Gobiernos progresistas de L.América: profundización o derrumbe

Una agenda para un proyecto transformador en la región
Para Atilio Borón, “los procesos políticos de cambio en América Latina o se profundizan o la restauración conservadora es inevitable”

Cronicon.net/Rebelión


La advertencia es categórica: o se profundizan los cambios en aquellos países de gobiernos progresistas en América Latina o la derecha con la complicidad y el apoyo de Washington retomará el poder para imponer su modelo represivo en lo político, y neoliberal en lo económico. Así analiza la coyuntura sociopolítica de la región el destacado sociólogo y politólogo argentino Atilio Boron.
En el desarrollo de dos charlas que dictó durante el Encuentro Internacional de Economía Política y Derechos Humanos organizado por la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo de Buenos Aires y que recoge en esta síntesis el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano www.cronicon.net, Boron hizo un pormenorizado análisis de la situación política del hemisferio, sus escenarios, las amenazas que enfrentan los gobiernos progresistas, y planteó una agenda para un proyecto transformador en las naciones latinoamericanas.
La lucha emancipadora tiene que ser continental, dijo, y recomendó simultáneamente avanzar en procesos integracionistas como la ALBA, Unasur, el Banco del Sur, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe.
Una independencia con mucha dependencia
Con la autoridad académica que lo caracteriza, este científico social señaló que el proceso del bicentenario de la independencia de las naciones latinoamericanas es inconcluso y que uno de los mayores obstáculos es el imperialismo norteamericano con sus aliados locales, los grupos dominantes criollos.
“La lucha por la igualdad y la democracia es muy demorada. Es una independencia con mucha dependencia, no obstante que los avances en materia de resistencia a las políticas neoliberales en varios países de la región son muy positivos”, acotó.
Su condición de observador político, catedrático universitario y analista de la realidad socioeconómica de América Latina le permite tener una visión muy certera de los fenómenos sociales que vienen suscitándose a lo largo y ancho del continente. Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de Harvard, Magister en Ciencia Política de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) de Santiago de Chile, y Licenciado en Sociología con diploma de honor de la Universidad Católica Argentina de Buenos Aires, Boron cuenta además con una amplia experiencia como docente. Desde 1986 está vinculado con la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), de la cual fue su vicerrector, es Investigador Superior del Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de Argentina (CONICET). Entre 1997 y 2006 se desempeñó como secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), ha sido profesor visitante de varias universidades del mundo (entre ellas, Columbia, MIT, UCLA) y actualmente se desempeña como director del PLED, el Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Autor de varios libros, entre los cuales se destaca "Imperio e Imperialismo", que obtuvo en 2004 el Premio honorífico de ensayo Ezequiel Martínez Estrada de Casa de las Américas. Por su acuciante actividad investigadora y sus profundos análisis de la realidad latinoamericana, en julio de 2009 le fue concedido el Premio Internacional José Martí por parte de la UNESCO.
La batalla de las ideas es fundamental
En la guerra de los pueblos contra el neoliberalismo y la hegemonía norteamericana, Boron recuerda lo que dijo José Martí: “De pensamiento es la guerra que se nos libra; ganémosla a fuerza de pensamiento.” Es decir, dirigir esta guerra con criterio político es el único modo de ganarla, por eso, agrega, “la batalla de las ideas es fundamental para enfrentar la dominación ideológica, el control monopolista de los medios de comunicación y de las escuelas de economía”.
Pero al mismo tiempo, dice, se debe lograr coordinar la resistencia social para dar la batalla contra el capitalismo. “Los movimientos sociales y las fuerzas populares no pueden dar una lucha local, parcial y parroquial, sino que es necesario concretar una coordinación mundial de todas las resistencias a lo largo y ancho de todos los continentes”, explica.
Lo cierto, colige, es que frente a la crisis de civilización que enfrenta la humanidad, “el mundo no resiste un siglo más de explotación capitalista, porque sostener un sistema consumista como el que practica es insostenible”.
Cuatro realidades sociopolíticas en Latinoamérica
Dentro del contexto latinoamericano, Boron sostiene que claramente se pueden determinar cuatro realidades sociopolíticas:
  1. Cuba constituye la excepción en el continente; una revolución triunfante que ha construido un Estado de nuevo tipo y una sociedad no capitalista.
  2. Venezuela, Bolivia y Ecuador, cuyos gobiernos impulsan un proyecto radical de transformación social, política y económica pero aún en medio de un Estado capitalista y una sociedad burguesa. No hay solución dentro del capitalismo, es la convicción de estos gobiernos, algo que los distingue de los del siguiente grupo.
  3. Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, países gobernados por líderes de centroizquierda que no ponen en cuestión la ruta del capitalismo. Su acento está en el impulso de programas de amplio calado social y en un cierto posicionamiento internacional que, en ciertas circunstancias puntuales, los convierte en socios privilegiados de Venezuela, Bolivia y Ecuador.
  4. Países gobernados por la derecha: México, Colombia, Chile y Perú, que mantienen y defienden el modelo neoliberal y son obsecuentes con los dictados de Washington.
Amenazas para el proceso de transformación
Boron es reiterativo en que el principal obstáculo para el desarrollo socioeconómico de los pueblos de América Latina es la hegemonía norteamericana y sus aliados, las oligarquías locales que por proteger sus intereses tienen espíritu de cipayo.
A ello hay que agregar los gobiernos obsecuentes de Washington que en Latinoamérica son una piedra en el zapato para la integración regional como los de México, Colombia, Chile y Perú.
Con estos socios, el Departamento de Estado y el Pentágono dirigen su acción hacia “el control exclusivo de la gran cuenca amazónica, el corazón latinoamericano que alberga grandes riquezas en materia de petróleo, gas, minerales estratégicos, agua, biodiversidad y potencial alimentario”, sostiene este politólogo argentino.
Paraguay bajo ocupación
Además, Boron viene alertando sobre las acciones de ocupación que está desarrollando el gobierno norteamericano en Paraguay, sin que haya logrado despertar la suficiente solidaridad y compresión de la región respecto a lo que está ocurriendo en este país.
“Paraguay está ocupado administrativamente por Estados Unidos; sus agentes torpedean al gobierno de Fernando Lugo y han logrado parar en el Congreso de esta nación el ingreso de Venezuela a Mercosur, que es un proyecto de integración política y económica incompatible con los intereses a largo plazo de Washington”.
En efecto, explica Boron, “el gobierno de Lugo es un inaceptable estorbo para los designios estadounidenses en la región. Si bien hasta el momento Lugo se ha cuidado de mantener muy cordiales relaciones con la Casa Blanca y ha consentido el irritante protagonismo de la embajada en los asuntos internos del Paraguay, un amplio espectro del establishment estadounidense lo percibe con mucha aprensión y lo sataniza como el peligroso bienhechor que, a pesar suyo, puede convertirse en el catalizador de procesos políticos mucho más radicales, al estilo de los que existen en la vecina Bolivia o en el más lejano Ecuador. En las afiebradas alucinaciones de los halcones del Pentágono y el Departamento de Estado, Lugo aparece como una suerte de Kerensky tropical que al igual que su predecesor ruso terminará abriendo la puerta a una insurgencia plebeya de incalculables proyecciones y grávida de serias repercusiones en la geopolítica regional. Esto es así porque Paraguay ocupa un lugar privilegiado para cerrar, desde el Sur, el anillo de bases militares que rodea la gran cuenca amazónica, fuente de toda clase de recursos energéticos, biodiversidad, minerales estratégicos y agua, sobre todo agua. Esa es la razón por la que dos bases ya se han instalado en ese país, en Pedro Juan Caballero y en Mariscal Estigarribia”.
Agenda para un proyecto de transformación
No obstante las múltiples amenazas de Washington y de sus lacayos en el hemisferio, Boron considera que la vía para seguir avanzando en los procesos reformistas y de emancipación está en su profundización.
Por eso su advertencia: “Los procesos políticos de cambio en América Latina o se profundizan o la restauración conservadora es inevitable”.
En ese sentido, el desafío de los gobiernos progresistas es mostrar resultados concretos en reformas sociales, políticas y económicas, por lo cual este politólogo se permite plantear una agenda de temas para un proyecto transformador América Latina que, a manera de enunciado, comprende:
- Repudiar y anular la deuda externa.
- Modificar los regímenes tributarios regresivos, condición necesaria para la reconstrucción del Estado destruido por las políticas neoliberales.
- Profundizar la distribución del ingreso.
- Volver a convertir en bienes públicos derechos esenciales como la salud, la educación, la vivienda, la seguridad social, la recreación.
- Recuperar los recursos naturales.
- Avanzar en los procesos de integración supranacional.
- Impulsar nuevas formas de democracia participativa, que supere las formas arcaicas de la democracia liberal.
No se trata de imponer un esquema uniforme, un modelo único de cambio, porque cada país tiene sus particularidades, sus tradiciones políticas y sus propios métodos para acometer las reformas. Parafraseando el poema de Antonio Machado, Boron concluye diciendo: “militante, no hay modelo, se hace el modelo al andar”.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
rCR


