíso, el último paradero de María Claudia - https://www.facebook.com/notes/roger-rodriguez/el-informante-de-la-base-valpara%C3%ADso-y-un-necesario-desagravio/694711067246948/
(11) - 02/06/2006 – LA REPUBLICA - Entrevista a Ruben “Pepe” Prieto (uno de los protagonistas del PVP en 1976) - "Los ocho millones los robaron los militares" - http://www.lr21.com.uy/politica/212657-los-ocho-millones-los-robaron-los-militares
(12) - 04/06/2006 – LA REPUBLICA - En Uruguay se compró la Casona de la calle Millán dónde desapareció el maestro Julio Castro- Parte del dinero de Orletti se destinó a crear nuevos centros de represión- http://www.lr21.com.uy/politica/212833-parte-del-dinero-de-orletti-se-destino-a-crear-nuevos-centros-de-represion
(13) - 25/08/2006 – LA REPUBLICA - Suboficial que operó en el "300 Carlos" aportó a LA REPUBLICA nuevos datos sobre desaparecidos- Víctimas del "segundo vuelo" de Orletti estuvieron detenidas en el "300 Carlos" - http://www.lr21.com.uy/politica/221571-victimas-del-segundo-vuelo-de-orletti-estuvieron-detenidas-en-el-300-carlos
(14) - 16/09/2006 – LA REPUBLICA - "Pensamos que eran los del primer y segundo vuelo" - http://www.lr21.com.uy/politica/223595-pensamos-que-eran-los-del-primer-y-segundo-vuelo
(15) - 11/10/2006 – LA REPUBLICA - El comandante Díaz entregó informe al presidente Tabaré Vázquez- El Ejército informó que el segundo vuelo fue operativo militar del SID - http://www.lr21.com.uy/politica/226145-el-ejercito-informo-que-el-segundo-vuelo-fue-operativo-militar-del-sid
(16) - 28/04/2007 – LA REPUBLICA - El teniente general Carlos Díaz afirmó que sus pasajeros fueron ejecutados; no explicó destino de los restos- El Ejército admite el "segundo vuelo" - http://www.lr21.com.uy/politica/255883-el-ejercito-admite-el-segundo-vuelo
(17) - 06/05/2007 – LA REPUBLICA - En la Justicia comienza a desmoronarse uno de los grandes secretos de la dictadura - El "segundo vuelo" existió: los secuestraron, los trajeron, los asesinaron y los enterraron- http://www.lr21.com.uy/politica/256822-el-segundo-vuelo-existio-los-secuestraron-los-trajeron-los-asesinaron-y-los-enterraron
(18) - 02/08/2008 – LA REPUBLICA - Fiscal Guianze pidió condena para ocho represores recluidos en cárcel especial- "Segundo Vuelo": penas de 20 y 25 años por desaparición forzada- www.lr21.com.uy/politica/323038-segundo-vuelo-penas-de-20-y-25-anos-por-desaparicion-forzada#_blank
(19) - 01/06/2010 – LA REPUBLICA - Les imputaron "homicidio muy especialmente agravado"- Tribunal confirmó condena a represores por segundo vuelo- www.lr21.com.uy/politica/415649-tribunal-confirmo-condena-a-represores-por-segundo-vuelo#_blank

Violencia sexual en dictadura - ¿Hasta cuándo?

 ¿Hasta cuándo?


Desde hace casi 10 años, en forma colectiva, veintiocho ex presas políticas que sufrieron torturas inenarrables, violencia y abusos sexuales de todo tipo, en 20 centros clandestinos de detención, vienen librando una batalla agobiante para que haya justicia y los responsables sean juzgados y condenados.


