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JUAN, EL DESAPARECIDO por Jorge Zabalza

 A cuarenta años de su desaparición forzosa

JUAN, EL DESAPARECIDO
Tupamaros!


Noviembre de 1968. A dos meses del regreso al Uruguay, del encuentro con mi hermano y de varias idas y venidas, se produjo el contacto con Rufo: me comía la ansiedad por internarme en el torbellino de una vez por todas y, por fin, llegó el esperado momento.
Bajé del trolebús en Pirineos y caminé hacia Veracierto, hasta la esquina del local del Congreso Obrero Textil. Allí estaban el Rufo y tres compañeros. Charlaban despreocupados. Al ‘Chongo’ José María Olivera y el ‘Gaucho’ Alvear Leal los reconocí al toque de los campamentos de UTAA. No recordaba haber visto al tercero, cosa nada rara, pues Félix Maidana Bentín tenía la virtud de pasar desapercibido, perfil bajo que le dicen ahora. Su seudónimo ‘Juan’ caía como anillo al dedo a su característica humildad.
Aquello parecía una asamblea. “Se me apelotonaron los contactos”, decía Rufo, quien gustaba burlarse de sus propias desprolijidades. Esperé a una distancia prudencial, hasta que, a una seña suya me acerqué. El Chongo y el Gaucho se fueron. Con tono casual, pero midiéndome la nafta, el Rufo me preguntó cuando podía viajar al norte. Me salió un ‘ahora mismo’ que Juan recibió con una de sus estentóreas carcajadas. La risa parecía explotar en la máscara de adusta seriedad que siempre llevaba puesta. Quedó estipulado que debía cumplir el ritual de mi iniciación bajo la atenta y desconfiada mirada de Félix Bentín, como lo conocían en Bella Unión.
Pocas horas después subimos al tren en Estación Sayago, Juan me dejaría en Parada Cuaró y seguiría hasta Artigas, a esperar a Atalivas Castillo, que salía en libertad en esos días. En el portaequipaje de un camarote, que pagamos pero que no utilicé por precaución, viajó solitaria una mochila con panes de gelignita y dos revólveres. Nos turnamos para vigilarla cada tanto. Estuvimos casi veinticuatro horas, uno frente al otro, sin cambiar palabras. Alguna charla que quise iniciar apenas recibió un gesto adusto por respuesta, el silencio era un modo de ser en Juan.
La gelignita era parte de los doscientos quilos expropiados del polvorín de la empresa que construía la ruta 26 y que, como no le encontramos uso político, se echó a perder escondida en un berretín. La noche del hecho, Juan llevó pintura para dejar una estrella y una ´T´, pero, en el momento de colocar la firma tupamara, el pincel se le resbaló y escribió ‘¡Tierra!’, el grito de guerra de los ‘peludos’. La fotografía de la firma ganó las tapas de los diarios.
Al igual que varios pequeños grupos de militantes de aquellos años, Juan entendía que la lucha sindical, sus asambleas, reivindicaciones públicas y reclamos jurídicos no se contradecían con las marchas y campamentos, las ocupaciones de los lugares de trabajo, y que, además, las medidas legales no excluían la actividad clandestina y armada. Me llevó años aprender que la lucha tenía dos caras -movimiento de masas y movimiento revolucionario- pero era una sola, que hacer la revolución no se agotaba con la formación de un aparato clandestino para realizar las operaciones militares más audaces. Que el método guerrillero era apenas un método para despertar y congregar. Ese período de la doble militancia fue la más rica del movimiento tupamaro y también la menos conocida. Está esperando todavía que se escriba su historia.
Anecdotario
En Cuaró no había nadie esperando. Era posible que algo hubiera ocurrido al contacto y trepamos al tren en el momento que partía. Llegamos a Artigas esa noche. De haber viajado solo, Juan habría pasado la noche a la intemperie, pero por gentileza con el novato, fuimos hasta una pensión cercana.
El dueño olió algo sospechoso y avisó a la policía. Descubrí dos milicos, golpeando la puerta del baño donde estaba Juan. La primera reacción fue mandarme una de cowboy, pero abrí la ventana y escondí los dos revólveres y la gelignita en el pretil. Cuando vinieron a buscarme, estaba acostado, dormitando. Revisaron el cuarto. Fuimos caminando hasta la comisaría, los policías conversando animadamente y nosotros arreglando la coartada.
Félix mostró una arrugada credencial a nombre de Juan Espósito, hice lo mismo con mi cédula de identidad, pero la entregué metida dentro del carné de senador de mi padre, el manto protector que usábamos con mi hermano. Saqué además unas carpetas con datos de dos estancias que venía a vender en Artigas, actividad legal con la que intentaba encubrir la clandestina. Les di el teléfono de la escribanía de mi padre para que confirmaran. Al rato, llegó Riani, el jefe de policía. Nuestro relato era breve, nos conocimos en la cantina del tren, tomamos algo y decidimos quedarnos en la pensión … ¿cuál era el delito? Juan permaneció mudo, como ensimismado. Finalmente, luego de un par de horas de espera -para averiguar si estábamos requeridos, por supuesto- nos dejó ir y, de cierta manera, nos ‘expulsó’ del pueblo, orden que obedecimos sin chistar y partimos en el tren de la mañana siguiente.
El viaje de regreso fue muy diferente al viaje de ida. En un ataque de locuacidad, Juan me explicó que no estaba inscripto en el registro civil, que no existía legalmente, de manera que la credencial falsa era su única identificación formal. Contó que no sabía si era argentino, uruguayo o brasilero, creía haber nacido en un bote en 1940, en la barra del Cuareim al desembocar en el Uruguay . A los seis años ya estaba ayudando a cortar caña. No pudo ir a la escuela, aprendió a leer y a escribir en el sindicato y, años después, continuó estudiando en Punta Carretas. Lo puse al tanto de la parte de mi historia de vida que había quedado en evidencia con la policía de Artigas. Luego, charla incontenible, temas diversos.
Bajamos del tren en Paysandú, Juan ya no recelaba de mi facha universitaria y yo había hecho amistad con uno de los más admirables revolucionarios de los ’60. En la estación las tapas de los diarios estaban encendidas: la policía había detenido al Beto Falero, Falucho Bassini, Pedro Dubra, Aníbal y Líber de Lucía, Jesús Rodríguez y al Gaucho Leal. Raúl había zafado por muy poco, Tremendo golpe a los tupamaros. Compré un diario y seguimos caminando. Juan me dejó con dos sanduceros y se fue a dar una mano en Montevideo. Mi debut había sido bastante agitado.
Itacumbú
(…) “nos abrió los ojos. Nos explicó nuestros derechos y gracias a él nos agremiamos y presentamos a los gringos nuestros reclamos. Fuimos tratados con desprecio, como en tiempos de los esclavos. No hubo ningún arreglo y nosotros los cañeros, los ‘peludos’, como nos llamamos, fuimos con Sendic a la cabeza a acampar a los montes de Itacumbú, cerca de las azucareras, bajo carpas de ramas, bajo la lluvia, con nuestras familias”. (…) “pero no fuimos a escondernos al monte, sino que, desde nuestro campamento, con la ayuda de Raúl Sendic, reclamamos nuestros derechos con más energías” . El rumbo de la vida de Félix Maidana Bentín y de un numeroso grupo de trabajadores de la caña de azúcar, había cambiado para siempre a principios de los ’60, dejaron de aceptar pasivamente las condiciones de vida y trabajo a las que estaban sometidos y dieron sus primeros pasos en la lucha sindical. El puntapié inicial fue esa llegada de Raúl Sendic, socialista, procurador, que en la interacción con los ‘peludos’ fue creciendo como luchador social y radicalizando su visión política.
Cercado por el ejército y presionado por el Ministro de Interior, el campamento de Itacumbú (1962) fue tremenda experiencia educativa, un montón de ‘peludos’ tomaron consciencia de sus derechos y aprendieron que vale la pena luchar.
La fundación de UTAA, la toma de CAINSA, los más de 200 peludos que ‘bajaron’ a Montevideo para el 1° de mayo, la toma e incendio de las oficinas de la CSU, la central amarilla, la prisión en la cárcel de Miguelete, el ómnibus detenido por la policía al regresar de Bella Unión. En el año 1962 la lucha de los cortadores de caña hizo conocer su situación miserable, que desmentía la leyenda del país de las vacas y las clases medias gordas, del Uruguay Batllista.
