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Abuelas de Plaza de Mayo recuperan al nieto 119 - Faltan varios niños uruguayos

Abuelas de Plaza de Mayo recuperan al nieto 119 - Faltan varios niños uruguayos



Mario Bravo, nieto recuperado número 119, abraza a la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. EFE/Paula Ribas

http://noticiasuruguayas.blogspot.com.uy/search?q=recuperado&max-results=20&by-date=true


Niños uruguayos detenidos-desaparecidos en Argentina y posteriormente localizados.

D’ELIA CASCO, Carlos - nacido en cautiverio, restituida su identidad en 1995.
GARCIA HERNANDEZ, Amaral - desaparecido en 1976, restituido en 1984.
JULIEN GRISONAS, Anatole Boris y
JULIEN GRISONAS, Eva Lucía - desaparecidos en 1976, encontrados en ese año en una plaza en Valparaíso - restituidos en 1979.
MOYANO ARTIGAS, María Victoria - nacida en cautiverio y restituida en 1987.
ZAFFARONI ISLAS, Mariana - encontrada en 1983, restituida en 1994.
RIQUELO, Simón Antonio - hay en curso una acción judicial que podría establecer la identidad de un joven que se presume se trate de este niño secuestrado a su madre en 1976



Niños uruguayos detenidos-desaparecidos en Argentina:

Seis niños continúan desaparecidos:

HERNANDEZ HOBBAS, Andrea - .. 08.77

HERNANDEZ HOBBAS, Beatriz - .. 08.77

HERNANDEZ HOBBAS, Washington - .. 08.77.

Los hijos nacidos en cautiverio de:

Blanca ALTMANN
Aída SANZ
María Emilia ISLAS y Jorge ZAFFARONI.


http://www.nodo50.org/fau/revista/lucha_50_aniv/51.htm

Información recopilada por Ricardo Ferré


Caravana con los 154 niños hijos de exiliados que arribaron al país en 1983



niños

Un documental retrata la historia de los 154 niños exiliados que llegaron al país en 1983.
Una caravana multitudinaria se despliega a lo largo de la rambla. Un pueblo emocionado y cientos de niños que sonríen y saludan desde los ómnibus Leyland de la época. El motivo no era el acto del obelisco ni la proclama leída por Alberto Candeau. Tampoco la recordada Marcha del Estudiante o la celebración, después de tanto, del 1° de mayo, sino un vuelo de 154 niños hijos de exiliados que arribaban al país en medio del año 1983, instalando el desexilio en la agenda nacional e internacional.
Este hecho sin precedentes, que se llamó el “viaje de los niños”, se convirtió en un emblema: hoy volvían los hijos, pronto retornarían los padres. Pero aun así, con este cierre clave para un año fundamental en la lucha contra la dictadura militar, el hecho fue pasando a un segundo plano en la historia reciente, hasta tal punto que muchos de los que participaron en esa prolongada caravana (los ómnibus demoraron cuatro horas en llegar desde el aeropuerto a la sede de AEBU), hoy apenas lo recuerdan como una nebulosa fantasía. En 2013, cuando se cumplieron 30 años de aquel vuelo, tanto los medios de prensa como varios de los involucrados organizaron actividades que homenajearon aquella quijotesca cruzada.
Luego se sucedieron dos hechos significativos de manera paralela: por un lado, en diciembre se publicó el libro Los niños del reencuentro (de Isabel Collazo, María de los Ángeles Fein, Rosana Passeggi y Ana María Sosa), trabajo que reconstruye este hecho histórico mediante la memoria, y por otro, este mes de marzo la película Tus padres volverán, de Pablo Martínez Pessi, aguarda para circular por numerosos festivales internacionales: se exhibirá por primera vez el 4 y 10 de abril en el Festival Internacional de Cine de Cinemateca, dentro de la sección Derechos Humanos. El 13 se proyectará en Río de Janeiro y el 14 en San Pablo, dentro del Festival É tudo verdade. El viernes 17 del mismo mes se exhibirá en el Festival de Málaga, y si bien el estreno en Montevideo está previsto para julio, los días 24, 25 y 26 de abril se estrenará en la Cineteca de Madrid.

Candombe del recuerdo
“Tus padres volverán”. Ésa era la consigna que coreaba la multitud en medio de una de las tardes más calurosas del año, mientras de boca a boca comenzaba a circular una sola noticia: “reabrieron la 30”, en alusión a la clausura de la radio CX30 de José Germán Araújo. Y si bien la clausura se levantó unos días después, no faltaron los numerosos carteles que rezaban “Transmite CX 30”.
La película de Pablo Martínez Pessi se centra en seis de los 154 niños que volaron solos desde Europa a Uruguay para conocer a sus familiares o reencontrarse con ellos: Fernando de Meersman y Salvador Banchero residen actualmente en Uruguay, los demás volvieron a radicarse en el exterior: Cecilia Rodríguez (España), Marcos Medina (Bélgica), Jorge Garibaldi (Dinamarca) y Guzmán Tierno (Italia).
Cuando Martínez Pessi vio un informe de María Inés Obaldía al conmemorarse los 25 años del viaje, no podía creer que eso realmente hubiera sucedido. En 1983 el director vivía en Dolores y tenía sólo tres años, como varios de los niños que viajaron en aquel chárter proporcionado por el gobierno español.
En ese mismo momento comenzó a buscar información, y dos años después (2010) ya iniciaba una investigación junto al periodista Gabriel Farías, recabando los datos sobre el hecho concreto y la llegada de los niños a Uruguay.
En el proceso de gestación del viaje participó el dirigente sindical y militante socialista en el exilio Artigas Melgarejo, quien le propuso a Enrique Quico Mañero -secretario de la Juventud Socialista en España- organizar esta movilización. También el político uruguayo Víctor Vaillant, que luego de viajar a Europa para reunirse con las colectividades de exiliados uruguayos en varios países europeos, se encontró con Melgarejo en Madrid durante los primeros días de noviembre de 1983, cuando concibieron la idea de organizar un viaje a Uruguay que concentrara los hijos de los exiliados políticos. Pocos días después, de regreso en Montevideo, Vaillant escribió un editorial en el semanario Convicciónlanzando la idea. Sólo 24 horas después ya se creaba la Comisión del Reencuentro de los uruguayos, presidida por Vaillant, para organizar el viaje a nivel local. El 26 de diciembre, ante el desconcierto de la dictadura, un vuelo de Iberia llegaba a Montevideo con 154 niños, provocando una de las movilizaciones populares más importantes del año.
Cuando Martínez Pessi y Farías avanzaron en la investigación, se reunieron con algunos de los organizadores, como Melgarejo, Vaillant y Eduardo Lalo Fernández, “para tratar de armar la historia, ya que no estaba claro exactamente cómo había sucedido todo, en buena medida porque dependíamos del relato de cada uno de los protagonistas”, dijo a la diaria Martínez.
“Cuando veía esas imágenes en que la multitud se acercaba a los niños, me preguntaba cómo se sentiría un niño de tres años -que era la edad que yo tenía en 1983- viajando 11 horas. ¿Cómo estaba preparado? ¿Cuál era la historia que había detrás de cada uno?”, se pregunta el realizador.
Martínez recuerda que se han retratado y narrado historias sobre presos políticos, exiliados, militantes y desaparecidos, “relatos importantes para construir la memoria y la historia reciente del país”, pero se cuestiona qué sucedió con los niños: “¿Y la historia de esas personas que se vieron involucradas en la causa sin decidirlo? Esta historia de los otros no se ha contado”. Con respecto a esta perspectiva, el director sostiene que él podría haber decidido contar la historia del vuelo, del proceso para que se concretara, del diálogo con los militares para organizar el recorrido, o cómo lo ideó Melgarejo junto al grupo de exiliados y la colaboración española. En cambio, optó por tomar el hecho del viaje de los niños para hablar de la identidad, el exilio y la familia, tríada que definió como los tres ejes temáticos fundamentales de la película.


