“La guerra es paz”. Reciclaje de cascos azules celestes

“La guerra es paz”. Reciclaje de cascos azules celestes




Como el que está desesperado por salir en la foto “Vázquez viaja a Nueva York y se reúne con Barack Obama”, tituló la Presidencia de la República en su web el 2 de setiembre. Y esa reunión nunca se realizó ... porque nunca estuvo prevista. lo que sucedió [fue] una cumbre de los países que participan en las misiones de paz... cuando se generan expectativas altas y basadas en cosas irreales, es lógico que luego los resultados sean bajos. Así, el gobierno sigue alejando la posibilidad de lograr que las relaciones exteriores sean un salvavidas para tener logros políticos concretos”. (1)

Las cosas no le salieron a Tabaré tan bien como pensaba, y entonces, cuando le tocó hablar en la Asamblea General de la ONU, se pasó hablando de combatir el tabaco.

Vamos al contexto. En el mundo hay unos 26 millones de efectivos militares y 7 mil millones de habitantes, hay un uruguayo cada 2100 personas pero un militar uruguayo cada mil. El mundo tiene un militar cada 260 personas, Uruguay uno casi cada 130. Tenemos el doble del promedio mundial.

Las “fuerzas de paz” de Naciones Unidas (o sea, su ejército) tienen 125 mil efectivos, son menos del medio por ciento de los ejércitos del mundo. Uruguay forma parte de esas fuerzas, y con ciertos altibajos en los últimos años han sido unos 2600 efectivos, la décima parte de los funcionarios del Ministerio de Defensa. Eso es un 2% de las fuerzas de la ONU, ya no el doble sino más del cuádruple del promedio mundial de participación en éstas. Y veinte veces más de lo que cada país del mundo toma en promedio de su propio ejército para aportar a ese ejercito mundial.

Ahora, Naciones Unidas quiere aumentar sus fuerzas en 25%, Uruguay acompañará esto con un incremento del 13% de sus efectivos en “misiones de paz”.

Un extranjero que no conociese Uruguay podría pensar que esta militarización desproporcionada se debería al espíritu guerrero o militarista de los uruguayos, historia de guerras, necesidades de defensa nacional o intereses de su propio “complejo militar-industrial”. Curiosamente, la justificación que acá escuchamos para esa participación desproporcionada, es la tradición PACIFISTA de Uruguay. Un pensamiento orwelliano, “La guerra es paz”.




Supongamos que así fuese, que el gobierno uruguayo tuviese verdaderamente intención de contribuir a la paz mundial participando en eso que se llama “misiones de paz” de Naciones Unidas, creyendo que así ayuda a ese objetivo. Pero ¿cuál ha sido la realidad de estos casi 70 años de la aventura de “paz armada ONU”? Uruguay no está solo en este pensamiento orwelliano, Naciones Unidas también.

Dejemos eso por el momento, todos sabemos que las “misiones de paz” en nada han servido a la paz en todo este tiempo. A poco de iniciadas evolucionaron a ser el “biombo colonialista” que denunció Patricio Lumumba hace 50 años. Ahora, debido a graves problemas en su acción, la propia ONU se plantea una reformulación. El incremento de fuerzas propuesto es parte de este plan; ya vamos a eso.

Primero veamos el caso uruguayo. Sería absurdo buscar en la alta participación en las misiones de paz, algo que comienza en 1993 y alcanza su apogeo entre 2004 y 2010, la motivación para la hipertrofia militar que arranca a comienzos del Siglo XX, un siglo antes. Las razones reales de esta participación desproporcionada no tienen nada que ver con un pretendido pacifismo, todo lo contrario.

Tomo como referencia los trabajos de investigación de Julián González Guyer, uno en especial (2). La forma de hablar de Julián no es la mía, no me parece lo mejor decir las cosas a medias, pero si leemos más allá de sus pruritos académicos resulta obvio que lo que quiere decir es esto que vamos a traducir al liso y llano.

Urugay no precisa fuerzas armadas para su defensa territorial. En toda nuestra historia nunca sirvieron para eso, ni lo pretendieron siquiera. La hipertrofia militar es un chantaje sistemático que el Estado capitalista hace a la sociedad para disuasión de cualquier rebeldía, además de instrumento último de represión, como lo hemos visto.