Julio Vique, Severiano Peralta, Atalivas Castillo, Nelson Santana, Dorimel Bonetti, Carlos ‘Serpiente’ Silva, la Chela Fontora, Eduardo Gallo, Ary Severo Barreto, Jorgelino Dutra, José María Olivera, Antonio Bandera, Walter González, Anacleto Silveira, Juan Carlos Ledesma Rodríguez, Edelmar Ribeiro Alvear Leal y una cantidad de otras y otros que contaron con el apoyo incondicional de sus familias, de la ‘China’ Gómez, de ‘Colacho’ Estévez, el ‘Flaco’ Rodríguez Beletti, el ‘Viejo’ Andrés Cultelli. El proceso de radicalización fue seleccionando el núcleo más comprometido que, como consecuencia de su experiencia en la lucha de clases, se harían socialistas, comunistas y tupamaros. Inmerso en la marejada, Félix Bentín representó como nadie ese proceso de transformación en un ser colectivo y de escapar al corral individualista donde el lobo los tenía encerrados para comerlos mejor.
“Hay que armarse pa’ luchar”
“Estamos dispuestos a combatir a la burguesía en el terreno que ella elija. Si nos dan palos, devolveremos los palos; si nos dan bala, devolveremos bala”, palabras de ‘Colacho’ Estévez en el acto del 1° de mayo de 1964 en Montevideo, expresaba el sentimiento de los militantes nucleados tras las marchas y los campamentos de los ‘peludos’. Ana María Silva, enamorada con Juan, había quedado renga al ser herida por un balazo de la policía mientras estaba en el campamento.
Desde Itacumbú se tenía bien claro que nada se podía esperar de las instituciones democráticas, la fortaleza desde donde la burguesía bombardeaba a los trabajadores. La democracia burguesa contiene gérmenes de fascismo bajo su careta de respeto a los derechos y libertades de los ciudadanos . La burguesía desecha derechos y libertades y arrolla sin escrúpulos a trabajadores, jubilados y estudiantes. Toma la iniciativa de violar violentamente su propia legalidad, interrumpir el tránsito pacífico de las luchas y recurrir a las instituciones armadas, en las calles y en las salas de tortura.
Si se los permitieran, los sometidos desearían crear su mundo de libertad y justicia social mientras toman mate en la cocina, emplear la violencia nunca fue ni será una opción suya. Los sometidos sólo pudieron elegir la respuesta que daban a esa violencia institucionalizada, entre poner la otra mejilla al golpe recibido o cerrar los puños para defenderse.
Al año siguiente, 1965, se quemaron varias chacras de caña prontas para cortar, propiedad de plantadores que se negaban a pagar mayor salario y retardaban el comienzo de la zafra. La presencia de Juan, que vivía en los montes con él, confirmaba el consentimiento de Raúl con esa metodología de lucha. El resultado fue que los plantadores debieron apresurarse a contratar cortadores para que no se les echara a perder el contenido de azúcar. La acción directa sindical daba resultado.
A consecuencia de la expropiación del Tiro Suizo -31 de julio de 1963- se desató una campaña contra el sindicato. Todos fueron sospechosos de colaborar con Raúl Sendic que, requerido por la policía, debía moverse en la clandestinidad. Durante años Severiano Peralta y Juan acompañaron a Raúl en la vida matrera por montes y sierras. Atravesaron la frontera con Rio Grande do Sul, se instalaron en una casa de Uruguayana, que se convirtió en centro de sus andanzas. Para protegerse de la persecución policial, los compañeros de Montevideo les hicieron llegar algunas viejas y casi inservibles pistolas Mauser. Con ellas, la noche de fin de año expropiaron algunos fusiles de la Aduana de Bella Unión. ‘Hay que armarse para luchar’ no era sólo letra hueca, era la respuesta a una realidad particular y contundente, que llenaba de contenido práctico el significado del término ‘autodefensa’.
El sindicato ocupó la Azucarera Artigas. Sospechando complicidades, el ejército rodeó los galpones en busca de las armas expropiadas y la policía llevó presos a muchos ‘peludos’ que nada tenían que ver. La reacción empujaba la radicalización de los reprimidos injustamente. Una vez desocupada la Azucarera, UTAA organizó la segunda marcha a Montevideo, esta vez bajo la consigna ‘por la tierra y con Sendic’, reclamando la expropiación del improductivo latifundio de Silva y Rosas y su entrega a una cooperativa de ‘peludos’. Luego de algunas peripecias llegaron a Montevideo el 31 de marzo de 1964 y acamparon en varios locales de sindicatos urbanos.
Después del 1° de mayo, apremiados por la necesidad de fondos para respaldar la lucha sindical, Vique, Santana y Castillos asaltaron la sucursal del Banco de Cobranzas ubicada en Rivera y Arrascaeta. Se les escapó un tiro y los tres miembros de la dirección de UTAA marcharon presos. El sindicato quedó nuevamente bajo sospecha, con un flanco abierto a los ataques de la prensa y de los parlamentarios reaccionarios. El asalto fracasado obligó a discutir en qué lugar se ubicaba el movimiento de masas con relación al movimiento revolucionario. Era evidente que el trasiego de luchadores sociales hacia la actividad clandestina debilitaba la lucha del sindicato. Lo clandestino no debía ser un obstáculo para la acumulación de fuerzas en las masas, por el contrario, se trataba de combinar las formas de lucha pública y legal con las clandestinas e ilegales, no de oponerlas excluyendo una u la otra. La postergación por tiempo indefinido de esa discusión fue el caldo donde crecieron las desviaciones militaristas y aparatistas que condujeron a la derrota del movimiento guerrillero.
“Al caer la tarde de aquel día 13 de diciembre, dejamos la costa uruguaya y atravesamos el Uruguay. Ya en tierra argentina, comenzamos a caminar por otra zona de montes tupidos hasta que, al cabo de avanzar algunas horas en la oscuridad, nos internamos en un vasto pantano. Intentamos atravesarlo, pro caminamos toda la noche sin conseguir el objetivo. Volvimos, y ya de día, al arribar a la costa del río Uruguay, encontramos que nos faltaba la embarcación. Agotados, nos echamos a dormir sobre la misma costa, pero cerca del mediodía nos despertó la clásica voz ‘¡Manos arriba, nadie se mueva!’. Estábamos rodeados por una patrulla de la marina argentina con máuseres y ametralladoras. Antes de examinar nuestro equipaje, sus integrantes ya nos dijeron ‘ustedes son guerrilleros’. De ahí en adelante, y en todos lados, nos recibieron como a los guerrilleros que estaban esperando y cuya llegada les parecía obvia, inminente, normal. Creo que nunca han desembarcado guerrilleros en la Argentina, pero en Argentina están esperando a los guerrilleros” .
En esa expedición medio aventurera tras unas armas presumiblemente enterradas en los montes de la vecina orilla, cayeron presos Raúl Sendic, Félix Maidana Bentín y Anacleto Silveira. En un primer momento los interrogaron en Monte Caseros, vecina de Bella Unión, luego los trasladaron a Paso de los Libres. La cancillería uruguaya dejó expirar el plazo para iniciar los trámites de extradición y el Partido Socialista depositó la fianza que pedía la justicia argentina. Sendic fue dejado libre, caminó entre fronteras para reaparecer en un campamento peludo en el Cuaró, desde donde agradeció a José Pedro Cardoso y escribió el artículo para ‘Época’. Anacleto y el Juan fueron dejados en libertad dos o tres semanas más tarde.
La columna N°7
A mediados de diciembre de 1968 echó a andar la columna ‘del interior’ del MLN (T) en un ‘taller mecánico’ de la calle Vilardebó. El Rufo convocó una especie de consultivo al que fueron Félix Bentín, José María Olivera, Nicolás Esteves, Lucas Mansilla, Diego Piccardo y yo. También estaba Atalivas Castillo, que recién había salido de la cárcel y que, sin dudar un segundo, se reintegró de inmediato. Se constituyó el primer comando y se distribuyeron las responsabilidades. Juan y el Chongo quedaron a cargo del ‘14’, un rancho ubicado en un asentamiento de Colonia Nicolich, al que se llegaba recorriendo un estrecho sendero y eludiendo los ranchitos linderos. Una pieza sola, hecha con cuatro palos a pique, paredes de caña y nylon y techo de paja, pero ofreció refugio seguro en situaciones apremiantes. La columna inició su veloz carrera para levantar la infraestructura necesaria para acciones de finanzas, pertrechos y propaganda armada.
