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Testimonio de una hija de preso político

 Testimonio de una hija de preso político




Marina Weinberger
"Me sumo a la memoria Recién escuche el testimonio de una compañera que pasó su niñez lejos de sus padres presos. Sin memoria no podemos construir el presente. Esos pobre ancianitos que en estos tiempos defiende un senador de la república, son los que asesinaron y mataron. Los que se hacen cargo con un cinismo increíble de la tortura sistemática en complicidad con sus colegas del plan Cóndor. Pienso entonces que debo dar testimonio, aunque nadie me lo pida. Mi padre, Ismael Weinberger estuvo preso durante ocho años desde aquel siniestro 1976. Yo tenía 19 años y me casaba al otro día.
Por eso papá se quedó a dormir en casa esa noche.
Se llevaron a un hombre bueno, a un periodista revolucionario que nunca tuvo un arma más que sus palabras.
Un año entero desaparecido; lo buscamos por todos los cuarteles. Lo primero que nos mandaron fue la ropa en jirones con la que lo arrancaron de nuestra casa. Tenía 47 años y se entregó en cuerpo y alma en la lucha contra la dictadura. Después del cuartel de “La Paloma” donde la tortura seguía una rutina, lo pasaron al Penal de Libertad aunque parezca una burla su nombre.
Allí lo visitamos ocho años cada 15días a través de un vidrio con teléfono.
No creo en la guerra de los demonios.
Mi padre fue un trabajador incansable, también mamá trabajando en dos escuelas de maestra. Con mi hermano chico a cargo no dejó ni una vez faltar aquella bolsa de plastillera odiosa con el 2211 bordado por ella con punto “cadenita”, donde le llevaba lo que se permitía y lo que no, siempre intentaba.
No te olvides le pedía papá, del tabaco para los compañeros que fuman.
Se le partió el corazón a los 64 años, pero su memoria y su risa siempre nos va a acompañar
¿Como algunos quieren olvidar y borrar la historia? Esta que se hizo con sangre de los que permitieron que ahora estemos disfrutando de esta Libertad para elegir,que manifiesta el presidente.
Porque esta solidaridad a la que se alude en época de pandemia se debe también a nuestros hijos. A los jóvenes que fueron educados sin odio, sin rencores, pero con la esperanza,la memoria de padres y madres, abuelos y abuelas, hijas, hijos, hermanas y hermanos; compañeras y compañeros, que seguimos buscando justicia.

Ni uno sólo de estos asesinos recibió agresión alguna.
Ni ellos ni sus familias.

Nadie salió a hacer justicia por su cuenta.
Creo que fue porque crecieron con el anhelo de un mundo mejor. A pesar de los pesares se los entregaba temblando a soldados que los llevaban cada seis meses a ver a su abuelo en el patio del penal. Mis niños que ahora son adultos siguen transmitiendo los cuentos a sus hijos, que les contaba el abuelo. Ismael, como se llama el más pequeño de mis nietosque mañana cumple sus felices seis años. en un corazón que nos mandó papá recortado en papel higiénico en el bolsillo de sus harapos, dice Änimo, no me olviden!!!!

Nunca te olvidaremos!
memoria verdad y justicia"

EL CÍRCULO

Sandro Soba, que hoy tiene 47 años, tenía 8, su hermano Leonardo 6 y su hermana Tania 3, cuando en la tarde del 26 de setiembre de 1976 una banda de militares argentinos y uruguayos invadieron su vivienda en la localidad de Haedo, en la provincia de Buenos Aires…


Sandro Soba, familiar de detenido desaparecido durante la dictadura cívico-militar uruguaya, que se extendió entre 1973 y 1985, brindó su testimonio en una entrevista al Semanario Brecha.
15 de mayo de 2015
Montevideo – Uruguay

Sandro Soba / Foto: Juanjo Castell

Sandro Soba, que hoy tiene 47 años, tenía 8, su hermano Leonardo 6 y su hermana Tania 3, cuando en la tarde del 26 de setiembre de 1976 una banda de militares argentinos y uruguayos invadieron su vivienda en la localidad de Haedo, en la provincia de Buenos Aires. A los fondos de la casa funcionaba una imprenta, de lo poco que quedaba en pie del ya diezmado Pvp. Su padre Adalberto trabajaba en ella y en el local estaban ese día otros dos militantes de ese partido. Muchos años después, por algunas fotografías que le mostraron durante un juicio en Argentina, Sandro los reconocería como Juan Pablo Errandonea y Raúl Tejera. A Juan Pablo, que apenas llegaba a los 20, lo identificó por sus grandes lentes, que fue lo primero que le partieron los milicos cuando arrasaron con la casa; y a Tejera lo ubicó como “el compañero más grande que estaba allí. Le golpearon la cara contra el marco de la puerta y me acuerdo bien de cómo sangraba”, dice. Esa tarde de hace 39 años a los Soba les llevaron un regalo. Así se lo anunciaron los militares a la madre de Sandro, María Elena Laguna. “Venga a ver lo que le trajimos”, le dijeron, y la llevaron al fondo de la casa. Envuelto en una frazada, desnudo, ensangrentado y empapado, allí estaba Adalberto Soba. Sandro también lo vio porque corrió detrás de la madre. “Me acuerdo de la vieja gritando ‘miren lo que le hicieron’, y discutiendo con los milicos. Me acuerdo del viejo reventado, con signos de picana, totalmente torturado. Me acuerdo de mis hermanos llorando, de Leonardo pidiendo leche y llorando.” Se acuerda de que en determinado momento, para calmarlos, los milicos de la patota les dieron helados. Vieron pasar por la calle a un heladero y les compraron varios. Casi que los obligaron a tomarlos.

***

Adalberto Soba, “Plomito”, había sido detenido en la calle pocas horas antes, en la mañana del 26 de setiembre, junto a Alberto “Pocho” Mechoso, dirigente del Pvp. Había nacido 32 años antes, era de La Teja, trabajador “friyero”, de los frigoríficos, y textil. Había pasado por las diversas estructuras “de masas” de la Federación Anarquista Uruguaya y por su brazo armado, la Opr 33. En 1973, como muchos otros militantes de esa organización “requeridos” por las Fuerzas Conjuntas, partió hacia Buenos Aires, acompañado por su familia. Dos años después participó en el congreso fundacional del Pvp. “Sólo él militaba. Mi madre no, mi viejo le había dicho que era mejor que no lo hiciera, por su seguridad y por la nuestra”, cuenta Sandro. Dice que del padre recuerda imágenes sueltas, “como fotografías”. Las últimas son las de aquella tarde en su casa de Haedo y de poco después, en Automotores Orletti, donde los llevó la patota comandada por José Nino Gavazzo y en la que también estaba, entre otros, Manuel Cordero. “Yo no me acuerdo de las caras de ellos, las bloqueé, supongo, pero mi vieja los reconoció por las fotos. Con Gavazzo se gritó muchas veces.”

***

Al chupadero clandestino del barrio de Flores, pegado a las vías del ferrocarril, los llevaron de inmediato a Adalberto, a María Elena, a Sandro, a Leonardo, a Tania, a Juan Pablo Errandonea, a Raúl Tejera. A María Elena y a los tres niños los tiraron en un cuadrado de autos, en la planta baja del local. Se les juntaron luego los hermanos Anatole y Victoria Julien Grisonas, él de 3 años, ella de 1, cuyos padres, Roger y Victoria, habían sido secuestrados el mismo 26. “Los Julien estuvieron un solo día. Eran bastante más chicos, y lloraban mucho.” Sandro recuerda la cortina metálica del local, la escalera de madera, un tanque, recuerda el sonido del ferrocarril y sobre todo los gritos que venían del piso de arriba. “Un día –o una noche, no te dabas cuenta del tiempo allí– me escabullí hacia el primer piso, los milicos no me vieron y me tiré por la escalera. Había una puerta entreabierta y vi a cantidad de gente semidesnuda, todos sentados contra la pared. Después más nada, supongo que alguno de los milicos me habrá agarrado y me habrá bajado. No sé, pero de esa foto no me olvido, de los compañeros tirados contra la pared, del estado en que estaban.”

***

Unos días después Gavazzo le comunica a María Elena que ella y sus hijos van a ser llevados a Montevideo. “La veo todavía a ella gritando y protestando, diciéndole que no nos íbamos nada si antes no veíamos a mi viejo. No sé cuánto tiempo habrá pasado así, discutiendo con ellos. Al final Gavazzo accedió y nos trajeron al viejo.” Sandro guarda esa última y terrorífica “fotografía” de él con Adalberto grabada en la retina. “Habremos estado unas dos horas juntos. El viejo casi no podía hablar, le salía pus de los ojos, tenía heridas en todo el cuerpo, pedía agua todo el tiempo.” Algunas cosas le pudo decir Adalberto a su hijo: que estudiara, que ayudara a su madre y a sus hermanitos, que él era el mayor. Sandro lo tomó como “un mandato”.

***

Sandro llegó a Montevideo junto a sus hermanos y su madre. Los trajeron Gavazzo y Ricardo Arab, en un vuelo comercial de Pluna. De ese viaje recuerda la rampa del avión y poco más. Del aeropuerto de Carrasco los llevaron a la casona clandestina de Punta Gorda, por un par de días, quizá tres. Una noche a él y a Tania los dejaron en la casa de su bisabuela materna. “Hicieron sonar las palmas delante de la puerta, y cuando salió mi bisabuela los milicos se fueron.”

Su madre y su hermano llegaron a la casa un día después. “Leonardo no podía despegarse de la vieja. Se pasaba llorando”, dice Sandro, y piensa que tal vez fue eso, los llantos de su hermano, los que salvaron a María Elena. Y que si a ellos mismos no los mataron, sobre todo en Buenos Aires, fue por su edad. “Éramos demasiado chicos para que nos hicieran algo”, cree.

***

En el mismo avión que trajo de vuelta a los Soba iban también Alberto Mechoso, hijo de “Pocho”, de 6 años, su hermana Beatriz, apenas mayor, y la madre de ambos, Beatriz Castellonese. Gavazzo y Arab se hicieron pasar por maridos de las dos mujeres. Alberto ha testimoniado varias veces que Gavazzo lo amenazó allí mismo con matarlo si “contaba algo”. “Decía que confiaba en que mi madre no hablara nunca, pero que no tenía confianza en nosotros, en los niños. Decía que yo era igual que mi viejo.” Alberto se despidió de su padre en otra casa de militantes del Pvp copada por la banda de secuestradores a la que él, Beatriz y su madre fueron llevados por los militares. Tirado en una cama, torturado y sin fuerzas, Pocho le dijo a su hijo sustancialmente lo mismo que Adalberto a Sandro: que cuidara de su hermana y de su madre, que estudiara y trabajara, que fuera buen tipo.

El cuerpo de Alberto Mechoso Méndez apareció fondeado en un tonel con cemento en Buenos Aires, junto al de Marcelo Gelman, hijo del poeta Juan Gelman. Fue identificado en 2012 y simbólicamente enterrado en el Cerro.

***

—¿Quedaron en banda cuando los dejaron en lo de tu bisabuela?

—Prácticamente sí. No teníamos un mango, mi vieja tuvo que salir a laburar prácticamente enseguida. Pero lo peor no fue eso.
> Acaso lo peor fue el silencio que rodeó a los Soba durante años. El que imponía “la situación” –la dictadura– y el que se autoimponían la madre y la bisabuela.

