Guerra…, ¿o terrorismo de estado?

 Guerra…, ¿o terrorismo de estado?

 

En esta nota voy a cambiar la actitud impersonal y objetiva que he tratado de mantener en mis escritos anteriores. Voy a escribir en primera persona y a referirme a cuestiones personales.
Muy recientemente, dos compañeros a los que aprecio reaccionaron ante una crítica mía a un escrito en el Facebook del segundo de ellos tratándome el primero de “alcahuete” y “foca tapada” y el otro denunciándome por presuntas ilicitudes. Este último tiene en las redes sociales un grupo de adherentes que hasta lo califica literalmente de “ídolo”.
Preferimos no agredir con pullas indignas al congénere que  se sabe que no va a responder con las mismas, y dejar los insultos, si es que alguna vez se utilizan, para el contacto personal, donde se necesita más del valor que el que se limita a oprimir el teclado de un celular o de una computadora amparándose detrás del Facebook, por ejemplo. Tampoco creemos en los “batidores” y estimamos que las denuncias hay que realizarlas de tres maneras:
1 En la seccional policial más cercana
2 En el juzgado penal correspondiente
3 En forma personal
Para las dos primeras, creo que se necesitarían pruebas, aunque no somos expertos, pero para la tercera se necesitan otra clase de elementos probatorios.
Si es que la intención era apenarme, puedo decir que fue completamente lograda.
A mí me gustaría estar de acuerdo con lo que afirma quien escribió esas líneas, pero lamentablemente éstas contienen los siguientes errores, que no puedo dejar de señalar:
1. El robo de armas del club Tiro Suizo no fue en el 1962, sino en el 1963
2. En esa época el MLN-Tupamaros no existía, pues fue fundado en 1965. Los que realizaron la acción del Tiro Suizo fueron los Tupamaros del Coordinador, que sí existía en 1963 abarcando a todos los movimientos representados en los medios por el diario Época, y puestos fuera de la ley por Pacheco en 1967 al asumir la presidencia cuando la muerte del presidente electo  (Óscar Diego )Gestido.
3. Ese robo fue un escruche, es decir un robo sin presencia del objeto, o sea que ni siquiera fue un asalto, como por ejemplo el asalto al cuartel Moncada, en Cuba 
o ni siquiera una rapiña común.

4. Mal pudo entonces declarar ninguna guerra un MLN-T que no existía entonces.

5. Está demostrado, y esto es fundamental para rebatir la teoría de los dos demonios, que no existió ninguna guerra, sino terrorismo de estado ejercido por las fuerzas represivas contra todos los sectores populares como socialistas, anarquistas, comunistas, maoístas, guevaristas, cristianos de izquierda, y aun sindicatos, cosa que está claramente demostrada en la Investigación Histórica sobre Dictadura y Terrorismo de Estado, obra dirigida y editada por la Universidad de la República, que está al alcance de todo público, por ejemplo en internet y en bibliotecas públicas. Esta obra es exhaustiva y abarca tres gruesos volúmenes totalmente fundamentados por sus autores.
Los compañeros agresores pueden contar en este caso con mi defensa a todo precio por su derecho a expresar sus ideas, aunque yo discrepe con ellas, y asimismo con mi sangre ya sea para defender este su derecho como literalmente en el caso de una emergencia. Ellos lo merecen porque fueron de aquellos que reaccionaron frente a la dictadura legal de Pacheco Areco por medio de lo único posible en ese caso: la resistencia activa. Solamente la brutal torpeza política del ex boxeador pudo causar el reclutamiento masivo que tuvieron todos los movimientos de acción directa, en particular el mayor de ellos, el MLN-T.
Cualquier otro político con una cierta dosis de olfato habría negociado cambiando armas por retorno a plenas libertades constitucionales, eliminación de las Medidas Prontas de Seguridad y otras medidas represivas y habría obligado a dichos movimientos a hacer concesiones, puesto que su reclutamiento provino de esos años en más del 90%.

Aun las Naciones Unidas
reconocen el derecho de los pueblos bajo ocupación de resistir con todos los medios a su alcance. En el caso de una dictadura, aunque ésta sea constitucional, también lo único posible para los seres humanos con dignidad, es resistir, no tolerar la opresión.

Recordemos, por ejemplo, que el gobierno nazi de Alemania de la década del ´30 hasta su caída en el ´45 fue constitucional y legal, aunque arrasó los derechos humanos de minorías importantes como socialistas, gitanos, judíos y eslavos, llegando hasta la exterminación en masa de éstos en horrendos campos de concentración y exterminio.
Mi vida y la de otros compañeros estaba en manos de ellos, así como la de muchos otros en mis manos y dependía de mi silencio, así como mi vida del suyo.
Por eso sigo sosteniendo mi respeto  y mi cariño por ellos. Tampoco soy Jesús, para poner la otra mejilla; podemos llegar a las manos si se cuadra en alguna circunstancia, sin que esto, sin embargo, tenga que empañar el respeto y el cariño mencionados antes.
Pero no creo, sin embargo, que mi discrepancia con el escrito de ese compañero sea la causa profunda de los epítetos y ataques de ellos contra mi persona.
Ésta es poco importante en un contexto fundamentalmente esencial; tampoco creo que justifique su saña irracional.

Afirmar que hubo guerra es inscribirse en la línea de la nefasta teoría de los dos demonios, que es esgrimida por los milicos criminales para justificar sus transgresiones horrendas, las violaciones, torturas, ejecuciones de gente indefensa, el robo de niños pequeños, las desapariciones dejando a los familiares sumidos en la desesperanza y la incertidumbre…todo esto amparados por todo el poder económico y material del estado y recibiendo sueldos jugosos por realizarlas, frente a una generación joven de idealistas que luchaban a riesgo de su libertad, sus bienes materiales y hasta su vida y que, de hecho,  pagaron con tortura, prisión y ostracismo el pecado y la osadía de enfrentarse a la opresión.
No hay guerra por la sola voluntad de un grupo limitado, aunque la hubiera declarado voluntariamente, cosa que hasta es muy discutible. Es lo mismo que decir que haya habido guerra entre la poderosa maquinaria bélica de los nazis y los judíos, por más que un grupo de éstos haya tratado infructuosamente de defenderse, por ejemplo, en el Gueto de Varsovia; fue exterminio, holocausto, igual que lo que hicieron las bárbaras hordas militares que arremetieron contra las organizaciones populares antes y durante la dictadura que sufrió nuestro pueblo.