Una medianoche de verano, en una Kombi recién pintada y con matrículas falsas, con Juan nos tocó transportar la artillería para el asalto al Casino San Rafael. Atravesábamos la ciudad de Pando por la ruta 8 vieja cuando detrás nuestro, sorpresivamente, apareció un vehículo a toda sirena. Susto mayúsculo, apreté el acelerador todo lo que permitía la planta urbana. Apenas pasamos el hospital desaparecieron las luces multicolores, ¡era una ambulancia! Recién ahí pude respirar tranquilo y me di cuenta de que Juan, ventana afuera e imperturbable, estaba apuntando una PAM .45 hacia el supuesto patrullero. Su firmeza y decisión eran de leyenda.
Una vez fuimos a relevar la costa frente al San Rafael. En la tupida franja de tamarices buscamos un refugio por si las cosas no salían bien. Repleta de bañistas, la playa Brava era otro mundo, el de los bikinis y las largas cabelleras rubias o teñidas de rubio. Seguramente pasaron por su imaginación caras sufridas y manos gruesas, mujeres peinadas a la que te criaste, agobiadas por el trabajo y la crianza de sus hijos, sin tiempo para descansar y sin necesidad oscurecer la piel al sol. Con su expresión más pétrea, Juan susurró “a estas gringas habría que cortarles el pelo y empujarlas al mar con tractores y bulldozers para que se vayan a Miami”. Odio de clases puro y duro. Debí pasar muchas cosas, sufrir mucho, para llegar a odiar con la pureza y profundidad que odiaba Juan.
Por suerte el asalto salió mejor de lo previsto. Después de evacuado el grupo hacia Montevideo, quedamos cuatro en la casita alquilada para base de operaciones. Enterramos los pesos e hicimos un paquete con los dólares. Debíamos esperar el día siguiente para ‘sacar’ al Rufo y los dólares de la zona. Cuando quisimos acordar, después de comer un buen pedazo de matambrillo y tomar un vino, nos pusimos a jugar un partido de cabeza. Atalivas y Juan contra el Rufo y yo. Cada gol se festejaba con euforia y en cada festejo se disolvían ansiedades y nervios. La pelota era el paquete de dólares.
No sólo en San Rafael estuvo Juan. También le tocó la transmisión por Radio Sarandí, el allanamiento a la casa de un ministro de Pacheco, el desarme de los policías de guardia en el diario ‘Acción’, la toma de Pando, el secuestro de Pellegrini Giampietro -al que trasladó en carro y caballo hasta el ‘14’- y la toma del cuartel de la Marina sin disparar un solo tiro.
Miles de policías de la Guardia Metropolitana y de Investigaciones rastrillaban la ciudad entera en busca de las pistolas, los fusiles y las granadas expropiadas a la Armada. El 31 de mayo de 1970, después de un tiroteo, capturaron a José López Mercao y Félix Bentín en el barrio de Manga. Cuando un milico quiso rematar al ‘Negro’, el balazo le perdonó la vida, aunque le rompió el maxilar. Miguel Ángel Benítez, subcomisario que luego integró al MLN, gritó ‘este hombre ya está muerto’ para que lo oyeran los demás y dejaran de disparar. También malherido, a Juan le sacaron un ojo de un culatazo. Ambos fueron enviados al Hospital Militar y luego a Punta Carretas, donde llegaron en un estado deplorable que causó indignación general. La prensa denunció el atropello gratuito.
Juan anduvo mucho tiempo con la vista que le lloraba, usaba unos lentes negros que le quedaban grandes y se le caían. Debía caminar medio de costado. Gestiones del Comité de Familiares lograron que le colocaran un ojo de vidrio. A un año y poco de haber sido capturado, Juan salió en libertad; como era la costumbre de Punta Carretas, antes de irse recorrió las ventanillas de las celdas, despidiéndose de los compañeros. Para muchos fue la última vez que lo vimos… hasta hoy extrañamos a Juan, compañero querido, tan visible para nosotros como invisible para el público en general.
El terrorismo
Juan quedó detenido bajo el régimen de las medidas prontas de seguridad en el CGIOR – allí festejó la fuga de Punta Carretas- y no le quedó otro remedio que optar por la salida a Chile. Andes de por medio sufrió las noticias de muertes, torturas y del espíritu de rebeldía contra el desenlace inevitable. El 1° de setiembre de 1972, cuando oyó de la captura de Raúl Sendic –‘soy Rufo y no me entrego’- supo que el MLN (T) estaba derrotado, pero, no por ello, abandonó la lucha. Sin muchas palabras siguió firme en su lealtad y convicciones.
Hay quienes recuerdan a Juan en las montañas chilenas, instruyendo postulantes a guerrilleros rurales en los campamentos. De caminante por los montes del norte, Juan pasó a trepar las alturas andinas, pero, seguramente, los principales valores que transmitía no tenían que ver con la preparación física, sino con su modo de ver y de sentir el mundo. Desparramada la militancia por Chile, Argentina, Cuba y Uruguay, me ha sido difícil seguir la trayectoria de Juan en el exilio.
Antonio Bandera, Atalivas Castillo, Walter González y Félix Bentín integraban la ‘tendencia proletaria’, impulsada por Andrés Cultelli, Pedro Lerena, José Luis Urtasun y otros. En octubre de 1974, los ‘cuatro peludos’ fueron designados dirección política del MLN(T) en el Comité Central realizado en Buenos Aires. Casi que de inmediato, Juan partió hacia las provincias del litoral norte argentino y se sabe que en su excursión llegó a Bella Unión. Quería revertir el desánimo, traducía en hechos sus definiciones, sabedor de que, sin práctica revolucionaria la teoría se convierte en devaneo intelectual y doctrinario.
Meses más tarde Félix Maidana Bentín estaba en la Argentina. La última vez que se lo vio con vida, según declaró Miriam Proenza a organismos de derechos humanos, fue el 11 de agosto de 1978, reunido con María Rosa Silveira e Ignacio Arocena en una confitería céntrica.
Entre la navidad y la noche de fin de año de 1977, fueron capturadas Aída Sanz y su madre, Carmen Fernández, junto con Atalivas Castillo, Natalio Dergan, Miguel del Río, Eduardo Gallo, María Asunción Artigas y su esposo Alfredo Moyano. Todas y todos desaparecieron desde entonces.
También atraparon otro grupo de militantes en ese diciembre del 77: Marta Severo y su esposo Jorge Martínez, Carlos Severo (adolescente), Ary Severo y su esposa Beatriz Anglet. Todas y todos fueron desaparecidos
Fueron operaciones criminales del ejército uruguayo en territorio argentino, el Plan Cóndor. No se ha podido determinar exactamente si los condujeron al Pozo de Quilmes o los trasladaron clandestinamente a Montevideo.
El 13 de agosto de 1978, Juan fue aprisionado en la estación de González Catán, en la Matanza, donde termina el ferrocarril Belgrano, al oeste del Gran Buenos Aires. Se tirotearon con la represión para eludir el destino que los esperaba, que obligaba a elegir entre morir en combate o en la sala de tortura. Con Bentín cayeron presos Ignacio Arocena, José Luis Urtasún y María Rosa Silveira.
Desaparecidas y desaparecidos. Asesinadas y asesinados. Violadas y violados. Torturadas y torturados… sobre esos cadáveres y dolores se construyó el presente. ¿Habrían sido posibles un Mujica, un Tabaré o un Astori sin esa acumulación política? ¿Sin esas ausencias podrían ser los Caggiani, Nopitchs, Bergaras y la Arismendi? ¿Los Nin Novoa, Lucía Topolanski y Bonomi? ¿Serían candidato a qué Murro y Cosse hoy día?
Olvidar y perdonar fue el precio del permiso que compró esta ‘nomenklatura’ a sus torturadores, pero los olvidados no perdonan, interpelan a los que olvidaron y perdonaron, no los dejan reposar en las almohadas. El olvido es transitorio, la victoria del terrorismo de estado es efímera, apenas un episodio en la historia… no están condenados irremediablemente, siempre surgirán los Félix Maidana Bentín, los juanes que llamarán a luchar por un mundo para los trabajadores, a sepultar esa opresión y esa injusticia que parecen eternas.
Juan transitó desde la lucha por salario y mejores condiciones de trabajo a la batalla por transformar la sociedad, por crear un mundo de justicia social, igualdad y trabajadores libres de alienación. Su historia de vida estuvo abrazada con la de Raúl Sendic y con la de los ‘peludos’, fue parte de la montonera que organizó UTAA y, luego, sus definiciones personales lo llevaron al movimiento tupamaro.
¡Por Verdad y Justicia!
¡Félix Bentín presente!
Jorge Zabalza