“Voy a contar la historia de cómo vivieron seis niños ese momento, y cómo el viaje influyó en el resto de sus vidas. Ellos comprendieron que eran hijos de exiliados políticos, y también por qué debieron irse sus padres”, sostiene. Consultado sobre cuándo asimilaron el exilio, Martínez no dudó en responder que los seis protagonistas lo asimilaron luego del viaje. “Porque ¿cómo interpretan y les llega el relato sobre el Uruguay de sus padres sin conocerlo? Es claro que para los más grandes fue distinto, ya que ellos sí sabían qué era Uruguay. Gabriel [Melgarejo, hijo de Artigas] ya entendía cuál era la lucha, qué eran los militares, la dictadura y la represión. Él lo comprendió y de alguna manera se acopló a esa lucha viviendo en Madrid. De hecho él era una de las personas que, en cada acto en el que participaron, tuvo un discurso para decir”.
El sorianense centró su interés en cómo vivieron estos niños la experiencia del viaje. Y si bien aclara que es una obviedad que los más grandes lo comprendían (el rango de edades iba de los tres a los 17 años), y para ellos sí se concretaba un reencuentro, para los más chicos era distinto, ya que considera que en estos casos, más que un encuentro se producía una suerte de primer acercamiento. “Partí desde este lugar para hablar sobre cómo ha sido la vida de estos niños luego del encuentro”, precisó.
La película también incluye imágenes de archivo y el testimonio de algunos organizadores. Pero el verdadero protagonismo recae en esas seis historias de vida. Tus padres volverán comienza a hablar de un supuesto viaje y una supuesta bienvenida ambientada en dictadura. El director adelanta que los espectadores irán -paulatinamente- construyendo la historia a partir del relato de esos niños. De este modo, los realizadores pensaron la película a partir de una estructura narrativa en la que, poco a poco, se devela toda la historia y su contexto: quiénes son los niños, de dónde vinieron, quiénes eran sus padres, qué significa el exilio para ellos hoy, cómo viven en sus países. “Claro que incluimos datos concretos de cómo fue la construcción del viaje, pero eso no se vuelve un tema protagónico.” Sobre esto, Martínez asegura que los seis testimonios representan lo que podrían haber sido las 154 experiencias: todos tienen historias de vida y puntos de vista diferentes, pero cree que ésta es la primera vez que se habla de los protagonistas del viaje.
Incluso, según cuenta Martínez, todos los personajes aceptaron participar en la película porque se iba a hablar de ellos mismos, porque interesaba suhistoria. Con respecto a esto, cuenta que después de participar en la película recibió muchos agradecimientos, ya que para ellos ha sido muy difícil poder hablar. Esta contrariedad llegó a tal punto que uno de los participantes se negaba a integrarse al proyecto, hasta que un día aceptó porque se dio cuenta de que ya era hora de poder hablarlo.
“Por un lado está el vuelo de los niños -reflexiona el cineasta-, y por otro el mensaje político y la reivindicación de los derechos humanos, además del mensaje sobre la existencia de los exiliados, gente que quería este país pero debió irse por luchar. Los padres querían estar en el lugar de sus hijos, y de ahí surge todo. En lugar de los padres volaron los hijos”.


El niño que fui
El conductor radial Salvador Banchero nació en Buenos Aires en 1976, y cinco años después se exilió junto a su familia en Madrid. El único uruguayo de su familia era su padre, quien en 1973 había viajado a Buenos Aires y pasado a la clandestinidad.
Banchero cuenta que en su casa el exilio siempre estuvo presente de un modo muy natural, sin que generara un clima denso. Incluso recuerda una infancia feliz y no una sensación de desarraigo, aunque justifica el hecho por la rápida adaptación que se logra en la infancia. Pese a los buenos recuerdos, hasta el día de hoy le sigue llamando la atención la conciencia que tenía sobre la situación que vivía su familia, sobre todo teniendo en cuenta lo que se podía esperar de un niño de su edad.
El periodista recuerda que cuando se abordaba el tema del exilio en su familia siempre estaba más presente Uruguay que Argentina, incluso cuando la única presencia uruguaya era la de su padre. Todo lo que Banchero conocía de Uruguay se reducía a los viajes que hacía junto a su madre a Carmelo, donde visitaba a su abuela paterna. Pero aun así, el viaje lo sumió en una emoción difícil de explicar.
“No recuerdo cuándo me propusieron el viaje, pero estoy seguro de que mis padres me preguntaron si quería venir, ya que en casa todo se democratizaba. Durante muchos años pensé que las imágenes que tenía de esos momentos estaban distorsionadas, o agrandadas por el recuerdo de la infancia. Varios años después, cuando vi algunas imágenes me impactaron mucho, porque comprobé que realmente había sido así. Tenía recuerdos de la gente como una especie de corso, que se extendía a lo largo de las cuatro horas que demoró la caravana, cosas de las que siempre había dudado”, dice.
Centrándose en la conciencia de lo que estaba viviendo, recuerda que cuando iba en la caravana le interesaban cosas extrañas. Da el ejemplo de una veterana que se subió al ómnibus llorando (las puertas estaban abiertas por el calor sofocante de ese 26 de diciembre), y entre la emoción repetía “reabrieron la 30”. Su curiosidad fue tal que se olvidó de la multitud que los rodeaba y le preguntó a alguien de qué hablaba esa señora. La respuesta tenía que ver con la clausura de la radio, que se suponía que en ese momento había reabierto y estaba transmitiendo la llegada. “Entendía perfecto qué era lo que hacíamos ahí, y no tengo el mínimo recuerdo de haber sentido miedo. Las autoras del libro [Los niños del reencuentro] me preguntaban si alguna vez había sentido miedo, y en realidad nunca me había puesto a pensar en eso, que tenía absoluta lógica”.
Como en el viaje coincidió con amigos suyos que se encontraban en la misma situación que él (estaban en el exilio pero no tenían familiares presos, muertos o desaparecidos), al comunicador le llevó mucho tiempo darse cuenta de que su realidad de viaje era diferente, y que había 154 viajes e historias distintas. Con respecto a su situación, cuenta que al llegar fue a visitar a su abuela en Carmelo, cuando otros visitaban a su padre preso, o quedaban en medio de familias maternas y paternas que se los disputaban. “Sabía intelectualmente que existían personas con otras realidades, pero no era consciente de eso. Esto me sucedió años después, sobre todo cuando comencé a hablar con otra gente que había viajado. Me di cuenta de que no todos tenían la misma percepción, y a otros no les gustaba hablar mucho del viaje, o no lo recordaban como algo positivo. Algunos, incluso, se sintieron usados. Yo sabía perfectamente a lo que venía, por más que tuviera siete años, y por eso también fue una decisión propia.”
Evocando esta experiencia movilizadora, Banchero cree que fue un acontecimiento “redondo”, ya que alcanzó una brillantez estratégica de comunicación sin fisuras. Tiene en cuenta que debían comunicar una situación, y para ello, a los organizadores se les ocurrió que viajaran niños junto a algunas instituciones, organizaciones y diplomáticos, y así poder blindar el asunto y quitarle el componente político (vinieron integrantes de la Cruz roja, Naciones Unidas, delegaciones del Partido Socialista Obrero Español -PSOE- y el PP). Por eso mismo al régimen militar le resultó un suceso que se le imponía de forma irrevocable.
Otro de sus recuerdos tiene que ver con que, durante muchísimo tiempo, creyó que ésta era una historia compartida con todos los que hicieron el viaje, cuando en general la gente de su edad no lo recuerda. Frente a esta situación, Banchero habla de la necesidad que sentía de poder comunicarlo, aunque le resultaba casi imposible transmitir la experiencia. “Comencé a hacerlo por estos proyectos que se están haciendo, y tal vez por eso mismo me resulta un poco más sencillo”.