De esta manera, nuestra tradición en política internacional fue siempre la solución pacifica de los conflictos. Todo lo contrario al intervencionismo militarista.

La salida de las dictaduras militares en el continente planteó a los gobiernos burgueses que las sucedieron, un problema. Se intentó una solución de compromiso buscando tareas fuera de frontera para los militares. El asunto funcionó bien en general en el continente durante un tiempo, pero la hipertrofia militar en Uruguay era un hueso más duro de roer.




“Nuestras” fuerzas armadas conservan un bunker dentro del Estado, retienen bajo su órbita en forma anti-constitucional instituciones civiles como fuente de recursos adicionales, llevan como cosa normal una contabilidad oculta ilegal con compras ficticias y desvíos de fondos, tienen privilegios jubilatorios excepcionales y el déficit es cubierto por Rentas Generales, un Hospital Militar estamentario pagado por toda la sociedad que es en realidad un hospital de la “familia militar”. A eso se suman sus privilegios políticos, la impunidad por sus crímenes del pasado y la impunidad por sus constantes apologías del delito e intervenciones políticas prohibidas por la Constitución, que la clase política tolera.

Pero la realidad irracional de este peso desmedido de las fuerzas armadas no ha podido contra la fuerza de las cosas. El presupuesto del Ministerio de Defensa ha venido disminuyendo en todos estos años, porque no ha habido más remedio. Se ha llegado a un punto en que mantener sin cambios este tipo de fuerzas armadas es imposible; al mismo tiempo la clase política del Estado burgués no ha encontrado forma de resolver el problema. Su obsecuencia hacia el militarismo es aun más notoria en el gobierno del Frente Amplio, porque debe compensar la débil confianza que ofrece a la clase dominante. Como el travesti que sobreactúa a la mujer, el gobierno frentista sobreactúa su servilismo a la corporación militar.

En nuestro continente, la participación en “misiones de paz” fue una solución intentada para “reinsertar” a los militares. La ocupación Haití fue la forma principal de instrumentar esa propuesta. Una verdadera vergüenza, la “hermandad” latinoamericana basada en el abuso del hermano más débil.

Pero dos cosas hicieron que esto no le funcionase a nuestro gobierno. La lucha del pueblo haitiano, y lo aberrante de las fuerzas armadas uruguayas.

Luego de once años, la MINUSTAH ha demostrado ser un total fracaso. En Haití sigue habiendo una dictadura que el pueblo rechaza cada vez más, la situación social es cada vez más grave y la intervención militar la ha agravado encubriendo el desvío corrupto de la ayuda humanitaria y agregando por su cuenta una cadena de abusos, las Naciones Unidas ya no saben como mantener o como sustituir a la MINUSTAH, los gobiernos latinoamericanos acuciados por problemas han comenzado a abandonar a su suerte la aventura colonialista.






Luego de algunos vaivenes, el gobierno frentista terminó, en su tercer período, inclinándose por lo peor. Intentará permanecer en Haiti luego de haber fundamentado abiertamente el retiro (“No ser guardia pretoriana de una dictadura”), y ha asumido ese compromiso a pesar de la resolución expresa del parlamento, y a pesar del reiterado rechazo de las principales organizaciones sociales y amplios sectores del Frente Amplio (porque como todos sabemos, no es una organización con democracia interna).

La participación en la ocupación de Haití ha sido el punto en que el conflicto interno del gobierno frentista ha llegado a su extremo, único caso que ha provocado tres renuncias de diputados a sus bancas por no acatar, por razones de principios, la disciplina militar interna, militar por su estilo y por su verdadera finalidad.

También el tema militar es el punto de quiebre de esa disciplina militar al otro lado del espectro frenteamplista. Por primera vez en diez años tres disputados -tres otros- han roto abiertamente la disciplina por la derecha al no votar el artículo del presupuesto que reduciría el llenado de vacantes en las fuerzas armadas, una forma aunque fuese mínima de ahorrar en esta costosa cáscara inútil, no seguir llenando puestos de nada. Pero, como hemos dicho, la clase política uruguaya es incapaz de resolver este problema.