“POR LA TIERRA Y CON SENDIC”


“POR LA TIERRA Y CON SENDIC”


Ayer, nomás, los peludos de UTAA bajaron a Montevideo con su reclamo de expropiar (sin indemnizar) las 33.000 hectáreas de Silva y Rosas, un latifundio improductivo que pensaban transformar en plantación cooperativa de caña de azúcar. Parece mentira, pero fue ayer nomás que esos campamentos nos cambiaron la vida a toda una generación, la del Ché Guevara.

Pocos días atrás, convocados por la Mesa Nacional de Colonos, AFINCO (gremio de los trabajadores del INC) y la Mesa Intersindical de Bella Unión, se reunieron unas 80 personas en la chacra cooperativa “15 de enero”. Como el grupo de oligarcas que nos gobierna se propone desmantelar el Instituto Nacional de Colonización (INC), los allí reunidos discutían cómo organizarse para defenderlo.

Entendieron que era buena cosa rodear el parlamento los días 12 y 13 de octubre, momento del senado para votar el artículo del presupuesto que desfinancia el INC. Convocaron entonces a reunirse en “fogones artiguistas” al costado del Palacio Legislativo. A los convocantes se suman varias organizaciones más, las que representan la Nación Charrúa, a los afrodescendientes, productores ecológicos, aspirantes a colonos, sindicatos de trabajadores rurales, asalariados con tierra de Bella Unión, estudiantes, cooperativistas de FUCVAM. La concentración coincide con la convocada por el PITCNT en la plaza 1° de Mayo. 

Al igual que en 1964 me propongo acudir al llamado de lucha por la tierra, como también habré concurrido el martes por la mañana al Canal 10 junto a los que luchan por un Canelones libre de soja transgénica. Así comenzó aquella historia reciente, la que aún sigue corriendo.


¡¡ Tierra!!

Una vez más emergió la cuestión de la tierra. Desde que los malos europeos la robaron a mano armada, el modelo “tierra para quienes la trabajan” enfrenta el modelo “tierra para los pocos y privilegiados”. La lucha entre ambas formas de producir estuvo en el origen del Uruguay como república independiente. Los peores americanos pensaban, según Isidoro de María, que los pueblos indígenas “no eran capaces de comprender todos los beneficios que resultaban de la conquista y por eso luchaban contra los invasores”. Por eso impidieron recuperar su territorio a los pueblos originarios, los privaron del espacio propio, donde desarrollar sus autonomías y sus culturas. 

José Artigas veía el problema desde el ángulo opuesto. Escribió al gobernador de Corrientes: “Recordemos que ellos tienen el principal derecho y que sería una degradación para nosotros, mantenerlos en aquella exclusión vergonzosa que hasta hoy han padecido por ser indianos”. Esa visión, Artigas la puso en práctica el 10 de setiembre de 1815 con su Reglamento de Tierras: la cuestión indígena se resolvía restituyendo la propiedad a los guaraníes, los charrúas y los negros, a los más infelices deambulaban por campos ajenos. Luego de la “independencia”, el genocidio riverista hizo del Uruguay un territorio libre de poblaciones originarias y los genocidas pudieron apropiarse de los latifundios, del puerto y de los cargos en el aparato burocrático.

Ocupar, ocupar y ocupar

Ciento cincuenta años después, el viejo modelo artiguista resurgía con el programa del Congreso del Pueblo. La Reforma Agraria se volvió el nudo de las más sentidas aspiraciones populares. Consigna de la rebelión peluda, la bandera de UTAA lucía el “tierra para el que trabaja”. En todo el espectro partidario, desde Wilson Ferreira Aldunate a la izquierda que se preciaba de revolucionaria, se coincidía en la necesidad de cambiar la estructura de propiedad de la tierra. Hablar de reforma agraria fue muy natural en aquel Uruguay sesentista. Los que empuñamos un arma, en busca de la palabra justa, la encontramos en el grito “Por la Tierra y con Sendic”, síntesis cañera del espíritu que reinaba. 

En 1985, al regresar a los cuarteles, la dictadura nos dejó el 8% de la tierra bajo propiedad de capitales extranjeros, porcentaje que el movimiento popular consideró escandaloso. La pérdida de soberanía por la extranjerización de la tierra fue uno de los ejes críticos del discurso de la izquierda. Sin embargo, pese a los esfuerzos de algunos sindicatos y sectores minoritarios, fue imposible reinsertar la reforma agraria en los programas del PITCNT y del Frente Amplio. Se negaron los que marchaban hacia la moderación y el liberalismo.

Actualmente, casi sin ninguna oposición, los capitales extranjeros han llegado a ser propietarios del 50% del territorio nacional. La cifra indica el grado en que el Uruguay ha perdido independencia y ha sido insertado en la economía mundial como productor de materias primas. El proceso de recolonización ocurrió ante la pasividad y el desinterés del movimiento obrero, con la complicidad de los tres partidos que fueron gobierno luego de la dictadura cívico militar. 

La tierra es el único recurso natural con que cuenta nuestro pueblo para alcanzar la justicia social. Con su plan de lucha por la tierra y contra la pobreza, Raúl “Bebe” Sendic supo unir los problemas de la marginación social con el cambio en la forma de hacer producir la tierra. La cuestión social se resuelve aboliendo el latifundio y poniendo en práctica el “tierra para el que trabaja”, transformando el modo de hacer producir la tierra y distribuir sus productos.

La tierra, sin embargo, continúa inaccesible para el marginado y empobrecido, para el que enriquece con su trabajo a los latifundistas locales y extranjeros… ¿ocupar, ocupar y ocupar será la única forma posible?

El 12 de octubre, fecha luctuosa para el pueblo indoamericano, nos vemos alrededor del parlamento para manifestar nuestro deseo de “tierra para el que trabaja”. 8 de octubre de 2021


Jorge Zabalza


“El dinero es libertad acuñada”, sentencia de Fiódor Dostoievsky, ruso él, pero que, no por ello puede ser acusado de comunista. 
Son más libres aquellos “malla oro” que disfrutan de capitales más grandes, evaluaba el extraordinario escritor, la libertad como una función de la riqueza

1.400 familias desamparadas por ALUR en Bella Unión

1.400 familias desamparadas por ALUR en Bella Unión


Zabalza: la tradición de los cañeros manda...


La tradición de los cañeros manda


LA TRADICIÓN MANDA: UTAA TIENDE LA MIRADA HACIA LAS SOLUCIONES DE FONDO Y, MEDIO SIGLO DESPUÉS, VUELVE A COLOCAR LA REFORMA AGRARIA SOBRE LA MESA. EL FRENTE AMPLIO NO RECOGE EL GUANTE Y MIRA HACIA EL COSTADO, SU GOBIERNO ES MUY SENSIBLE A LOS RECLAMOS DE LOS GRANDES PROPIETARIOS DE TIERRA.


Jorge Zabalza

LA LUCHA DE LOS CAÑEROS (Y OTROS TRABAJADORES RURALES) DE BELLA UNIÓN



LA LUCHA DE LOS CAÑEROS (Y OTROS TRABAJADORES RURALES) DE BELLA UNIÓN.





Los peludos son humanos (2a. Parte)


Autor: William Yohai

4 de marzo de 2015

Juan Tranquera se identifica a medio camino, o sea, me da abundantes pistas para que yo sepa quien es. Pero se niega a hacer pública su verdadera identidad. Actitud que me resulta incomprensible...pero que respetaré. Por supuesto, saber de quien se trata no cambia en lo más mínimo mi posición acerca de sus trabajos sobre Bella Unión y los peludos.

En los últimos años nos ha tocado denunciar un par de corruptelas en el movimiento sindical uruguayo.

A principios de 2008 lo hicimos con la acción del dirigente Marcelo Abdala (hoy parlamentario suplente) que afirmó, cuando se dirimía el conflicto de los trabajadores del frigorífico Las Piedras en la comisión de asuntos laborales del parlamento que cierta cláusula vaciaba de contenido el acuerdo propuesto por la patronal. Poco después el mismo dirigente firmaba el acuerdo conteniendo una cláusula prácticamente idéntica. Cuando hicimos la denuncia obraban en nuestro poder tanto la afirmación mencionada (actas de la comisión) cuanto el texto del convenio. Lo más vil del asunto: después de firmar un convenio que constituía de hecho una derrota absoluta de los trabajadores el grupo de dirigentes (del sindicato del propio frigorífico y del PIT-CNT) se dirigió al campamento de los trabajadores a la vera de la ruta frente al frigorífico y en un encendido discurso anunció la “victoria”. Los trabajadores marcharon hacia Los Cerrillos proclamando como tal victoria lo que, apenas días después, comprobarían en los hechos (la confirmación de los despidos) no era otra cosa que una derrota en toda la línea. La denuncia nos hizo objeto de una campaña de desprestigio por parte de operadores de la central. Pero, por supuesto, no pudieron desmentir los hechos.