O acaso también, dice Sandro, el miedo a olvidar las imágenes que le quedaban de su padre. Sandro debió repetir cuarto de escuela, el año que cursó tras su llegada a Uruguay, porque se quedaba dormido en clase después del recreo. No podía seguir a la maestra, se perdía, porque de noche no pegaba un ojo: “Pensaba que si me dormía se me iban a ir las imágenes que guardaba del viejo”, esas últimas de la casa y de Orletti y también las otras, “las lindas”.

Cada hermano reaccionó de manera distinta. “Leonardo dice que no se acuerda de nada, pero en aquellos primeros tiempos cada vez que escuchaba una sirena, fuera de un patrullero o una ambulancia, salía corriendo y se encerraba. Estaba todo el tiempo aterrado. Mi hermana Tania vivió intentando olvidar. Nunca pudo creer en nadie, desconfiaba de todo y de todos.” Madre de cuatro hijos, Tania murió en 2006, a los 33 años, de un cáncer. Con diferencia de un par de días moría también Quica Salvia, la madre de Juan Pablo Errandonea, a los 80 y pico de años, una de las primeras “madres”. Quica no había encontrado a su hijo, como Tania no había encontrado a su padre. En otra entrevista, preguntado sobre esa coincidencia acaso banal, Sandro evocaba un círculo.

***

Periódicamente, “los milicos le recordaban a mi vieja su presencia. Caían por casa en patrulleros o en autos particulares, la amenazaban, a veces la llevaban a Jefatura. Le metían miedo”. En ese tiempo ni María Elena ni su abuela les hablaban a los niños de lo que le pudo haber ocurrido a Adalberto. “Cuando preguntábamos nos decían que probablemente estuviera preso.” Con esa idea fue creciendo Sandro, y también Tania y Leonardo: que algún día, tal vez, cuando los presos fueran liberados, podrían reencontrarse con su padre. Nunca habló “del tema” con nadie, ni con sus amigos, ni en la escuela, ni en el liceo, ni en la Utu, ni con sus compañeros de trabajo.
> El 14 de marzo de 1985 Sandro fue a apostarse a Luis Batlle Berres, a tres cuadras de su casa. Por la mañana comenzaban a liberar por tandas a los últimos presos políticos, y por esa calle pasaban los vehículos que los trasladaban y se apiñaba la gente para verlos pasar y saludarlos. Estuvo todo el día, y su padre no apareció. “Obviamente no estaba preso. Le preguntamos a mi vieja y nos dijo que tal vez hubiera quedado detenido en Buenos Aires. Yo allí empecé a dudar.” No era que su madre les mintiera, dice Sandro. No sabía. Lo empezó a saber cuando, ya en democracia, “escuchó testimonios, se conectó con compañeros, preguntó”.

***

Se enteró, por ejemplo, de lo que en la jerga de los secuestradores significaba “traslado”. Y recordó que allá en Orletti un guardia le había comentado a otro sobre Adalberto: “Éste va para traslado”. “La vieja lo había tomado literalmente, pensaba que se lo habían llevado a otro lugar.”

***

Una vez, en Argentina, Adalberto y María Elena discutieron sobre la posibilidad de exiliarse. Ya había caído el grueso de la dirección del Pvp, el clima era literalmente de terror y María Elena tenía un pariente que había logrado refugiarse en la embajada sueca. Adalberto lo descartó de plano, cuenta Sandro que le contó su madre. “Decía que no se iría mientras hubiera compañeros en manos de los milicos, y en todo caso que no se iría por la libre.”

No recuerda Sandro si fue por esos días o antes que cierta vez María Elena le descubrió a Adalberto la pastilla de cianuro que muchos militantes llevaban consigo. “El viejo le dijo que era de rigor, que había una consigna de evitarse sufrimientos en la tortura y no cantar a los compañeros, pero que él no la tomaría porque significaba dejarnos solos a nosotros. Y porque siempre estaba la posibilidad de la fuga.” Después de todo, el propio Plomito se había escabullido en las narices mismas de tiras y policías en 1970, en Montevideo, “haciéndose chiquito” en un ascensor de la Jefatura, filtrándose y escapando hacia la calle.1

***

A pesar de no saber, de no tener conciencia todavía de que su padre era, él también, un desaparecido, Sandro participó desde muy chico, 10 u 11 años, en las caminatas que alrededor de la plaza Libertad hacían todos los viernes por la tarde, casi que en total soledad, las “viejas” de la asociación de Familiares. Se quedaba a un costado, junto a alguna conocida, y miraba.

***



Sandro nunca pudo sostener el cartel con la foto de su padre en las marchas de los 20 de mayo. “Me pesa mucho tenerla en las manos. No porque sea pesada, claro.” La foto la llevó su madre. Y ahora, si no la lleva su hermano, deja que lo haga otro. Él marcha adelante.
> Por un tiempo integró la agrupación Hijos. Era uno de los mayores, y fue allí que por primera vez planteó, entre “pares”, “lo que sentía, lo que me pasaba por la cabeza”. “Nunca fui a un psicólogo”, dice sonriendo y poniendo cara de “qué boludo”. Con sus hijos (tiene dos, hoy de 14 y 23 años) tampoco habla “directamente del tema. Ellos se fueron enterando por los diarios. Cuando me preguntan les contesto. Son cosas que te quedan ahí, no sabés si esas cosas dramáticas las podés contar. Yo no fui ni soy de sentarme y contarles. Preferí ayudarlos a que estudien, decirles que ayuden a su madre”, dice, casi que repitiendo las palabras de su propio padre.

***

Ellos, sus hijos, piensa Sandro, “se tienen que preguntar por qué luchaban los que fueron desaparecidos. No se los puedo resolver yo, pero en esta sociedad, donde los políticos no han ayudado a construir esa memoria, se hace bravo. Hay una responsabilidad de todos los gobiernos en que no se haya sabido la verdad ni haya habido justicia. Hubo pequeños avances con los gobiernos del Frente Amplio, pero los mayores logros en este tema vinieron de los familiares o de las organizaciones sociales. O de sentencias internacionales”. Algunos “políticos”, recuerda, de este como de otros gobiernos, han incluso bloqueado las investigaciones, negándose a facilitar el acceso a los archivos, a los cuarteles para excavar. “No se ha logrado romper con esa impunidad. Apenas hay un puñado de militares en la cárcel y el resto allí está, por las calles. Cuando se habla de que el tema se resolverá cuando ‘los actores’ se mueran tampoco se ayuda en nada. Al contrario.”

***

Sandro Soba trabaja actualmente en la secretaría de Deportes de la Intendencia de Montevideo. Se considera un militante social y desde hace unos años también un militante político, en el Pvp. “Un día hice el clic que me llevó de lo uno a lo otro”, cuenta. Cree que las marchas del 20 de mayo son la manifestación social y política más importante de este país, “constante, insistente”, pero le parece que con el tiempo debería ir cambiando de carácter. No tanto hacerse “ruidosa” (“el silencio es una de sus características y para modificar eso habría que convencer a mucha gente”), sino “abarcar otros temas, abarcar los derechos humanos de hoy: la vivienda, la tierra, la alimentación, un salario digno. Para mí sería como cerrar el círculo”.

Obviamente

Como todo el mundo, Sandro Soba tiene muletillas al hablar. Las suyas son los “mente”: totalmente, obligadamente. Y sobre todo obviamente. A lo largo de la charla la repitió infinidad de veces, tantas que llamó la atención. Porque si algo obvio hay en este tema es la ausencia absoluta de obviedad. La propia situación de entrevistador-entrevistado, en este caso, podría haber sido una antiobviedad. Podría haberse dado la inversa, que el uno fuera el otro y viceversa. Acaso en esa misma colchoneta infecta de Orletti en que a Sandro y a sus hermanos y a su madre les trajeron a Adalberto podría haber estado tirado, un mes antes, o dos, o algunas semanas, Gerardo Gatti. Con el mismo destino de traslado.

1. Fugas, de Samuel Blixen, Montevideo, Trilce, 2004.

A 30 años de una gran conquista popular


A 30 años de una gran conquista popular
En el día de mañana, hace ya 30 años, Montevideo y todo el país, se conmovía y explotaba de alegría al salir desde Cárcel Central  los últimos presos políticos de la dictadura. Uruguay comenzaba a recorrer el camino de la transición democrática que aún continúa.

A partir de  junio de 1968 nuestra sociedad comenzó un lento y progresivo proceso de deterioro institucional, de desconocimiento del Parlamento, de limitaciones a las libertades  individuales y colectivas, de militarización de trabajadores públicos y privados, de represión abusiva del descontento estudiantil, sindical y popular, de presencia del escuadrón de la muerte, que generó un clima de inestabilidad y violencia.
 
Desde la aprobación de la Declaración del Estado de Guerra interno en abril de 1972 la detención masiva, sistemática y generalizada de ciudadanos, sometidos a torturas y malos tratos, incluidos abusos sexuales,  en condiciones prolongadas de reclusión, se transformó en la metodología deliberadamente seleccionada para frenar el descontento popular y ciudadano por parte de los gobernantes.
Luego de la disolución del Parlamento en 1973  se vivió bajo una cruenta dictadura cívico-militar, durante la cual el Estado recrudeció un patrón sistemático de persecución, secuestro, detención ilegal, tortura, prisión arbitraria, asesinato y desaparición forzada de ciudadanos, dentro y fuera del país en el marco del Plan Cóndor.

Las Fuerzas Armadas se adueñaron del país y sus habitantes, detentando un autoritarismo totalitario que eliminó la separación de poderes,  suprimió los derechos y garantías individuales y estructuró un sistema de represión generalizada. La disolución y persecución de organizaciones políticas, sindicales, sociales y religiosas, el férreo control de todo lo que significaba contestar al orden establecido, no guardó límites morales, violándose manifiestamente los derechos fundamentales.

Al amparo de la “doctrina de la seguridad nacional”, en el marco de una estrategia continental diseñada por Estados Unidos para implantar un modelo socio económico al servicio de grupos privilegiados,  la dictadura uruguaya buscó el “aniquilamiento del opositor”, cualquiera fuese éste.  El abuso del poder y la violación de derechos humanos, fueron constantes sobre las cuales se edificó un verdadero estado Terrorista.
Uruguay fue el país del mundo con la mayor cantidad de presos políticos en proporción a su población. Más de 20 000 ciudadanos fueron privados ilegítimamente de su libertad. Aproximadamente 6.000 de ellos fueron formalmente procesados por tribunales militares sin ninguna garantía y permanecieron en promedio 6 años y medio recluidos en campos de concentración.
Punta Carretas, Cabildo, Carlos Nery, Cárcel Central, el Cilindro Municipal, el Penal de Paso de los Toros, de Libertad y Punta de Rieles fueron lugares de reclusión emblemáticos del encarcelamiento de opositores, los presos políticos de la dictadura. También hubo prisioneros en cuarteles de todo el país, en dependencias de la marina y de la aviación y en centros clandestinos de detención y tortura.
La constante y permanente lucha de los trabajadores, de los estudiantes, de los sectores populares, dentro y fuera del país, mantenida en las más duras condiciones represivas,  venciendo la clandestinidad más absoluta, permitió la derrota de la dictadura  luego del triunfo del  No en el año 1980 y el inicio de la transición democrática en la cual aún transitamos.
Durante más de una década, liberar, liberar, a los presos por luchar, fue una consigna popular coreada por miles y miles de uruguayos junto al  reclamo de una amnistía general e irrestricta.
La liberación de los presos políticos fue una gran conquista del pueblo. Como colectivo organizado celebraremos El día de la y del Liberado y reafirmaremos nuestro compromiso de continuar trabajando para profundizar la transición democrática tomando como hoja de ruta la Resolución 60/147 de las Naciones Unidas y bregando por su implementación efectiva en la realidad nacional.
Aunque aún seguimos y seguiremos buscando a nuestros detenidos desaparecidos, a 30 años de la liberación, a nombre de todo el  colectivo: ¡gracias pueblo uruguayo!