Para amanecer
“Encontramos una filmación clandestina del acto del 1° de mayo en una feria barrial”, dice animado Gabriel Melgarejo ni bien recibe a la diaria en su oficina (es secretario ejecutivo del PIT-CNT y uno de los fundadores de la murga Contrafarsa). “¿Te das cuenta de cómo se cruza todo, no?”, pregunta antes de iniciar la charla.
Lo primero a lo que se refiere son las actividades de 1983, una movilización popular que -para los que estaban fuera del país- indicaba que algo estaba sucediendo. “Dentro de todo este abanico de sucesos importantes, el viaje de los niños, en términos de registro, pasó desapercibido. Creo que recién ahora se está comenzando a hacer justicia, al ubicar este hecho concreto -casi inédito a nivel mundial- en ese concierto de actividades de movilización”.
Melgarejo tenía 15 años cuando arribó al aeropuerto de Carrasco. Dice que cuenta con un recuerdo muy grato de la visita, porque ellos vivían en una suerte de fantasía, mientras se llevaba a cabo una fuerte movilización política y social. “No sabíamos a qué llegábamos porque no sabíamos qué iba a pasar. Tampoco éramos conscientes de la magnitud. Cuando salíamos del aeropuerto y veíamos toda esa gente en la calle nos dábamos cuenta de lo increíble que era, y que finalmente sería algo disfrutable”. Cuenta que cuando aterrizaron, todo el avión comenzó a cantar “Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar”, mientras los mayores a cargo se desesperaban por callar el cántico de los 154 niños.
Uno de los claros ejemplos de cómo la sociedad comenzaba a asumir más riesgos se vincula con el momento en que los militares y policías quisieron desviar la caravana por Avenida Italia, ya que estaban al tanto del número de personas que se desplegaba a lo largo de la rambla, pero la gente los enfrentó, impidiendo el cambio de rumbo.
“Vivimos esos 15 días como una suerte de fiesta, porque nos recibían y reconocían en todos lados, mientras la gente coreaba ‘tus padres volverán’. Por eso el título de la película de Pablo es muy sintomático, porque ésa era la consigna y lo que la gente nos transmitía en la calle. Recuerdo que íbamos al Prado, a las cooperativas, y todo era una fiesta de recibimiento. Tal vez era un contraste con lo que el país vivía en ese momento, pero la gente tenía una actitud tan propositiva de alegría, que era inevitable contagiarse. Cuando llegué a Madrid le dije a mi viejo ‘Preparate porque dentro de poquito volvemos, y si no, me vuelvo yo’”. En esta misma línea, reconoce que el viaje no sólo marcó a fuego su vida afectiva, sino también su formación política.
“Esto no tiene nada que ver con la política”, dice el quinceañero Melgarejo a El Diario, el 2 de enero de 1984, cuando el periodista le pregunta: “¿De qué forma calificarías la visita tuya y de los otros chicos al Uruguay?”. Él y otros compañeros eran, en cierto modo, la cara visible del viaje, y por eso mismo tenían muy claro qué le debían decir a la prensa. Sobre esto, el secretario de la central cuenta que venían adoctrinados, ya que debían transmitir un mensaje: la idea fuerza fue que ellos no eran 154 niños, sino que representaban a todos los uruguayos que no podían estar en el país por razones de exilio, y el mensaje era, precisamente, la necesidad del reencuentro de los uruguayos.
“Queríamos oponer la imagen que daba la dictadura de que esto era un operativo político -que obviamente lo era-, y en las declaraciones nosotros debíamos contrarrestar el concepto, ya que lo fundamental era lo humanitario de la misión, y la necesidad de plantear el problema latente de la cantidad de uruguayos que estaban en el exterior por no poder expresar sus ideas libremente. Hoy lo digo a 30 años de distancia, con 46 años y con plena conciencia de mi intelectualidad política, pero en aquel momento era un niño. Hay que trasladarlo a ese momento: un niño con un discurso político o con un marco de discurso político dentro del cual debía dejar un mensaje. Era una movida muy pesada y compleja. No sé si yo haría lo mismo con mis hijos, y no estoy juzgando a nuestros padres. Al contrario, fueron gestores de un hecho importantísimo en la historia reciente de Uruguay”.
Tal vez por lo difícil que resulta procesar este tipo de experiencias, Melgarejo explica que se ha encontrado con muchas personas que compartieron el viaje, y que recién ahora, después de 30 años, comenzaron a animarse a contar la historia.
Cuando se le pregunta por la gestación del viaje no puede evitar sonreír y definirla como “muy particular”. Después del proceso inicial entre Quico Mañero, el diálogo con el entonces presidente Felipe González y el PSOE, se inicia una segunda etapa que tiene que ver con la selección de los niños, ya que eran muchas las familias que querían enviar a sus hijos. Artigas Melgarejo junto a otros integrantes de la colonia de exiliados de Madrid asumió la responsabilidad de estudiar caso por caso, ver de dónde venían, cuál era la situación de los niños y de sus familias en el país, y también comprobar que existiera un tutor que los pudiera recoger en AEBU. Su hijo recuerda que fue un largo trabajo de ingeniería burocrática, ya que implicaba la conexión de esa oficina en Madrid y la Comisión del Reencuentro de Uruguay.
En el transcurso de esos días sucedieron muchísimas cosas. Por ejemplo, a las tres de la mañana sonaba el teléfono en la casa de la familia Melgarejo: era una madre que vivía en Bélgica y lloraba diciendo que su marido estaba en el Penal de Libertad y que ella quería que su hijo pudiera conocer a su padre. “Como la lista ya estaba completa, mi viejo nos bajaba del avión a mi hermano y a mí. Esto pasó muchas veces, y hasta último momento no sabíamos si veníamos”.
En cuanto a Tus padres volverán, considera que es muy interesante el enfoque de la película, ya que se centra en un punto de vista más humano que político, para así poder retratar cómo repercutió y transformó la vida de esos niños.
Una de las grandes preocupaciones actuales de Melgarejo se vincula con la percepción de que la memoria reciente se vuelve cada vez más acotada. Cree que es un deber proyectar e intentar ofrecer herramientas para que las personas puedan conocer qué es lo que sucedió. “En esta época en la que contamos con una democracia muy estable y podemos disfrutarla, perdemos la perspectiva de que para que esto exista fue necesario haber padecido todo aquello. Me preocupaba que las nuevas generaciones conozcan esta perspectiva, y también me preocupa mucho la proyección de aquellos hechos hacia el futuro”.
Teniendo en cuenta que toda historia de vida resulta fragmentaria y subjetiva, la realidad irreal del exilio vuelve a exhibirse, esta vez desde la perspectiva infantil de un suceso que marcó la historia reciente. Aun hoy, sorprendido, Melgarejo reconoce que recién al llegar a Madrid comprendieron “lo que significó aquel viaje”, mientras la consigna “tus padres volverán” aún continuaba resonando a lo lejos.
Débora Quiring