El segundo episodio que creo vale traer a colación ahora refiere a la denuncia que hicimos tiempo después cuando comprobamos, también con elementos contundentes a la mano, que el instituto Cuesta-Duarte era financiado por el Reino de España. En este caso que causó bastante conmoción en medios sindicales, nos respondió Fernando Pereira en ese entonces coordinador el PIT-CNT a través de un artículo en La República. Trató de enchastrarnos pero tampoco pudo negar la sustancia de los hechos denunciados. Más aún, algún tiempo después el ICD publicó un estudio de importancia donde se demostraba la escasa participación de la masa salarial en el pbi durante el gobierno del frente amplio. Este trabajo implicó un cambio sustantivo de la “línea editorial” del ICD. No se si este cambio estuvo relacionado con mi denuncia, pero es posible que así fuera.

Si comparamos esta forma de denunciar claudicaciones (o si la lectora prefiere traiciones) en el seno del movimiento sindical con la que emplea Carlos Revello salta a la vista una diferencia clave. Revello se basa en rumores y chismes. Yo me basé en hechos demostrables.

Y aquí radica, esencialmente, la diferencia de los enfoques. Todo movimiento social amplio como el que, en Bella Unión, engloba trabajadores asalariados rurales1 con pequeños productores que no emplean mano de obra asalariada (campesinos), y asalariados rurales de empresas agroindustriales ahora en vías de desaparición (Greenfrozen, Calvinor) además de, por supuesto, los ex asalariados y hoy pequeños “empresarios cooperativos” de las colonias fundadas en estos últimos años, incluirá, necesariamente, un abanico de “vicios” como los llama Revello.

Lo mismo hará con seguridad cualquier conflicto sindical. Y es que todos los que habitamos este planeta estamos gravados por una conciencia generada a través de 10.000 años de sociedades de clases.

El punto de ruptura se da cuando una dirigencia sindical se pone del lado de los patrones, o del estado burgués cuando éste opera como tal.

De mi contacto bastante cercano a la lucha encabezada por UTAA no infiero que ese sea el caso. Más bien todo lo contrario. Si el estado conformó 3 cooperativas (las dos que describí someramente en el trabajo anterior y otra más reciente en unas 500 hectáreas de tierra adquiridas por el INC) fue por la presión constante a que lo sometió el movimiento social de Bella Unión encabezado por UTAA. Por algo pocos días después de la primera ocupación, la de las 32 hectáreas en “colonia esperanza”, el propio Mujica la calificó como “un palo en la rueda”. Y es que el accionar de UTAA molestaba entonces y molesta hoy. Las marchas, ocupaciones, piquetes, huelgas y demás acciones que lleva adelante el sindicato y el movimiento social que lo rodea ponen de manifiesto algunos de los aspectos más oscuros del modelo capitalista del frente amplio.

Que quede claro: esas cooperativas (más de nombre que de sustancia como demostramos antes) apenas incluyen algo más de 100 trabajadores y sus familias. Bastante menos del 10% del universo asalariado de Bella Unión.

Que todo asalariado en condiciones de explotación dura (aclaramos porque un cirujano que gana 500.000 pesos por mes puede ser también un asalariado) trate de “zafarle” a su condición mediante el expediente de pasar a pequeño burgués “cooperativo” no es más que una razonable estrategia de supervivencia. No es para nada aspiración exclusiva de los rurales. La lucha por estos logros parciales es un escalón en el proceso de la emancipación y como tal encuadra en otras también parciales como las reivindicaciones salariales, por condiciones de trabajo y demás.

Las cooperativas no son la solución. Como tampoco lo son los aumentos salariales, los consejos de salarios o los sistemas de previsión social. Ésta pasa, inevitablemente, por la revolución social y la supresión de las clases sociales mediada por la expropiación de los medios de producción en manos privadas. Mientras tanto la clase obrera hace su experiencia.

Como demostración última de la ligereza con que Revello realiza su crítica al barrer hacia todo lo que huela a Bella Unión citamos un párrafo de un libro2 cuya lectura recomendamos.

Dice Revello: “La producción - ¿es necesario señalarle esto a William Yohai?- es un tema serio. Hay que producir. Y eso significa ser efectivos en el trabajo, administradores eficientes, frugales en el consumo, hasta ciertos niveles que deberán discutir y analizar los mismos productores.”

Y le contesta el trabajo mencionado en su página 81: “Es de destacar el excelente rendimiento del cultivo en la CRSA, de acuerdo a la información proporcionada por autoridades de ALUR S.A. a fines de 2011 (situación que se mantiene hasta finales de 2013).

En algunos casos se logró un rendimiento excelente, llegando a 90 toneladas de caña por hectárea, concretamente en el caso de algunas fracciones de la Colonia Raúl Sendic, donde hay unas 950 hectáreas plantadas, productividad que incluso supera a las 80 toneladas que habitualmente se consiguen en una región productiva de punta como lo es el área agrícola de San Pablo, en Brasil. (…) En la producción de azúcar, históricamente el promedio de producción fue de 105 kilos de azúcar por tonelada de caña que ingresó al ingenio en Bella Unión, habiéndose logrado ahora de 108 a 110 kilos por tonelada de caña”

Para terminar: la bomba que envié a colonia España en 2006 funcionó varios años. Lo comprobé tomando agua del pozo en el que estaba instalada.




1 Y aquí cabe aclarar que de acuerdo a las definiciones marxistas clásicas los asalariados rurales son proletarios, tanto como los fabriles urbanos. Se trata del lugar que cada uno ocupa en la sociedad de clases. El asalariado rural, más aún si como el cañero trabaja en colectivos numerosos, es un proletario porque genera un valor que incluye el valor necesario para mantener y reproducir su propia fuerza de trabajo además de un plusvalor del cual se apropia su patrón capitalista. Hoy, al igual que ayer, la gran mayoría de los cañeros cortadores y que realizan las demás tareas vinculados al cultivo, son empleados de patrones rurales que se apropian de la plusvalía generada.


2“El acceso a la tierra en cuestión: dependencia y autonomía en la colonia Raúl Sendic Antonaccio en Bella Unión” Autores varios. Ediciones Letraeñe, Montevideo, 2014.

LA LUCHA DE LOS CAÑEROS DE ARTIGAS UTAA




LA LUCHA DE LOS CAÑEROS DE ARTIGAS
UTAA
: ¡¡¡¡los peludos son humanos!!!!

25 de febrero de 2015

Autor: William Yohai

La unión de trabajadores azucareros de Artigas (utaa) tiene una larguísima trayectoria. Fundada a principios de los 60 por Raúl Sendic marcó algunos hitos fundamentales en la historia del movimiento sindical uruguayo. Las históricas marchas, el copamiento de la sede del ingenio con la directiva adentro que obligó a los patrones extranjeros a pagar los créditos laborales que debían a los trabajadores y por fin la integración de muchos peludos a la lucha guerrillera urbana y rural son apenas parte de esta epopeya.

Los bichos de dos patas tenemos cierta tendencia a idealizar (para bien o para mal) los hechos sucedidos hace mucho tiempo. Esto es particularmente cierto con la historia de utaa y los peludos. Por suerte tenemos testigos y protagonistas directos de la historia que, sin desmerecer para nada su relevancia y sustancia, incluso heroica, ponen de relieve el carácter real de la misma. Por caso el rico anecdotario que, por ejemplo, Washington Rodríguez Beletti nos suele “bajar a tierra” o, cabría decir mejor, humanizar, el legado. Así cuando el flaco nos cuenta la cantidad de botellas de caña que alguna vez hubo que requisar de un camión en alguna marcha nos está demostrando como el humano heroísmo nunca va demasiado lejos de la humana flaqueza. Silvio Rodríguez nos diría “si un hombre roba comida y después da la vida ¿que hacer? ¿hasta dónde debemos practicar las verdades?”