Borón


Las bases de EEUU en Afganistán

¿Hasta qué punto son permanentes las bases afganas de EE.UU.?
EE.UU. se atrinchera a largo plazo en Afganistán


Tom Dispatch


Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens



Introducción del editor de Tom Dispatch

Como sabemos gracias a un solo artículo del 19 de abril de 2003 en el New York Times, el Pentágono llegó al Iraq de Sadam Hussein preparado para una larga estadía. Cuando invadió ese país ya tenía proyectos para por lo menos cuatro megabases militares, (y todas fueron construidas). Decidió llamarlas “campos duraderos” en lugar de la expresión más problemática “bases permanentes”. Finalmente, se construyeron cientos de bases en Iraq, desde pequeñísimos puestos avanzados de combate hasta instalaciones monstruosas, por un coste de innumerables miles de millones de dólares. Finalmente, cientos son abandonadas ahora para ser saqueadas, despojadas, u ocupadas por los militares iraquíes.
Desde Bagdad, el corresponsal del Guardian británico, Martin Chulov, informó recientemente de que parte del precio que Nuri al-Maliki parece haber negociado (en Teherán, no en Washington) para retener su puesto de primer ministro podría involucrar que no permita que el Pentágono conserve ni una sola base monstruosa en Iraq después de 2011. Esto fue evidentemente exigido por el ex némesis de EE.UU., clérigo rebelde, y ahora factor determinante, Muqtada al-Sadr, cuyo movimiento controla más de un 10% de los votos en el nuevo parlamento de Iraq. Eso no puede satisfacer al Pentágono, o al alto comando de EE.UU. –y el gobierno de Obama ya se está quejando.
No importa cómo terminará la cosa para Washington, con pocas o sin ninguna base en Iraq, seguramente no era lo que esperaba, no cuando todavía se hablaba de “misión cumplida” y parecía tan obvio que el poder militar estadounidense, evidentemente indiscutible, quedaría profundamente atrincherado a ambos lados de Irán hasta que tuviera lugar un “cambio de régimen”.