Pero la cuestión penetra aun más profundamente: mi criterio sigue siendo el de considerar enemigos fundamentales de los movimientos populares a la oligarquía, aliada del imperialismo y a su brazo armado, las fuerzas represivas que son las que defienden los privilegios de la primera en última instancia, tal como lo declaró Mujica en su defensa en un discurso pronunciado en Durazno hace  unos años.
Si bien estoy en desacuerdo con el frenteamplismo, más con sus gobiernos que con su fuerza política, considero que es fundamental enfilar la artillería contra el enemigo principal dejando para aquel la retórica secundaria.
En todas las publicaciones(blogs) que edito pienso mantener este criterio; no voy a seleccionar notas que elogien a los militares, ni siquiera por saña contra el frenteamplismo. Los hoplitas tienen no sólo prensa apologética de sobra, sino que siguen contando con el apoyo del estado y con las rapiñadas durante la dictadura marina mercante, parques nacionales, meteorología y aviación civil sin que ningún gobierno se las haya cuestionado, así que de lo que se trata en medios sociales populares es de lo contrario, o sea de aclarar su rol antipopular y sus crímenes en defensa de los privilegiados de la sociedad.


He leído últimamente argumentos contra la campaña por el desafuero del ex comandante en jefe del ejército, Guido Manini Ríos. Sin embargo, este pedido se refiere nada menos que a que este militar ocultó a la justicia las declaraciones de José Nino Gavazzo sobre la tortura y la desaparición de Roberto Gomensoro, mutilado y lanzado al embalse de la represa de Rincón del Bonete, que es una cuestión importante. 

Los argumentos de que el movimiento popular contra la impunidad está siendo utilizado por la fuerza política frenteamplista puede ser fácilmente revertido; ¿no será posible y legítimo utilizar a ésta para apoyar la lucha por justicia y memoria?

Ricardo Ferré
Setiembre de 2020

Los papeles de Norma Arrostito en la ESMA

 Los papeles de Norma Arrostito en la ESMA



4-09-2020 | Reportaje destacado, Reportajes, Último Reportaje

7 de septiembre, Día del Montonero

La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió, Jorge Luis Borges, “Pierre Menard, autor del Quijote”, uno de sus cuentos en  Ficciones.

Su intervención en el “ajusticiamiento” del ex dictador Pedro Eugenio Aramburu, el 1 de junio de 1970, la hizo celebre. Posteriormente la calificó de “obra maestra de la propaganda armada”, en un escrito ante los verdugos de la ESMA. Su pareja, Fernando Abal Medina, fue uno de los responsables de ese asesinato político, abatido el siguiente 7 de septiembre en la localidad de William Morris, junto con Gustavo Ramus, otro de los participantes en el mortal evento. Como evocación de los mártires, la formación guerrillera decidió instaurar el 7 de septiembre, Día del Montonero. Compartí cautiverio con Norma Arrostito y rendí cuentas sobre su detención secreta y envenenamiento, ocurrido el 15 de enero de 1978 en la ESMA. Memoria y documentos.

Norma Esther Gaby Arrostito, fue capturada el 2 de diciembre de 1976 en las afueras de Buenos Aires por militares que actuaban desde la ESMA. Sus victimarios fraguaron en la prensa que había perecido en un enfrentamiento, sello espantoso de su destino, mientras ella continuaba secuestrada en la siniestra dependencia naval. Tenía 36 años. Concluidos los interrogatorios, fue uno de los trofeos ahí detenidos a quien los represores solicitaron que escribiera sobre su experiencia militante. Supe que había redactado una crónica tecleando en una maquina de escribir portátil, según trasluce la desfalleciente fotocopia adjunta de hace más de 40 años. Lo hizo en una minúscula celda, que en 1977 estaba contigua a la mía. Eran cuartuchos de aglomerado verde oscuro, púdicamente denominados camarotes. El de ella lo improvisaron entre paredes descascaradas, al confín del tercer piso del Casino de Oficiales de la ESMA, con una ventana tapiada tal vez dando al Río de la Plata. La única puerta solo se abría desde afuera.

Al final del relato, indicó la fecha del 21 de diciembre de 1976. Los 29 folios, incluyendo el indice, salieron de la ESMA subrepticiamente en 1978, en torno al relevo de Eduardo Emilio Massera por Armando Lambruschini al frente de la Armada, concretado el 15 de septiembre de ese año. En efecto, los escondió entre sus pertenencias una sobreviviente al ser liberada por los marinos, probablemente en días cercanos a mi liberación hacia agosto de 1978. Para entonces, la sentencia contra Arrostito ya había sido cumplida. Sin embargo, esa compañera de cautiverio recién compartió el documento conmigo en los años 90, cuando pude regresar al país en visita.

No tengo dudas sobre su autenticidad. Queda claro que no lo escribió para congraciarse con los milicos, ni para adecentarse. El contenido, por momentos feroz, a veces implacable, es susceptible de engendrar simpatía, o disenso, total o parcialmente. En definitiva, me resulta un mensaje póstumo conmovedor de una gran mujer, sobre los aciertos y errores de los Montoneros, organización que la contó entre sus fundadores y lideres. Arrostito no reniega ni se disculpa de su pasado, toda vez que aportó claves para entender lo acontecido a un sector importante de la juventud argentina que asumió el peronismo y arriesgó la vida en la lucha revolucionaria armada. Al pie se lo ofrece tal cual, sin corregir sus faltas de ortografía, nombres o apellidos, perdurando algunos pasajes ilegibles, deteriorados por los estragos del tiempo.