El informante y el 2° vuelo de Orletti

El informante y el 2° vuelo de Orletti

"A los que no murieron en Orletti nosotros los devolvimos (...) tienen que buscarlos en Uruguay” 

Por Roger Rodríguez

lunes, 17 de marzo de 2014 - Publicado por El Muerto


CRÓNICAS DE 30 AÑOS EN PERIODISMO 

El 17 de marzo de 2002, dos días después que un examen de ADN confirmara que el joven que Rafael Michelini había ubicado en Argentina era efectivamente el hijo desaparecido de Sara Méndez, comenzó otra etapa en la investigación periodística que había estado realizando durante más de un año para Posdata Folios y por la que se habían conseguido los datos que permitieron encontrar a Simón Riquelo.
Inicialmente, la investigación tuvo como objetivo confirmar o descartar un documento con el testimonio un presunto agente de la policía federal que habría participado en los seguimiento de Zelmar Michelini desde meses antes al 18 de mayo de 1976 cuando lo asesinaron. Buscamos como fuente a un ex agente de la SIDE que había pertenecido a la banda de Aníbal Gordon y operó en el centro de torturas Automotores Orletti.

EL INFORMANTE

El 11 y 12 de junio de 2001, cuando se celebró en Buenos Aires una reunión del Comité de la Internacional Socialista para América Latina y el Caribe en la que Rafael Michelini iba a participar, lo acompañé para seguir indagando. Teníamos el dato de que la fuente buscada estaba preso por otros delitos en Villa Devoto. Nos presentamos en la cárcel y fuimos recibidos por el Director, que recordaba la muerte de Zelmar Michelini.
Nos convidó con un par de cafés, mientras su ayudante iba a buscar el preso para que hablara con nosotros. Pero pasaron los minutos y nadie venía. Se terminó el café y ya se hacía difícil continuar un diálogo forzado, cuando comenzaron a sonar las alarmas de la Penitenciaría. Los equipos antimotines ruidosamente se perpetraron en sus posiciones y el ayudante llegó blanco como un papel para hablar al oído del director...
"¿No está?... ¿cómo que no está?", dijo el Director mientras todos nos miraban. Rafael se había presentado como Senador de la República y yo hacía de su secretario. Si se había escapado, nosotros quedábamos como posibles cómplices de una maniobra de distracción... Fue un momento de tragicómica tensión que terminó cuando otro oficial entró y dijo: "Falsa alarma... salió en libertad la semana pasada".
Con las disculpas que merecía la situación, nos recomendaron ir al Patronato de Liberados, donde volvimos a hacer la presentación formal del Senador. El Director nos recibió de pie y no nos invitó a sentarnos. "Sé a qué vienen y desde ya les digo que no les voy a dar la información de dónde vive", dijo. Quedamos mudos. Antes de echarnos, agregó "No la doy porque es su derecho y, además, porque él es mi amigo...".
Cuando volvíamos al Hotel Sheraton, donde Rafael tenía que participar de una de las reuniones de la IS, nos preguntamos si estábamos viviendo una cámara escondida o habíamos ingresado a un capítulo de La Dimensión Desconocida. Rafa me dio la tarjeta magnética de su habitación y desde allí, con la guía telefónica adelante, comencé a llamar a todos los teléfonos con el apellido del ex represor que buscábamos.
Fueron horas llamando desde el Sheraton y, sobre un centenar de posibilidades, en la llamada 98 la voz de una señora mayor me respondió: "¿Quién lo busca?", me identifiqué como ayudante del senador Michelini (en realidad no mentía porque lo estaba ayudando en la investigación) y ella se negó a darme datos. "Mi hijo ya cumplió su pena", defendió. "Dígale que sólo queremos hablar con él", intenté sin presionar más.
Meses más tarde, el mismo represor aceptó contactarnos a través del entonces Síndico General de la Nación de Argentina, el Dr. Rafael Bielsa (quien luego sería canciller). Se decidió a recibirnos para que no volviéramos a molestar a su madre. La reunión se hizo en la casa de Bielsa, quien habitaba un coqueto apartamento reciclado en un antiguo silo o molino.

EL DATO CLAVE

El apartamento de tres pisos circulares tenía los dormitorios arriba, al centro el recibidor y debajo la cocina y otros servicios. Conversamos largamente. Rafael Michelini manejaba una estratégia para saber si había participado en la muerte de su padre y yo buscaba hacer repreguntas rápidas para descolocarlo. Bielsa guardaba silencio y nos servía una y otra vez café, café y más café...
Luego de horas, la conversación trancada y el exceso de café nos tenía nerviosos. Fue entonces que hice una broma que sería la llave... Cuando el anfitrión volvió a ofrecer café, pregunté: "¿No tienes algo un poco más fuerte?". "Yo no bebo alcohol... pero, espera, hace poco me regalaron una botella", dijo mientras bajaba a la cocina. "Acá está... ¿Chivás Regal sirve?, gritó. "Si, aunque eso se toma sin hielo", repliqué con ironía...
Minutos después, Bielsa subió con una bandeja en la que, junto a sendos cafés, había servido dos vasos para cerveza llenos hasta el borde de whisky. El represor intercambio conmigo una mirada cómplice que incluía códigos de desafío. No dijimos nada y bebimos. A la media hora, los dos Rafaeles escuchaban nuestra conversación que había derivado a Orletti y, finalmente, a un compromiso para ayudarnos a buscar a Simón.
En los meses siguientes hubo nuevos contactos. No importa si aquel informante u otros terminaron dando el dato. Esa confusión es parte del compromiso de anonimato y secreto periodístico. Supimos que Simón había sido trasladado aquella noche al Hospital Norte, pero el nosocomio de la calle Cabildo ya no existía. Finalmente, el dato: "Se lo quedó uno de los agentes de la guardia nocturna en la Seccional 33 de Policía".
Era noviembre de 2001. Creímos llegar a un callejón sin salida. ¿Cómo saber quiénes estaban de guardia en una comisaría una noche de hacía 25 años? Sin muchas esperanzas pedimos la información a contactos de la Dirección de Derechos Humanos del gobierno, que nos había ayudado en todo momento. La tensión en Buenos Aires era mucha. La crisis económica era el tema y a nadie interesaba un dato de tantos años.
Fernando de la Rúa se vio obligado a renunciar y fugar en helicóptero el siguiente 21 de diciembre. Pasaría enero antes de conseguir la información que faltaba. Con Rafael decidimos no crear falsas expectativas a Sara Méndez, quien luego de confirmar que un joven que creía su hijo no lo era, inició una campaña internacional y una gira por Europa. Cuando regresó, nos reuninos. Fue el 13 de febrero y no pude ocultarle lo que hasta entonces sabíamos.
Casi a la vez, Rafael Michelini recibió desde Argentina los nombres de los policías de la Seccional 33 y, utilizando el viejo método de la guía telefónica, se llamó hasta encontrar a quien se había quedado con Simón. Como narro en el informe "La Hora de Simón" publicado en Posdata Folios, fue cuestión de días que el joven supiera quien era, se entrevistara con su madre y confirmara su identidad con un examen de ADN.
El hallazgo de Simón se sumaba a la aparición de Macarena como grandes victorias en la lucha por la verdad y contra la impunidad. Difícilmente logre en mi vida profesional hacer un aporte mayor que el reencuentro con su hijo a la madre que había entrevistado por primera vez 18 años antes. Otra puerta se abrió ese día al trabajo periodístico: Si era verdad lo de Simón, también era cierto todo lo demás que me había dicho el informante…

Roger Rodríguez
(17 de marzo de 2014)


Tapa de La República del 17 de marzo de 2002, con la denuncia del 2° vuelo de Orletti.


El informante que dio los datos para ubicar a Simón 

afirmó que fueron entregados a los militares uruguayos


LOS DESAPARECIDOS DE ORLETTI
FUERON TRASLADADOS A URUGUAY


Serían 27 uruguayos y 5 argentinos que permanecían en el centro de torturas en octubre de 1976. La fuente, un represor argentino, reconoce las muertes de Gatti, Duarte y Julien. Los 32 casos deberán incorporarse a la lista de desaparecidos en Uruguay. Comisión del Senado tratará el tema el lunes. 
POR ROGER RODRIGUEZ

Un grupo de 32 uruguayos y argentinos que se encontraban en el centro clandestino de torturas “Automotoras Orletti” fue entregado a fuerzas militares uruguayas en octubre de 1976 y habría sido trasladado a Uruguay para su “disposición final”, según el testimonio del informante que dio los datos que llevaron a localizar el paradero de Simón Riquelo.
La fuente, un argentino que estuvo directamente vinculado con la represión coordinada de fuerzas militares rioplatenses en el marco del llamado Plan Cóndor, participó en los procedimientos de detención de los uruguayos secuestrados en Buenos Aires entre junio y octubre de 1976.
El informante fue contactado por este cronista, en el marco de la investigación realizada junto al senador Rafael Michelini durante el año pasado, a través de la cual, luego de una serie de entrevistas e indagaciones, se obtuvo la información que permitió descubrir la actual identidad del hijo de Sara Méndez.
La información, que este periodista adelantó el viernes dentro de un informe para Posdata Folios, determina un nuevo giro en las investigaciones para el esclarecimiento de la situación de los desaparecidos, porque implica que se deben agregar los nombres de 27 uruguayos y 5 argentinos que se buscaban en Buenos Aires a la lista de desaparecidos en Uruguay.
Fuentes parlamentarias, consultadas por LA REPUBLICA, indicaron ayer que el tema será planteado el lunes en la Comisión de Defensa Nacional del Senado, cuya presidencia probablemente asuma ese día el legislador del Encuentro Progresista, Eleuterio Fernández Huidobro.