Si se busca una medida de cuán bajo ha “caído” EE.UU. en Iraq, ahora tiene sólo 21 “fosos de incineración” en ese país –sitios en las bases de EE.UU. en los que se incinera todo tipo de desperdicios, eyectando regularmente humo lleno de agentes tóxicos en perjuicio de los soldados estadounidenses (e indudablemente de los iraquíes del lugar). Por otra parte, según un informe de la Contraloría General de EE.UU., actualmente existen 221 fosos semejantes en Afganistán y “habrá más”. Dicho de otra manera, incluso mientras disminuye el mundo de las bases de EE.UU. en Iraq, no parece haber una curva de aprendizaje en Washington. Como Nick Turse sugiere en su más reciente informe enTomDispatch, parece que en Afganistán nos orientamos con ardor especial por el camino iraquí en cuanto a bases. Más de nueve años después de nuestra “exitosa” invasión, miles de millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses siguen fluyendo hacia la construcción y actualización de la masiva estructura de bases en ese país y, sin embargo, nunca son suficientes.
En un reciente artículo en el Wall Street Journal sobre un inesperado aumento de los éxitos de los talibanes en el norte de Afganistán, se cita al coronel Bill Burleson, comandante de la 10 División de Montaña, entre las relativamente modestas fuerzas estadounidenses en la parte norte de ese país, quien habla de un modo algo desesperado de los éxitos talibanes en la región: “A fin de denegar ese terreno al enemigo, habría que tener gente en todo Afganistán en puestos avanzados de combate”. Bien dicho, coronel. ¿Por qué detenernos ahora?Tom
EE.UU. se atrinchera a largo plazo en Afganistán
¿Hasta qué punto son permanentes las bases afganas de EE.UU.?
Nick Turse
Algunas tienen nombres empapados en tradición militar, como Leatherneck y Geronimo. Muchos suenan a dureza artificial, como Ramrod, Lightning, Cobra, y Wolverine. Otros exhiben un sabor local: como Orgun-E, Howz-e-Madad, y Kunduz. Todas, sin embargo, tienen una cosa en común; son bases de operación avanzada de EE.UU. y sus aliados, también conocidas como FOBs. Forman parte de una oleada de construcción de bases que ha repletado el campo de Afganistán de puestos militares, que se expanden permanentemente, a pesar de la retirada de fuerzas prometida por el presidente Obama a comenzar en julio 2011.
Los militares de EE.UU. no cuentan la cantidad exacta de FOBs que han construido en Afganistán, pero las bases de operación avanzadas y otras instalaciones de tamaño similar o inferior comprenden la masa de los puestos avanzados de EE.UU. en ese país. De los cientos de bases estadounidenses en el país, según Gary Younger, oficial de asuntos públicos de EE.UU. en la Fuerza Internacional de Ayuda en la seguridad (ISAF), un 77% alberga a unidades de tamaño de batallón (aproximadamente entre 500 y 1.000 soldados) o de menor tamaño; un 20% está ocupado por unidades más pequeñas que un Equipo de Brigada de Combate (unos 3.000 soldados); y un 3% son inmensas bases, ocupadas por unidades mayores que un Equipo de Brigada de Combate, que generalmente gozan de capacidades de comando y control militar en gran escala y de todas las comodidades de cualquier ciudad en EE.UU. Younger declaró a TomDispatch que la ISAF no tiene un control central de su trabajo de construcción y actualización de bases, ni del dinero gastado en tales proyectos.
Sin embargo, el general Kenneth S. Dowd –director de Logística en el Comando Central de EE.UU. antes de abandonar ese puesto– presentó el siguiente informe parcial sobre la continua construcción de bases afganas en la edición de septiembre/octubre de Army Sustainment, la revista de logística oficial del ejército:

“Los proyectos de construcción militar programados para su terminación durante los próximos 12 meses crearán 4 nuevas pistas de aterrizaje, rampas para 8 transportes C-17, estacionamiento para 50 helicópteros y 24 aviones de apoyo aéreo cercano y de 26 aviones de vigilancia y reconocimiento de inteligencia. Éste representa aproximadamente un tercio de los proyectos de pavimentación de aeropuertos financiados actualmente en el teatro de operaciones afgano. Otros planes menores de construcción prevén la construcción de más de 12FOBs nuevas y la expansión de 18 FOBs existentes.”
Si Dowd presentó un bosquejo extremadamente elemental de los proyectos planificados o iniciados, el cuadro lo completa un análisis de TomDispatch de registros y publicaciones del gobierno de EE.UU., que obtuvieron poca difusión, incluyendo documentos de contratación y solicitudes de ofertas de construcción del ejército de EE.UU. y del Cuerpo de Ingenieros del ejército que fueron emitidos durante los últimos cinco meses. Los documentos revelan planes para expansiones costosas, en gran escala, de todo tipo de bases en Afganistán, y de fuerzas armadas que esperan continuar ininterrumpidamente su auge constructor en el futuro. Estos hechos en el terreno indican que, sean cuales sean los planes para una retirada progresiva que se ideen en Washington, los militares de EE.UU. se concentran en reforzar, no disminuir, su presencia en Afganistán.
Puestos de trabajo en las bases de operación avanzada
Una base de operación avanzada típica que será expandida es la FOB Salerno, un puesto ubicado cerca de la ciudad afgana de Khost, no lejos de la frontera paquistaní. Según documentos del Cuerpo de Ingenieros del ejército de EE.UU., se preparan planes para una expansión de las instalaciones de almacenamiento de combustible de esa base. Esas mejoras, de un coste calculado entre 10 y 25 millones de dólares, aumentarán la capacidad de almacenamiento de combustible a un millón de galones para reforzar las operaciones terrestres y aéreas, y podrían no estar completas hasta dentro un año y medio; es decir, hasta bien avanzado 2012.
En junio se completó el trabajo en una nueva pista de aterrizaje de cerca 12 millones de dólares en la Base de Operación Avanzada Shank, cerca de la ciudad Puli Alam en la provincia Logar, al sur de Kabul. La base era anteriormente accesible sólo por carretera y helicóptero, pero su nueva pista de aterrizaje de 2.250 metros puede acomodar ahora grandes aviones de transporte Lockheed C-130 Hercules y Boeing C-17 Globemaster, posibilitando el despliegue de cada vez más cantidades de personal en el lugar.
No sorprende que documentos del gobierno publicados en agosto muestren que también se prevé que la FOB Shank experimente un importante aumento en los alojamientos para soldados. Aunque ya alberga a aproximadamente 4.500 militares, se agregará un nuevo barracón de dos pisos, construido con unidades prefabricadas, conocidas como “edificios reubicables” o RLBs, para alojar a 1.100 soldados más. Instalaciones de apoyo, carreteras de acceso, áreas de estacionamiento, nuevos servicios, y otra infraestructura requerida para apoyar el complejo habitacional, también serán instaladas por un coste calculado entre 5 y 10 millones de dólares. Además, el Cuerpo de Ingenieros del ejército acaba de comenzar a buscar contratistas para agregar 42.000 metros cuadrados de espacio de aparcamiento en el aeropuerto de la base. Servirá para helicópteros y aviones de ala fija de las Fuerzas de Operaciones Especiales. También se construirán nuevas instalaciones de mantenimiento de aviones y 7.500 metros cuadrados más de pistas de rodaje a un coste de entre 10 y 25 millones de dólares más.
Los documentos revelan que este tipo de expansión se desarrolla actualmente en todo el país a un ritmo especialmente rápido. Por ejemplo, grandes ampliaciones de infraestructura para apoyar operaciones de helicópteros, incluyendo un aumento del espacio de aparcamiento, pistas de rodaje, y pavimento para aparcamiento, servicio, carga y descarga se planifican para instalaciones como la FOB Tarin Kowt en la provincia Uruzgan, la FOBDwyer, una base de marines en la provincia Helmand, y la FOB Sharana, una base en la provincia Paktika, cerca de la frontera paquistaní, donde el ejército también anunció planes para la construcción de una instalación de suministro de munición, con espacio de almacenamiento para medio millón de kilos de municiones, y la infraestructura relacionada.
A fines de agosto, Walter Pincus del Washington Post informó que se planea el inicio de construcción de por los menos tres proyectos de bases de 100 millones de dólares, incluyendo la FOB Dwyer, que no “se espera que se terminen hasta la segunda mitad de 2011”. Aparte de reforzar la infraestructura para operaciones de helicópteros, también se anunciaron planes para la construcción de una nueva planta de tratamiento de aguas residuales en gran escala en Dwyer, un proyecto cuyo coste se calcula entre 10 y 25 millones de dólares más que no se espera que esté terminado y en pleno uso hasta bien avanzada la segunda mitad de 2011, sino después, como gran parte de lo que los militares están construyendo en Afganistán, es decir, después de la fecha en la cual, según el presidente Obama, debería comenzar a disminuir la misión en ese país.
Y cada vez que se encuentra un documento que indica que se realiza trabajo de un cierto tipo en una FOB, se puede estar seguro de que, tarde o temprano, tendrá lugar algo semejante en otras FOBs. En este caso, por ejemplo la FOB Frontenac en la provincia Kandahar y Tarin Kowt, al norte de Kandahar, van a recibir, como Dwyer, nuevas plantas de tratamiento de aguas residuales.
Gran parte de este trabajo podrá parecer rutinario, pero su escala no lo es. Otra de las bases identificadas por Pincus, la FOB Shindand en Afganistán occidental es típica. Recibirá, entre otras cosas, nuevas cercas de seguridad, nuevas torres de vigilancia, y nuevas líneas eléctricas subterráneas. Y con eso sólo comienza la lista de mejoras en Shindand, incluyendo arcenes de tierra para cuatro bermas de combustible de 200.000 galones y un piso de hormigón adecuado para aparcar y operar catorce vehículos de reabastecimiento
R-1” – camiones cisterna con una capacidad de 6.000 galones – así como nuevas instalaciones para pasajeros y manejo de carga (un contrato de 18 millones de dólares) y una expansión de instalaciones para helicópteros (entre 25 y 50 millones de dólares).