El motivo alegado por los militares para justificar esas “declaraciones voluntarias”, que reclamaban de las víctimas de la represión ilegal era “conocer mejor al enemigo”. Por el contrario, para los secuestrados constituía una oportunidad que habilitaba la reflexión sobre la experiencia política vivida. A resultas, era factible poner en crisis el discurso oficial de las Fuerzas Armadas, y apuntar a desmentir las presuntas intencionalidades malsanas que atribuían a los grupos armados peronistas, tildados de “subversivos” y “terroristas”. Con todo, podía intentarse quitarle legitimidad al discurso de la represión, ante la magnitud de los crímenes que cometían. En la intimidad personal de las víctimas, se les facilitaba una ocasión para ejercer la critica y la autocrítica, y de ese modo afirmar sus convicciones ante la incertidumbre del futuro.

Norma Arrostito fue un ejemplo de dignidad. Me consta. Sus papeles postreros, así lo acreditan. El lector podrá hacerse su propia idea a partir del documento que se acompaña, con el cual, reitero, es factible disentir, o manifestar aprobación. Su gesto siempre me pareció un acto de valentía, coherente con su compromiso político, que aporta información relevante y personalizada sobre la génesis de una de las vertientes de las “formaciones especiales” del peronismo en la Argentina. Enumera cronológicamente a continuación su apogeo, las relaciones con otras organizaciones, fusiones y disidencias. Avizora el inicio de la derrota tras el malogrado enfrentamiento con Perón, y la fuga hacia adelante de la conducción montonera. De aquella coyuntura solo omite la valoración y consecuencias del homicidio político del Secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT), José Ignacio Rucci, el 25 de septiembre de 1973, tal vez la prueba que confirma la hipótesis que lo llevaron a cabo de forma anónima las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), poco antes de la integración en una sola y única organización político-militar Montoneros, el 12 de octubre de 1973. Había antecedentes de esa conducta. Autores desconocidos que no respondían a una organización asumida públicamente, genéricamente originarios de la resistencia peronista, leales al General Juan Domingo Perón, exiliado en España, ultimaron precedentemente por “traidores” a otros dos sindicalistas que dirigieran la CGT: Augusto Timoteo Vandor (30/6/1969) y José Alonso (27/8/1970).

Conviene recordar que los actos de violencia anteriores al retorno de la democracia en 1973 a los que eran convocados a pronunciarse por escrito los detenidos en ese centro clandestino de detención, fueron amnistiados en mayo de dicho año por el Congreso de la Nación. Debo mencionar que el de Arrostito no fue el único documento de esa naturaleza que existió en la ESMA, pero solo ese llegó a mis manos. Supe que hubo otros en tal corto lapso, obra de compañeros de cautiverio a los que los represores les otorgaban particular representatividad en las experiencias de las (FAR), Descamisados, y Juventud Peronista. Nunca tuve ni conocí esos otros papeles, y quizá correspondería a sus autores, conjeturalmente aún vivos, eventualmente darlos a conocer, salvo que existan archivos militares que faltan todavía descubrir.

Al propio tiempo, la presente publicación propone en el Anexo a modo de complemento, el original sin correcciones, de un perfil de Norma Arrostito, en sus horas finales, que escribí en 1984, y publiqué hace 20 años en la segunda edición de mi libro Montoneros final de cuentas. En tal recordatorio de las jornadas de su existencia cotidiana en tanto secuestrada pese a haber sido ya dada por muerta, no figura la propuesta que ella le formulara al patrón de la ESMA, el contralmirante Ruben Jacinto Chamorro, a tenor de la confidencia que me hiciera en alguna de mis esporádicas visitas a su camarote para tomar mate. Allí me reveló que el dueño de la ESMA declinó su predisposición de realizar una conferencia de prensa y exhortar a los Montoneros a asumir la derrota, y desengancharse de la organización. Gaby me contó que Chamorro le replicó que si los montoneros se desvinculaban de la estructura, los militares no podrían finiquitar el aniquilamiento, porque para lograrlo necesitaban que todos los militantes  permanecieran aferrados a la Conducción Nacional. Ese contralmirante afirmaba que el desmantelamiento final de la organización se produciría mediante confesiones arrancadas bajo tormentos a los militantes que fueran detenidos en la ESMA.

Dicho todo esto, no puedo dejar de mencionar, siempre en 1978, la exhumación de un documento de similar naturaleza. Fue asimismo producido en la ESMA por Jorge Caffatti, en relación a su intervención en las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), y el secuestro en París contra pago de rescate, del dirigente de FIAT, Luchino Revelli Beaumont, el 13 de abril de 1977. Esos documentados episodios dieron lugar a un libro ulterior de mi autoría, fruto de una investigación periodística complementaria que fue avalada por numerosos testigos, familiares y sobrevivientes. Caffatti desapareció en la ESMA el 18 de septiembre de 1978, siendo “trasladado” a la muerte el 26 de noviembre de ese mismo año. (1)

Juan Gasparini, periodista, sobreviviente de la ESMA, autor de Montoneros final de cuentas, Estela Eterna, 2019.

(1) Manuscrito de un desaparecido en la ESMA El libro de Jorge Caffatti, Grupo Editorial Norma,  Buenos Aires, 2006.

 


 

Archivos relacionados a este reportaje

> Texto dactilografiado por Norma Arrostito en la ESMA, el 21 de diciembre de 1976.

> Testimonio de Juan Gasparini sobre Norma Arrostito en cautiverio, 1984.

> Anuncio de prensa fraguado por los militares dando por muerta a Norma Arrostito, cuando estaba viva en la ESMA, « La Opinión », 4 de diciembre de 1976.