Ponemos el “adelanto rápido” en el cassette....y tenemos dos viejos y destartalados ómnibus de cutcsa con asientos incómodos hasta para un viaje de 10 minutos en los cuales unos 90, entre mujeres, niños y hombres vinieron el miércoles de mañana desde Bella Unión.

Pertenecen a varios sindicatos: cañeros de utaa, obreros fabriles y hortelanos de “Greenfrozen” y “Calvinor”, “productores” asentados en la “Colonia Raúl Sendic” (ex cortadores de caña asalariados), obreros de la naranja de Paysandú, y alguno más que la memoria no recuerda.

¿porqué se hicieron 650 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta en esos ómnibus destartalados, muchos de ellos sin asientos? Y agregamos que encima se bancaron los más de 50 mm. de lluvia que cayeron la madrugada del jueves sobre el campamento en el palacio...

La respuesta es simple: ESTÁN DESESPERADOS.

Hace unos 15 años Bella Unión se moría. El gobierno de Jorge Batlle terminaba de levantar los subsidios que históricamente habían permitido la existencia del cultivo de la caña de azúcar y su industrialización allí y en Salto (El Espinillar). Había hambre. El Frente Amplio haciendo gala de la demagogia que lo llevaría al gobierno prometió la reactivación azucarera. Y cumplió.

Sólo que al hacerlo levantó las deudas de “los gringos” como se conoce a los empresarios terratenientes de la zona que en gran parte, probablemente en su mayoría, debían más de lo que valían sus campos. El ingenio estaba destruido, no valía nada. El generoso estado fraudeamplista condonó las deudas y arrendó el ingenio por 2 millones de dólares por 10 años. Invirtió decenas de millones para ponerlo en condiciones y se puso en marcha, otra vez, la producción de caña y de azúcar. Bella Unión revivió. Y varios personajes, en primer lugar el ahora “arrepentido” Raúl Sendic Rodríguez, labraron a espaldas de esta reactivación azucarera sus carreras políticas.

Se perdió una extraordinaria oportunidad: hacer uso de los créditos que el estado vía BROU y carteras de los bancos fundidos tenía contra los “gringos” para quedarse con sus tierras y montar un proyecto en parte cooperativo y en parte estatal de gran envergadura en ese gigantesco activo de varios miles de hectáreas con regadío. Pero eso hubiera sido “demasiado radical”. Repitamos: se trataba apenas de cumplir las leyes que permiten ejecutar judicialmente a los deudores que no pagan sus créditos. Nada más.

Dos realidades habrían, sin embargo, de complicar las cosas. a) un pésimo manejo empresarial y b) el hecho incontestable de que el clima uruguayo, aún el microclima del “vértice norte” como lo llamaron los milicos, es pobremente apto para el cultivo de caña.

Es así que el proyecto “sucroalcoholero” como se le llamó empezó a tragarse cantidades enormes de dinero. Un verdadero barril sin fondo del cual la oposición ha hecho, tímidamente en realidad, caudal.

Pero a no confundirnos: los ríos de dinero que fluyeron desde el estado hacia Bella Unión no fueron a parar a manos de los trabajadores. Ni de sus dirigentes sindicales...por lo menos de los de utaa. Cubrieron las inevitables pérdidas hijas de la ineficiencia y la corrupción enriqueciendo aún más a los medianos y grandes productores y probablemente a los grandes comerciantes dentro y fuera de la zona. Y, quien sabe, a algún funcionario público de alto nivel. Los trabajadores, especialmente los cultivadores y cortadores de caña, siguieron como siempre ganando una miseria en un trabajo bestia. Y encima, zafral.

Fruto de la presión social motivada por la lógica aspiración de evitar la zafralidad y los jornales de miseria aparecieron un par de proyectos “colonizadores”. El primero, “placeres”, constituyó lo que Raúl S.F. reconocería en la película “Yo pregunto a los presentes” como “una reforma agraria alquilada”. El esquema: en tierras arrendadas por ALUR (alcoholes Uruguay, la estatal bajo derecho privado que maneja el asunto) la empresa financiaba la plantación de caña. Los “cooperativistas independientes” hacían las labores de siembra y cuidado. Cosechaban a mano la caña. Durante el año recibían “adelantos a cuenta”. Al entregar la caña al ingenio se liquidaba; el producido de la venta a un precio fijado por el ingenio contra los distintos costos incurridos. Incluyendo, por supuesto, la renta de la tierra. Se trata en realidad de una realidad asalariada disfrazada. Evita las obligaciones de las leyes laborales imponen a los patrones.

El resultado resultó previsible: la gran mayoría de los “cooperativistas” terminó debiendo cada vez más. Es que las ineficiencias varias debidas al mal manejo de ALUR se combinaban con la necesidad de ésta de minimizar pérdidas fijando precio al producto demasiado bajo. Sin contar la inexperiencia de los noveles “cooperativistas-empresarios” sumada a otro factor clave: áreas completamente insuficientes para ser rentables.

Estos tenían prohibido edificar en la tierra asignada. Pero algunos de ellos que debían recorrer grandes distancias para ir y venir desde sus viviendas al lugar de trabajo violaron la prohibición. ¡que desagradecidos...querían la chancha y los cuatro reales!

Algunos amigos de los trabajadores la vimos venir. Y cuando les recordamos el hecho a estos la respuesta fue: 1) no teníamos otra opción; era eso o seguir como antes 2) si no hubiéramos aceptado nos hubieran dicho: ¿vieron?, los peludos son unos atorrantes, les ofrecimos tierra y no aceptaron. Lógica irrefutable; el “sabio previsor” violín en bolsa.

La historia de la “Raúl Sendic” no difiere esencialmente. Ahora la “reforma agraria” no es “alquilada” ya que las tierras (unas 2.000 hectáreas) han sido adquiridas por el instituto nacional de colonización. Pero el esquema es el mismo. Un proyecto inviable desde el inicio por los factores aludidos.

La política estatal ha ido, mientras tanto, cambiando. Ya no importa mucho el azúcar. Más bien todo se desvía hacia el alcohol carburante. Y se tiende a abandonar la caña en favor de cultivos más adaptados al clima, como el sorgo y el maíz. Se busca mecanizar el corte de caña. Como se ha denunciado con abundantes elementos de prueba por un par de empresarios, asunto que obra actualmente en algún juzgado penal, la fábrica destinada a procesar granos para fabricar alcohol que se construye en Paysandú cuesta unos 100 millones de dólares más de los que debería. Ese es el nivel de ineficiencia (¿corrupción?) que campea en los negocios de ANCAP-ALUR.

No entraremos aquí a discutir en detalle lo problemático-inmoral de estos proyectos. Su esencia consiste en producir alimentos para quemarlos en los motores de los automóviles. Económicamente son, por decirlo suavemente, dudosos. Y eso sin contar la abrupta caída reciente del precio del petróleo.

ANCAP-ALUR se encaminan, dentro de los límites descritos, a racionalizar en lo posible el asunto. Pero hay un “pequeño problema”: un par de miles de familias dependen del esquema cañero. Y ven, azorados, que su medio de vida desaparece. Mala vida, podríamos decir, pero vida de trabajo digno al fin. Eso se acaba...¿y que viene a cambio? No hay respuesta. El economista Shumpeter llamaba a esto “destrucción creativa”. La esencia del capitalismo. Empresas se crean, contratan trabajadores. Otras se funden, los despiden. Lo bueno, eficiente, moderno, va sustituyendo a lo malo, ineficiente, antiguo.

Shumpeter no dependía, seguramente, de un trabajo durísimo en un confín de un pequeño país. No veía ante sí el panorama de quedarse sin un mal trabajo. Súmese a esto que en Bella Unión cerraron la empresa productora de hortalizas ex-Calagua (“Greenfrozen”) y la viñatera embotelladora “Calvinor”.

Es por eso que los “peludos” vuelven, por enésima vez, a marchar a la capital. Y se meten en esos ómnibus destartalados e inseguros. Y se bancan la lluvia en los jardines que circundan al palacio.

Los trabajadores de Bella Unión buscan trabajo digno y estable. Nada más.

Y es por eso que un grupo de militantes jóvenes y viejos, obreros, estudiantes y hasta algún burgués desnorteado insistimos en apoyarlos. Viendo en ellos lo que son, mujeres y hombres que van haciendo su camino de conciencia revolucionaria a fuerza de trabajo y sacrificio. Que aprenden en este proceso de pedir, exigir, a unas autoridades que los han utilizado una y mil veces para escalar políticamente, lo que representa este estado burgués que tenemos. Hoy no está el viejo Sendic. ¡que falta que nos hace!...que LES hace.