Si se multiplica esto, una FOB tras la otra, a lo largo y lo ancho de Afganistán, se obtiene un programa de construcción adecuado para una guerra prolongada.
¿Bases permanentes?
Este auge de la construcción no se limita a las FOBs. El trabajo de construcción y expansión en bases mucho mayores que las FOBs, incluidas las megabases de Bagram y Kandahar, continúa, a menudo a un ritmo sorprendente. El ejército, por ejemplo, ha indicado que planifica la construcción de una instalación de comando y control de 2.300 metros cuadrados, por 10 millones de dólares, así como un “Centro Conjunto de Operaciones de Defensa” con los correspondientes servicios de apoyo –desde tanques de almacenamiento de agua a paisajes externos– en la Base Aérea Bagram. En el frecuentado Aeropuerto Kandahar, los militares han ofrecido contratos para una serie de mejoras, incluyendo un trato por 28,5 millones de dólares para la construcción de un refugio externo para aviones caza, así como nuevas instalaciones de operaciones y mantenimiento y más espacio de estacionamiento para aviones, entre muchas otras mejoras.
En junio, Noah Shachtman, de Danger Room de Wired.com, informó de los planes del ejército de expandir su central de Operaciones Especiales en Mazar-e-Sharif en el norte de Afganistán y citó documentos que indican que la construcción incluiría un “edificio de comunicaciones, un Centro de Operaciones Tácticas, instalaciones de entrenamiento, estación de ayuda médica, Instalación de Mantenimiento de Vehículos… instalación para comidas, instalación para lavandería, y una perrera para perros entrenados”. Un contrato para ese trabajo, por 30 millones de dólares, fue otorgado a fines de septiembre.
De la misma manera, según un reciente artículo en Marine Corps Times, se planea que Camp Leatherneck, que se expandió a finales de 2009 de ser una instalación de 267 hectáreas a 620 hectáreas, o sea aproximadamente 6,2 kilómetros cuadrados, obtenga tres nuevos gimnasios fuera del que ya tiene, así como un complejo de capillas con tres edificios separados (uno suficientemente grande para recibir hasta 200 personas), un segundo comedor (capaz de servir a 4.000 marines al mismo tiempo), un nuevo PX [economato] ubicado en una gran tienda, de 929 metros cuadrados de espacio de ventas –la instalación actual de la base sólo tiene 279 metros cuadrados– y la construcción de una pista de aterrizaje por 200 millones de dólares que puede recibir aviones de carga C-5 y jets de pasajeros 747.
A pesar del compromiso del gobierno de Obama de iniciar sus reducciones de tropas en julio próximo, esta continua orgía de construcción, cuando se suma a las recientes señales de la Casa Blanca, de civiles en el Pentágono, y de altos comandantes militares, incluido el jefe de la guerra afgana, general David Petraeus, sugiere que el proceso se podrá prolongar durante muchos años. Por ejemplo, durante una reciente entrevista con la corresponsal de asuntos exteriores Martha Rasddatz de ABC News, Petraeus confirmó la fecha de julio de 2011 del presidente, pero agregó una advertencia crucial. “Será a un ritmo determinado por las condiciones,” dijo.
Después de casi una década de guerra afgana, afirmó, los militares de EE.UU. “finalmente han obtenido el apoyo correcto en Afganistán”. Raddatz entonces le preguntó si el “reloj de la contrainsurgencia” se acaba de reiniciar, o sea si podrían pasar nueve o diez años antes de tener éxito. “Sí” respondió Petraeus, y se apresuró a agregar que los soldados estadounidenses muertos en ese país durante los últimos nueve años no murieron en vano. “Pero recién en este momento sentimos que tenemos las organizaciones que aprendimos en Iraq y de la historia, que son necesarias para este tipo de campaña”.
El auge de la construcción que tiene lugar en las bases de EE.UU. en todo Afganistán y los contratos para construcciones futuras que se están otorgando actualmente parecen confirmar que, no importa lo que se proponga la Casa Blanca, los militares operan en algo más próximo a la línea de tiempo de Petraeus. La nueva base de Operaciones Especiales en Mazar-e-Sharif, para usar sólo uno de numerosos ejemplos, podría no ser completada o totalmente ocupada durante por lo menos un año y medio. Se espera que otros contratos de construcción, aún no otorgados, tarden un año o más en completarse. Y las líneas de tiempo de los militares sugieren que, si el Pentágono se sale con la suya, los niveles de tropas estadounidenses podrían no descender bajo las cifras existentes cuando Obama llegó al poder, aproximadamente 36.000 soldados, hasta 2016 o más tarde.
Actualmente se presenta al pueblo estadounidense una historia sobre cómo continuará la guerra de EE.UU. en Afganistán, mientras en Afganistán se invierten los impuestos en una trayectoria enteramente diferente. La pregunta es: ¿Cuán permanentes son las bases estadounidenses en Afganistán? ¿Y si no se pretende que sean utilizadas durante una década o más, por qué las sigue construyendo el Pentágono como si así fuera?
Recientemente, el ejército pidió ofertas de contratistas dispuestos a suministrar centrales eléctricas y sistemas de combustible en bases de operación avanzada en Afganistán durante hasta cinco años. Las centrales eléctricas, los sistemas de combustible y las bases en las cuales se están construyendo representan hechos en el terreno. Esos hechos tienen un peso propio y abren una ventana sobre los propósitos de EE.UU. en Afganistán que puede ser por lo menos tan relevante como cualquier cosa que Barack Obama o sus asesores hayan estado diciendo sobre reducciones, plazos, o planes de retirada.
Si queréis formular preguntas concretas sobre la guerra afgana de EE.UU., comenzad por esas bases.
Nick Turse es editor asociado de TomDispatch.com y ganador del Premio Ridenhour 2009 a la Distinción Informativa, así como el Premio James Aronson para el Periodismo de Justicia Social. Sus trabajos se publican en Los Angeles Times, The Nation, In These Times y, regularmente, en TomDispatch. Su último libro The Case for Withdrawal from Afghanistan (Verso Books), que reúne a destacados analistas de todo el espectro político acaba de publicarse. Turse es actualmente asociado del Radcliffe Institute de la Universidad Harvard. Puede leerlo en Twitter @NickTurse, en Tumblr, y en Facebook. Su sitio en la Red es NickTurse.com.