4 de diciembre, sábado: LOMAS DE ZAMORA.- El Comando de la Zona I informa que, como resultado de las operaciones contra la subversión en desarrollo …fuerzas conjuntas llevaron a cabo un procedimiento el día 2 de diciembre, siendo aproximadamente las 21 en M. Castro y Larrea, Lomas de Zamora. Como consecuencia del mismo fue abatida la delincuente subversiva Norma Esther Arrostito (a) «Gaby» quien era una de las fundadoras y cabecillas de la organización declarada ilegal en 1975″ (Montoneros). Según testimonios de vecinos del lugar, numerosos hombres vestidos de civil, acompañados por soldados llegaron a las 21 del jueves a la calle Larrea al 400, precisamente entre Hipólito Yrigoyen y M. Castro. Aparentemente conocedores de que en algún momento pasaría por allí la extremista buscada, los efectivos que se movilizaron en varios automóviles, se apostaron estratégicamente en la cuadra: zaguanes, techos e inclusive una obra en construcción. La espera no se prolongó, aprox. a las 22,15, la extremista apareció caminando por la vereda de los números pares según algunas versiones acompañada por un hombre. Al llegar al frente del 470, largo paredón de ladrillos y el acceso a un taller mecánico, las fuerzas de seguridad dieron orden de detención. Según tales versiones la mujer intentó entonces abrir su cartera para extraer algo, que, como se comprobó que era una granada, cayó acribillada, y la granada estalló casi simultáneamente. Los vecinos que afirmaban la presencia de un acompañante de Norma Esther Arrostito, indicaron que también él resultó alcanzado por los proyectiles, pero quedó con vida, para la agencia NA esta hipótesis aparece robustecida por el hecho de que «poco después de registrado el tiroteo se hicieron presentes en el lugar dos ambulancias, en una de las cuales fue transportado el cadáver de la extremista».

ENERGÚMENOS - Jorge Zabalza

ENERGÚMENOS

Al declarar ante sus cómplices, Gilberto Vázquez aprovechó la oportunidad y les recordó que estaba encarcelado por crímenes cometidos por todos.
Mientras los generales disfrutaban su buen pasar, el asesino la pasaba mal en Domingo Arena: “deben protegerme o los mando en cana”. Quisieron que se callara la boca, pero el muy energúmeno continuó con la lista de las aberraciones, recordándoles a los del tribunal de honor que la política de exterminio y el plan cóndor no eran inspiración de unos pocos. “Todos somos asesinos”, parecía sentenciar, parafraseando el título de la inolvidable película de André Cayatte.

No le busquen más vueltas, a Gilberto no le interesaba que se supiera la Verdad, lanzaba sus dardos contra los mandos porque los quería chantajear. Alguna tajada habrá sacado, pero, para saber su monto, habrá que esperar que se descubran nuevas verdades ocultas. Parece mentira, pero la Verdad quedó comprobada gracias a una vulgar rencilla carcelaria entre delincuentes.
Escribir sobre este escándalo no es nada fácil. Revuelve las entrañas,
pero, no de horror, sino de bronca e impotencia. El acta con las declaraciones del energúmeno reconfirma que los crímenes aberrantes obedecieron a una política sistemática de las fuerzas armadas, cuyos mandos ocultaron y ocultan toda la información al respecto. ¿Cómo hacer para que revelen la Verdad y se haga Justicia?
Nadie ignora la responsabilidad de la institución armada, pero, hay genios de las maniobras “políticamente correctas” que apostaron a que el pasaje del tiempo trajera el olvido de unos y el perdón de los otros. Querían convencer a sus fieles de que la cuestión se resolvería por sí sola al morir los verdugos y las víctimas. Sin embargo, aunque de coronel para arriba ya murieron casi todos los culpables, estas actas confirman que la paz solamente llegará cuando se sepa toda la Verdad. El asunto no se resuelve sólo entre verdugos y verdugueados, porque la barbarie intentó esclavizar el pueblo entero. Los efectos del terrorismo no están solo en los costurones que uno lleva en la piel y en el corazón. Asumir el ministerio de defensa el 1° de marzo de 2005 no era sencillo, más aun, siendo civiles, frenteamplistas y comprometidos con la Verdad y la Justicia. Cayeron, como peludo de regalo, a una institución en manos del terrorismo de Estado, donde predominaba su modo de interpretar la realidad y la historia reciente. El universo dividido en amigos y enemigos, los militares eran más leales a la doctrina de seguridad nacional que a las autoridades civiles. Fue el legado que dejó el general Medina, desacatos y amenazas al por mayor.
Un imperativo ético obligaba a los intrusos civiles, debían horadar muralla de impunidad que protegía a los criminales. Afectase a quien afectare.
Provocase la reacción que fuera. Con ese impulso moral, la compañera Azucena logró descubrir, en el año 2007 los más de 14.000 documentos del titulado “archivo Berruti”, que estaban escondidos en el ex CGIOR, ex Escuela de Inteligencia del Ejército. Abrirlos al conocimiento público era el modo más directo de quebrar la cultura de la impunidad dentro y fuera del ministerio, de demostrar que la Verdad no era un mito sino realidad oculta.
Sin embargo, después que Azucena renunció al ministerio debieron pasar más de 10 años para que el contenido de los archivos quedara librado al conocimiento del público. ¿Fue una especie de frenazo, un anticipo de la voltereta que dio Fernández Huidobro como ministro? Es inexplicable que un gobierno progresista haya mantenido en carácter de reservados documentos tan esclarecedores de la Verdad. Los periodistas debieron reemplazar a los gobernantes omisos en el deber de informar a la población.
Tampoco convencen esas explicaciones de “no tengo conocimiento,
porque los militares debían informarme y no lo hicieron”. Denota mucha pasividad. El hecho evidente es que los militares, hipotéticamente subordinados del poder civil, les pasaron por el moño las actas con las confesiones de Gilberto. ¿Dónde está la responsabilidad individual del militante? ¿no se debería haber estado mucho más alerta cuando se trataba de tamaño energúmeno? ¿no debían haber leído y releído hasta descifrar el significado de cada punto y coma? ¿o, simplemente, se conformaron con homologar los expedientes que los coroneles pusieron para la firma?
En el segundo gobierno del Frente, Luis Rosadilla y Eleuterio Fernández rindieron sin condiciones el imperativo ético. Culminación bizarra de la derrota de la Verdad, se convirtieron en un engranaje más de la maquinaria burocrática de impunidad, abogados honorarios y voceros de los criminales con los que bebían whisky. Se pasaron los principios por allá abajo. Para que esta historia Nunca Más se repita debe ser la madre de todas autocríticas: ¿qué apoyos fueron necesarios para defraudar la confianza de los que marchan cada 20 de mayo?
Por cierto, si se elude la reflexión sobre las condiciones en que la
impunidad se va imponiendo, se seguirán alimentando aves de rapiña y, el día menos pensado, los cuervos nos comerán los ojos. Las cosas deben quedar en blanco y negro, como la tropilla de la muerte.