(Un breve paréntesis. Nuestra bola de cristal nos dice que la dama justiciera no resultará tan ciega al comparar indisciplinas. Ninguno de estos rebeldes por derecha perderá su banca. El desacato ni siquiera servirá para aflojar la presión sobre quienes no quieren votar las peores cosas del presupuesto. Sendic “comprendería la decisión de los tres legisladores si no hubiera habido lugar a la discusión y el análisis, pero sí lo hubo”. Nunca fue el caso de la intervención en Haiti, año tras año escuchamos la queja de los que votan “en disidencia”, que el Frente debería darse la oportunidad de discutir etc etc . En diez años, no lo hicieron).

No solo para Haití, también para Uruguay las misiones de paz han traído lo peor. Recrudecer los vicios de la institución militar ya de por sí enferma, desarrollar sus abusos y llevar al gobierno a cubrirlos, hacer campo de orégano a la corrupción, preparar al personal militar técnica y psicológicamente para reprimir a la población civil. Y, pese a que el gobierno pretendía presentar con esto una buena imagen de Uruguay ante el mundo, terminó en todo lo contrario.

A cambio, las fuerzas armadas podrían cumplir así con la necesidad de prepararse para la defensa de nuestro territorio entrenándose en “combates reales” (en la selva africana, por ejemplo), sin importar quién muere en ese “entrenamiento”, o quién tiene razón en ese conflicto. Pero dejemos también eso. Todos sabemos que esos “combates reales” nunca ocurrirán.

Vamos exclusivamente al fundamento bolichero de las misiones de paz para Uruguay. Como el mantenimiento de estas fuerzas armadas absurdas es insostenible, se ha buscado vender sus servicios como forma de solventar sus gastos, como ocurre con cualquier boliche deficitario. Esa es la carne del asunto, lo demás es publicidad.





El canciller Rodolfo Nin Novoa ha hablado del negocio para Uruguay que son las misiones de paz, porque pagamos a la ONU 10 millones y pico de dólares por año (por distintos aportes) y en cambio la ONU "nos paga" 55 millones por nuestra participación en las misiones. La entrevista (3) tuvo algo de resonancia porque Nin confundió a Johnny Jean, jóven haitiano violado por militares uruguayos, con Johnny Sosa, personaje de una novela de Mario Delgado Aparaín.

Dijo además sobre ese caso que “Uruguay tiene un protocolo para investigar y sancionar si es el caso a soldados que puedan incurrir en algún desvío de esa naturaleza... [que] ha sido incorporado por el secretario general de Naciones Unidas...” .

Esto nos desvía un poco del tema de las cuentas del boliche, que es de lo que queremos hablar. Aunque es difícil de ignorar, el tema ya ha sido tratado extensamente en las contribuciones de la “Coordinadora por el retiro de tropas de Haití”. Un informe completo sobre los hechos, contestando todos esos argumentos, puede bajarse del sitio de la Institución Nacional de DDHH (4). Solamente agregaremos un comentario a esto que dice Nin.

Si se quiere contribuir a la solución de un problema, no vengan con lo que se hace tratando de arreglar el AGRAVAMIENTO del problema que se provocó. ¿Es mérito el esfuerzo en apagar el incendio que, además, hicieron? ¿No sería mejor provocar incendios? Mejor no enviar violadores que inventar protocolos para “investigar y sancionar” los actos de esos violadores.

Ya conocemos el argumento ante esto. “...la exigencia de comportamiento que se hace sobre la Minustah es casi monacal... Es muy duro estar aquí seis meses o un año, para los hombres sobre todo pero también para las mujeres, que en la tarde tienen que salir a correr para gastar las energías”. (4)

¡Pobres muchachos, pobres muchachas! ¿Nadie les enseñó el otro método, por qué no lo incluyen en los cursos? En todo caso, no provocar situaciones que pueden degenerar en estos hechos abominables, no enviar a la institución más proclive a esas conductas.

Pero Nin tiene razón en que la forma en que Uruguay trata estos casos responde a los estándares de Naciones Unidas, la misma “celeridad y transparencia” como lo demostró el caso reciente de violaciones por tropas de la ONU en República Centroafricana. Celeridad en tratar de ocultar todo, transparencia en su objetivo real.