Copyright 2010 Nick Turse
Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175310/tomgram%3A_nick_turse%2C_base_desires_in_afghanistan/#more



rCR


Afganistán

Afganistán: ¿hay alguien que quiera la carga?







No es secreto que muchos países piensan que tienen interés en ver quién gobierna Afganistán. En los últimos 30 años, muchos países han estado enviando tropas, equipo militar pesado o mucho dinero para que en Afganistán funcione el tipo de gobierno que prefieren.
No es difícil mostrar que, de hecho, es muy limitado el grado en que los países de fuera han logrado que ocurran las cosas a su modo. Y las perspectivas no pintan bien para los extranjeros. Hay una sensación creciente entre los extranjeros de que tal vez deberían reducir su implicación acvtiva. La intrusión crea una carga que no parece obtener demasiadas recompensas.
En los años 80, la Unión Soviética se quemó feo y finalmente retiró por completo sus tropas. El presidente que se suponía que respaldaban los soviéticos fue colgado en público por una agradecida nación. Los mujaidines que Estados Unidos respaldó en su resistencia contra la intervención soviética mostraron su gratitud cultivando y apoyando un movimiento, al-Qaida, que desde entonces ha dedicado todas sus energías a una jihad contra Estados Unidos y contra todos aquellos que considera aliados de los estadunidenses.
La guerra civil afgana, que ha contado con más de dos bandos, ha continuado incesante durante todo este tiempo. Una fuerza principal, conocida como talibanes, ha tenido sus altas y bajas durante estas guerras. Actualmente parecen de nuevo estar en un alza considerable. Como a excepción de Pakistán casi todos los extranjeros repiten sin cesar sus puntos de vista negativos acerca de los talibanes, la capacidad de éstos de persistir y ganar terreno al interior ha conducido a que muchos de los países preocupados se pongan en privado a repensar la situación.
La cuestión, ¿debemos continuar involucrados?, está en la agenda en todas partes.
A los vecinos al norte y al oeste –Uzbekistán, Tajikistán, Rusia (aunque no tenga frontera directa) e Irán–, a todos les concierne. No quieren un gobierno dominado por militantes talibanes, en su mayoría pashtunes, en el poder. Temen, y probablemente con razón, que oprimiría de varios modos las zonas del norte y el oeste que étnicamente están vinculadas con sus países. Pero ninguno de estos vecinos parece listo para enviar tropas. Por tanto todos favorecen algunas negociaciones al interior de Afganistán que podrían concluir en algún tipo de protección para las zonas del norte y el oeste.
Actualmente Estados Unidos cuenta con un gran número de tropas en Afganistán. En teoría está comprometido a comenzar la retirada de tales tropas para julio de 2011. También en teoría, el gobierno estadunidense confía en derrotar, o por lo menos domar, a las fuerzas talibanes, y lograr un fortalecimiento del ejército oficial afgano bajo la autoridad del gobierno formalmente legal presidido por Hamid Karzai.
Las tropas estadunidense cuentan con la asistencia de una fuerza de la OTAN conformada por varios países de la Alianza. Si Estados Unidos está esperando hasta mediados de 2011 para empezar a disminuir sus tropas, la mayoría de los países de la OTAN está ansiosa por salirse antes, o anunciar ahora la certeza de su eventual retirada.
En el caso de Estados Unidos, la retirada presenta una cuestión política interna en el país. El presidente Barack Obama está sopesando si perderá más respaldo por retirar tropas o por no retirarlas. Las encuestas de opinión apuntan a un número de votantes, en aumento constante, que están cansados de lo que miran como una guerra que no podrá ganarse en un país lejano. Mi predicción es que el impulso aislacionista está ganándo al impulso intervencionista en la política estadunidense.
Quedan otros dos extranjeros, Pakistán e India. Estos dos países están, por supuesto, trabados uno con el otro en una lucha política (y con frecuencia militar) que prosigue. Y cada uno considera la situación en Afganistán principalmente en términos de las implicaciones que tiene en esta lucha.
Pakistán, a través del servicio de inteligencia del ejército (ISI), ha respaldado a los talibanes durante todo el periodo. En estos días tiende a negar esto porque el asunto exaspera a Estados Unidos, pero nadie se engaña. Pakistán piensa que puede controlar a los talibanes afganos y que el restablecimiento de un gobierno talibán en Kabul sería una barrera defensiva contra India.
Durante los últimos 10 años, el gobierno de India ha sido el respaldo activo del régimen de Karzai, pues lo considera un modo de quitarle los colmillos a la influencia paquistaní en el país y, en el largo plazo, algo que ayudaría a crear la infraestructura necesaria para obtener recursos energéticos de Irán y Rusia.
Tanto India como Pakistán pueden estar reconsiderando sus opciones. Hay por lo menos algunos analistas del gobierno de India que piensan que, si se retiran y le entregan Afganistán a los paquistaníes, le estarían dando a Pakistán una píldora de veneno que drenaría la energía y los recursos militares de Pakistán. Estos analistas cuentan con la indudable independencia de los afganos, especialmente los pashtunes, y piensan que no habrán de tolerar el control paquistaní más que el control soviético o estadunidense.
¿Y qué con Pakistán? No sólo están los talibanes afganos, sino, algo aparte, los talibanes paquistaníes. Aunque el ISI pueda apreciar y respaldar a aquéllos de Afganistán, hay escaso entusiasmo hacia la variedad local. Tener que lidiar con los talibanes paquistaníes será lo que más distraiga a Pakistán de lidiar con India. Retirarse de tanta implicación en Afganistán podría reducir en algo las tensiones internas.
Entonces, un posible resultado de las guerras civiles que están en curso en Afganistán es que, en unos cinco años, todo el mundo esté cansado de la carga de implicación y simplemente abandone a los afganos a que guisen en su propio caldero, para usar una frase popular.
¿Cómo se vería un Afganistán así? Es muy difícil saberlo. Podría verse horrible, al infligir a todos los afganos las versiones menos paladeables de la ley de la sharia. O puede sorprendernos a todos con ese ambiente relativo de vivir y dejar vivir que Afganistán ha mostrado en momentos de su historia. En cualquier caso, ¿le importará al resto del mundo? Los siguientes de cinco a 10 años van a ser un tiempo terrible en lo económico y lo político por todas partes. Puede no haber ni tiempo ni energía para preocuparse por Afganistán.
Traducción: Ramón Vera Herrera
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/10/23/index.php?section=mundo&article=023a1mun
rCR