Los 22 sobrevivientes

Desde fines de 1975 se registran casos de uruguayos desaparecidos en Argentina. Las denuncias de personas que eran detenidas por fuerzas de seguridad se incrementan en los primeros meses de 1976, hasta que, el 20 de mayo, se verifica el asesinato de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaws.
A partir del 1º de junio de ese año, fecha en la que un agente de la SIDE, Eduardo Ruffo (el miembro de la banda de Aníbal Gordon, que se quedó con la hoy recuperada niña desaparecida Carla Cantilo), arrienda el taller Automotores Orletti, todos los uruguayos secuestrados pasaron a ser recluidos en sus instalaciones.
Diversos testimonios indican que Gerardo Gatti Antuña, secuestrado el 9 de junio, fue uno de los primeros detenidos en Orletti. A partir de entonces se intensifican los operativos que llevan a una masiva detención de uruguayos, que caen a mediados de ese mes.
Una de las víctimas de la larga noche del 13 de junio fue la propia Sara Méndez, detenida en su domicilio de la calle Juan Azurduy 3164, donde le acompañaban su amiga Asilú Maceiro y su hijo Simón Riquelo. Esa noche no estaba su compañero, Mauricio Gatti, quien tiempo después logró exilarse en Europa y falleció en 1993, sin poder reencontrarse con su hijo.
Méndez y otros veintiún uruguayos que fueron secuestrados esos días y torturados en Automotores Orletti terminaron siendo trasladados clandestinamente a Montevideo diez días más tarde, en un vuelo no registrado de un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU).
Los 22 trasladados de Orletti permanecieron en condición de desaparecidos en una casona de Punta Gorda y alojados luego en la vieja sede del Servicio de Información y Defensa (SID) de la calle Bulevar Artigas, hasta que fueron “blanqueados” en un falso operativo del 26 de octubre de 1976, en el que se los presentó públicamente como un grupo sedicioso capturado en un chalé del balneario Shangrilá.
Ese grupo de uruguayos que, con la excepción del veterano periodista Enrique Rodríguez Larreta Piera, fueron condenados por la Justicia Militar y permanecieron varios años en la cárceles de la dictadura, son los únicos adultos que sobrevivieron a Automotores Orletti.
Junto a ellos se ha logrado la recuperación de varios niños, algunos secuestrados y otros nacidos en cautiverio. Desde Amaral García, pasando por Mariana Zaffaroni y Victoria Moyano, hasta llegar a la nieta de Juan Gelman y, ahora, a Simón Riquelo.

Automotores Orletti, el centro de torturas del Plan Cóndor donde estuvieron los uruguayos.
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Los seis asesinados


Automotores Orletti cerró su cortina metálica a fines de octubre de 1976, luego de que los secuestrados José Ramón Morales y su esposa Graciela, pudieron tomar un fusil y en medio de un tiroteo lograron escapar del lugar y exiliarse en México.
Desde junio hasta octubre de ese año se ha denunciado la desaparición de 33 uruguayos en Buenos Aires. Los trabajos del Instituto de Antropología Forense de Argentina han permitido esclarecer tres de los casos y las circunstancias de sus muertes fueron oficialmente reveladas por la gubernamental Comisión para la Paz.
Francisco Edgardo Candia y José Hugo Méndez Donadio desaparecieron el 15 de junio y, según la información oficial, fueron asesinados cinco días después como represalia por la muerte de un comisario argentino en manos de una militante del Movimiento Montonero.
Luis Alberto Camacho, desaparecido el 15 de agosto de ese año, fue abatido en un operativo en la calle Gahona y Talcahuano, según informó a sus familiares la Policía Federal Argentina. Su cuerpo pudo recuperarse a través de los estudios forenses argentinos: estaba enterrado en el cementerio de Morón.
Ninguno de estos tres casos había pasado por Automotores Orletti.
El informante argentino que proporcionó los datos que permitieron localizar a Simón Riquelo, sólo confesó conocer el destino de otros tres uruguayos desaparecidos en Argentina. Según su testimonio, Gerardo Gatti Antuña, León Gualberto Duarte Luján y Mario Roger Julien Cáceres murieron en Buenos Aires.
Gatti y Duarte perecieron como consecuencia de apremios físicos, luego de un fallido intento de extorsión en el que los militares uruguayos y argentinos que comandaban Orletti procuraron, a través de Washington “Perro” Pérez, exigir un rescate de dos millones de dólares a las organizaciones políticas y sociales a las que pertenecían.
Roger Julien, afirma la fuente, ingirió una cápsula de cianuro en el momento de su detención. El informante, que participó de ese operativo, explicó en detalles el procedimiento en el que fue capturada su esposa, Victoria Grisonas y sus dos hijos, Anatole y Victoria Julien, quienes años más tarde aparecieron en Santiago de Chile.

Los aún desaparecidos

Si se resta la situación de esos seis casos, el listado de uruguayos desaparecidos en Orletti se reduce a 27, entre los que se incluye a Josefina Modesta Klein Lledo, de nacionalidad paraguaya, pareja de un uruguayo, secuestrada el 23 de setiembre de aquel 1976. El informante argentino indicó que Automotores Orletti, efectivamente se cerró luego de aquella fuga de la pareja Morales, pero sostuvo que también incidió en la clausura de ese centro de torturas la situación de desconfianza que en los argentinos generó la aparición de los 22 sobrevivientes de Shangrilá.
La fuente subrayó que los militares argentinos se sintieron “traicionados” por los militares uruguayos, ya que los detenidos que abordaron aquel vuelo del avión de la FAU a fines de junio habían sido entregados para su “disposición final” en Uruguay.
Según ese y otros testimonios obtenidos en el marco de la investigación en conjunto que quien suscribe realizó con el senador Rafael Michelini, luego del viaje de junio se produjeron otros traslados de detenidos de Automotores Orletti hacia Uruguay.
En la indagación se pudo saber que una mujer, acompañada por dos militares, viajó a Montevideo en un vuelo de línea comercial. Su hermano fue traído en otro viaje similar. En un cuarto traslado, vinieron la nuera del poeta Juan Gelman, María
Claudia García de Gelman (aún embarazada) y los niños Anatole y Victoria Julien.
Esos 27 uruguayos detenidos en Orletti, más otros cinco argentinos que también se encontraban en el centro de torturas, fueron entregados a los efectivos militares uruguayos a fines de octubre para su “disposición final” y a esos efectos llegó a viajar a Buenos Aires otro avión de la Fuerza Aérea Uruguaya.
“De Uruguay a los argentinos nos han cobrado todo y mucho ha salido a la luz. Pero que no nos adjudiquen esas desapariciones. A los que no murieron en Orletti nosotros los devolvimos. No sabíamos que los del primer viaje estaban vivos, así que cuando cerraba Orletti se planificó otro viaje grande en el que se incluyó a todos los que quedaban, incluso cinco argentinos. No participé en la entrega, pero creo que a esos últimos tienen que buscarlos en Uruguay”, dijo la fuente, cuya credibilidad está dada en la veracidad de los datos que permitieron recuperar a Simón Riquelo. *

(Diario La República, 17 de marzo de 2002)

Crysol celebró el Día del Liberad@

Crysol celebró el Día del Liberad@

¡Seguimos estando orgullosos de haber luchado
 y de haber combatido!

El pasado viernes 14 de marzo, como todos los años,
Crysol celebró “El día del Liberad@”, al cumplirse 29 años de la liberación de los últimos presos políticos de la dictadura.

Al mediodía se realizó una sencilla ceremonia de recordación y homenaje a todos los Detenidos Desaparecidos y a todos los expresos políticos fallecidos en el Memorial del Parque Vaz Ferreira en el Cerro con la asistencia de más de un centenar de militantes de la organización y de representantes de Madres y Familiares.
También se hizo presente el Representante de los jubilados y pensionistas en el Directorio del BPS, cro. Sixto Amaro.
Los asistentes hicieron un minuto de silencio y entonaron las estrofas del Himno Nacional en homenaje a tod@s los compañer@s.
José “Borrón” Olivera hizo uso de la palabra a nombre de Crysol. A continuación transcribimos su alocución.
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El 14 de marzo, Día del Liberad@, de la y del expreso político

En el día de hoy se cumplen 29 años de la liberación de los últimos presos políticos de la dictadura al reinstaurarse la institucionalidad democrática en marzo de 1985.  

La liberación de los presos políticos fue un hito en la lucha del pueblo uruguayo por reconquistar la libertad y la democracia. Miles de uruguayos salieron a las calles para celebrar su liberación, para recibirnos y reintegrarnos a nuestras familias y a la sociedad. 

El 14 de marzo, Día del Liberad@, de la y del expreso político, para nuestro colectivo, es un día de festejo, de conmemoración de aquel estallido de alegría popular, de reencuentro.

También es un día de reivindicación colectiva de nuestro accionar, de nuestro protagonismo militante, de nuestra lucha, de nuestros ideales, de nuestro enfrentamiento al régimen autoritario de Pacheco Areco y al terrorismo de Estado que lo sucedió  dentro y fuera del país. 
¡Seguimos estando orgullosos de haber luchado y de haber combatido y en las nuevas condiciones seguimos haciéndolo, en forma individual, pero también como colectivo organizado.

Desde nuestra liberación
   las expresas y los expresos políticos nos hemos comprometido activamente, junto a los trabajadores, los sectores populares y todas las organizaciones de DDHH, en contribuir  a generar las condiciones que impidan que la tragedia que vivió nuestro país,  vuelva a repetirse. Si bien es mucho lo que se ha avanzado en estas casi 3 décadas, a 29 años del retorno a la institucionalidad democrática en Uruguay, solamente un pequeño y reducido grupo de golpistas y represores seriales han sido juzgados y condenados debido a la influencia ideológica, política y al poder real que aún detentan para impedirlo. Este hecho no es una señal de fortaleza, precisamente, del Estado de derecho ni de la plena vigencia de las disposiciones constitucionales. Mucho menos de las normas de DDHH que son el pilar básico de una convivencia pacífica, civilizada, enriquecedora y gratificante.

Afirmar y profundizar la transición democrática iniciada en 1985 con la plena vigencia de las normas de DDHH, implementando a cabalidad la Resolución 60/147 de la Organización de las Naciones Unidas, asumiendo y cumpliendo con las recomendaciones de la Institución Nacional de DDHH y Defensoría del pueblo, es la mayor y única garantía de que Uruguay podrá continuar el camino del progreso,  de la soberanía, de la justicia social, de la liberación nacional en la perspectiva del socialismo, cualquiera sea la forma específica que adopte en nuestra patria. 

Es nuestro compromiso militante como colectivo. Mantenemos en alto, bien en alto, las banderas que nos cobijaron, las de nuestros detenidos desaparecidos, las de los asesinados y las de aquellos expresos políticos que no están entre nosotros físicamente.
A todos ellos nuestro recuerdo en este día y nuestro homenaje.
¡Viva la unidad y la movilización de todas y de todos los expresos políticos! 

¡Por verdad, memoria, justicia y nunca más terrorismo de Estado!  


Reconocimiento a expresidenta Silvia "turca" Yapor 

En el marco de la celebración del Día del Liberad@, en la noche de ayer, viernes 14 de marzo de 2014, en la sede social, Crysol llevó a cabo un acto de reconocimiento a la expresidenta de la institución en el período 2005 - 2007, cra. Silvia "turca" Yapor por su contribución al logro de los objetivos institucionales. 

Durante un brindis crysolero se le entregó una plaqueta por parte de Chela Fontora a nombre de la organización. En la ceremonia hizo uso de la palabra Gastón Grisoni, Presidente de Crysol

¿LOS EX PRESOS POLÍTICOS UNOS PRIVILEGIADOS?



¿SOMOS LOS EX PRESOS POLÍTICOS UNOS PRIVILEGIADOS?

REPARACIONES A EX PRESOS POLÍTICOS EN URUGUAY

En los últimos días desde los sectores blancos y colorados se han emitido opiniones periodísticas criticando las Leyes Reparatorias aprobadas por el FA, en especial en el período Vásquez.