Presas políticas uruguayas de plantón (Serpaj – Uruguay Nunca Más - 1989)

Durante el gobierno de Jorge Pacheco Areco (1968 -1971) las torturas fueron frecuentes y habituales tal como quedó establecido en base a una comisión parlamentaria que las expuso públicamente y las condenó. A partir del 15 de abril de 1972, en el marco y al amparo de la Declaración del Estado de Guerra Interno impulsada por Juan María Bordaberry, se desató una feroz campaña represiva en todo el país que tuvo como protagonistas principales a las tres ramas de las Fuerzas Armadas aunque incluyó, obviamente, a la Dirección Nacional de Inteligencia e Información (DNII) dirigida por el inspector Víctor Castiglioni.

Los abusos sexuales asociados a la tortura

Sin descartar ninguna variante represiva, hubo casi 200 detenidos desaparecidos, 200 asesinados, incluyendo supuesto enfrentamientos, intentos de fuga, ejecuciones extrajudiciales, “suicidios”, muertes durante los interrogatorios o en condiciones de reclusión, la detención masiva de ciudadanos, asociada sistemáticamente a la tortura y a la prisión prolongada en campos de concentración, fue la metodología deliberadamente seleccionada por el terrorismo de Estado para someter a la población y ejecutar su proyecto de reestructura de la sociedad.
En el caso de las mujeres, aunque no solamente con ellas, la tortura incluyó los abusos sexuales de todo tipo y las violaciones. La existencia masiva de las torturas a los prisioneros fue conocida ampliamente a nivel internacional por la labor que desplegaron en su momento Zelmar Michelini y Wilson Ferreira Aldunate desde el comienzo mismo de la dictadura y se mantuvo.
Al retornar a la democracia, las víctimas de los atropellos comenzaron a formular las denuncias en los juzgados. Fue en el año 2011, luego que la Corte IDH se pronunción en el caso Gelman vs Uruguay, que estas veintiocho ex prisioneras políticas, con el apoyo institucional, presentaron la denuncia en forma colectiva a nivel judicial para resaltar la condición específica de atropello y violencia que sufrieron quienes fueron consideradas “botín de guerra” por los represores.

La causa judicial empantanada

A pesar de la enorme cantidad de años transcurridos, la causa judicial ha avanzado muy poco. Las denuncias vinculadas al terrorismo estatal se tramitan bajo el antiguo código del proceso penal, de por sí lento, con una excesiva intervención de los jueces, poca de la Fiscalía Especializada y muy poca incidencia de las víctimas, a diferencia de lo que ocurre en el Nuevo Código del Proceso Penal.
Además, al igual que en el resto de los procesos de este tipo, los involucrados y sus abogados defensores hacen uso y abuso de las maniobras dilatorias ante la pasividad, muchas veces, ya demostrada, en estos años, de algunos integrantes de la Suprema Corte de Justicia que las toleran.

El silencio de los medios masivos

A pesar de la gravedad de los delitos denunciados, del número elevado de militares involucrados, de la notoriedad pública de muchos de ellos, algunos ya procesados y con condena firme, la causa de los abusos sexuales no prospera y tampoco ha tenido la repercusión pública que amerita.
¿Qué habrá que hacer para que los espacios informativos serios, de los medios de comunicación masivos, especialmente los televisivos, a las horas picos del rating, las convoquen para que den su testimonio de manera pública?
¿Qué habrá que hacer para que se conozca que decenas de torturadores, asesinos y desaparecedores como Gilberto Vázquez, Avelino Ramas, Manuel Cordero y José Nino Gavazzo, entre otros, fueron, además, en Uruguay y Argentina, violadores seriales, especialmente de mujeres?


El Poder Judicial tiene que actuar

Los responsables de las graves violaciones a los derechos humanos tienen que ser castigados penal y administrativamente como funcionarios del Estado. El castigo de los delitos es necesario para asegurar la convivencia social y, fundamentalmente, para evitar que dichas conductas se repitan en el futuro.
En nuestro país, corresponde exclusivamente al Poder Judicial investigar exhaustivamente todos los hechos de apariencia delictiva, esclarecerlos, identificar a los responsables y establecer las sanciones, penales y administrativas que correspondan.
Miles de mujeres, con su lucha y tenacidad, forjaron esta democracia. Sin embargo no hay espacio para que sus denuncias judiciales avancen y tampoco tienen la notoriedad periodística que merecen.
Las sucesivas declaraciones del general retirado Guido Manini Ríos, en el Senado de la República y en los medios masivos de comunicación, agravian al Poder Judicial, amenazan y condicionan públicamente a los jueces, a los operadores y envalentonan a los abogados defensores y a los involucrados.
¿Hasta cuándo van a seguir siendo presionadas, hostigadas y revictimizadas por los abogados defensores de los perpetradores cuando van a testimoniar?