Mientras tanto la historia continúa. De estas luchas aparentemente pequeñas se construye la revolución. Que no será, por cierto, obra de los juanes tranqueras, viles cobardes que no tienen siquiera el mínimo coraje de dar la cara al calumniar.

VIVA, HOY Y SIEMPRE UTAA, CARAJO!!!!

Solidaridad

Solidaridad




Hace exactamente 50 años, en la 1ª Marcha por la Tierra y con Sendic organizada por la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas, la histórica UTAA, una jóven cañera de solo 14 años: Ana Mª Silva, recibió un balazo en su pierna izquierda,en plena represión policial en nuestra capital.
       Siete operaciones no fueron suficientes para devolverle  el movimiento y la salud. Ella, que llegó a la Capital sana, alegre y esperanzada, volvió lisiada para siempre.

Vivió una vida de dificultades, trabajó siempre en negro, de doméstica.  Crió siete hijos. Sufrió violencia en su persona, durante años, a manos de su marido. Aguantó porque tenía hijos chicos y, como tantas mujeres, no lo denunció.


Ana Mª Silva hoy tiene sesenta y cuatro años, se mueve con muletas, pues el costado izquierdo, donde recibió el balazo, se desarrolló menos. Tiene   problemas de riñón, de  diabetes, de columna. Se ataca de vértigo y se cae muy seguido. Siempre está en manos de médicos.
Tiene una jubilación de seis mil pesos y vive con una nieta que trabaja de empleada doméstica y estudia en la UTU de Bella Unión.
Como nos contó, “había pedido al alcalde de B.Unión  para abrir un quiosco  al frente de mi casa para trabajar y sostenerme  ya que podía trabajar sentada,  y por su intermedio la Intendenta de Artigas: Patricia Ayala me mandó los bloques y material para hacerme  el quiosco .Yo pagué la mano de obra, saqué un crédito, pagué diez mil pesos. Me iba muy bien en época de zafra del arroz y la caña. Yo mejoré  la casa, compré puertas y  ventanas, hice revocar, revestí el baño, puse patio de hormigón. Cuando la mejoré, a mi marido se le ocurre pedirme la casa.   Cuando  yo estaba trabajando mejor, me dijo que me tenía que ir porque había pedido el divorcio y la casa era de él y en el quiosco no podía trabajar más porque todo estaba a su nombre. Me echó de casa.”
Esa dura circunstancia, la obligó radicarse con su nieta en una modestísima vivienda en la vecina localidad brasileña de Cuaraí, ubicada en un barrio municipal. Al poco tiempo se puso en venta en ciento cincuenta mil pesos uruguayos ($U 150.000). Hubo interesados en comprarla y prisa por venderla. Al no tener tiempo de organizar una colecta, una compañera adelantó el dinero, pero necesita que se lo devolvamos.
En Cuaraí, Nicolás "Colacho" Esteves, que hizo el primer donativo de $ 20.000, estuvo presente en la transacción de compra de la casa.  Ana María, que no sabía del préstamo, llorosa, dijo: “Decile a los compañeros que pusieron, que gracias, que muchas gracias”.

Pedimos su colaboración para reunir los ciento cincuenta mil pesos del préstamo.
Los que suscribimos esta carta, miembros de las Fundaciones Vivian Trías y Mario Benedetti, respectivamente, hemos abierto en RedPagos, la cuenta Nº40559, colectivo “Ana María Silva (cañera)”, a fin de recaudar dicha cantidad. En cualquier agencia de REDPAGOS pueden depositar su contribución.
Como siempre, contamos con ustedes, rogándoles depositar su valioso donativo lo antes posible, por que este tipo de  cuenta expira a los tres meses. Muchas gracias. Un fuerte abrazo. Dres.José E.Díaz y Ricardo Elena
Montevideo, mayo de 2014

LA CONTRAREFORMA AGRARIA EN URUGUAY Y EL MLN-T

LA CONTRAREFORMA AGRARIA EN URUGUAY Y EL MLN-T  (Las “ingenuidades” de un joven)


Autores: William Yohai y Jorge Zabalza

13 de marzo de 2014
“Rebelión” publica hace unos días un artículo de Piero Sabini[1] (PS en adelante) que integra el actual MLN-T.
En él defiende la actuación del gobierno del Frente Amplio y en particular la de su sector político en relación a la tierra.
Para situarnos en la actual realidad, en particular porque obviamente su trabajo está dirigido hacia el exterior, relataremos una anécdota: durante la exposición anual que la Asociación Rural del Uruguay (principal organización de los latifundistas del país) efectúa en un predio conocido como “El Prado” el entonces ministro de ganadería, el Tupamaro Ernesto Agazzi pronunciaba el tradicional discurso. El auditorio estaba constituído, en el anfiteatro, por lo más granado de la oligarquía uruguaya. Había también representantes de la Argentina; justo en aquel momento su oligarquía terrateniente llevaba adelante un intento de “golpe de estado blando” (al estilo Ucrania o Venezuela) contra el gobierno Kirchner por el tema tributario del agro.
Junto a Pablo Díaz (autor del artículo que PS intenta refutar[2]) y un grupo de jóvenes y veteranos luchadores alzamos en forma sorpresiva un gran cartel, a pocos metros de la tribuna, que rezaba: MUERTE AL LATIFUNDIO. Simultáneamente batimos palmas y se escuchó algún insulto al ministro.
Éste interrumpió brevemente el discurso y después continuó, siendo aplaudido fervorosamente por el auditorio del anfiteatro, cuya integración ya hemos descrito. Después del acto los oligarcas argentinos presentes hicieron declaraciones a la prensa destacando las diferencias entre la actitud del gobierno uruguayo (“serio”, “predecible”, según ellos) y el argentino.
La anécdota  demuestra una realidad inocultable: la política llevada adelante por las dos administraciones FA ha sido ampliamente favorable a la oligarquía terrateniente y a los empresarios nacionales y extranjeros que financian, administran y llevan adelante el agro negocio forestal, sojero, arrocero y ganadero.
Dentro del gobierno del FA el sector MPP (movimiento de participación popular, cuyos principales dirigentes son los mismos que los del MLN-T) ha sido clave.
Durante el gobierno Vázquez (2005-2010) y durante el actual presidido por Mujica los ministros de ganadería y agricultura han sido designados por este sector. Está claro que, por si esto fuera poco, en el período actual el presidente de la República pertenece al MPP-MLN y ha designado no sólo al ministro y a su burocracia clave, sino además al presidente del Instituto Nacional de Colonización (que lo fue hasta hace semanas Andrés Berterreche un dirigente claramente identificado con el MLN).
Entre los censos agropecuarios de 2000 y 2011 desaparecieron 12.000 (doce mil) explotaciones agropecuarias. La gran mayoría de ellas pequeñas. Esta cantidad es el 25% de las existentes en 2000.
Y si bien este proceso no es nuevo, se viene dando desde los años 60 del siglo pasado, se había detenido entre 1990 y 2000. Pero hay más: en estos últimos años se han constituido latifundios de un tamaño que no se conocen en el país desde la colonia; en particular UPM y Montes del Plata, dos empresas forestales de capital extranjero ostentan la propiedad de más de 200.000 hectáreas cada una. Un solo latifundista brasileño es propietario de más de 100.000 hectáreas de tierra. Frente a esa realidad, el orgullo del Instituto con la compra (no expropiación) de 3.000 hectáreas, es una burla a la inteligencia de los uruguayos bien informados.  Al paso que vamos volveremos a medir la tierra en leguas cuadradas, como en la colonia.
O sea, el proceso de contra reforma agraria se ha acelerado durante el gobierno en el cual el MLN-T desempeñó un papel relevante, no sólo en el gobierno nacional sino específicamente en el sector que estamos considerando.
MAL PUEDEN LOS ACTUALES DIRIGENTES DEL MLN-T DESENTENDERSE DE LO QUE ESTÁ PASANDO. ELLOS SONPROTAGONISTAS EN LOS SUCESOS. SI ALGUNO DE ELLOS ESTÁ EN DESACUERDO CON EL CURSO DE LA CONTRA REFORMA PROPICIADA POR EL GOBIERNO, DEBIERA DESLINDARSE PÚBLICAMENTE AL RESPECTO.