El 8 de junio Sanguinetti en Correo de los viernes escribió: ''los reclamos por violaciones de DDHH se han prestado para toda clase de excesos, injusticias y aberraciones jurídicas''. Y más adelante agregó: ''detrás de ese afán Reparatorio solo hay un interés económico''.

El 15 de junio desde el partido nacional Pablo Abdala escribió en El País, criticando el proyecto de Ley enviado por el Ejecutivo, en que se regula la incorporación al FONASA de jubilados y pensionistas. Lo que lo irritó en especial fue el art. 15 del proyecto, en que –según él- , se exime del descuento del FONASA a todos los ex presos políticos al barrer.
Se ocupa también de señalar que los ex presos reciben una pensión de privilegio que supera los 20 mil pesos.

Desde tiendas militares se habla, ya desde hace bastante tiempo de lo que ellos denominan la ‘’jubilación del guerrillero’’.

Estas críticas han arreciado desde el 4 de junio cuando en la antesala de Diputados se realizó un acto de entrega de certificados que acreditan la condición de víctima del Terrorismo de Estado. Reparación de ‘’ carácter simbólico ‘’.

  Algún periodista afirmó que todos aquellos que reciban el certificado tienen derecho automáticamente a una jugosa indemnización económica.

Voy a intentar demostrar que tales privilegios no existen y que las Leyes reparatorias a que se alude, que son la 18.033 y la 18.596 son más apariencias y cartón pintado que auténticas reparaciones.

Lo curioso de todo este asunto reside en que la híper valoración de estas leyes, la exageración de sus alcances y la universalidad de sus medidas, proviene desde las filas del propio FA.

En el mencionado acto del día 4/6, el Ministro Ehrlich, volvió a subrayar el carácter modélico de dichas leyes en lo que tiene que ver con las prestaciones médicas gratuitas, asistencia sicológica y indemnizaciones económicas.

¿Por qué el afán de agrandar lo que es chiquito? ¿Por qué propagandear el carácter generoso de las reparaciones, cuando – como vamos a ver-, los redactores trataron de minimizar al máximo los costos? ¿Por qué redujeron al máximo el universo de víctimas y crearon barreras insalvables para poder ampararse en dichas leyes?

Puede que me equivoque, pero a mi entender la híper valoración de las reparaciones, obedece al afán de compensar los escasos avances en materia de DDHH en el período dictatorial.

¿De los cientos de desaparecidos, cuántos cuerpos se han encontrado?

¿Acaso se derogó la Ley de Caducidad? ¿Cuántos torturadores se encuentran presos?
¿Se han abolido los escandalosos privilegios de las Fuerzas Armadas?

Además por estos días se están produciendo sugestivos traslados de integrantes del Poder Judicial, magistrados que tenían en sus manos importantes causas por violación de DDHH.

Verdad y Justicia son materias pendientes para este gobierno y los anteriores. Se nos invita a olvidar el pasado y a mirar para adelante, aunque los crímenes queden impunes.

En el acto simbólico del pasado 4 en Diputados, el Diputado Esteban Pérez del FA, habló imbuido de un súbito espíritu cristiano llamando a desterrar odios y rencores, intentando bastardear los reclamos de familiares y ex presos, quienes lo escucharon llenos de indignación.

Lo que se ha hecho en materia de DDHH hasta ahora se debió en gran medida al afán de no quedar pegados frente a los Organismos Internacionales: OEA, ONU, etc. Para ilustrar esta afirmación debe bastar y sobrar lo sucedido con el caso Gelman.

El reconocimiento de la responsabilidad del Estado en este caso así como la concesión de una indemnización, se produjeron a instancias de la CIDH y no de un mandato moral de los legisladores. Y la ceremonia se realizó a regañadientes, es decir ‘’ni un milímetro más ni un milímetro menos’’ de lo exigido desde el exterior.

Pues bien, se exagera tremendamente el contenido de reparaciones e indemnizaciones, para que otras orfandades queden en un segundo plano o en el olvido.

Históricamente los ex presos políticos y los desaparecidos hemos pasado por diversas etapas. En la época militar no existíamos ni los presos ni los desaparecidos y los que aparecíamos en los diarios éramos terroristas agentes del extranjero.

Luego en democracia aparecemos gradualmente, miles de torturados y presos y cientos de desaparecidos. El pueblo se horrorizó y a colorados y blancos gobernantes les importó un rábano nuestro destino.
Luego el FA, pretende usarnos como florero en su política de DDHH.

¿Somos o no somos una manga de avivados que pretenden ordeñar la vaca del estado para conseguir más privilegios?

Cualquier ex preso o familiar de Desaparecido sabe que no es así. Pero la opinión pública lo ignora.

Es hora de que salgamos a aclarar de una vez por todas este asunto.
Es increíble que nos califiquen de privilegiados quienes nadan en el océano de los verdaderos privilegios: gobernantes, funcionarios del estado, activos y pasivos de las Fuerzas Armadas, etc.

Voy a comenzar a explicar en qué consiste realmente la jocosamente llamada ‘’jubilación del guerrillero’’.
Se trata de la PER (Pensión Especial Reparatoria), creada por la Ley 18.033. Actualmente su monto es de 23 mil pesos.

Lo que no se dice es que los ex presos que aun están trabajando y perciben un sueldo apenas decente, no pueden recibirla.

Lo que no se dice es que los ex presos ya jubilados, si quieren recibir la PER, deben renunciar a su bien ganada y aportada jubilación y a cualquier otra prestación del Estado.
En caso de fallecimiento, el o la conyugue deben renunciar también a su propia jubilación para percibir el 66% de Pensión de sobrevivencia.

Es decir, los ex presos financian buena parte de su propia ‘’reparación’’.

Lo que no se dice es que quedan excluidos de la PER quienes a pesar de haber sido masacrados en la tortura fueron liberados antes de los 6 meses.

Fueron excluidos también torturados y presos que fueron liberados antes del 9 de febrero de 1973.

A quienes permanecieron detenidos fuera del país se les exige para la PER, haber identificado a agentes del estado uruguayo durante su detención: ¿quién vendado y encapuchado puede realmente hacerlo?

Lo que no se dice es que a quienes perciben hoy la PER, se les descuenta el IASS (IRPF), como a cualquier hijo de vecino.

El Humor Negro: el Art. inc. de la Ley 18.596.

Dicho artículo otorga una indemnización a ex presos que hubieran recibido Lesiones Gravísimas. La ley fue aprobada recién a más de 30 años de ocasionadas las lesiones.
Al día de hoy quedan unos 3.000 ex presos con vida, de un total de aproximadamente 8.000.

Para que una lesión se considere gravísima, se aplica el Art. 318 del Código Penal que las define. Este artículo es de un rigor tal, que para que una lesión se considere legalmente Gravísima, es prácticamente necesario haber fallecido.
Evidentemente los compañeros que calificaban para ‘’lesión gravísima’’ ya murieron a causa justamente de esas lesiones, en los 30 años transcurridos. Forman parte de esos 5.000 que se nos han ido.

Por lo tanto no pueden acogerse a esta Ley, ni solicitar indemnización alguna. Pero, para atar mejor el paquete se les niega a sus familiares el derecho a reclamación alguna.

¿No opinan ustedes que esto es verdadero humor negro?

Para ilustrar este punto voy a dar solamente un ejemplo, por no alargar demasiado la cosa.

Cuando se aprobó la Ley 18.596, el Senador Semproni se abstuvo de votar. Le aclaró al Cuerpo, que no votaría por una cuestión de ética, dado que él sería uno de los beneficiados por dicha Ley.

Casi todo el mundo sabe que el Senador Semproni perdió un testículo en la tortura, dado que lo colgaron de los testículos, entre otros métodos de interrogatorio. Lo que ignoraba Semproni, era que por el Art. 318 inciso 3, su lesión no se la puede considerar como gravísima.
En efecto, el ‘’no perdió un miembro’’ ni ‘’sufrió una mutilación que lo torne inservible, ni ‘’perdió un órgano’’ a lo sumo perdió la mitad dado que aun cuenta con un testículo. Y por último ‘’no perdió la capacidad de generar’’.

En este caso se trataría a lo sumo de ‘’una debilitación de órgano’’ lo que configura una Lesión Grave, es decir sin amparo por la Ley 18.596, llamada Reparatoria.

Es decir, una brutal mutilación que conmueve hasta al ciudadano más desalmado del Uruguay, no se la considera gravísima ni genera reparación alguna.

 Resulta obvio que los que se presentaron en esta etapa para solicitar la reparación, son algo menos gravísimos que los que ya murieron.

Esta constatación lógica, debiera llamar a una cierta flexibilidad a los integrantes de la Comisión que administra la Ley y a sus asesores. No es así, por ejemplo La Dra. , asesora médico legista, no titubea al bajar su pulgar y desestimar solicitudes.

Lo mismo ocurre con el delegado del Ministerio de Economía que seguramente mandatado, actúa de igual manera sistemáticamente.

Los Derechos de la salud.

La Ley 18.596 Integra a los ex presos al Sistema Nacional de Salud. Este Sistema permite que el usuario opte entre Salud Pública o Prestadores privados.

Las prestaciones serán gratuitas, pero… (Siempre hay un pero), el equipo económico sacó cuentas, afiló el lápiz y emitió el Decreto 297/10, modificando ilegalmente la Ley y conculcando la libre opción, garantizando la gratuidad solo en el marco de ASSE. Les pareció caro permitir la libre opción.

Es decir que la atención gratuita a las víctimas es la misma que se presta en el Maciel o en el Pasteur a cualquier uruguayo que lo necesite.

La Ley hoy a estudio del parlamento y que seguramente será aprobada, en su Art. excluye a los ex presos políticos del FONASA.

Los ex presos que se atienden en el sistema privado, seguirán pagando de su bolsillo la cuota mutual como hasta ahora, para ellos la gratuidad no existe.

Es por eso que la afirmación del Diputado Abdala es un reverendo disparate. ¿Cómo se le puede efectuar el descuento por FONASA a los ex presos, siendo que el Estado no gasta un peso en su salud?...y además ahora por el Art. 15, explícitamente se los excluye de dicho FONASA.

Con mentiras como éstas, es que se va creando el mito de ex presos privilegiados.

La Lentitud o enlentecer el partido. O mejor, ir tirando la pelota para adelante.

Hace 3 años que se aprobó la Ley 18.596. Se han presentado más de mil solicitudes de amparo. No llegan a 300 las resoluciones.

Por último y buscando tirar abajo ese mito de los privilegios, Señalaré brevemente lo siguiente:

--- No existe indemnización alguna para los miles de torturados salvajemente, salvo las mencionadas lesiones gravísimas-

---Hubo presos que fueron liberados directamente del Hospital Militar o del Penal con graves dolencias. Murieron a pocos días o meses de ser liberados. Esos, sus familias no tienen derecho a indemnización alguna.

---Los niños y adolescentes familiares de ex presos, que padecieron los mayores vejámenes en sus visitas al Penal, muchos de ellos aun hoy en atención sicológica, no fueron tenidos en cuenta en ninguna Ley.

---En lo que tiene que ver con reparaciones simbólicas, por ejemplo destinar edificios utilizados por la represión como Lugares de Memoria, no se ha cumplido. El Calem sigue sin entregarse.