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Opinando N° 13 – Año 9 – Lunes 14 de Setiembre de 2020



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— ¿Vos sos Astiz?

 — ¿Vos sos Astiz?

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Las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, llamadas "Las mojas voladoras" porque las tiraron al mar desde un avión

—Sí, ¿vos quién sos? —le contestó el hombre con desdén, mirando de costado y vestido con ropa de esquí, frente a una parada de ómnibus.
—Vos sos un hijo de puta que todavía tiene cara para andar caminando por la calle —le respondió irritado Alfredo Chávez. Diecisiete años antes había sido liberado del centro clandestino El Vesubio, en Buenos Aires, luego de pasar ocho meses secuestrado y desaparecido, torturado y con grilletes en sus pies, a sus 19 años. Ahora vivía en Bariloche junto a su familia, y esa mañana fría de invierno de 1995 no podía creer tener a mano a uno de los genocidas de la dictadura, fácilmente reconocible por cualquiera.
Muchas veces se había preguntado qué haría y cómo reaccionaría si un día, de casualidad —como ahora— tuviera delante suyo a uno de estos criminales, que tanto recordaba.
Chávez volvía de llevar a sus hijas a la escuela cuando lo vio parado en una esquina céntrica de la avenida Bustillo, la que lleva al Llao Llao. Pasó por allí dos veces con su vieja camioneta, hasta asegurarse que fuera él. Era.
Se bajó con el auto en marcha y caminó nervioso hasta tenerlo enfrente.
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El ex oficial de la Marina no atinó a frenar la primera trompada de Chávez. Le estalló en el medio de la cara. Astiz trastabilló y Chávez aprovechó para avanzar sin perder tiempo y volver a golpearlo, una y otra vez, con furia. Cada trompada iba a cuenta de algún compañero desaparecido. Recuerda que fue una catarata de golpes y patadas, y que le parecieron una eternidad. “Fue un desahogo, los criminales en la calle eran un clavo en el zapato, había que hacer algo”, contó más de una vez.
Astiz consiguió incorporarse y arrastró a su atacante hasta la mitad de la avenida. Los autos se detenían a observar la pelea. Chávez alcanzó a meterle los dedos en los ojos mientras lo insultaba desaforado. Hasta que un amigo que pasaba por allí bajó de su auto y lo separó. “Pará Chaveta, déjalo, déjalo”.
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Ensangrentado y en el piso, Astiz no atinaba a salir del aturdimiento mientras escuchaba sos un cobarde, vos y tus compañeros, se cagaron en las patas frente a los ingleses sin ofrecer resistencia, asesinaste adolescentes por la espalada, secuestraste monjas y Madres para tirarlas vivas al mar, basura, criminal.
Hasta que Chávez se cansó de humillarlo y su amigo se lo llevó, sacándolo de escena.
“Por gente como vos el país anda como anda”, fue lo único que atinó a decir desde el piso el hombre estrella de los grupos de tareas de la Marina. “Ese país” era el que en esos años tenía impunidad absoluta para todos ellos. El tiempo de la nulidad del Punto Final y la Obediencia Debida, el de los crímenes imprescriptibles, el de los vergonzosos indultos presidenciales.
Astiz, tambaleando, regresó al hotel donde se alojaba, acompañado de su novia. Era el Hotel Islas Malvinas, una mueca de la historia. Quedó “guardado” dos días, luego regresó a Buenos Aires en micro, de incógnito. Presentó una denuncia en la Justicia que no prosperó. Era la primera vez que ocurría algo así con un símbolo de la represión más brutal.
El episodio protagonizado por Luis Alfredo Chávez tomó vuelo mediático de inmediato. A pesar de la discreción que prefirió mantener (la televisión lo entrevistó pero de espaldas a la cámara) Hebe de Bonafini lo convenció de hacerlo público. Bautizaron el hecho como “La Piña de la Dignidad”. Llegó a conmemorarse durante años, cada setiembre, y hasta con recitales de La Renga en vivo.
Finalmente, llegó el tiempo de la decisión política de avanzar con los juicios y por ende con las condenas de lesa humanidad, sin que ocurriese en el país (hasta donde yo recuerde) un episodio similar.
El hombre que en los años más tenebrosos llegó a infiltrarse entre las Madres con nombre falso, el que marcó como Judas a los doce familiares de la iglesia de la Santa Cruz, el “valiente” que se rindió en Malvinas sin disparar un solo tiro, recibía hace tres años su segunda condena a cadena perpetua en la megacausa Esma. Mientras tanto, Dagmar Hagelin continúa desaparecida, al igual que –entre otros miles– las dos monjas francesas, Alice Domon y Léonie Duquet (foto).
Hoy se cumplen 25 años de aquella piña impiadosa –y pertinente– en el Sur.