Vayamos entonces a las cuentas del boliche, que nos muestra Nin. En primer lugar, para nada dudamos de su condición de buen hombre de negocios, debe serlo si pudo multiplicar por veinticinco su patrimonio en sus cinco años de vicepresidente.

Nin estima en 55 millones anuales la contribución de la ONU a solventar las misiones uruguayas (Parte de un presupuesto de “Defensa” de 550 millones y hace una cuenta que no es muy difícil, 10%). Queda corto, toma solamente las retribuciones al personal y olvida el aporte para mantenimiento y pertrechos de armas y equipos en escena, que es solo eso porque es Uruguay el que debe comprar esos chiches.

El aporte de ONU, según el estudio de Julián, equivale a un 15% del presupuesto del Ministerio de Defensa (un 15% que se agrega desde afuera a ese presupuesto), que se desglosa en 10% en retribuciones y 5% en ese mantenimiento y pertrechos. La misma relación (2 a 1) es aproximadamente la que hay en el Ministerio de Defensa entre sueldos y todo lo otro. Y en escena y según Julián, Uruguay y ONU empardan en cifras, en ambos rubros. Redondeemos en 500 millones de dólares anuales para el presupuesto en Defensa, simplificando para no enloquecer al lector. Son 2500 millones en el quinquenio. A esto hay que agregar un proyecto ya comprometido de compras de armamentos y equipos por 500 millones más. Eso por ahora no lo veremos porque es futuro. Empecemos en lo que es realidad actual.

Por lo tanto, ONU paga 50 millones anuales en viáticos al personal en operaciones, y otros 25 millones en mantenimiento y pertrechos en escena, un total de 75 millones de dólares anuales.

Uruguay iguala esas cifras en escena, 50 millones en sueldos y sobresueldos (que se pagan a los que van en misión), 25 en compra de armas, municiones y equipos. Los conceptos son distintos pero las cifras resultas similares al final. Estos chiches salen caros pero también es caro mantenerlos porque la guerra es estresante también para los fierros. Al final queda una chatarra inútil que saldría más caro traerla al país que lo que vale. Esos 25 millones que pone Uruguay en fierros, balas, etc, es guita perdida.

Pero Uruguay debe pagar también la retaguardia de esas fuerzas en escena, un contingente en preparación para relevar a los que fueron, y bancar la recuperación, atención médica y psicológica, y licencias de los que han vuelto. Eso triplica la gente, aunque los que están acá no tienen ese 50% extra, todavía no o ya no, según el caso. Pero los gastos que generan tanto en preparación (incluyendo esos cursos sobre el respeto a los Derechos Humanos) como en recuperación (incluyendo investigaciones, juicios y cana en algún caso), son grandes.

De modo que en relación a las retribuciones del personal en misión (50 millones que paga Uruguay) tenemos, tomando los sueldos pelados pero del doble de gente, y la parte correspondiente de fierros, infrestructura etc, todo eso, suma 100 millones.

Uruguay gasta 175 millones de dólares anuales en las misiones (75 en la escena, 100 en retaguardia), la ONU "ayuda" con 75. El costo anual total es de 250 millones. Equivale a LA MITAD del presupuesto de “Defensa”. ¿Y como se distribuye? 70-30, Uruguay paga el 70%, la ONU pone 30.

Más simple, unos 20 millones por mes. Uruguay paga 14, la ONU 6.

Muy cierto es, Uruguay no paga él solo ese equivalente a la mitad del presupuesto de “Defensa”, destina a pagar las misiones un 35% de ese presupuesto, lo pagamos nosotros.

Estas son las cifras reales del boliche. Nin acomoda las cuentas para que le cierren, porque la otra opción es cerrar el boliche.

Hay que agregar algunas cosas.

Como se ha dicho, el gobierno ya se ha comprometido (a espaldas del parlamento, después votarán por “disciplina partidaria”) a una partida extra-presupuestal de 500 millones para compra de armas y chiches varios. Es asombroso el lenguaje de Fernández Huidobro al decir que se pagará en “varios gobiernos”. SE PAGARÁ, ese es el tema. Si es en gobiernos futuros peor aun, porque el que toma la decisión es ESTE gobierno, hipoteca el futuro, le deja la cuenta para que paguen los que van a venir. Vaya viveza.