El Penal de Libertad sigue siendo cárcel tan despiadada como bajo la Dictadura. La Cárcel de Punta Rieles, haciendo oídos sordos a los reclamos de las compañeras, sigue con su finalidad represiva.

El histórico Penal de Punta Carretas donde fueron verdugueados tanto presos políticos como sociales, empezando por los viejos anarcos, se ha convertido hoy como signo de éstos tiempos en un Shopping Center…

Reflexión:

Pienso que es hora de dejar de jugar para la tribuna y corregir de una vez por todas estas leyes defectuosas.

Sé que quedan compañeros con poder de decisión, que obedeciendo a la voz de su conciencia y principios, pueden hacerlo, por los viejos tiempos y por los que vendrán.

Juan Miguel García Lamas

VERONIKA ENGLER: "Yo no perdono"



VERONIKA ENGLER CANTA "LAS 40"
"Yo no perdono"

"Veo una realidad que es muy distinta a la que podía haber imaginado en un proyecto de izquierda"

Por GERARDO TAGLIAFERRO

Hubo un país en el que una niña de siete años debió aprender cómo reaccionar frente a un tiroteo en su propia casa, o qué nombres no debía pronunciar, o qué visitas y conversaciones debía olvidar. La misma niña que creció y se hizo mujer viendo impotente como su padre, cautivo, era empujado a "ir degradándose hasta convertirse en algo irreconocible", al decir de un médico-carcelero. Esa mujer es Veronika Engler y tiene la particularidad de ser hija y esposa de ex dirigentes tupamaros y "rehenes" de la dictadura militar.

Casi acariciada por el Río de la Plata está la casa del matrimonio Zabalza - Engler, en Santa Catalina. Ya es de noche y para llegar en auto es necesario atravesar senderos de tierra que exigen avanzar con mucha cautela. Se puede pedir ayuda a los lugareños para encontrar el sitio exacto, pero más que individualizar las calles, el santo y seña es el nombre del ex guerrillero. No hay nadie en el pueblo que no lo conozca y deben ser muy poquitos, si los hay, los que no pueden ubicar con precisión el lugar dónde vive. En el jardín, dos perros mantienen a raya al extraño, sobre todo el ovejero alemán con pinta de pocos amigos. Jorge Zabalza sale a la puerta y franquea el acceso, mientras tranquiliza a los visitantes, que se preocupan por la seguridad de los vehículos en la fría y oscura noche: "éste es el lugar más seguro de Montevideo", argumenta.

En el amplio y sencillo living espera Veronika. La primera impresión no puede ser otra: es un retrato viviente de su padre, el ex jefe tupamaro, ex rehén de la dictadura y actual director del Centro Uruguayo de Imagenología Molecular (Cudim), Henry Engler. "No sos original", retruca cuando le comento sobre el parecido. Nos instalamos en dos sillones, en un extremo de la sala, y en el otro Zabalza se sienta a la mesa con una laptop que atrapará en la hora siguiente su atención. Solo distraerá su mirada de la pantalla para hacer un par de comentarios, breves bocadillos a propósito de alguna reflexión que surge de la charla y lo involucra.

Veronika Engler es la mayor de tres hermanos -dos mujeres y un varón- que vivieron desde muy niños en la vorágine de un tiempo violento que tuvo a su padre como protagonista. Tiene 46 años y vivió, luego de la dictadura, 22 en Suecia, donde su padre se radicó, retomó sus estudios de Medicina y se transformó en un científico de renombre. Veronika volvió al país en 2008 para unir su vida a la de este otro ex guerrillero y rehén, ese que es algo así como el personaje del pueblo. Es difícil separar, entonces, su historia de la de estos hombres, y tampoco es la intención. Esta mujer es, como todos, ella y su circunstancia.


1) ¿Cómo es llevar el apellido Engler hoy en Uruguay?
Ha habido distintas etapas. En una época no era muy conveniente (se ríe), despertaba reacciones bastante adversas, en todo el período escolar por ejemplo. Ahora Henry es un científico conocido, pero incluso en aquel período donde no era tan conveniente ser Engler mantuvimos la idea de que lo que había hecho papá estaba bien. Nos sentíamos orgullosos de eso en cierta forma. Ahora no hago mucho caso a esas cosas.

2) Supongo que te identifican como "la hija de".
Sí, soy la hija de Henry o también la esposa de Zabalza (se ríe). Trato de salir un poco de eso.


"Existieron en nuestra infancia varios episodios de mucha violencia, éramos terriblemente vulnerables y los milicos lo sabían"


3) Tenías siete años cuando tu padre fue detenido, en 1972. ¿Qué sabías de él, de lo que hacía?
Sabíamos bastante porque nosotros estábamos metidos en todo eso. En casa se juntaba gente, sucedían cosas con gente que estaba relacionada con la familia, hubo una muerte incluso. Había allanamientos... crecimos de una manera un poco especial porque tenían que hablar con nosotros respecto de las cosas que no podíamos decir, las personas a las que no podíamos nombrar e incluso nos preparaban para el caso de un tiroteo: "tirá a tus hermanos al piso" me decían. Cómo reaccionar frente a situaciones que no eran muy normales para niños de esa edad.
4) ¿Recordás como vivías esas situaciones?
Lo que pasa es que también, cuando crecés y empezás a ser aunque sea semi consciente de esas cosas y te vas desarrollando dentro de eso, también lo ves como parte normal de tu vida. Creo que no te cuestionás mucho el por qué sino que simplemente confiás en tus padres y aceptás lo que te toca vivir.

5) ¿Recordás el día en que tu padre cayó preso?
No, no tengo recuerdos de ese día exacto. Recuerdo sí cosas que tenían relación con eso: la preocupación de mi abuela, de mi madre. Lo que sí tengo claro es haber estado con mi abuelo mirando la televisión y haber visto el requerimiento de él. Eso como que me quedó más grabado, porque además en casa continuamente se comentaba que "cayó Fulano". Es lo que te digo: nosotros escuchábamos mucho lo que pasaba y veíamos un movimiento en la casa que se nos hacía como habitual.

6) Tu madre no integraba el MLN, pero es de suponer que igual la habrán molestado bastante.
Sí. Estuvo presa poco tiempo en Minas. Nosotros vivimos en distintos lugares durante bastante tiempo, y el año que estuvo presa en Minas vivimos allí. También estuvieron presos los dos hermanos de mi padre, mi tía era en ese entonces menor de edad y la enviaron al Consejo del Niño. En Minas, cuando apresaron a mi madre y a mi tía que había sido recientemente liberada, nos intentaron secuestrar a mí y a mis hermanos, nos llevaron apuntándonos en la cabeza hasta la casa de mi recién fallecida bisabuela. Allí nos esperaba una tía abuela materna, suegra del entonces teniente coronel Galarza, que fue quien las denunció para que las llevaran presas. Ella nos encerró bajo llave sin siquiera dirigirnos la palabra, por un lado a mi hermana de cinco años y por otro a mi hermano y a mí, en ese momento nos pasaron mil cosas por la cabeza y no sabíamos qué nos esperaba. Dieter y yo logramos escaparnos rompiendo la ventana y llamamos por teléfono a mi abuela que vino desde Montevideo. Los diez años los cumplí bajo esas circunstancias

7) Tu padre vivió diferentes etapas como prisionero: primero en condiciones similares a las de cualquier otro preso político de la época, y luego como rehén de la dictadura. ¿Qué recuerdos tenés de cada una?
Lo que recuerdo de cuando lo sacaron como rehén es la angustia de la familia porque estuvieron un tiempo desaparecidos, no sabíamos qué había pasado. En ese momento había sucesos bastante trágicos alrededor y claro, siempre se tendía a pensar lo peor. Y esa era una cosa que se repetía cada vez que los trasladaban, que muchas veces estaban desaparecidos durante un tiempo. Existieron en nuestra infancia varios episodios de mucha violencia, éramos terriblemente vulnerables y los milicos lo sabían, proyectaban sobre nosotros el odio que sentían hacia los "subversivos" que encarcelaban, nosotros aprendimos a ser concientes de eso.


8) ¿Visitabas a tu padre?
Sí, cada tanto. Mi abuela era la que iba más, después mi madre y nosotros tres nos turnábamos porque había poco tiempo de visita y normalmente había que dividirlo entre los que iban. Recuerdo las visitas como algo bastante angustiante por todo lo que significaba el viaje pero también por lo que uno pasaba en los cuarteles. Las revisaciones eran bastante denigrantes y las visitas tampoco eran muy amenas. Generalmente estábamos bastante separados, había perros en el medio, militares apuntando que hablaban mientras se daba la visita. Y además eran muy restringidas, porque había como una lista de cosas de las que no se podía hablar y si uno tocaba un tema que estaba prohibido enseguida gritaban "se suspende la próxima visita", intervenían, se reían... no eran muy agradables.

9) Es conocido el deterioro que tu padre sufrió en la prisión. ¿Notabas eso?
Claro. Además había como una especie de acuerdo familiar en que el que le tocaba hacer la visita se tenía que fijar mucho en todos los detalles de cómo hablaba, si estaba delgado, todo lo que uno pudiera ver. Mi abuela era muy de mandar cartas pidiendo que por favor mejoraran la situación de él. Recuerdo momentos en los que lo traían a la visita casi arrastrándolo y que prácticamente no hablaba. Era una situación bastante conflictiva, yo era la más grande, pero mi hermana, que era más chica y quizás no procesaba todo esto, tenía dolores de estómago muy grandes antes de las visitas.

10) ¿Cómo lo vivías tú?
Nosotros sabíamos que la situación no era buena, lo veíamos mal a él y veíamos además el trato que nos daban a nosotros mismos. Recuerdo estar con mi abuela en la puerta de un cuartel, con un diluvio y que ni siquiera nos hicieran entrar, se reían desde la puerta. O sea que imaginate que si a nosotros, que éramos la familia, nos estaban tratando así... lo que podíamos pensar que pasaba ahí adentro y además viendo el deterioro de él. Recuerdo nítidamente la desesperación, incertidumbre y angustia de mis abuelos y de mi madre como un sentimiento constante en nuestras vidas. La alternativa que muchos niños encontramos para poder soportarlo fue mostrarnos duros, manejar los sentimientos para no aparecer débiles frente a quienes sin lugar a duda eran nuestros enemigos, apretar los dientes mientras te manoseaban e incluso desnudaban antes de una visita sabiendo que no se justificaba, ya que ni siquiera podrías tocarle la mano a tu padre, porque lo veías con un tejido de alambre, rejas, perros y milicos de por medio.

11) ¿Deseabas en esa situación ver a tu padre o la visita era una obligación?
Era una mezcla de sentimientos. Por un lado quería verlo pero por otro sabía que eso implicaba un montón de momentos desagradables de pasar.

12) ¿Eso fue generando sentimientos negativos dentro tuyo? ¿Odio?
Sí, en realidad sí. Después lo pude procesar cuando empecé a escribir poesía, a sacar hacia afuera todo lo que tenía. Lo pude analizar un poco después. Pero en cierto momento sentía sí mucha bronca, mucho odio y desprecio hacia todo lo que significaban los militares. No es fácil crecer con la certeza de que hay un grupo de personas que pueden hacer contigo y con tus seres queridos lo que quieran. No es fácil ser conciente de la muerte y de la tortura que sufren quienes amás, no es sencillo ver desaparecer encarcelados, exiliados y muertos a quienes te rodean y menos comprender los motivos por los que otros seres humanos son capaces de disfrutar sádicamente situaciones dolorosas y humillantes, como demasiadas veces lo viví.