Tomado de la cuenta de Facebook de Jorge Davison

Detención y tortura de Miguel Estrella en Montevideo

Detención y tortura de Miguel Estrella en Montevideo



“Me decía: ‘te formaron para tocar para nosotros y elegiste la negrada’”
José "Nino" Gavazzo.


Es el flamante embajador argentino ante la Unesco, la entidad cultural de la que es hace años embajador de buena voluntad. Sigue en su casa de siempre, “sin creérsela”, tocando el piano. En este diálogo, recuerda sus dos años de prisión y tortura en Montevideo, cuando fue secuestrado, salvó su vida por la presión del mundo, pensó que nunca más podría usar sus manos y un coronel sanguinario le explicó que era “un traidor de clase”.
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“El manejaba los interrogatorios. El me decía: ‘vos nunca más vas a tocar el piano’. Porque vos no sos guerrillero, pero sos algo peor: con tu piano y tu sonrisa te metés a la negrada en el bolsillo y les hacés creer a los negros que pueden escuchar a Beethoven”, evoca el Chango Miguel Angel Estrella, y la sonrisa que perturbaba al coronel uruguayo José Nino Gavazzo reaparece triunfal sobre los abismos del terror y la muerte que conoció en carne propia en el Montevideo de 1977, cuando imperaba el Plan Cóndor.

Y el cronista piensa que tal vez el coronel Gavazzo desde su lógica perversa descubrió una verdad esencial, porque esa sonrisa de dientes grandes que ilumina la cara angulosa del gran pianista tucumano es la demostración mayor de que el Chango, como pretendía Rudyard Kipling, ha sabido tratar “al triunfo y a la derrota como a dos impostores”.

Ahora es el flamante embajador argentino ante la Unesco, donde ya era desde hace más de veinte años “embajador de buena voluntad”, pero ni el recuerdo de la muerte, ni todos los triunfos y condecoraciones mundiales recibidas en cuarenta años de carrera internacional bastaron para malversar su alma de cristiano primitivo, que brinda la sonrisa y una pasta frola excepcional en la cocinita de su casa de la entrañable cortada Renán, la misma donde habitó con Marta, el amor de su vida, muerta en 1975. La misma casita humilde que pintó de rosado en noviembre del ‘72, para ofrecerle el balcón al Viejo, que regresaba al país tras 17 años de exilio. La misma donde una noche de los setenta se puso a ensayar Brahms y logró, sin proponérselo, que el vecindario se agolpara frente a la puerta y los vecinos lo escucharan sentados en la vereda, como antes lo habían escuchado religiosamente los coyas de Salta y Jujuy o los peones del azúcar de la FOTIA tucumana, como lo escucharían después los habitantes de las villas miseria de todo el mundo, a los que restituiría durante décadas la propiedad perdida de Beethoven y Bach –que el coronel quería expropiar– llevándoles su “Música Esperanza”, que es más que una fundación o una ONG, es el viejo intento de que la cultura sirva para restablecer, en algún oscuro día de justicia, los derechos del hombre.