La impunidad del ejército "más moral del mundo": el calvario de los niños palestinos presos




La impunidad del ejército "más moral del mundo":
el calvario de los niños palestinos presos
Mondialisation.ca
Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
"Ya sea un demonio, ya sea negro o blanco, tiene el corazón puro, es todo inocencia. Roba en el mercado un pastel, una naranja, y le persiguen, hay que atraparlo. Se da la alerta, se detiene a un ángel. Y se pone a llorar para defenderse. ¡Ay de aquel que hace daño a un niño!", Enrico Macias

El sábado y domingo pasados [ 4 y 5 de diciembre] se celebró en Argel un coloquio sobre la condición del los presos palestinos en relación al derecho internacional. ¡tema vasto donde los haya! En esta contribución vamos a abordar la cuestión de una categoría particular de presos, los niños. ¡Qué crimen tan abominable! Es conocida la acusación principal contra ellos, lanzar piedras contra vehículos israelíes, incluso contra los soldados. Las penas a las que se exponen, en cambio, varían en intensidad, en duración y en… horror. Ramsey Clark, ex-ministro de Justicia de Estados Unidos, consideró que "el derecho internacional, la simple justicia y la decencia humana exigen que Israel se retire de las tierras palestinas definidas por la Resolución 181 de la Asamblea General de la ONU de 1948, y que abandone todas las colonias y estructuras que ha construido". También considera que Israel debe al gobierno palestino reparaciones por las persecuciones, la explotación de todo tipo y las injurias padecidas por el pueblo palestino durante décadas. El ex-diputado británico George Galloway subrayó "la necesidad de apelar a la comunidad internacional y a la ONU a que debatan la cuestión de los presos políticos" y considera imperativo "que este apoyo empiece a partir del mundo árabe" (1). 

¿Cómo se traduce en la práctica el sionismo que lucha contra unos niños que no han conocido sino la guerra, los bombardeos y el ruido de los helicópteros Apache o de los F16? Uno no puede menos que sentirse desconcertado ante el alarde de imaginación del ejército de ocupación para aterroriza sin distinción tanto a niños, mujeres, ancianos como a adultos. Esta contribución publicada en Haaretz, el periódico israelí de izquierda, es más elocuente que cien discursos. En él leemos:

"Unos soldados israelíes testifican: Seis de la mañana. Rafah está bajo toque de queda. No hay un alma por las calles, sólo un niño de cuatro años que juega en la arena. Construye una especie de torre en el patio de su casa. Este [soldado] se pone de pronto a correr y corremos con él. Era del cuerpo de ingenieros. Todos corremos con él. Atrapa al crío.(...). Le rompió el brazo, aquí, en la articulación. Le rompió el brazo a la altura del codo. Le rompió la pierna aquí. Y se puso a patalearle el vientre, tres veces. Después se fue. Nos quedamos todos con la boca abierta mirándole, impactados... A la mañana siguiente vuelvo a salir a patrullar con él y los soldados ya habían empezado a hacer como él» (2).

Situación del calvario de los niños detenidos

En 1973 un folleto oficial destinado a los piadosos militares contenía las siguientes recomendaciones: "Cuando en el curso de una guerra o durante una persecución armada o de una redada nuestras fuerzas se encuentre ante civiles de los que no se puede estar seguro de que no nos harán daño, según el Halakhah [compendio de leyes religiosas judías], pueden e incluso deben asesinarlos. [...] En ningún caso se puede confíar en un árabe, aunque tenga aspecto civilizado. [...] En guerra, cuando nuestras tropas emprenden un ataque final, les está permitido y se lo ordena el Halakhah matar incluso a los civiles buenos, es decir, a los civiles que se presentan como tales". Jacqueline Rose escribe en la misma línea: "Hoy, como política constante, el ejército israelí rompe los huesos de los palestinos. Al principio de la primera Intifada [Isaac] Rabin había dado esta orden al ejército: “Rompedles los huesos’’. Y los soldados ejecutan con disciplina la orden que se les había dado: romper con la culata de sus armas los brazos y piernas de los palestinos". También informa de que los soldados y los oficiales israelíes "ejecutan sumariamente a niños palestinos y se justifican proclamando que el recuerdo del Holocausto les lleva a perpetrar, de forma rutinaria, lo que se considera patentes crímenes de guerra perpetrados contra civiles que no representan peligro alguno" (3).

Cuando Israel no mata a los niños como hizo durante la carnicería de Gaza en 2008-2009, los aterroriza, los tortura, los mata de hambre, provoca su deterioro. Vamos a relatar en primer lugar la situación actual y después abordaremos el problema de las violaciones graves de la IV Convención de Ginebra relativa a los presos y a los niños tratando de describir las derivas más flagrantes del "ejército más moral del mundo". En agosto de 2006 Israel mantenía a 10.073 presos palestinos en más de treinta prisiones y centros de detención. Desde 1967 se ha detenido a más de 650.000 palestinos, esto es, ¡a cerca del 20% de la población de los Territorios Palestinos Ocupados! En septiembre 2006 la mayoría de estos presos palestinos eran hombres, pero había también 115 mujeres y 450 niños. Están encarcelados en Israel despreciando la IV Convención de Ginebra que lo prohíbe. La ocupación de los Territorios Palestinos por parte del ejército israelí y la violencia de la represión que acompaña a la ocupación afectan plenamente a los niños. Así, desde el principio de la Segunda Intifada se ha detenido a más de 4.000 niños palestinos. En septiembre de 2006 450 presos en las cárceles y centros de detención israelíes eran menores de 18 años.

"Promulgada el 24 de septiembre de 1967, la Orden Militar 132 decreta que desde la edad de 12 años un niño palestino puede ser perseguido, detenido, encarcelado y condenado por una jurisdicción militar y verse así expuesto a penas reservadas a los adultos. Se detiene a los niños durante las manifestaciones, pero también en sus hogares, generalmente en plena noche, basándose en fotos, en testimonios de terceros o de confidentes. Los niños encarcelados también son alumnos que han sido arrancados de sus escuelas. Ahora bien, no disponen de medio alguno de seguir su escolarización, ni siquiera para jugar. En las cárceles no hay bibliotecas ni material educativo que les permita preparar los exámenes para terminar la secundaria. (...) Un tema que con frecuencia se ignora o que apenas se aborda es la tortura. (...) En 1967 se legalizaron en Israel las técnicas de tortura" (4). 

Eric Silverman cuenta por lo que tienen que pasar los padres que quieren visitar a sus hijos presos:

"Nabil y Huda Ward iban a visitar con sus dos hijas adolescentes a su hijo Naseem, de 26 años, por primera vez desde que fue encarcelado en abril de 2002.. [Nabil y Huda Ward ] son personas veteranas del sufrimiento bajo la ocupación israelí: en 2001 las fuerzas israelíes mataron a la hija de Ward, Riham, de diez años, cuando estaba en su aula en la escuela de niñas Al-Ibrahim en Jenin. (...) En noviembre de 2006 Israel tenía a unos 700 palestinos en situación de detención administrativa [sin cargos ni jucio]. (...) El CICR vigila las condiciones de detención y el trato de todos los presos palestinos, que se calcula que son 11.500, de los cuales 400 son niños y 120 mujeres" (5).