"Recuerdo estar con mi abuela en la puerta de un cuartel, con un diluvio y que ni siquiera nos hicieran entrar, se reían desde la puerta"
13) ¿Tuviste que recurrir a ayuda psicológica?
Mirá, quizás debiera haberlo hecho pero no lo hice nunca, porque la vivencia nuestra fue que durante el período que papá estaba preso, esa situación abarcaba mucho y giraba todo en torno a ella. Y la situación nuestra no se tuvo demasiado en cuenta desde ese punto de vista. Viste que cuando una persona está mal quizás el núcleo familiar se muestra bastante unido y entonces seguíamos un poco las idas y venidas de papá. Es muy difícil pensar que una persona a la cual uno quiere y alrededor de la cual gira la vida puede estar equivocada o desvariando. Como que todos nos acoplábamos a las idas y venidas de Henry.

14) ¿Qué pasaba en la escuela?
Yo hice todos los años en escuelas distintas, porque nos mudábamos mucho.

15) ¿Por qué se mudaban tanto?
Creo que por buscar una seguridad que no encontrábamos. Después de estar papá preso nos allanaban bastante seguido, inclusive el último allanamiento fue por el 81 en San Javier donde estábamos viviendo en ese momento. O sea que esas cosas se dieron hasta cerca de la época democrática. Vivimos en Minas también, en Paysandú, en San Javier, volvimos a Montevideo, buscábamos un lugar donde poder estar tranquilos. Eso fue lo que buscamos en San Javier, un pueblito perdido donde vivía mi bisabuela -porque mis bisabuelos fueron fundadores de la colonia- y ahí pensaba la familia que íbamos a tener más tranquilidad y seguridad. No resultó.

16) ¿Tus compañeros de escuela te identificaban como "la hija del tupa que está preso"?
Depende, algunos sí. Recuerdo sobre todo casos de hijos de milicos, en San Javier mismo. Había un compañero que venía y me decía: "vos sos una comunista y una nazista", imaginate. Seguramente había escuchado... esas cosas se corren en un pueblo chico. Los maestros sí, estaban más enterados. Además lo que se dio en la época de la dictadura fue que destituyeron a muchos docentes y pusieron otros que eran afines. Entonces ahí sí tuve directamente bastantes problemas.

17) ¿Qué tipo de problemas?
Yo era buena estudiante, tenía buenas notas y participaba, pero por ejemplo en una clase de Educación Cívica se tocó el tema de la democracia y la profesora, que era conocida como bastante facha, me exigió que me parara y dijera que en Uruguay había democracia. Y yo le dije: "no, yo voy a decir lo que pienso". Y entonces me amenazó con mandarme a examen. Creo que esto fue en segundo o tercero de liceo. Yo le dije: "no podés mandarme a examen porque tengo 6", que en ese momento era la nota más alta. Y bueno, me bajó a 3 pero no me pudo mandar a examen (se ríe).

18) Tu padre comenzó a recuperarse cuando los rehenes volvieron al penal de Libertad, en 1984. ¿Cambiaron las cosas para vos?
Esa fue una etapa que nos movió bastante el piso, porque a esa altura yo tenía como 18 o 19 años, y cuando crecés en una situación y de repente la situación cambia, tenés un montón de miedos. Te vas a encontrar con un padre al que viste esporádicamente y con el cual tenés una relación que siempre fue como muy dirigida. Hay muchas expectativas y exigencias quizás de ambas partes. Creo que ninguna familia fue preparada para recibir en ese momento a las personas que salían de la cárcel. Pienso que nos movió el piso a todos, es difícil entablar esa relación porque no es la relación normal de padre e hijo. Hoy tenemos una muy buena relación que ya te digo, no es la relación típica de padre e hijo pero es muy buena.

19) Él se hizo mormón en la prisión, y ha contado que al salir en libertad tenía actitudes del tipo de apagar la televisión si sus hijos estaban mirando y aparecía una mujer con poca ropa, por ejemplo.
Claro. Yo era una gurisa y usaba esas tanguitas brasileras, y me acuerdo que una vez vino con una en la mano y me dice: "espero que esto sea de tu prima Micaela y no tuyo" (se ríe). Micaela era mucho más chica que yo. O cuestiones como orar en medio de la mesa, un montón de cosas. Costó bastante encontrar una relación.

20) En esa época fue cuando se fueron a Suecia.
Primero se fueron mi madre y mis hermanos, ellos ya estaban separados. Después se fue él, y yo que estaba un poco más reacia al final me fui también.

21) Tu esposo, Jorge Zabalza, ha contado que su hija le hizo en algún momento el siguiente cuestionamiento: "está bien lo que vos hiciste, pero cuando yo necesité un padre no lo tuve". ¿Sentiste algo de eso también?
Claro sí, es lo que te digo. Fueron sentimientos encontrados. Porque uno también había fundado muchas esperanzas en el momento en que la familia se encontrara, en que esa situación terminara, y obviamente las cosas no se dieron como una las podía haber imaginado desde una visión infantil.

22) ¿Sentiste alguna vez que tu padre te abandonó?
Creo que lo sentí un poco después. Cuando era chica, creo que una manera de defenderse uno mismo ante los allanamientos o la inseguridad que vivía era verlo como un Robin Hood, que era lo que también nos trasmitía la familia. "Hay niños que no tienen nada, ustedes tienen muchas cosas y tu padre luchó para que todos los niños pudieran tener las mismas posibilidades". Y uno también como que se prendía de eso, yo por lo menos lo veía como una especie de héroe y como totalmente injusta la situación. Eso te ayudaba a levantar cabeza, porque eso también era lo que nos decía la familia: la cabeza en alto, no mostrarse débil, no llorar.


"En una clase de Educación Cívica se tocó el tema de la democracia y la profesora me exigió que me parara y dijera que en Uruguay había democracia"


23) ¿Tuviste militancia política?
Sí, cuando todavía no votaba y el Frente Amplio estaba proscripto milité con los blancos en Paysandú, en un grupo que ahora está con Lacalle. Yo quería aprender cómo funcionaba todo eso, participé incluso en reuniones con familiares de Ferreira Aldunate. Estamos hablando de fines de la dictadura, año 80 y poco. Después estuve un tiempo en la juventud del Partido Socialista y después, cuando salieron los últimos presos, estuve en el MLN en Paysandú. Cuando me fui a Suecia inmediatamente entré a militar con el MLN allá.
24) ¿Cuándo volviste de Suecia?
Definitivamente, en octubre de 2008. Estuve en marzo presentando un libro acá y después decidí venirme del todo.

25) Tenías una vida hecha allá.
Sí, tengo dos hijos grandes que viven allá, pero me enamoré (mira a Zabalza, y él dice: "el peor error de su vida"). Y me vine, yo estaba casada allá, me separé y vine para acá y me casé de vuelta (se ríe).

26) ¿Cómo es ser pareja de un compañero de viejas luchas de tu padre?
Vos sabés que en ese sentido nunca lo pensé. Nosotros nos conocíamos de antes pero esto creció un poco a través de la escritura, tenemos eso en común. Me gusta mucho escribir poesía y resultó que a él también, y se fue dando. Y cuando vine a presentar el libro resolvimos que sí.

27) ¿Qué dijo tu padre cuando se enteró?
(Se ríe) Mi padre conmigo está curado de espanto. Me acuerdo que él estaba acá (en Montevideo) y le dije que tenía que hablar con él porque quería que se enterara por mí. "Tengo que hablar seriamente contigo" le dije, y cuando yo le digo así él se asusta un poco. Cuando llegué, estaban por comer con la compañera de él y me dijo "vamos a tomar un vino". Y ahí se lo planteé. Se quedó un poco así... (hace un gesto como de desconcierto), pero me dijo: "mirá, los dos son grandes..." ("sobre todo yo", acota Zabalza). Como que no se lo imaginaba, pero bárbaro. Ahora tenemos tremenda relación todos. Aparte papá siempre lo quiso mucho.

28) ¿Discrepás mucho con tu padre?
No, discrepo en algunas cosas pero no mucho. Él es muy leal a las amistades y a la historia y ahora está más metido en la parte científica que en la política. Eso, según mi entender, a veces lo ha llevado a pensar distinto a mí y a ver las cosas desde otro punto de vista. Por otro lado rescato enormemente un sinfín de valores que tiene y que lo hacen tener actitudes que yo aplaudo, como por ejemplo no ir a recoger el premio en Estados Unidos (se refiere a la Conferencia Mundial sobre Alzheimer, julio de 2004).

29) ¿Cuándo te empezaste a decepcionar con el Frente Amplio y su gobierno?
En realidad yo era crítica ya cuando estaba en Suecia. Había cosas puntuales, como el envío de tropas a Haití, en las que discrepaba, pero de todos modos apoyaba. Teníamos un grupo de apoyo al Fondo Raúl Sendic y mandábamos dinero, por ejemplo, pero tenía mis ciertas dudas. Lo que pasa es que no es lo mismo estar allá que venirse a vivir acá y ver la cotidiana, sobre todo en un barrio como éste. Yo trabajo en Tres Ombúes, en Cadorna y la Cantera del Zorro y veo una realidad que es muy distinta a la que podía haber imaginado en un proyecto de izquierda. Por otro lado discrepo terriblemente con el lugar que se está dando a las Fuerzas Armadas y lo que se hace con respecto a eso. Ahora en la televisión es normal escuchar a los políticos hablando de represión, como para que nos acostumbremos. Para mí la sociedad uruguaya está yendo a una especie de fascismo, con la baja de la edad de imputabilidad por ejemplo, y es una cosa general, es un proceso donde la gente es llevada por ese camino. Y por supuesto discrepo, no es lo que yo pensé que se iba a hacer algún día si se llegaba al gobierno.


"No es fácil crecer con la certeza de que hay un grupo de personas que pueden hacer contigo y con tus seres queridos lo que quiera"


30) ¿Qué sentido tiene para vos la palabra "perdón"?
Yo no perdono. Para mí esto es una cuestión de justicia: a un delincuente hay que juzgarlo. No es un problema de perdón o no perdón, nadie tiene derecho de decir "yo te perdono" porque no es una cuestión personal. El terrorismo de Estado es algo que le sucedió a toda la sociedad, los políticos que están ahora, por más que hayan estado un montón de años presos no tienen derecho a decir "yo los perdono" y actuar en consecuencia. Porque son delincuentes, estamos hablando de violaciones, de asesinatos, de torturas, de secuestros, de crímenes muy serios y aparte hechos en nombre del Estado. Eso tiene que ser juzgado.
31) ¿No importa que hayan pasado 35 o 40 años?
No, no importa, mirá España, mirá el Holocausto judío.

32) ¿Y qué decís a los que responden a eso que los tupamaros también asesinaron y secuestraron?
Ellos estuvieron presos un montón de años en situaciones inhumanas. ¿Cómo justificamos el secuestro de niños o la desaparición de gente, o las violaciones? Hace un tiempo empezaron a surgir denuncias de compañeras que estuvieron presas y fueron violadas. En el año 83 hubo violaciones de menores de edad, y me hablan de mucho tiempo atrás. Eso es relativo porque además sucedió durante mucho tiempo. ¿Cómo va a prescribir un crimen de esa naturaleza?