Llamarse Estrella es una premonición que arroja muchos significados. Su apellido en árabe es Najem (o Nayem, en la pronunciación española). Cuando sus abuelos inmigrantes llegaron a estas tierras, el funcionario de Migraciones les preguntó su nombre y el abuelo se limitó a señalar el cielo varias veces, sin decir una palabra. El funcionario vaciló unos segundos y luego ordenó: “Pónganle Estrella a estos turcos de mierda”. Había acertado: nayem significa estrella en árabe.

Quienes lo visitan en la casita de la calle Renán y se lo encuentran de jean o bermudas, enarbolando la sonrisa hospitalaria, no dudan cuando el nuevo embajador en la Unesco afirma: “Yo no me la creo, si alguna vez me enfermo de importancia los autorizo a que me den una patada en el culo”.

El diálogo que Página/12 sostuvo hace pocos días con Estrella fue mucho más que una entrevista periodística: la continuación de un encuentro mágico en el México del exilio, en la casa de Gerardo Bavio y Pila Garbarino, donde el Chango (recién liberado) se encontró con Jaime Dri, que había sido secuestrado como él, en Montevideo, el 15 de diciembre de 1977. Los que estábamos presentes fuimos sacudidos por sus exclamaciones: los dos se enteraron en ese momento de que el prisionero que habían sentido gritar en las sombras de la prisión clandestina era el hombre que tenían delante.

En rigor habían caído en el marco del mismo operativo de las Fuerzas Conjuntas, que empleó a cientos de sicarios armados hasta los dientes y apoyados por helicópteros. La casa que habitaba Estrella, con sus pequeños hijos Javier y Paula y “dos compañeros entrerrianos”, estaba en la mira de los militares argentinos y uruguayos. A esa casa debía ir Jaime Dri el díaque cayó. A esa casa concurría el Oveja Carlos Valladares, un viejo amigo del pianista, que había trabajado en Tucumán con su padre. El Oveja, que era militante montonero y murió poco después tomando la pastilla de cianuro, había sido filmado secretamente por los servicios en la puerta de la casa montevideana del pianista. Estrella no era montonero (como bien lo sabía el coronel Gavazzo), pero era incapaz de negarles hospitalidad a sus amigos. Y lo pagó muy caro.

La tragedia se anticipó a sus planes: el pianista y sus hijos estaban a punto de abandonar Montevideo para pasar las fiestas en Buenos Aires y luego dirigirse a México, cuando irrumpió la patota del coronel. Lo llevaron de los pelos a una casa clandestina cercana al aeropuerto de Carrasco y lo torturaron con picana y colgándolo de una roldana, junto a un desconocido que gritaba –como él– en la tiniebla. Al desconocido (Jaime Dri) lo trasladarían luego a las mazmorras de la ESMA. El pianista estuvo a punto de sufrir el mismo traslado clandestino. Lo salvó una gigantesca campaña internacional, conducida, entre otros, por dos grandes músicos: Nadia Boulanger y Yehudi Menuhin. La Unesco, curiosamente, jugó un papel decisivo para salvarle la vida. Pero no pudo impedir que la dictadura uruguaya lo encerrase durante más de dos años en el penal, que por una siniestra ironía los militares orientales se empeñaban en llamar “Libertad”.

En octubre del 2003, en la casa de la calle Renán, el concertista revivió su temporada en el infierno, sin odio ni rencor, exaltando con talento de narrador lo que Jean Paul Sartre decía con respecto a la resistencia de los prisioneros del nazismo: “Mientras haya una sola conciencia libre, ellos habrán fracasado”.