Jorge Zabalza




— ¿Vos sos Astiz?

 — ¿Vos sos Astiz?

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Las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, llamadas "Las mojas voladoras" porque las tiraron al mar desde un avión

—Sí, ¿vos quién sos? —le contestó el hombre con desdén, mirando de costado y vestido con ropa de esquí, frente a una parada de ómnibus.
—Vos sos un hijo de puta que todavía tiene cara para andar caminando por la calle —le respondió irritado Alfredo Chávez. Diecisiete años antes había sido liberado del centro clandestino El Vesubio, en Buenos Aires, luego de pasar ocho meses secuestrado y desaparecido, torturado y con grilletes en sus pies, a sus 19 años. Ahora vivía en Bariloche junto a su familia, y esa mañana fría de invierno de 1995 no podía creer tener a mano a uno de los genocidas de la dictadura, fácilmente reconocible por cualquiera.
Muchas veces se había preguntado qué haría y cómo reaccionaría si un día, de casualidad —como ahora— tuviera delante suyo a uno de estos criminales, que tanto recordaba.
Chávez volvía de llevar a sus hijas a la escuela cuando lo vio parado en una esquina céntrica de la avenida Bustillo, la que lleva al Llao Llao. Pasó por allí dos veces con su vieja camioneta, hasta asegurarse que fuera él. Era.
Se bajó con el auto en marcha y caminó nervioso hasta tenerlo enfrente.
///
El ex oficial de la Marina no atinó a frenar la primera trompada de Chávez. Le estalló en el medio de la cara. Astiz trastabilló y Chávez aprovechó para avanzar sin perder tiempo y volver a golpearlo, una y otra vez, con furia. Cada trompada iba a cuenta de algún compañero desaparecido. Recuerda que fue una catarata de golpes y patadas, y que le parecieron una eternidad. “Fue un desahogo, los criminales en la calle eran un clavo en el zapato, había que hacer algo”, contó más de una vez.
Astiz consiguió incorporarse y arrastró a su atacante hasta la mitad de la avenida. Los autos se detenían a observar la pelea. Chávez alcanzó a meterle los dedos en los ojos mientras lo insultaba desaforado. Hasta que un amigo que pasaba por allí bajó de su auto y lo separó. “Pará Chaveta, déjalo, déjalo”.
///
Ensangrentado y en el piso, Astiz no atinaba a salir del aturdimiento mientras escuchaba sos un cobarde, vos y tus compañeros, se cagaron en las patas frente a los ingleses sin ofrecer resistencia, asesinaste adolescentes por la espalada, secuestraste monjas y Madres para tirarlas vivas al mar, basura, criminal.
Hasta que Chávez se cansó de humillarlo y su amigo se lo llevó, sacándolo de escena.
“Por gente como vos el país anda como anda”, fue lo único que atinó a decir desde el piso el hombre estrella de los grupos de tareas de la Marina. “Ese país” era el que en esos años tenía impunidad absoluta para todos ellos. El tiempo de la nulidad del Punto Final y la Obediencia Debida, el de los crímenes imprescriptibles, el de los vergonzosos indultos presidenciales.
Astiz, tambaleando, regresó al hotel donde se alojaba, acompañado de su novia. Era el Hotel Islas Malvinas, una mueca de la historia. Quedó “guardado” dos días, luego regresó a Buenos Aires en micro, de incógnito. Presentó una denuncia en la Justicia que no prosperó. Era la primera vez que ocurría algo así con un símbolo de la represión más brutal.
El episodio protagonizado por Luis Alfredo Chávez tomó vuelo mediático de inmediato. A pesar de la discreción que prefirió mantener (la televisión lo entrevistó pero de espaldas a la cámara) Hebe de Bonafini lo convenció de hacerlo público. Bautizaron el hecho como “La Piña de la Dignidad”. Llegó a conmemorarse durante años, cada setiembre, y hasta con recitales de La Renga en vivo.
Finalmente, llegó el tiempo de la decisión política de avanzar con los juicios y por ende con las condenas de lesa humanidad, sin que ocurriese en el país (hasta donde yo recuerde) un episodio similar.
El hombre que en los años más tenebrosos llegó a infiltrarse entre las Madres con nombre falso, el que marcó como Judas a los doce familiares de la iglesia de la Santa Cruz, el “valiente” que se rindió en Malvinas sin disparar un solo tiro, recibía hace tres años su segunda condena a cadena perpetua en la megacausa Esma. Mientras tanto, Dagmar Hagelin continúa desaparecida, al igual que –entre otros miles– las dos monjas francesas, Alice Domon y Léonie Duquet (foto).
Hoy se cumplen 25 años de aquella piña impiadosa –y pertinente– en el Sur.

Tomado de la cuenta de Facebook de Jorge Davison

QUERIDA ROSA...

 El asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, 

hubo una vez una revolución en Alemania

David Arrabalí 

Fuentes: Mundo Obrero

La noche del 15 de enero de 1919 en Berlín, fue detenida Rosa Luxemburgo: una mujer indefensa con cabellos grises, demacrada y exhausta. Una mujer mayor, que aparentaba mucho más de los 48 años que tenía. Uno de los soldados que la rodeaban, le obligó a seguir a empujones, y la multitud burlona y llena […]

La noche del 15 de enero de 1919 en Berlín, fue detenida Rosa Luxemburgo: una mujer indefensa con cabellos grises, demacrada y exhausta. Una mujer mayor, que aparentaba mucho más de los 48 años que tenía.