En el Día Nacional de los Presos Palestinos, el 17 de abril, la Delegación General de Palestina en Francia redactó el siguiente informe en el que leemos:

“La cuestión de los presos palestinos en las cárceles israelíes no se limita a unas cifras o estadísticas sino que para conocer su situación hay que conocer cuántos hay, dónde están detenidos y sus condiciones de vida. La cantidad de detenidos durante el año 2009 llegó a 5.200, esto es, una media de 14 detenciones al día. Estos miles de presos, hombres, mujeres y niños, son retenidos en 13 cárceles y 3 centros de detención situados por todo Israel... (...) Según un reciente informe de Friends Of Humanity International pubicado el 1 de abril de 2010, el año 2009 ha sido uno de los años más difíciles para los presos palestinos. (...) Durante 2009 las fuerzas de ocupación han seguido practicando todo tipo de detenciones, registros y secuestros. (...) Hay más de 1.000 presos en las cárceles israelíes que padecen enfermedades crónicas y que padecen la negligencia médica. (...) Considando que en virtud de la Convención de la ONU relativa a los derechos del niño, de la que Israel es signataria, se entiende por niño todo ser humano de menos de 18 años, considerando que los presos palestinos, niños incluidos, son sometidos a tratos humillantes y degradantes, considerando que durante los interrogatorios las autoridades israelíes siguen recurriendo tanto a la coacción física como a las amenazas físicas y psicológicas que llegan hasta la tortura, sobre todo para intimidar a los presos y obtener declaraciones de ellos, la Delegación General del Palestina en Francia exige que se respete la prohibición absoluta de la tortura como lo impone el derecho internacional” (6).

El nuevo suplicio


El ministro palestino de los Presos, Issa Qaraqa’, informa de un nuevo escándalo entre estos excesos: unos soldados israelíes orinaron sobre dos niños de 13 años y les obligaron a permanecer desnudos en los cuartos de baño durante dos días. Sin embargo, afirma que lo peor sucedió cuando volvieron los soldados y en vez de utilizar los retretes, orinaron sobre la cabeza y cara de los dos niños. Después los soldados se burlaron de ellos y se rieron mientras sacaban fotos. Tras dos días de este trato cruel llevaron a los niños a la colonia de Binyamin y los interrogaron desde las 10 de la mañana hasta las 3 de la madrugada, y después los llevaron al campo militar de Ofer, donde permanecieron tres meses antes de ser trasladados a la prisión para niños de Rimonim. Nunca han sido llevados ante la justicia (7).

En la misma línea, el responsable de Asuntos de los Presos ante la Autoridad Palestina y ex-preso Abdul Nasir Farawneh declaró el pasado lunes [6 de diciembre] en Argel durante el Coloquio Internacional de Apoyo a los Presos Palestinos que Israel seguía utilizando a los presos para probar los efectos de diferentes medicamentos:

“Israel no ha dejado de hacerlo ni un solo día”, dijo Farawneh. “Al contrario, ha aumentado sus crímenes y autorizado al ministerio de Sanidad a aumentar un 15% su cuota anual de medicamentos. Progresivamente se expone a cada vez más presos a estos tratamientos, lo que explica el aumento de la cantidad de presos enfermos en las cárceles de la ocupación israelí y la emergencia de nuevas enfermedades extrañas”. Según Farawneh, aproximadamente 3.000 presos palestinos en las cárceles de Nafaha, Ramon y Negev (esto es, el 45% del total de los presos) son sometidos a estas pruebas de medicamentos y los presos de la cárcel del Negev son expuestos a toxinas nocivas debido a la proximidad del reactor de [el Centro de Investigación Nuclear de] Dimona. (…) Farawneh afirma que desde 2007 las autoridades penitenciarias israelíes tratan a los palestinos como “cobayas” (8). 

Pero hay cosas peores. Stephen Lendman da cuenta de una información publicada el pasado 10 de septiembre en la página web israelí Ynetnews.com, “Las IDF (Fuerzas de Defensa Israelíes [ejército israelí]) han cometido abusos sexuales con niños palestinos”, donde se leía: “Unos informes demoledores de CNN (9 de septiembre) dan cuenta de acusaciones no corroboradas de abusos sexuales de niños palestinos detenidos por las IDF”. Los oficiales militares se han negado “a responder a estas acusaciones de abusos sexuales porque no se ha dado ninguna precisión sobre ellas”, declaró un portavoz. CNN habló de un niño palestino no identificado que afirmaba que unos soldados de las IDF habían tratado de introducirle un objeto en el recto y que docenas de oficiales lo observaban riendo. La fuente de CNN era la asociación Defense of Children International (DCI). En mayo de 2010 esta organización pido al Relator Especial sobre la Tortura de la ONU que investigara los 14 casos de abusos sexuales de los había tenido conocimiento y que habían sido cometidos por soldados, interrogadores y policías desde enero de 2009 a abril 2010. Los niños que habían sido víctimas de estos abusos tenían entre 13 y 16 años, y habían sido detenidos por arrojar piedras que no habían herido a nadie. En su informe de abril de 2008 el ministerio palestino de Asuntos de los Presos y Ex-presos se afirma que desde septiembre de 2000, fecha del inicio de la segunda Intifada, se había detenido a más de 7.000 niños (9).

Aproximadamente 360 niños, algunos de los cuales sólo tiene 10 años, continúan detenidos y son tratados con tanta dureza como los adultos, en violación del derecho internacional que prescribe un trato especial para los niños. De estos 360 niños, 145 han sido condenados, 200 están en espera de juicio y 15 en detención adminsitrativa. El informe señala que aproximadamente 500 jóvenes habían cumplido los 18 años estando detenidos. Unos 75 habían enfermado y no habían sido tratados y casi todos ellos habían sido torturados y víctimas de malos tratos. Cada años se detiene a unos 700 niños, la mayoría de ellos por lanzar piedras, y después son interrogados sin la asistencia de un abogado y condenados. Más del 80% de ellos han firmado confesiones forzadas, una tercera parte de las cuales están escritas en hebreo, lengua que no comprenden. El 10 de mayo la periodista de Haaretz, Amira Hass, escribió (...): “ 69 niños se ha denunciado haber sido golpeados, 4 haber sido víctimas de abusos sexuales y otros 12 han afirmado haber recibido amenazas de abusos sexuales”. Añadía que durante su detención se había aterrorizado, brutalizado e insultado a la mayoría de ellos, antes y durante los interrogatorios. Además, se les privaba de comida y bebida durante horas y se les martirizaba constantemente para que dieran nombres. (...) De hecho, tanto niños como adultos permanecen detenidos durante semanas e incluso meses antes de ser juzgados o de poder negociar su pena (plea bargain). No hay justicia en Israel para quien no es judío, aunque sólo tenga 9 o 10 años” (9). Está todo dicho, no hay justicia para los niños palestinos. ¿Hasta cuándo esta impunidad?


Notas:


1. Foro sobre el apoyo a los presos palestinos APS 05-12-2010.

2. “Unos soldados israelíes testifican”, Haaretz, 21 de septiembre de 2007.

3. Jacqueline Rose, La Question de Sion, Presses universitaires de Princeton, 2005

4. http://www.association-belgo-palestinienne.be/ 13 de julio de 2009, IV Convención de Ginebra, Presos políticos.

5. http://www.palestine-diplo.com/spip.php?article327, Presos políticos.

6. Erica Silverman, “Prisonniers palestiniens en Israël: perdus dans la machine” www.info-palestine.net/article.php3?id_article=705 , 25 de enero de 2007.

7. http://www.legrandsoir.info/Nouveau-scandale-de-torture-d-enfants-prisonniers-Des-soldats-urinent-sur-des-enfants-de-13-ans.html , PNN, 10 de noviembre de 2010.