El infierno de Carrasco

La veíamos venir. La olíamos. Una tarde, mientras estaba en el jardín con los chicos, vimos dos helicópteros sobrevolando la casa. Luego supimos por los vecinos que había cincuenta autos en las cercanías con tipos armados hasta los dientes. Mi hijo Javier, que estaba por cumplir once años y había perdido a su madre dos años antes, me abrazó llorando y me dijo: “Ahora te van a matar a vos, no quiero vivir más, papá”. Mi hija Paula, de ocho años, vio cómo secuestraban a una de las chicas que vivía en casa. Yo había arreglado con una vecina que se los llevara, pero fue tal el terror que causó el operativo que los dos chicos se fueron solos, de la manito y temblando en busca de una familia amiga que vivía a unas diez cuadras.

Cuando me llevaron quedé encerrado en la capucha, con los ojos tapados por algodones. Y me torturaron encapuchado. Para bancarte la tortura tenés que buscar argucias para no cantar. Una de ellas era mística, mi relación con Dios. Una vez repetí más de treinta veces a los gritos: “Padre nuestro que estás en los Cielos”.
Me enfermé con una diarrea que no paraba y venía un capitán a decirme: “Sos un paquete nada más, que después tiraremos en otro lado”. El jefe (luego supe que era el coronel Gavazzo) que me reprochaba mi “traición de clase”: “A vos te formaron para tocar para nosotros y elegiste la negrada”. A veces, el coronel se sinceraba respecto a las diferencias entre la dictadura uruguaya y la argentina: “Vos decís que esto es un infierno. Pero yo voy a los chupaderos de Buenos Aires y salgo vomitando. Acá estás en un paraíso. No te matamos porque no podemos pero te vamos a destruir totalmente. Nunca más serás el padre de tus hijos. Nunca más tocarás el piano. Nunca más serás el amante de una mujer. Tenemos métodos muy sofisticados y si a los dieciocho años, que es el tiempo que te vamos a guardar acá, seguís con esa sonrisa te vamos a matar. Porque sos un tipo que tiene fe y eso te lo vamos a sacar”. Las manos, hermano, las manos. Durante seis días me ataban las manos a la espalda y me hacía el simulacro de cortármelas con una sierra eléctrica.

Entre los que me torturaban había una mina terriblemente sádica. Con esa mina yo hablé; era una mina de veinte años hecha mierda. Me acuerdo que era la más activa en la tortura. Desde el momento en que me secuestraron y me llevaban atado en el camión, empezó a pisotearme la cabeza. Empecé a distinguirla por la voz, porque tenía registradas las voces de los que nos pegaban y también las voces de los compañeros; llegué a contar 22 timbres diferentes. (Uno de los cuales era el de Jaime Dri.)

Un día esta mina de veinte años viene y me desata las manos y comienza a acariciármelas. A esa altura yo no tenía ninguna sensibilidad. Los dedos estaban hinchados. Ella me acariciaba y me decía: “Sol, qué hermosas eran tus manos hace unos días, cómo te las destrozaron”. (A todos nos habían puesto un apodo y a mí me decían Sol.) Yo me atreví a decirle: “Cómo podés ser tan hipócrita, vos que me metiste tantas picanas en los huevos”. Ella respondió:

“Ya sé, ya sé”. En medio de las sombras y los fantasmas yo me la imaginaba linda, un hembrón, pelo negro, largo, medio mulata. Ella me decía: “No, nada que ver, soy petisa, tengo los labios finos, soy fea, pero sé coger muy bien”. “Vos te tenés que salvar”, llegué a decirle una vez, en esos diálogos cortos y clandestinos que teníamos cuando estábamos a solas. Y ella me contestó: “No, porque si no me matan ellos me vas a matar vos. ¿O vos me vas a perdonar todo lo que yo te hice?” Le pregunté cómo había llegado a “esto”. Me contó que vivía en un cantegril (villa miseria, en el irónico argot uruguayo), que un tipo la sedujo, le dio un poco de droga y al tiempo un día le dijo: “Te llevaría a una sesión rara, pero excitante”. Y la trajo a una sesión de tortura. “Eso me motivó. Hoy cuanto más violenta soy más me pagan, por eso soy una hija de puta.”