Con todo lo importante que pueda ser lo arriba expuesto, hay algo que tiene, por lo menos para todos los que alguna vez integramos esta organización, profundas implicancias emocionales.
Raúl Sendic Antonaccio murió hace casi 25 años, en 1989.
Durante los últimos años de su vida escribió varios documentos que reflejan claramente su pensamiento. A modo de ejemplo[3]“Por eso nosotros no somos partidarios de una reforma simplemente en las formas de la Constitución (eliminación de la Ley de Lemas, etc.) sino de agregarle normas de tipo social: limitación de los latifundios, no pago de la deuda externa contraída por la dictadura, estatización de la banca, presupuesto de enseñanza y salud que vuelva al porcentaje histórico, etc. Así el que se compromete para una reforma se compromete también por un programa social mínimo para paliar la pobreza”


Fíjese bien el lector: para Sendic la limitación de los latifundios, la estatización de la banca y el no pago de la deuda externa contraída por la dictadura (en aquella época ésta era la gran mayoría de la deuda externa total) no eran “medidas de máxima”. Eran apenas un “programa social mínimo para paliar la pobreza”.
Y este párrafo no es más que un botón de muestra. Basta leer su “plan de lucha por la tierra y contra la pobreza”[4] que fue adoptado por el conjunto del MLN donde se plantea in extenso un plan de reforma agraria que comienza, como no podría ser de otra manera, por la expropiación de todas las tierras que excedieran las 2.500 hectáreas, SIN INDEMNIZACIÓN.
Pero Sendic no se queda en el mero enunciado de la propuesta. En la “cartilla para militantes” que forma parte del mismo documento explica detalladamente la fundamentación de esa y otras medidas radicales que propone, como las ya mencionadas estatización (notemos: “estatización” no “nacionalización”) de la banca y el no pago de la deuda externa. El argumento de Sendic, desde el punto de vista ético e histórico es claro: los terratenientes ya usufructuaron durante muchos años del privilegio de ser propietarios de vastos sectores del territorio nacional. Es hora de que se les retire parte de ese privilegio.
Si tuviéramos que discutir hoy dicho plan, que fue propuesto en un período histórico en el cual los precios de los commodities agropecuarios llevaban décadas de caída sistemática, la única modificación que podríamos hacerle es que sería absolutamente insuficiente limitar la expropiación del latifundio a 2.500 hectáreas. Dadas la evolución de aquellos precios así como los avances tecnológicos ocurridos, una superficie 2 o 3 veces menor es ampliamente suficiente (ajustándola por productividad de cada pedazo de tierra en concreto) para la supervivencia holgada de una familia.
¿Por qué es urgente un frente grande?, interrogaba Raúl Sendic en el acto del Estadio Franzini, y respondía su propia pregunta: para luchar contra la extranjerización del Uruguay. O, dicho de otro modo, hoy el Frente Grande de Sendic es más urgente que nunca para salvar al Uruguay de la invasión de capitales extranjeros propiciada por los gobiernos frenteamplistas.   
Cuando Sendic plantea su política de alianzas lo hace sobre la base de un programa de transformación radical de la estructura económica de la sociedad.
En diciembre del año 2003 durante al congreso del Frente Amplio se discute la oportunidad de integrar la anulación de la ley de caducidad en el programa. El entonces integrante del MLN-T, actual ministro de defensa, Eleuterio Fernández fundamenta en contra. Y su discurso termina con una frase que es toda una síntesis del pensamiento que orientaba en aquel momento y lo sigue haciendo hoy a esta organización: “A todo podemos renunciar menos a la victoria”
Esta frase tiene un significado profundo. Se puede renunciar a los principios, a la ética, al programa…A TODO.
LO ÚNICO QUE IMPORTA ES LOGRAR EL PODER….Y, UNA VEZ LOGRADO, CONSERVARLO.
Examinando la acción del actual MPP-MLN (resulta imposible distinguir la acción concreta de ambas organizaciones) resulta evidente que toda ella está guiada por aquel planteo.
Incluyendo las “denuncias” que menciona PS en su trabajo acerca de la concentración y la extranjerización de la propiedad de la tierra.
“Denunciar” hechos más o menos ilícitos, inmorales o incorrectos mientras se ejerce el poder es una vieja táctica de los gobernantes. En este caso se realiza, precisamente, con el propósito de distanciarse de una política que viola ostensiblemente los principios fundacionales de la organización, y en particular el pensamiento de su principal referente histórico: Raúl Sendic.
Forma parte también de esta estrategia resaltar el mínimo, casi ridículo programa de compras de tierra y colonización vigentes. Releyendo el referido libro de Sendic nos topamos  con un dato: la superficie colonizada era EL 3% DEL TERRITORIO NACIONAL. Lo mismo que afirma Pablo Díaz en su escrito.
No vale la pena entrar a considerar con detalle las infamias varias que el escriba vierte sobre la familia Thedy y, por extensión, sobre quienes hemos apoyado sistemáticamente su lucha para mantenerse en la tierra.
Para oponerse al desalojo por la fuerza de don Ney Thedy concurrieron más de 100 personas. Por tratarse de una zona rural remota todas ellas pertenecían necesariamente al proletariado rural local, a los trabajadores del ingenio azucarero y a pequeños productores.

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Caricatura de Gervasio Umpierrez

Pero hay más: PS miente por omisión cuando oculta que hace algunas semanas el INC acordó con Ney Theddy y sus nietos la asignación de una fracción distinta pero de similar extensión para la explotación por parte de estos. Evidentemente este hecho desmiente categóricamente la inmundicia que PS intenta verter sobre dicha familia.
En 1970, desde la cárcel de Punta Carretas, Raúl Sendic fue el impulsor de la declaración del MLN-T de “apoyo crítico” –¡y muy crítico!- a la foramción del Frente Amplio. Fue impulsor de la creación del Movimiento de Independientes “26 de Marzo”. En 1986, en el local de la calle Uruguay, cuando el Comité Central aprobó el pedido de integración del MLN-T al Frente Amplio, hubo nueve votos en contra. Para sorpresa de PS, Raúl Sendic fue uno de ellos, junto a Andrés Cultelli y los miembros del Frente Sindical: Jorge Balmelli, Ember Martínez y Roberto Villanueva. También votamos en contra Leopoldo Laferranderie y Jorge Zabalza. PS puede preguntarle a Julio Marenales o buscar en el archivo del MLN-T y, en caso de que quiera informarse mejor, leer la entrevista de  Hoenir Sarthou  a Raúl Sendic publicada en La República a fines de 1988 titulada “Si es necesario, habría que cambiarle el nombre al Frente Amplio”. PS debiera informarse mejor antes de intentar transformar a Raúl Sendic en un feligrés frenteamplista.         
Para terminar: a diferencia de lo que afirma como subtítulo…PS OFENDE Y MIENTE. Tal vez lo haga por ignorancia (lo cual es doblemente peligroso), le recomendamos  estudiar, no sólo leer, la colección de artículos de Raúl Sendic publicada en 1990 por el Movimiento por la Tierra, en especial su proyecto de reforma agraria; la biografía escrita por Samuel Blixen y el ensayo sobre su pensamiento revolucionario escrito por uno de los autores de esta respuesta. En conclusión:  A PARTIR DE LA AUTORIDAD QUE SURGE DE SU HISTORIA REVOLUCIONARIA (YA DEJÓ DE SERLO), EL MLN-T SE HA TRANSFORMADO EN UNO DE LOS PRINCIPALES RESPALDOS CON QUE CUENTAN LA BURGUESÍA Y EL IMPERIALISMO PARA EJERCER SU HEGEMONÍA IDEOLÓGICA SOBRE EL PUEBLO TRABAJADOR. EL MLN-T ES, POR CONSIGUIENTE, MUY RESPONSABLE EN LA CONSERVACIÓN DEL ACTUAL ORDEN ECONÓMICO, POLÍTICO Y SOCIAL EN EL PAÍS.


[1] http://www.rebelion.org/portada.php Piero Sabini: con verdad no ofendo ni temo
[2] El artículo se puede leer en www.resonandoenfenix.blogspot.com. Se trata de un documento sobrio, medido y carente por completo de adjetivos descalificantes. Aprovechamos para felicitar a Pablo por el mismo. Su evaluación sobre la superficie de tierra extranjerizada (20%) es, tal vez, demasiado conservadora. Nosotros estimamos que el porcentaje no baja del 25%. Sendic denunciaba en su época una extranjerización del 8%.
[3] Raúl Sendic: Artículos de prensa sobre LA DEUDA EXTERNA, LA TIERRA Y OTROS TEMAS. Moviemiento por la tierra-setiembre 1990

[4] Se pude leer completo en www.resonandoenfenix.blogspot.com