Uno de los soldados que la rodeaban, le obligó a seguir a empujones, y la multitud burlona y llena de odio que se agolpaba en el vestíbulo del Hotel Eden le saludó con insultos. Ella alzó su frente ante la multitud y miró a los soldados y a los huéspedes del hotel que se mofaban de ella con sus ojos negros y orgullosos. Y aquellos hombres en sus uniformes desiguales, soldados de la nueva unidad de las tropas de asalto, se sintieron ofendidos por la mirada desdeñosa y casi compasiva de Rosa Luxemburgo, «la rosa roja», «la judía».

Le insultaron: «Rosita, ahí viene la vieja puta». Ellos odiaban todo lo que esta mujer había representado en Alemania durante dos décadas: la firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo, el antimilitarismo y la oposición a la guerra, que ellos habían perdido en noviembre de 1918. En los días previos los soldados habían aplastado el levantamiento de trabajadores en Berlín. Ahora ellos eran los amos. Y Rosa les había desafiado en su último artículo:

«¡El orden reina en Berlín! ¡Ah! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro orden está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror asomará en vuestros rostros al oírle anunciar con todas sus trompetas: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!».

La empujaron y golpearon. Rosa se levantó. Para entonces casi habían alcanzado la puerta trasera del hotel. Fuera esperaba un coche lleno de soldados, quienes, según le habían comunicado, la conducirían a la prisión. Pero uno de los soldados se fue hacia ella levantando su arma y le golpeó en la cabeza con la culata. Ella cayó al suelo. El soldado le propinó un segundo golpe en la sien.

El hombre se llamaba Runge. El rostro de Rosa Luxemburgo chorreaba sangre. Runge obedecía órdenes cuando golpeó a Rosa Luxemburgo. Poco antes él había derribado a Karl Liebknecht con la culata de su fusil. También a él le habían arrastrado por el vestíbulo del Hotel Eden.

Los soldados levantaron el cuerpo de Rosa. La sangre brotaba de su boca y nariz. La llevaron al vehículo. Sentaron a Rosa entre los dos soldados en el asiento de atrás. Hacía poco que el coche había arrancado cuando le dispararon un tiro a quemarropa. Se pudo escuchar en el hotel.

La noche del 15 de enero de 1919 los hombres del cuerpo de asalto asesinaron a Rosa Luxemburgo. Arrojaron su cadáver desde un puente al canal. Al día siguiente todo Berlín sabía ya que la mujer que en los últimos veinte años había desafiado a todos los poderosos y que había cautivado a los asistentes de innumerables asambleas, estaba muerta. Mientras se buscaba su cadáver, un Bertold Brecht de 21 años escribía:

La Rosa roja ahora también ha desaparecido.
Dónde se encuentra es desconocido.
Porque ella a los pobres la verdad ha dicho
Los ricos del mundo la han extinguido.

Pocos meses después, el 31 de mayo de 1919, se encontró el cuerpo de una mujer junto a una esclusa del canal. Se podía reconocer los guantes de Rosa Luxemburgo, parte de su vestido, un pendiente de oro. Pero la cara era irreconocible, ya que el cuerpo hacía tiempo que estaba podrido. Fue identificada y se le enterró el 13 de junio.

En el año 1962, 43 años después de su muerte, el Gobierno Federal alemán declaró que su asesinato había sido una «ejecución acorde con la ley marcial». Hace sólo nueve años que una investigación oficial concluyó que las tropas de asalto, que habían recibido órdenes y dinero de los gobernantes socialdemócratas, fueron los autores materiales de su muerte y la de Karl Liebknecht.

Aniversario del asesinato de la luchadora social alemana Rosa Luxemburgo

Miles de personas participaran en la marcha en homenaje a Rosa Luxemburgo, la «Rosa Roja», en Berlín

David Arrabalí. Mundo Obrero

El mes de enero suele ser una de las fechas más esperanzadoras para todos aquellos alemanes que aún creen en una alternativa izquierdista al actual sistema neoliberal. Hasta el próximo 15 enero se celebrará la ya tradicional conferencia internacional «Rosa Luxemburg» que finalizará con la manifestación que ese día recorrerá, en honor de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, las calles de Berlín camino del «cementerio de los socialistas».

Esta manifestación a la que en año pasado asistieron cien mil personas, junto con la Conferencia organizada por el diario izquierdista Junge Welt, se celebra cada año con motivo del asesinato, el 15 enero de 1919, de la luchadora social alemana, de origen polaco, Rosa Luxemburgo, figura central del socialismo internacional revolucionario y fundadora del Partido Comunista Alemán (KPD), partido político ilegalizado por el gobierno alemán y prohibido en la actualidad en ese país.

Rosa Luxemburgo fue asesinada por las tropas de asalto al servicio de la socialdemocracia. Junto a ella murió su camarada Karl Liebknecht. Nació el 5 de marzo de 1871. Mucha gente sigue la tradición de la Alemania oriental de asistir a la manifestación para recordarla, su respeto lo demuestran depositando claveles rojos en el monumento dedicado a la «Rosa Roja» y a los socialistas y comunistas que trabajaron por un mundo mejor.

Aniversario del asesinato de la luchadora social alemana Rosa Luxemburgo

La actualidad del pensamiento de Rosa Luxemburgo

David Arrabalí. Mundo Obrero

«Qué extraordinario es el tiempo que vivimos», escribía Rosa Luxemburgo en 1906. «Extraordinario tiempo que propone problemas enormes y espolea el pensamiento, que suscita la crítica, la ironía y la profundidad, que estimula las pasiones y, ante todo, un tiempo fructífero, preñado».

Rosa Luxemburgo vivió y murió en un tiempo de transición, como el nuestro, en el que un mundo viejo se hundía y otro surgía de los escombros de la guerra. Sus compañeros intentaron construir el socialismo, sus asesinos y enemigos ayudaron a Adolf Hitler a subir al poder.