33) ¿No ves avances en ese sentido?
Veo que han aparecido algunos cuerpos pero veo mucho verso en el tema. Veo que cuando había que ponerse las pilas, como por ejemplo con el voto rosado (por la anulación de la ley de Caducidad) el Frente no apoyó.

34) ¿Hay margen para una reconciliación en la sociedad uruguaya?
No, porque primero me cuestiono para qué precisamos el aparato militar que tenemos. ¿Contra quién vamos a pelear? El aparato represivo que están fortaleciendo solamente nos puede reprimir a nosotros, a los uruguayos. Y no estoy de acuerdo con eso.

35) ¿Qué pensás de Mujica?
(Piensa) Qué pregunta... pienso que fue electo por lo que él mismo a veces trata de ocultar. Si Mujica hubiera sido solo un hombre que vendía flores no habría llegado a la presidencia. Mujica fue electo por toda la historia que tiene y también por una imagen que esa historia le permitió mostrar, que es la de un hombre que mucha gente siente como un igual. Y eso es una pantalla, porque las políticas que lleva adelante... El discurso de Mujica no tiene nada que ver con la política que aplica, y además se mete en temas en los que no sabe. Creo que ahora está perdiendo mucho apoyo, porque cuando uno es incoherente durante mucho tiempo la gente empieza a pensar en muchas cosas.

36) Decime algo bueno de este gobierno.
A ver, dejame pensar... Pienso que ha intentado hacer políticas sociales pero que no funcionan como deberían. Se ha criticado mucho a la burocracia, a la puesta a dedo, al clientelismo, pero se sigue actuando así. Quizás teníamos más expectativas, pensábamos que iba a haber otro tipo de cambios más profundos.

37) ¿Qué le dirías, si te encontraras con ella, a una hija de uno de los cuatro soldados muertos por el MLN?
¿Qué le diría? Si tuviera que decirle algo... Depende de lo que me preguntara, le respondería. Yo siento que hubo errores del MLN, pero también que los que cometieron esos errores los han pagado con creces, y que esa es la diferencia fundamental. Lo pagaron ellos, lo pagó la familia y lo pagó toda la sociedad. Puedo sentir empatía con una persona que perdió a un ser querido, pero eso no justifica que hoy se tomen ciertas resoluciones, como que las personas que están presas lo estén en cárceles especiales, utilizando Internet para su propaganda, dando declaraciones. Y hablan de los viejitos de 70 años que están presos... si un hombre de más de 70 años puede dirigir un país, ¿por qué otro de esa edad no puede pagar los crímenes que cometió?



"Mujica fue electo por lo que él mismo a veces trata de ocultar. Si hubiera sido solo un hombre que vendía flores no habría llegado a la presidencia"


38) ¿Hoy sos una militante política?
No. Estoy muy interesada en el tema derechos humanos en todos los aspectos, y lo que hago es escribir y apoyar actividades puntuales que tienen que ver con los derechos humanos.
39) ¿Te gustaría volver a Suecia?
No, en este momento no, porque mi proyecto de vida es con Jorge y está acá.

40) ¿Qué vas a votar en las próximas elecciones?
No voy a votar, votaré anulado o en blanco. En las últimas no voté a ningún partido, solo la papeleta rosada.



Gerardo Tagliaferro / Montevideo Portal
Fotos de Juan Manuel López




Cumpas (así me ahorro el ”as” y el ”os”): como en toda entrevista a Veronika le quedaron palabras en el tintero. El malestar por no haber dicho algo o por haberlo dicho de manera poco clara, la llevó a escribirle esta carta aclaratoria a Gerardo Tagliaferro, quien no puso nigún inconvenientes en corregir lo que ya tenái escrito e incorporar los nuevos dichos de Vero. Por entender que la carta está muy buena y clara la reproduzco. Ustedes verán.
Por mi parte debo aclararle a Gerardo que no queda reflejada la sorna en mi acotación al márgen “fue el peor error de su vida”. En realidad estamos disfrutando  y construyendo una relación de amor con muchos y muy diferentes vasos comunicantes, por lo tanto, y modestamente, creo que no fue un error de Veronika su venida a estas arenas de Santa Catalina. Y, si ella quisiera regresar a Suecia...tal vez nos iríamos juntos.
Abrazos
Tambero


Hola Gerardo

Te hago unas líneas porque desde el martes me han estado dando vuelta en la cabeza algunos conceptos que considero importante trasmitirte con respecto a lo que hablamos, más allá de que decidas o no plasmarlos en la nota.

En primer lugar expresarte que no es fácil hablar del tema de la infancia y lo que viví en esa época en relación a la cárcel de mis seres queridos, los allanamientos, visitas y demás episodios a los que nos vimos sometidos, tampoco lo es el trasmitir todo los sentimientos que el dolor de la ausencia, la rabia y el miedo despiertan. Quienes éramos niños no elegimos participar, ni tuvimos voz ni voto en lo que pasaba, pero sufrimos las consecuencias durante mucho tiempo; ese miedo, ese dolor, ese odio y esa impotencia, formaron parte de nuestro desarrollo. No es fácil crecer con la certeza de que hay un grupo de personas que pueden hacer contigo y con tus seres queridos lo que quieran, no es fácil ser conciente de la muerte y de la tortura que sufren quienes amas, no es sencillo ver desaparecer encarcelados, exiliados y muertos a quienes te rodean y menos comprender los motivos por los que otros seres humanos son capaces de disfrutar con sádica sonrisa situaciones dolorosas y humillantes, como demasiadas veces lo viví.

Recuerdo nítidamente la desesperación, incertidumbre y angustia de mis abuelos y de mi madre como un sentimiento constante en nuestras vidas. Recuerdo también que la alternativa que muchos niños encontramos para poder soportarlo fue mostrarnos duros, manejar los sentimientos para no aparecer débiles frente a quien sin lugar a duda eran nuestros enemigos, apretar los dientes mientras te manoseaban e incluso desnudaban antes de una visita sabiendo que no se justificaba, ya que ni siquiera podrías tocarle la mano a tu padre, porque lo veías con un tejido de alambre, rejas, perros y milícos de por medio. Te endurece reprimir el llanto a los ocho, nueve, diez… años, durante doce o trece años para no causar a quienes ya sufren prisión y tortura más preocupaciones y dolor del que ya tienen, para no mostrarde debil frente a quienes te quieren ver derrotado. La mayoría de los que vivimos esa situación tenemos dificultades para expresarlo verbalmente, los niños de entonces fuimos víctimas inocentes durante muchos años.

La primera vez que hablé públicamente del tema fue en el Mume, en la charla “Gurisada en resistencia” e incluso allí elegí hablar poco y leer un texto de “Un lugar sin duendes” (mi último libro que en parte se refiere a este tema). Es mucho más fácil describir y trasmitir esos sentimientos a través de la poesía, que incluso me cuesta leer en público.

Olvidé contarte que en nuestro núcleo familiar no solo estaba preso mi padre, también lo estaban sus dos hermanos, mi tía era en ese entonces menor de edad y fue enviada primero al Consejo del niño. Como tu bien sabes ese tipo de situaciones donde varios miembros de una familia estaban presos eran muy comunes, pero creo que es bueno explicitarlo.

Otra cosa que no nombré y puede ser importante es que en el año que vivimos en Minas, cuando apresaron a mi madre y a mi tía que había sido recientemente liberada, nos intentaron secuestrar a mi y a mis hermanos, nos llevaron apuntándonos en la cabeza hasta la casa de mi recién fallecida bisabuela. Allí nos esperaba una tía abuela materna, suegra del entonces teniente coronel Galarza, que fue quien las denunció para que las llevaran presas. Ella nos encerró bajo llave sin siquiera dirigirnos la palabra, por un lado a mi hermana de cinco años y por otro a mi hermano y a mi, en ese momento nos pasaron mil cosas por la cabeza y no sabíamos que nos esperaba. Dieter y yo logramos escaparnos rompiendo la ventana y llamamos por teléfono a mi abuela que vino desde Montevideo. Los diez años los cumplí bajo esas circunstancias, ese relato aparece en uno de los libros escritos por Oscar López Goldaracena. Existieron en nuestra infancia varios episodios de mucha violencia, éramos terriblemente vulnerables y los milicos lo sabían, proyectaban sobre nosotros el odio que sentían hacia los “subversivos“ que encarcelaban, nosotros aprendimos a ser concientes de eso.

Este tipo de situaciones y también peores las vivieron un montón de niños y niñas en nuestro país durante años, así crecimos, sin embargo no queremos venganza, queremos justicia, tenemos derecho a ella. Como he dicho muchas veces; esto no se acaba cuando se mueran los “viejos”, la teoría de los dos demonios es un invento político, una gran mentira.

Posiblemente por ser muy conciente de lo que pasó y del precio que todos pagamos por ello, probablemente por haber crecido con el cuerpo del otro lado de las rejas, pero con la cabeza y los sentimientos “enrejados”, por haber vivido el peregrinaje de los rehenes por los cuarteles de nuestro país y por haber sentido en carne propia el sufrimiento como familia, es que me parece injustificable la posición de los ex rehenes que están en el gobierno en cuanto a los Derechos Humanos, los militares y la justicia. Evidentemente fue un error esperar más de ellos que de los políticos tradicionales y vivirlo ha sido una de las desilusiones y dolores más grandes. Hemos pasado por demasiadas cosas como para conformarnos con cuentos, demasiadas familias destruidas, demasiados lazos entre padres e hijos rotos o dañados para siempre, demasiados hijos que nunca tuvieron siquiera la oportunidad de intentarlo, demasiados compañeros dejaron sus vidas en la lucha por cambios sociales profundos como para ver a expresos defendiendo y justificando a verdugos y asesinos, como para escucharlos hablar de perdón y reconciliación. Demasiado bien sabemos de lo que son capaces las FFAA como para mirar para otro lado, y por si fuera poco lo comprobamos cada 20 de mayo en un silencioso peregrinar lleno de ausencias.

Esta poesía, una de las primeras que escribí explorando sentimientos de esa época, fue publicada en una antología poética en España y creo que trasmite sentimientos que ningún niño debería haber sentido ni sentir jamás.

Gracias por todo

Surco

Herida, surco, grieta del alma
dolor, duele y sangro un líquido espeso
que por mis venas viaja
mata cuando pasa
el corazón estalla mustio, sordo, mudo.
Veo a la niña, me veo
yo soy ella, pero no es cierto
lloro a mares por dentro
ella también llora
un llanto seco que araña el pecho
y me hunde en silencioso grito.
Desespero por tocar tierra
por evitar el vuelo y la caída
que me tira hacia lo profundo
donde no me encuentro
donde me pierdo triste
en mi tristeza buena
mi compasión ridícula
mi condena.
Incapaz de salir a flote
de pelear esta guerra
enfrentando la batalla con mi pasado
con mi soberbia
esta ponzoña, este veneno
que alimenta mi insuficiencia
con aspereza, con prematura muerte.
Duelo de muertos vivos
no se escuchan ni entienden
se desesperan
viven en mí
pero es quimera.



Veronika Engler