Iraq: muerte y cifras

Muerte y cifras


Al-Ahram Weekly


Traducido para para Rebelión por Loles Oliván


La famosa cita de la ex secretaria de Estado, Madeleine Albrigh justificando, al parecer, la muerte de medio millón de niños iraquíes como resultado de las sanciones impuestas contra Iraq con el apoyo de Estados Unidos y de las Naciones Unidas en la década de los 90, se recuerda a menudo como una afirmación a sangre fría de los objetivos políticos estadounidenses.El aforismo ha vuelto a la mente la semana pasada cuando los medios de comunicación estadounidenses informaron de que Estados Unidos había hecho pública, finalmente, su primera recopilación oficial de datos sobre las víctimas iraquíes, más de siete años después de su invasión del país.
El informe, publicado en la página web del Comando Central de Estados Unidos, había llamado la atención escasamente hasta el pasado jueves, cuando los medios de comunicación publicaron detalles que muestran que 63.185 civiles y 13.754 miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes fueron asesinados desde principios de 2004 a agosto de 2008.
No está claro por qué las cifras no incluyen las víctimas de las consecuencias inmediatas de la invasión dirigida por Estados Unidos en 2003, o desde el período posterior a agosto de 2008. No está claro tampoco cómo se compilaron los datos ni con qué metodología.
Las cifras parecen una “ingeniería política” anti-clímax en el momento en que el Gobierno de Obama, que se enfrenta al reto electoral de mitad de la legislatura, trata de poner fin a la desventura estadounidense en Iraq.
El número de iraquíes muertos durante la invasión liderada por Estados Unidos y sus consecuencias ha sido objeto de acalorados debates, con estimaciones que van desde menos de cien mil a más de un millón. Saber cómo se ha llegado a estas últimas cifras estadounidenses lo dice todo acerca de cómo le está yendo a Estados Unidos mientras se prepara para salir de Iraq.
Las cifras de víctimas publicadas por Washington son más bajas que las que provienen de fuentes gubernamentales iraquíes. El año pasado, el Ministerio iraquí de Derechos Humanos informó de que 85.694 iraquíes, incluido personal militar y de policía, habían sido asesinados desde el comienzo de 2004 hasta octubre de 2008.
En enero de 2008, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimaba que se habían producido en el país 151.000 muertes debido a la violencia, con un cálculo estimado, con un 95% de fiabilidad, entre 104.000 y 223.000 desde marzo de 2003 hasta junio de 2006. Las cifras se basaban en los resultados de una encuesta de salud familiar en Iraq publicada en New England Journal of Medicine, una respetada revista estadounidense [http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMsa0707782].
Otra estimación del Iraq Body Count, organización no gubernamental con sede en Gran Bretaña, que utiliza los recuentos aparecidos en medios de comunicación, sitúa el número de civiles muertos en Iraq, durante el mismo periodo que el estudiado por la OMS, en 47.668. Las cifras más recientes de esta organización sobre muertes de civiles a causa de la violencia en el país hasta el 19 de septiembre de 2010 oscilan entre 98.252 y 107.235. [http://www.iraqbodycount.org/].
Una encuesta realizada en 2006 por The Lancet, una revista médica británica, estimaba que más de seiscientos mil iraquíes habían muerto como consecuencia de la guerra, una cifra diez veces mayor que otras estimaciones en el mismo momento [http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(06)69491-9/abstract].
Iraq no ha reaccionado oficialmente a ninguno de los estudios, aunque muchos iraquíes han rechazado las nuevas cifras de Estados Unidos sobre el número de muertes de civiles en el conflicto, afirmando que están muy por debajo del número real de muertos. Los números son engañosos, dicen los críticos, porque no se basan en una metodología bien definida que se ocupe de todas las muertes relacionadas con la violencia, incluyendo asesinatos y operaciones llevadas a cabo por el ejército estadounidense.
Las estimaciones sobre cifras de muertos durante la invasión y ocupación de Iraq dirigidas por Estados Unidos, han sido motivo de controversia por los altos riesgos políticos que comportan y por la posibilidad de manipularlas para influir en la opinión pública. El reciente informe fue motivado por la solicitud de una Ley de Libertad de Información del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington.
El escepticismo sobre estas últimas cifras ha surgido no sólo por las posibles discrepancias y por los criterios misteriosos que se han utilizado para establecer la magnitud de las bajas, sino también porque las partes implicadas se han mostrado reacias a decir la verdad sobre esta tragedia humana. Una pregunta esencial es por qué el ejército de Estados Unidos, que es el principal responsable del conflicto, no abordó la cuestión por el principio y por qué no mantuvo registros precisos sobre las víctimas de la invasión y de la ocupación.
La aparente incapacidad de los militares para proporcionar estadísticas sobre las bajas de los bombardeos aéreos estadounidenses y otros relacionados con las operaciones constituye una preocupación real y apremiante. Otra cuestión que preocupa es la razón por la que los medios de comunicación estadounidenses, omnipresente en Iraq desde la invasión de 2003, no han aprovechado sus altos estándares de profesionalismo para reunir datos precisos acerca de la tragedia humana en Iraq. Associated Press ha mantenido un registro durante el periodo comprendido entre el 25 de abril de 2005 hasta el 30 de septiembre de 2010 que recoge 49.416 muertes.
Sin embargo, aún más preocupante que estos fracasos estadounidenses ha sido el fracaso de los sucesivos gobiernos iraquíes en establecer un proceso eficiente de recopilación de datos para registrar las muertes de ciudadanos iraquíes y para compensar a sus familias.
La dejadez en la recopilación de datos y las estadísticas poco fiables, no son los únicos problemas. También está el problema de cómo contar las muertes directamente relacionados con la guerra y la ocupación, separándolas de las muertes como consecuencia de la violencia en el país.
Queda fuera del debate una explicación de la crisis humanitaria que ha golpeado a Iraq desde la invasión liderada por Estados Unidos en 2003, incluyendo el aumento de la pobreza, el desempleo, el deterioro de los servicios de salud y la destrucción del sistema ecológico del país. Estadísticas como las publicadas por el ejército de Estados Unidos también ignoran en gran medida las muertes iraquíes causadas por la falta de agua potable y por la descomposición de los servicios públicos. Las agencias humanitarias como el Comité Internacional de la Cruz Roja, han advertido de que las instalaciones de salud afrontan una grave escasez en personal y suministros, estando el agua, el alcantarillado, y las infraestructuras eléctricas en estado crítico. Las tasas de cáncer, leucemia y tumores cerebrales, que se cree han sido causadas por el armamento estadounidense, han ido en aumento: ciertas investigaciones sugieren que rivalizan con las recogidas entre los supervivientes de los ataques nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki.
El informe del ejército de Estados Unidos sobre el número de muertos en Iraq llega en un momento en que el presidente Barack Obama ha alcanzado su calificación más baja en las encuestas de opinión de Estados Unidos, antes de las cruciales elecciones de mitad de legislatura del próximo mes. La publicación de estas estadísticas en el momento en que Obama se embarca en una campaña para conseguir apoyo para los candidatos del Partido Demócrata no puede ser una coincidencia. Puede que mediante la publicación de un número limitado de víctimas en Iraq, la Administración Obama espere poder seguir adelante con su política de “pasar página” en Iraq, poniendo fin a la presencia militar de Estados Unidos en el país a finales del próximo año. Salir de Iraq beneficiaría al Partido Demócrata, cuyo presidente se comprometió a poner fin al legado del Partido Republicano y de su presidente en Iraq.
Si todo va según lo previsto, Iraq ya no será noticia de primera plana en Estados Unidos, a medida que los soldados estadounidenses hagan las maletas para irse a ayudar a que los demócratas logren algún tipo de esperanza de victoria en las elecciones del próximo mes. Sin embargo, el mismo día en que este artículo se ha enviado a imprimir, una serie de atentados con bomba en Iraq ha matado y herido a muchas personas, lo que ilustra que la amenaza de muerte sigue formando parte de la vida cotidiana en el país.
Si la idea de Albright de que el precio pagado por la población civil iraquí por la política de Estados Unidos “vale la pena” puede servir como una especie de recordatorio en este triste capítulo de la historia de Iraq, entonces debe ser que la invasión liderada por Estados Unidos se ha convertido en una tragedia humanitaria, así como en un atolladero nacional para Estados Unidos.
Fuente: http://weekly.ahram.org.eg/2010/1020/re3.htm


rCR


Wikileaks revela que EE UU permitió torturas sistemáticas en Irak

Wikileaks revela que EE UU permitió torturas sistemáticas en Irak

Las filtraciones revelan por primera vez una cifra oficial de víctimas: 109.000 muertos, un 63% de ellos, civiles. -El Pentágono teme que los documentos de WikiLeaks, 400.000 archivos clasificados sobre la guerra de Irak, comprometan la seguridad de las tropas







Wikileaks ha cumplido con su amenaza de publicar 400.000 documentos secretos sobre la guerra de Irak. Uso sistemático de torturas, 109.000 muertos en Irak entre 2003 y 2009 -63% de ellos, civiles-, y ayudas de Irán a las milicias iraquíes son las revelaciones principales. Por el momento, el seguimiento más preciso de la filtración se puede hacer en las ediciones digitales de The Guardian y The New York Times, Le Monde, Der Spiegel y el Bureau of Investigative Journalism. Para entender la complicada terminología militar de los informes, esta última institución incorpora un glosario.
      Estados Unidos