Hoy, cuando el capitalismo demuestra una vez más que la guerra no es un accidente, sino una parte irrenunciable de su estrategia. Cuando los partidos y organizaciones «tradicionales» se ven en la obligación de cuestionar sus formas de actuar ante el abandono de las masas. Cuando la izquierda transformadora aboga exclusivamente por el parlamentarismo como vía para el cambio social. Cuando nos encontramos ante una enorme crisis del modelo de democracia representativa y los argumentos políticos se reducen al «voto útil».

Hoy, decimos, Rosa Luxemburgo se convierte en referente indispensable en los grandes debates de la izquierda. No es sino su voz la que se escucha bajo el lema, aparentemente novedoso: «Otro mundo es posible». Ella lo formuló con un poco más de urgencia: «Socialismo o barbarie».

Su pensamiento, su compromiso y su desbordante humanidad nos sirven de referencia en nuestra lucha para que este nuevo siglo no sea también el de la barbarie.

* David Arrabalí es miembro del Consejo de Redacción de la revista Mundo Obrero y master en Materialismo Histórico y Teoría Crítica por la Universidad Complutense de Madrid (UCM).


...puestos para realizar un asesinato

Para aquellos que creyeron que el tratado de los EAU eran por la paz, drones de Elbit, Rafael, IAI, Aeronautics, los programas espías de AnyVision & NSO están puestos para realizar un asesinato


 

CRÍA CUERVOS… Jorge Zabalza, publicado en Voces

CRÍA CUERVOS…


Guido Manini Ríos se afilia a la versión más retrógrada de la historia reciente: el golpe de 1973 fue a pedido del parlamento y consentido por la mayoría electoral, la que había votado a Bordaberry (apadrinado por Pacheco Areco) y al general Aguerrondo, cuya logia “tenientes de Artigas” ya había copado el mando superior del ejército. Manini estima que dicha mayoría se mantuvo con el correr de los años, indiferente a la barbarie del terrorismo de Estado y que, en noviembre de 1980, se expresó en el plebiscito: más del 40% del electorado apoyó la propuesta de la dictadura cívico-militar. Tampoco disminuyó, piensa él, con la restauración de la república liberal: en el plebiscito de 1989 se respaldó por mayoría la impunidad de los criminales uniformados. Por supuesto, ese no es el análisis visto desde la izquierda, pero, es el relato donde se afirma la acción política de Manini Ríos.
Antes de librarse de los límites propios del cargo de comandante del ejército, ya venía creando hechos que, indirectamente, lo iban aproximando al poder político. Su propósito parece ser desarticular el modo pacífico de dominación, para reemplazarlo con una pirámide de ordeno y mando a lo Pacheco Areco o a lo Mourao-Bolsonaro en Brasil, pero, aunque no lo desee, la actual correlación de fuerzas le impone transitar el laberinto electoral y parlamentario. Su problema es cómo avanzar por esos recovecos hacia un régimen autoritario, cómo respetar las reglas del juego liberal mientras va acumulando y centralizando su base electoral en torno a Cabildo Abierto.
Manini calcula que, dispersa y atomizada, sobrevive la opinión pública favorable a la dictadura, una masa siempre predispuesta a alinearse tras un caudillo militar. Simplemente busca marcar las líneas de acción política para aglutinar lo disperso. No le interesa que se despida al fiscal de corte ni que se derogue la ley de interpretación obligatoria, solo se propone enarbolar banderas ideológicas para despejar confusiones y ganar la confianza del electorado más conservador.

Nacionalismo de cuartel
Año 1998. El 16 de octubre fue arrestado Augusto Pinochet por la policía de Londres. Acusado por genocidio, torturas, violaciones, homicidios y desapariciones forzadas, estaba requerido por el juez Baltasar Garzón de la Audiencia Nacional de España. Los testimonios de sus crímenes no sólo vinieron de Chile, sino también de España, Suiza y Francia. Dos semanas después Pinochet fue internado en un hospital siquiátrico de lujo. Allí disfrutó de la vida mientras esperaba que se dilucidara su caso y le permitieran regresar a Chile. La única forma de condenar judicialmente sus crímenes era en el plano internacional, lo otro era la impunidad, porque, ¿qué juez chileno se atrevería a meterlo preso? Sorpresivamente Eleuterio Fernández Huidobro dirigió sus dardos contra el juez Garzón. Según el dirigente histórico del MLN-T, la iniciativa del magistrado español entrañaba una intromisión en los asuntos internos y amenazaba la soberanía y la independencia de las patrias latinoamericanas.
Año 2006. En el mes de abril, Eduardo Radaelli, Wellington Sarli y Tomás Casella fueron extraditados a Chile, acusados por asociación ilícita y el secuestro de Eugenio Berríos. (N del E Donde fueron condenados a prisión por la justicia chilena)
En defensa de los tres oficiales, Eleuterio Fernández arremetió agresivamente contra el poder judicial uruguayo, lo acusó de cortar el hilo por lo más delgado, sostuvo que los tres oficiales eran “presos políticos”. Para él, se trataba del acto inaugural de una nueva etapa para el Uruguay, pautada por la pérdida de la soberanía nacional, “una especie de Plan Cóndor al revés”, decía Fernández, embanderado con un “nacionalismo” ramplón y de baja estofa, a lo “carapintada” en una palabra. Fernández replicaba sus antiguos devaneos con el “peruanismo” de los torturadores y asesinos del Batallón Florida, un verso que utilizaron para debilitar las defensas de los interrogados: “si ambos somos enemigos de la oligarquía y del capital extranjero… ¿para qué luchar entre nosotros? ¡Dale, no resistas!”. El artilugio atrapó a un Fernández Huidobro propenso a aceptarlo desde hacía tiempo. Fueron las mismas redes que tendieron los comunicados 4 y 7 y que, en febrero de 1973, enredaron al movimiento sindical y el Partido Comunista.
Apenas fallecido Raúl Sendic y derrotado el Voto Verde en 1989, Fernández Huidobro se sintió libre para reemprender, con renovadas energías, sus relaciones carnales con los militares de la logia “tenientes de Artigas”. Hizo sonar nuevamente las campanas del “nacionalismo” de baja estofa e inició el largo recorrido de infidelidades que lo condujeron al ministerio de defensa. Lo designó el presidente Mujica, uno de sus discípulos favoritos. Entre ambos, el 2 de febrero designaron a Guido Manini como comandante en jefe del ejército. Fue el regalo que dejaron a Tabaré Vázquez que, al mes siguiente, cuando asumió la presidencia, mantuvo a Huidobro y Manini en la cumbre verde. Los hechos posteriores al fallecimiento del ministro dejaron en evidencia los vínculos entre sus ideas y las que expone el comandante hoy transformado en líder partidario.