8. “Israël continue de tester des médicaments sur les prisonniers palestiniens”, PNN, 06.12.10. http://english.pnn.ps/index.php?option=com_content&task=view&id=9236&Itemid=68 

9. Stephen Lendman, http://www.legrandsoir.info/Des-soldats-israeliens-coupables-d-abussexuels-sur-des-enfants-palestiniens.html, 18.09.2010

Fuente: http://www.mondialisation.ca/index.php?context=va&aid=22351

Los niños cautivos de los militares


Los niños cautivos de los militares





ENTREVISTA DEL HORROR Y LA TERNURA

PESADILLA: LOS MILITARES LES ARRANCARON SUS PRIMEROS AÑOS DE VIDA; HOY PELEAN POR RECUPERAR EL PASADO

Guidaí Oleaurre, Jorge Giordano, Daniel Tarocco, contaron sus experiencias como niños presos de la dictadura cívico-militar uruguaya. Un período oscuro y desgarrador de nuestra historia en el que hasta niños fueron rehenes y víctimas del gobierno de facto.

 Tarocco, Oleaurre y Giordano. Les aplicaron el mismo régimen que a un preso político.

Niños de pocos meses de vida, incluso bebés nacidos en cautiverio, con número de presos, similares al de sus madres, recluidos en recintos donde no ingresaba la luz, con apenas recreos diarios en patios reducidos donde si contravenían las órdenes eran sancionados. Incluso los más grandecitos (de no más de 4 años) comían "rancho", y si necesitaban recibir asistencia médica iban a parar a la sala 8 del Hospital Militar, el mismo lugar donde iban los presos políticos.
"Fuimos niños presos políticos; nuestras madres no podían hablar entre ellas y nosotros no podíamos jugar con los demás", comentó Jorge Giordano, "si pasábamos la línea divisoria, nos sancionaban, quedábamos sin recreo".
En una charla realizada en Mercedes en el marco de una jornada de homenaje a Alfredo Bosco, mercedario detenido desaparecido en 1978, Guidaí, Jorge y Daniel contaron sus historias.

Un relato conmovedor y prácticamente desconocido: los niños nacidos en cautiverio, o que con apenas meses de vida, acompañaron a sus madres en los calabozos de la dictadura cívico-militar."Nosotros nos llamamos al colectivo «Niños en Cautiverio Político», porque pasamos nuestros primeros años de vida en cautiverio con nuestras madres y varios de nosotros estuvimos juntos", comentó Jorge Giordano. "Hay mucho espacio para seguir generando memoria. Este pueblo se merece sacarse la tapa que quisieron imponernos con nuestro pasado", agregando "¿qué podemos hacer? ¿Quejarnos del pasado? No, debemos construir el futuro". Recordando que "las primeras reuniones eran como una catarsis.
 
Una de nuestras compañeras, Laura, contaba un sueño que tenía poco antes que el padre saliera de la cárcel, tendría 14 años en 1984, 85. Soñaba que militares entraban a su casa, desordenaban y rompían todo. En mi sueño, cuando era chico, no eran militares, sino monstruos que entraban a mi cuarto y desordenaban todo. Después buscando las historias de cautiverio con nuestras madres, encontramos que era cierto, que cuando estuvimos junto a ellas, había requisas nocturnas, y así como las madres debían ir al suelo cuando decían "cuerpo a tierra", los niños también. Revolvían, tiraban la comida, los juguetes; ese sueño que tuve mucho tiempo". Más adelante Giordano agregó: "Gabriel, un compañero que tiene dos años más que nosotros recuerda que no teníamos recreos, nos hacían desfilar".

Muchas de estas historias comenzaron a aparecer después de intercambiar pedazos de recuerdos compartidos, comentaron los tres, ya que por esa época los mayores apenas si tenían 4 años de vida. También del testimonio de sus abuelas y demás familiares que se encargaron de mantener presentes el recuerdo y la presencia de sus padres. Sumado a las traumáticas experiencias vividas años después cuando ya estaban en libertad pero iban quincenalmente a los cuarteles a visitar a sus padres, y donde los militares los sometían a nuevas presiones, y vejámenes en los controles de ingresos."Nuestras madres defendieron que tuviéramos la posibilidad de tener madre, además si nos sacaban del lado de ellas no era seguro que fuéramos a dar a los familiares", agregó Giordano. "A más de una le ofrecieron plata, o le decían que íbamos a estar mejor si nos daban a los militares. Mi madre, cuando la detienen, tenía 20 años, hoy yo tengo 38 años. Para mí era una niña, hizo lo que pudo. Con mi vieja tuvimos muchos conflictos. A través de esto, y de empezar terapia, revisar para atrás, me di cuenta que mi madre no me había abandonado como yo pensé durante muchos años.

Hoy puedo estar con ella, mirarla, abrazarla". Más adelante agregó "cuando llegamos al IMES (Instituto Militar de Estudios Superiores) nos llevan a 30 madres con hijos. Nos dividen en dos salones, tapiados, no teníamos luz, nos daban una hora de recreo, una de mañana y otra de tarde. Teníamos el mismo régimen que un preso político. En cuanto a la alimentación, nuestras madres comían el famoso rancho que era la comida del cuartel, y lo que nos llegaba extra era llevado por los familiares. Esos dos grupos de los dos salones, entre las madres no podían hablarse, pero tampoco podíamos jugar entre los niños, teníamos el recreo a la misma hora y en el mismo patio. Los milicos habían dividido con colores diferentes las baldosas, y el que cruzaba esa línea era sancionado, perdía el recreo. Nuestras madres estaban pendientes que no cruzáramos la línea".Tiempo después lograron recuperar sus historias clínicas del Hospital Militar, una de ellas decía "el niño hace tres meses que no toma sol" lo que pautaba en las condiciones en que estaban recluidos estos bebés uruguayos."Mirtha, una de nuestras compañeras agrega Giordano-, tenía problemas de bronco espasmo.

Una noche estaba atacada. Las madres con toallas trataron de generar ambiente en el baño para que reaccionara y no lo hacía". Algunas madres amenazaron con hacer un motín ante la negativa de los militares de trasladarla para que recibiera asistencia médica, hasta que consiguieron el objetivo. Pero previamente la camioneta pasó por la casa de un militar de rango que había terminado su turno, y recién después llevaron a la pequeña hasta el Hospital Militar. Por todo eso "los militares dijeron, "se amotinaron, plantón". Todas las madres de plantón toda la noche y nos dejaron solos, cuidados por alguna policía femenina. Una de las madres recuerda que fue el primer motín de bebés. Empezamos a llorar a todos y tuvieron que desarmar el plantón".

Guidaí Olearre acota "contar nuestras historias era un disparador para que la gente se encontrara con su propia historia. Nos pasó que contábamos nuestras anécdotas y cada uno recuperaba su pedacito de historia. La campaña de silencio, de no hablar del tema, de no contar lo que sucedió, nos afectó. Empezamos a salir de eso y me siento contenta con el reencuentro porque nos ayuda a construir memoria, a tener presente, como sociedad, lo ocurrido".