No hubo forma de convencerla, me quedó grabada como algo tremendo humanamente: una mina de una villa miseria destrozada por un sistema.


Memorias de la casa muerta

Recién el 15 de febrero (de 1978) supe que estaba en el penal “Libertad”. Yo siempre digo que en esa cárcel conocí lo mejor del Uruguay, a pesar de que era un laboratorio para destruir seres humanos. Estaba dirigido por psiquiatras. Todos estábamos bajo su control.

Además de los pabellones había cinco pisos. Para cada sector estaba programado un grado diferente de dureza en el trato. Y esto podía cambiar súbitamente para mantenerte en un estado de perpetua alarma. Siempre me he preguntado cómo la inteligencia, la ciencia y el saber pueden estar al servicio de semejante proyecto de destrucción. Ni la correspondencia se salvaba: sólo te dejaban ver las cartas que podían atormentarte o causarte un conflicto. Una vez me escribió la Pila y se podía interpretar que mi vieja había muerto. Me volví loco, fue el único día en que perdí los estribos; quería matar a alguien.

Pero nosotros también teníamos estrategias de resistencia. Los presos nos contábamos todo. Los sueños, los amores que habíamos tenido, cómo eran nuestros hijos, las mujeres que habíamos elegido, los maestros que nos habían marcado. Contarnos era una manera de tener la cabeza ocupada en cosas de la vida.

A mí me tomaron como el preso más solidario. Cuando había algún afloje para repartir la comida decían: “Que reparta el Chango, que con esa sonrisa de oreja a oreja nos hace bien a todos”. Había una complicidad para ayudarnos a vivir. Si había un compañero que estaba muy mal a mí me mandaban para hacer “guardia de enfermo”. La “guardia de enfermo” consistía en contar cosas de viajes, de lo que pasaste en tu infancia, los mitos, los “casos”, como decimos allá en el Norte. Para mí era como hacer música. Había uno, por ejemplo, al que le habían dado tanto que no hablaba con nadie y lo dopaban. Yo le decía: “Mirame, por lo menos, cuando te hablo”. Y nada, él me daba la espalda. Un día le empecé a contar esas historias típicamente santiagueñas y la corté antes de llegar al final. Entonces se dio vuelta y fue el primer gesto de que escuchaba.

El 21 de setiembre de 1978, gracias a la campaña internacional que no paró un solo día, me llegó el mejor regalo: un piano mudo, para recuperar mis ejercicios como pianista. Pero la música estaba siempre presente. Había un prisionero al que llamaban Pirata, porque arrastraba una pata debido a la tortura: durante tres meses lo dejaron sentado y nunca más pudo caminar normalmente, porque se le habían atrofiado los músculos.

Al Pirata, que era un loco por la música y un hiperdotado, yo le daba clases a través de la pared de la celda, con dictados rítmicos. También aprovechaba los masajes que le daba en sus pies atrofiados para completar su instrucción musical, dándole lecciones por escrito. El guardia que nos custodiaba se aburría, se iba para otro lado y yo avanzaba en las lecciones musicales.

El Gato Ember

Una de las técnicas más perversas que utilizaban los psiquiatras del penal consistía en meterte en la celda a tipos con los que inevitablemente ibas a chocar. Ya fuera por cuestiones psicológicas o políticas. Buscando un personaje ideal para que me cayera mal y me fuera a las manos, me metieron un día en la celda al Gato Ember.

Era trosko. No bien entró, olfateó el olor a café (yo era el único preso que gozaba de ese privilegio) y me largó de entrada:

“Burguesita la celda, ¿no?” Y yo lo atajé: “Mirá, si me venís con las teorías sobre los pequebú te digo: sí, pequebú hasta la muerte, hermano. Me gusta el café, me gusta el chocolate, me gusta ir al Sorocabana”. El no se amilanó: “Tú no sos un pequebú, tú sos un bú”.