Olvido y perdón
En diciembre del 2003, durante el Congreso “Héctor Rodríguez”, el compañero Hugo Cores propuso que el Frente Amplio impulsara la anulación de las leyes que se contraponían con los tratados internacionales sobre derechos humanos. Adecuar la legislación uruguaya a la internacional suponía, de hecho, anular la ley de caducidad. En la comisión del congreso donde se discutió la propuesta, se opusieron el Movimiento de Participación Popular, la Vertiente Artiguista, el Partido Socialista y Asamblea Uruguay. En el plenario final, Hugo Cores y Eleuterio Fernández argumentaron a favor y en contra del proyecto.
Fernández sostuvo que el Frente debía respetar la voluntad ciudadana expresada en el plebiscito de 1989 y dejar congelada la impunidad, como si el resultado del plebiscito fuera eternamente válido. En realidad, era un argumento falaz: la opinión de los electores es cambiante y se deben respetar esos cambios, por eso hay elecciones cada cinco años y los partidos se alternan en el gobierno. Además, sostenía Fernández, la propuesta de Cores comprometía el triunfo del Frente Amplio y, decía él, se podía renunciar a todo menos a obtener a la victoria electoral. Fernández estaba mostrando su hilacha, pero no sólo él, sino también los 746 congresales que acompañaron sus fundamentos, una mayoría que lo acompañó camino al olvido y perdón. Por el contrario, 569 delegados levantaron su mano para continuar la lucha para anular la ley de caducidad. La línea quedó que bien dibujada: Verdad y Justicia, pero, no tanta, sin extralimitarse. Aun así, durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez se realizaron las primeras excavaciones y, antes de finalizar ese año, ya se habían descubierto los cuerpos de Ubagesner Chaves Sosa y Fernando Miranda. Lástima que el implso inicial se detuvo. En el 2009, junto a las elecciones presidenciales se plebiscitó nuevamente la anulación de la ley de caducidad. Recién al finalizar la campaña, a regañadientes, el candidato progresista José Mujica adhirió a la lucha por Verdad y Justicia. Tal vez sus reticencias
determinaron que no todos los votantes del Frente Amplio apoyaran la papeleta rosada. Tal vez esa fue la razón de que no se alcanzara el 50% necesario, pese a que el Frente Amplio ganó con más de la mitad de los votos emitidos. El sector acaudillado por Fernández Huidobro directamente no ensobró la papeleta que anulaba la ley de impunidad.
Las ambigüedades continuaron luego de saboteado el voto rosado. Una notable lentitud del Estado para resolver los crímenes de lesa humanidad. En el “caso Gelman”, año 2011, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado uruguayo por el incumplimiento en “adecuar su derecho interno a la Convención Americana sobre Derechos Humanos”. El país debía garantizar que la ley de caducidad no volviera a ser un obstáculo para la investigación de las desapariciones forzadas y el procesamiento y condena de los culpables.

Tal vez con cola de paja y en respuesta a la condena internacional (¡vergüenza!), el gobierno de Mujica impulsó la ley que restableció “el pleno ejercicio de la pretensión punitiva del Estado para los delitos cometido en aplicación del terrorismo de Estado”. Sin embargo, otros apóstatas la rechazaron acaloradamente. Argumentaban nuevamente que el resultado del plebiscito de 1989, reafirmado en 2009, desvirtuaba para siempre cualquier tentativa de juzgar y castigar a los criminales. En primera instancia el diputado Víctor Semproni, ex tupamaro de sinuosa trayectoria, impidió que se aprobara la ley al retirarse de sala y dejar sin mayoría al Frente
Amplio. Luego, Fernández Huidobro, ya senador, al quedar en minoría y por disciplina partidaria, renunció a su banca.
Pocas semanas más tarde, sabiendo de su defensa de la impunidad y de sus afinidades con sectores de los mandos militares, el presidente Mujica lo nombró ministro de defensa. Mujica apostaba a Fernández porque entendía la cabeza de los militares, entendimiento que lo llevó a pelearse con los frenteamplistas y los que luchaban por Verdad y Justicia, mientras fortalecía su excelente relación con los militares 1 .

…que te arrancarán los ojos
El comandante Manini Ríos no tuvo una presencia destacada en los medios de prensa.
Manini Ríos, comandante en jefe, prácticamente no salía en los medios de comunicación hasta la muerte del ministro de defensa. No le era necesario hacerlo: Fernández lo interpretaba al dedillo. Una vez desaparecido el ministro, el comandante Manini debió llenar el vacío e interpretarse a sí mismo. Comenzó su carrera pública.
Cabildo Abierto y Guido Manini Ríos surcan el mar de ambigüedades y desigualdades que caracterizan la república liberal. Aprovechan, además, la pérdida de perspectiva transformadora del progresismo, la que conduce al desánimo y la disidencia. La institucionalización del Frente Amplio, su incorporación al capitalismo financiero transnacional, lo llevaron a abandonar la tarea de educar conciencias, de profundizar la comprensión y la organización política de los más desprotegidos. Es en esos espacios vacíos que crece el huevo de la serpiente. Criaron el cuervo y hoy caminan ciegos. Sólo se lamentan. No saben cómo detener la clara ofensiva del monstruo que ayudaron a nacer. El golpe de Estado podrá o no sobrevenir, todo depende de la resistencia que encuentre, de que el movimiento popular uruguayo tome el ejemplo del pueblo chileno y luche para defenderse del autoritarismo que vendrá luego de la pandemia.

Jorge Zabalza

1 Emisora M24, 28 de marzo del 2019, vocera oficiosa del MPP.