En tanto Daniel Tarocco nació en cautiverio. "Mucha gente no sabe que hubo niños presos políticos. Esa es la verdad. Yo nací cuando mi madre estaba presa. Estuvo en el Hospital Militar y después nos llevaron al IMES". Daniel nació en 1975. "nos enviaron al Aeropuerto, y tenía un número de preso para mi madre y otro para mí, era un preso más". Recordando que muchas veces su madre fue presionada por los militares: "tu hijo no va a estar bien contigo, yo le puedo dar un buen futuro, una buena educación, dejá que me lo lleve"; hasta que un día mi madre dijo, "quiero entregarlo a mi madre".Después de estar casi un año con ella en la Base Aérea N° 1 me llevan con mis abuelos, y es trasladada al Penal de Punta de Rieles".

CIEN NIÑOS PRESOS

Entre 80 y 100 fueron los niños que padecieron el cautiverio en las cárceles uruguayas entre 1972 y 1974. Daniel Tarocco es hijo de Waldemar Tarocco que estuvo preso en el Penal de Libertad hasta 1985, y de Nibya López que estuvo presa en el Penal de Punta de Rieles hasta 1985. Daniel nació en 1975, en cautiverio, en el Hospital Militar.Guidaí Oleaurre, es hija de Máximo Oleaurre, y de Ana Kristof que estuvo presa durante 9 meses en el Cuartel de Blandengues, cuando su hija tenía apenas dos meses y medio de vida. Jorge Giordano, es oriundo de Durazno. Es hijo de Carmelo Giordano, y María de los Angeles Aldaya. Carmelo Giordano estuvo preso entre 1972 y 1977. Angeles Aldaya estuvo presa entre 1973 y 1977. "Pasamos primero por el Cuartel de Durazno" recuerda Jorge. "Ahí estuvimos en el Pozo de Durazno que se ve en la película "El Círculo". Después nos trasladan al 4° de Caballería, donde estuvimos hasta más o menos marzo de 1973. En ese Cuartel pasamos ese pre golpe de Estado, del 9 de febrero, que fue un momento muy jodido, y después vamos a dar al IMES hasta fines del '74".

DIARIO LA REPUBLICA 10 OCTUBRE 2010

Dolor y lucha olimareña


DOLOR Y LUCHA OLIMAREÑA


olor y 
 A partir del golpe de Estado, el 27 de junio de 1973, el gobierno cívico militar ejerció la violencia sistemática y generalizada que habría de durar hasta mediados de los años 80. A pesar de que, la  represión fue aplicada desde la década de los 60 contras quienes enfrentaban los desbordes autoritarios del gobierno, donde detenían, torturaban y asesinaban a luchadores sociales bajo las Medidas Prontas de Seguridad.

En dictadura, militares, policías y algunos civiles, ejercieron el poder sin límites como parte de una metodología de exterminio de opositores políticos. Se utilizó la fuerza de las armas y se anularon los derechos de los ciudadanos, incluso el más básico: el derecho a la vida. Los crímenes entonces cometidos representaron una tragedia que afectó al conjunto de la sociedad.

Se instaló el terrorismo de Estado, tan evidente e inhumano, que también condenó a miles de menores de edad que debieron vivir lo peor. Si bien no constituyen un grupo totalmente homogéneo, todos fueron víctimas de vulneraciones a los Derechos del Niño y en consecuencia a los Derechos Humanos. Les tocó vivir instancias que no eligieron y que los colocaron frente a hechos y situaciones difíciles y peligrosas. Se les generó daño y sufrimiento por acción, omisión o actuación ilegítima del Estado.

Represión en Treinta y Tres

En abril de 1975, cuando todavía Juan María Bordaberry encabezaba el gobierno de facto, en el marco de los festejos del “Año de la Orientalidad” en el Departamento de Treinta y Tres, llegó una terrible represión contra militantes y simpatizantes de organizaciones de izquierda que adquirió características singulares por ser masiva y extensa. De esa forma se apuntaba a desarticular el foco de oposición a la dictadura existente en dicho departamento. Era el comienzo de la llamada “Operación Morgan”, un operativo represivo a gran escala para hacer desaparecer del país al Partido Comunista y sus aliados.

A partir del 12 de abril, y en pocos días, se realizó un gran operativo militar, coordinado y simultáneo, a cargo del Teniente Juan Luis Álvarez. Hicieron varios allanamientos y montaron “ratoneras” con el objetivo de detener a integrantes de la Unión de Juventud Comunista (UJC) y del Movimiento Juvenil Patriótico (MJP), otro movimiento político de izquierda. Fueron detenidas aproximadamente 60 personas, de las cuales 25 de ellas tenían entre 13 y 17 años de edad y 7 entre 18 y 21 años. Todos tenían una vida socialmente activa y acorde a sus edades. El resto eran mayores de 21 años entre los que se encontraban familiares y amigos de los mismos.

En busca del “hombre nuevo”, hacían asambleas, repartían volantes y pintaban muros por una sociedad libre, justa y digna. Comprometidos con la realidad olimareña y resistiendo a la dictadura en un pueblo chico, donde todos se conocían y donde era muy difícil ser revolucionario. Un caso más, entre tantos, que representa las vivencias del horror y del dolor extremo, donde la impunidad resulta ser un factor común. 

Fueron llevados a la “Cárcel del Este” en el Batallón de Infantería Nº 10 de ese departamento. El jefe del Batallón era el Mayor Juan Cruz y los oficiales a cargo; el Mayor José Luis Lete y el Capitán Héctor Rombis, que después fue el juez sumariante cuando los pasaron a la justicia militar. ElCapitán Juan Luis Alves era el responsable de la tortura; a su cargo estaban los Tenientes J. Garmendia, G. Grau, J. Silvera y Juan Antonio Cuadrado, y el Alférez D. Feola, Wellington Sarli, Mohasir Leites y Justo Medina.

A las 48 horas dejaron en libertad a los niños de 13 y 14 años de edad. Los jóvenes entre 15 y 21 años pasaron un mes dentro del cuartel sin que un juez de menores ni sus padres supieran nada de sus vidas. Un tiempo después los mayores de 18 fueron procesados por la justicia militar; estarían en prisión de 2 a 6 años. Los hombres fueron primero al RC8 de Melo y luego al Penal de Libertad, mientras que las mujeres permanecieron en el Batallón Nº 10 donde ya existía una cárcel de mujeres presas políticas.

No tuvieron ningún trato especial, por el contrario, durante ese periplo, conocieron y vivieron lo peor. Todos fueron sometidos a diversos y terribles métodos de tortura. Un vaivén incesante entre la vida y la muerte para lograr la victoria absoluta sobre las resistencias físicas, psicológicas y morales de aquellos jóvenes Una macabra pluralidad de procedimientos de martirio, sin límites, para mantener los  prisioneros en una completa incertidumbre respecto al tiempo y espacio, buscando despedazarlos y lograr su total sometimiento.

“La máquina” duró toda la estadía, pero el 17 de abril son trasladados a la cuadra que fue compartida por hombres y mujeres, mayores y menores de edad. Allí pudieron dormir, bañarse y comer. Cuando pensaron que lo peor había pasado, llegó el Comandante de la División  de Artillería Nº IV, con asiento en Minas, Gregorio Álvarez. El 19 de Abril había desfile militar por el festivo de la fecha, así que en la tarde y noche del día 18, los volvieron a torturar salvajemente, pero no para interrogarlos, sino “en honor al Goyo” y para complacer al Teniente Pedro Buzzó, un sanguinario profesional de la tortura y símbolo del terror. “La máquina” consistía en: Capucha permanente, plantones, colgadas, palizas, perros entrenados, submarino, picana, teléfono (golpes en los oídos), caballete, manos atadas con alambres que cortaban la piel, hambre, sed, prohibición de ir al baño, etc. También estaba incluida la tortura psicológica y moral.