      Estados Unidos

      A FONDO

      Capital:
      Washington.
      Gobierno:
      República Federal.
      Población:
      303,824,640 (est. 2008)
      Irak

      Irak

      A FONDO

      Capital:
      Bagdad.
      Gobierno:
      República.
      Población:
      28,221,181 (est. 2008)

    La noticia en otros webs

    Según el análisis de los documentos, las autoridades estadounidenses dejaron sin investigar cientos de informes que denunciaban abusos, torturas, violaciones e incluso asesinatos perpetrados sistemáticamente por la Policía y el Ejército iraquí. Más de 15.000 civiles murieron en incidentes que hasta ahora se desconocían. Oficiales británicos y estadounidenses insistían hasta ahora en que no había registro oficial de las víctimas, pero los documentos fijan en 66.081 los no combatientes muertos de un total de 109.000 bajas durante los seis años estudiados. La mayoría de víctimas civiles son, según se deduce de la información que maneja Estados Unidos, producto de ataques de milicias y ajustes de cuenta étnicos y políticos que las fuerzas de seguridad iraquíes e internacionales no fueron capaces de evitar.
    Los informes de Wikileaks, apoyados por evidencias médicas, describen a prisioneros con los ojos vendados, maniatados y recibiendo golpes, latigazos y descargas eléctricas. Al tratarse de documentados acumulados por el ejército de Estados Unidos, estos hechos estarían, por tanto, todos en conocimiento del Pentágono.
    Pasividad ante los abusos
    La coalición de fuerzas internacionales en Irak aparece como insensible a muchas de las revelaciones de abusos. El sello "No investigation is necessary" ("No es necesaria ninguna investigación") marca las denuncias de abusos mejor fundamentadas.
    The New York Times indica que los documentos incluyen referencias a la muerte de al menos seis presos bajo custodia iraquí. En centenares de informes se citan latigazos, quemaduras y palizas, y en un caso en particular los soldados estadounidenses apuntan sus sospechas de que los soldados iraquíes cortaron los dedos y quemaron con ácido a uno de los presos. Dos informes revelan la ejecución de dos prisioneros maniatados.
    Algunos informes dejan claro que los soldados estadounidenses, cuando sospechan la posibilidad de torturas, interrumpen esas prácticas y confiscan los materiales con los que supuestamente se perpetran. En algunos de los casos, los militares estadounidenses abrieron una investigación pero en la mayoría parecen haberse limitado a informar a sus superiores y dejar las pesquisas en manos de las fuerzas iraquíes.
    La frase "ningún soldado de la coalición estuvo implicado en el incidente" es frecuente en los informes. Mientras, en alguna ocasión, jefes de Policía local expresan su conformidad con las torturas, "con tal de que no dejaran marcas". En otra ocasión, un oficial describe los abusos como "un método para desarrollar investigaciones".
    Lo que también queda claro es que, aunque los soldados estadounidenses no perpetraran abusos, sí utilizaron la amenaza de abusos por parte de las fuerzas iraquíes para obtener información de los detenidos. En las únicas referencias a violencia por parte de soldados de EE UU, estas alusiones no se documentan. Los casos más serios de este tipo, según el diario, se producen durante detenciones de presos y siempre les acompaña la apertura de una investigación.
    Civiles abatidos en los checkpoint
    El diario Le Monde, que asegura haber consultado los archivos SIGACT filtrados (Significant Activity, los informes sobre incidentes que redactan los soldados), extraealgunos pasajes en los que se describen las muertes de civiles en los checkpoints(controles de carretera), por no haber respetado, entendido u oído las indicaciones de los soldados.
    "4 de enero de 2006, 19 horas. La patrulla esperaba la llegada de un equipo de limpieza de minas al lugar en el que había encontrado un escondite de armas. Un vehículo de cuatro puertas, naranja y blanco, se detuvo muy cerca. Un hombre se bajó del coche y empezó a correr hacia la patrulla. La patrulla sospechó que el hombre era un kamikaze y le gritó en árabe que se detuviera. Le hizo señales con las manos y los brazos para intentar detenerle. El hombre no hizo caso. A 75 metros, la patrulla lanzó una bengala pero el hombre siguió corriendo hacia ella. Siguió haciendo señales y gritando, sin éxito. A 15 metros, la patrulla abrió fuego y mató al civil. Cuando llegaron, los artificieros inspeccionaron el cuerpo en busca de explosivos, pero no encontraron nada".
    Alrededor de 600 civiles murieron así, en incidentes en cordones policiales o entre vehículos, en los seis años que cubren los documentos publicados por Wikileaks, señala el diario francés.
    Uno de los episodios más escalofriantes explica cómo una patrulla en un control de entrada a Bagdad mata a un discapacitado por error:
    "24 de abril de 2009. 14 h 42: La unidad C/2-505 comunica por radio un incidente en el punto de control de entrada del puesto avanzado 799 de Bagdad.
    14h53: Actualización: se comunica que el hombre caminaba a lo largo de un muro y ha girado en una esquina. Ha empezado a correr hacia el puesto avanzado y no se ha detenido cuando se han empezado a utilizar las primeras etapas de la escalada de fuerza.
    15h57: Actualización: se lanzan disparos de advertencia (...), el iraquí estaba demasiado cerca y le han alcanzado los disparos de M-4. Ha recibido una bala en la espalda mientras atravesaba el punto de control corriendo, se ha girado y le ha alcanzado una bala por delante. Estimación del oficial de información: el individuo muerto por las fuerzas de la coalición ha sido reconocido por un policía iraquí. Se trataría de un discapacitado mental sin familia conocida".
    Los informes rebosan de incidentes como éste, asegura Le Monde: discapacitados mentales, invidentes o simplemente conductores que no vieron a los soldados o no entendieron sus indicaciones.
    Helicóptero que no respeta rendiciones
    Como episodio significativo, The Guardian, cita que un helicóptero estadounidense mató a insurgentes que se habían entregado.
    El papel iraní
    The New York Times atento también a los intereses de EE UU en Oriente Medio, destaca el papel que ha jugado Teherán en el conflicto. Según ha rescatado el diario neoyorquino de los informes filtrados, las milicias chiíies auspiciadas por Irán apoyaron activamente a los insurgentes iraquíes.