A Ember le molestaba que yo todas las noches rezara. Rezaba despacito pero rezaba. No podía concebir que un tipo que estaba por cumplir cuarenta años rezara. “Tendrás que acostumbrarte”, le dije.

Un día nos teníamos que contar las visitas que habíamos tenido y yo le dije que había venido mi hijo Javier, que se estaba asomando a la pubertad y andaba en sus primeros escarceos amorosos. Había conocido a una chica de la escuela, que se llamaba Concepción y era divina. Y me dijo: “Se me regaló, vos viste, papá”. Yo le conté entonces cómo había conocido a su mamá, en un colectivo 105.

Una morena de ojos negros que me flechó desde que subí al colectivo. Estaba sentada y miraba por la ventanilla incómoda por mis miradas. Yo le pedí que me llevara el portafolio y el tipo que estaba sentado al lado me dijo: “Sentate, pibe y avanzá”. Nos bajamos a las diez cuadras y fuimos caminando hasta el pasaje Renán. Cuando oímos los pajaritos en los árboles me pareció estar en Tucumán y le dije a tu madre: “Qué lindo lugar para hacer un nido”. Yo no podría decir que se me regaló; en todo caso nos regalamos el uno al otro y fue el amor de mi vida. Javier se largó a llorar y nos cortaron la visita.

De vuelta en la celda le conté al Gato que me había quedado mal y él me salió con una de las suyas: “Lo menos que hiciste con tu hijo fue hacerlo un revolucionario”. Me le tiré encima y él me paró, diciéndome: “Tú sabes, no hay dos tipos más diferentes que tú y yo. Yo no te puedo soportar y tú no me soportas a mí. Hagamos un pacto de no hablar”.

Durante dos semanas nuestra comunicación se redujo a pasarnos el mate. Los compañeros me decían: “Vamos a tratar de que te cambien de celda, porque se van a destruir ustedes dos”. Yo les decía: “No pasa nada porque no hablamos y yo tengo mi teclado”.
Entonces, una mañana, el Gato Ember me empezó a hablar. El Gato, que era un tipo insomne y asmático, decidió confesarme “una debilidad”: “Nunca estuve mejor en una celda que contigo. Nunca en estos siete años pude dormir y ahora duermo. Vos aportás una armonía acá en la celda que no sé de dónde mierda viene”. Y agregó: “Disimulá, seguí diciendo que nos llevamos mal para que podamos seguir juntos en la celda”.

Lo esencial con este hermano era un ejercicio intelectual que hacíamos: él tenía una capacidad de síntesis increíble. Yo no. Me decía: “Tú empleaste doscientas palabras para contarme eso. Ahora eso mismo lo podés decir con sesenta”. Y empezábamos a sintetizar. Fue una cosa extraordinaria para mí, era como hacer música con alguien.

“Te amamos, Chango”


El día que me liberaron yo no sabía que estaba por salir, pero el Gato, tocándose la nariz, profetizó: “Libertad para ti”. Me habían sacado para la enfermería pero yo no tenía nada.

El momento de la libertad fue un momento extraordinariamente fuerte, me temblaban las manos. Hasta el último minuto me dijeron que me trasladaban a otra cárcel. Eso formaba parte del sistema de desgaste, pero yo le creí al instinto del Gato. Fui celda por celda, diciéndoles “capaz que me voy” y repartiendo mis pertenencias. No me permitieron que le dejara el teclado mudo al Indio, un compositor al que le daba clases de piano sin piano.

Salí a la hora del recreo, escoltado por un milico que me iba pegando. Al que le dije: “Hijo de puta, ¿no te das cuenta de la belleza de este momento?”. Los compañeros habían salido todos a las ventanas que daban al patio y me gritaban: “Chango, no te olvides de nosotros. Viví, viví a full. Te amamos, Chango”. Yo me puse a llorar. Con el piano al hombro y ese tipo que me pegaba.

Por Miguel Bonasso