Las víctimas cuentan que en una oportunidad un compañero tenía la necesidad de un dentista, al día siguiente, todos fueron llevados al odontólogo, Dr. Silvera,  y se los sometió en forma arbitraria a la extracción de una pieza dental cualquiera, sin anestesia.

Un día llevaron a las mujeres encapuchadas a la enfermería. Allí estaban con guantes puestos, losmédicos militares José Cúneo y Hugo Díaz Agrelo, iban pasando de a una y les hacían tacto vaginal. Fueron acusadas de ser portadoras de enfermedades venéreas por prostituirse y vivir en la promiscuidad. La persecución “moral” comprendió, entre otras cosas, que al día siguiente les inyectaran penicilina por personal de enfermería en el patio del cuartel, a la vista de la tropa, que luego difundió lo que presenció fuera del cuartel.

Una perversa mentira

 El 30 de abril el Comando General del Ejército libró un comunicado que fue publicado por la prensa. “El País”, diario oficial de la dictadura, se hacía eco de esta campaña titulando: “Marxismo: Única meta de la destrucción moral. Descubren campamento: Prostituían a más de 60 jóvenes”. En el mismo decía que“El marxismo era ilegal desde 1973 y que la organización pretendía nuclear a personas menores de edad y prepararlas políticamente para cumplir tareas que el marxismo internacional determinara”. El comunicado agrega: “Se pudo detectar que en la ciudad de Treinta y Tres, se estaba incrementando las actividades clandestinas, por lo que se efectuó la detención de las 60 personas citadas”. El objetivo de tal canallada era justificar, ante la opinión pública de la ciudad conmocionada por esa situación, las detenciones y las torturas a menores de edad, tratando de convencer que el marxismo “atentaba contra la moral y las buenas costumbres de la sociedad”.

En realidad, unos 20 jóvenes, estudiantes y militantes de la UJC, habían acampado en el mes de enero en Rocha, Balneario “La Esmeralda”. Se trataba de una convención informativa, actividad militante clandestina, y hacerlo en un lugar tan alejado y agreste, les permitiría mayor seguridad.

Traslados

 Sus padres perdieron la patria potestad que quedó en poder de la justicia militar hasta que cumplieron 21 años de edad. Estuvieron en el Batallón Nº 10 hasta mediados de mayo. Allí mismo el juez militar sumariante, Teniente Héctor Rombis, les tomó declaración y el juez militar  Coronel Libio Campslos procesó tipificándoles “Asociación ilícita para delinquir, Delito de Lesa Nación (Art. 60 del Código Penal Militar) y Atentado a la Constitución en grado de Conspiración” A pesar de que los que atentaban contra la Constitución eran los mismos militares que ejercían el poder dictatorial. 

Una madrugada los despertaron y los cargaron en un camión, encapuchados, con las manos atadas con alambre y custodiados por ocho soldados armados. El operativo de traslado estuvo bajo la dirección del militar Germendia. Fueron llevados en forma secreta a Montevideo, sin dar aviso a sus padres. Al llegar a la capital son encerrados sin explicación alguna en el “Consejo del Niño”. Ocho mujeres en el Hogar Femenino Nº 2 y cinco varones en el Centro de Observación Nº 1 Dr. Álvarez Cortés. El juez militar Coronel Libio Camps controlaba semanalmente, montando todo un operativo, que las medidas tomadas se cumplieran. Una vez dentro de estos centros, pasaron a la revisación médica donde se le hicieron exámenes y donde se comprobó que no eran portadores de enfermedades venéreas, y que además las adolescentes eran vírgenes.

Estos “reformatorios” se usaron especialmente para encarcelar militantes políticos, sindicales y estudiantes menores de edad. Eran lugares de detención organizados y conducidos por personal del Estado, en los cuales imperaron durísimas condiciones de reclusión y se produjeron violaciones a los derechos humanos y a los derechos del niño. Los jóvenes recluidos necesitaron desplegar múltiples formas de solidaridad y compañerismo para crear un espacio de resistencia, imprescindible para el mantenimiento de su integridad física y emocional.

Siete meses después fueron puestos en libertad y entregados a sus padres en el mismo Juzgado Militar, con la amenaza de que si volvían a caer, serían torturadas sus familias también. Como eso no era suficiente, les prohibieron  asistir a las dependencias de enseñanza, públicas o privadas. Aún estando en libertad fue muy difícil incorporarse nuevamente a la sociedad. Estaban clasificados como categoría “C” y ya nada era igual. No obtendrían la “Fe Democrática” que se pedía para acceder a un empleo, fueron expulsados de los centros sociales y debían presentarse a firmar la libertad vigilada. Padecimientos que se extendieron a lo largo de sus vidas. Algunos partieron al exilio y otros salieron de su ciudad natal hacia otro departamento. La mayoría sobrevivió con la ayuda de sus familiares.

 Causas penales

 El Frente Amplio puso a disposición un estudio de abogados para que patrocinaran la causa. En octubre del 2011, y al otro día que el Parlamento aprobara la Ley 18.831 por la cual se eliminaron los obstáculos que impedían la acción de la justicia, el Dr. Di Giaccomo, junto a los denunciantes, presentaron la denuncia penal en el Juzgado Departamental de Treinta y Tres de 1º Turno. Dicha causa está a cargo de la Sra. Jueza Dra. Patricia Rodríguez y de la Sra. Fiscal Dra. Sandra Fleitas. A abril del 2012 ya declararon los denunciantes y se comenzará con los indagados. Dicha denuncia es contra los responsables de los hechos ocurridos y que son considerados, entre otros, delitos de lesa humanidad.

Los delitos de lesa humanidad son delitos  cometidos por agentes del Estado amparados por el poder contra la población civil, identificadas por sus ideas políticas entre otras. Las normativas internacionales sobre Imprescriptibilidad, marcan que  “Los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad donde sean y cualquiera sea la fecha en que se hayan cometido, serán objeto de investigación, y los individuos contra los que existan pruebas de culpabilidad en la comisión de tales crímenes, serán buscados, detenidos, enjuiciados y en caso de ser declarados culpables, castigados.” Todas las víctimas tienen el derecho de saber la verdad, de buscar justicia y de tener una reparación, y un aspecto reparatorio de este punto, es poder salir del lugar pasivo del sufrimiento y pasar al lugar activo y dignificante del denunciante.

No solo es reparatorio que los responsables sean castigados, es primordial que como sociedad, aprendamos de este pasado tan doloroso para que nunca más se repitan estos aberrantes hechos. Si no podemos demostrar que la impunidad no tiene más cabida en la realidad nacional, Uruguay se estará haciendo un suicidio político y social imperdonable. Porque dejar que prevalezca la impunidad, no condenando los crímenes del terrorismo de Estado, es continuar enviando mensajes a la sociedad de que dichas conductas son aceptadas. Es decirles a los verdugos que no serán enjuiciados, confirmando su teoría de “los dos demonios” y su convicción de que la acción terrorista en el marco del Estado, es impune. Esto significaría su perpetuación y la aceptación social, y generaría un sentimiento de desconfianza de los ciudadanos al sistema judicial.

A todos ellos, que venciendo el dolor hoy denuncian, les decimos que nos solidarizamos con su lucha, convencidos de que ésta debe continuar, generando además, espacios necesarios para la memoria, que está más viva que nunca, y exigiendo Verdad y Justicia, porque solo así fortaleceremos la democracia.

Por: Marys Yic – 14 de Abril 2012

En el año 2011 cuando presentaron la denuncia.
Los jóvenes de Treinta y Tres en el año 1975