Es un incremento presupuestal de un 20%, que pagaremos todos. Un incremento que es simultáneo al recorte presupuestal general que tanto problema crea, y que se contrabandea por el costado. Pero veamos la cifra más de cerca. Ese 20% es en gastos en equipos militares y armas, un rubro que es la tercera parte del presupuesto de “Defensa”. Entonces, 20 sobre 33 es un aumento del 60% en gastos en armamentos y equipos militares.

Obviamente, ni siquiera allí queda la cosa. A nadie se le ocurre comprar armas y equipos que no se van a usar. Para usarlos habrá gente. No será porque el personal de “Defensa” aumente, sino porque su distribución interna se distorsionará más todavía. Hoy, por el mecanismo rotativo, hay un 30% de ese personal afectado a las misiones. PASARÁ A SER EL 50%.

Y hay que decir algo más. Que no es algo más, es la clave de todo.

Todo ese costo implica un beneficio para alguien. ¿Para quién? Naciones Unidas es socio minoritario en los costos, paga un 30. Pero se queda con TODO el beneficio, el 100%. No es que la ONU ayude a Uruguay con un 30% de “nuestros” gastos, porque es la ONU quien usa el producto, URGUAY FINANCIA A LA ONU.

Voy a pintar a la casa del vecino, y él también pinta. "Generosamente" pone la mitad de la pintura para pintar SU casa. La otra la pongo yo. Y me dicen que eso que pone el vecino es su "ayuda" para mí. ¿Acaso soy tarado?

Pero no, el argumento para decir que ese no es su beneficio, es que no es "su" casa. ¡Cierto! Es la casa de otro flaco en la que él se metió de prepo y me llevó a mí. A la hora de la verdad, resulta que no me llevaron para pintar sino para robar gallinas. De cada 10 gallinas que logro con mi "afanoso esfuerzo", al generosidad del jefe de la gavilla me permite treer 3 a casa. Es la "ayuda" que recibo.

¿Es todo esto la forma de contribuir a la paz mundial? Lo veremos en otra oportunidad. Nos quedan otros temas por tratar.

La discusión presupuestal ha puesto nuevamente en primer plano la utilidad o no de las fuerzas militares para Uruguay. Ya nadie gasta saliva pretendiendo que estas fuerzas sirvan para “defensa nacional” que es título que tienen, y el cometido constitucional. De modo que la saliva se viene usando en otras cosas, como ser “vigilancia” (mar territorial, espacio aéreo). Este sofisma merece un capítulo aparte, ya lo veremos. Pedir más mar a vigilar para justificar el aumento en gastos de vigilancia, o vigilar la riqueza ictícola al mismo tiempo que se funde la industria pesquera, y similares; queda para otra oportunidad.

Habría que hacer también un pequeño comentario sobre las “otras cosas” que harían las fuerzas armadas según se alega, llevar comida a los evacuados de las inundaciones, juntar basura si los que deberían juntarla no lo hacen, estar en perímetros carcelarios para bajar a balazos a los que se fuguen, y demás. No entraremos ahora en esos disparates, luego los veremos. Solo una cosa. Si son tan importantes esas “otras funciones” de las fuerzas de defensa que no sirven para defensa, tengamos presente que los que no estén en el país (o están para irse o recién volvieron) no podrán cumplir con esas funciones tan útiles. El 50% no podrá hacerlo.

Nos queda un último tema, la famosa “casita” que se pueden comprar los pobres soldados que salen en misión.

Si el Estado uruguayo quiere tener una función de asistencia social a la pobreza, mayor a la poca que tiene, me parece bien. Si se quiere que la gente así asistida responda con una contraprestación, cosa que se ha discutido mucho, discutamos también si es la mejor contraprestación esa que no queda en el país, la que hace daño a otros y también a nosotros. El argumento es que las misiones dejan unas casitas. Habría que ver si hay una forma más digna de llegar a esas casitas, pero ahora nos concentraremos en el costo y beneficio, en cifras.

Lo que sí es interesante es el argumento de considerar a las fuerzas armadas como paliativo del desempleo. Los mismos que hablan pestes del exceso de empleos públicos, hablan como algo imprescindible del exceso de empleo militar, reconociendo así que son empleos parasitarios. Y, de paso, que no hay políticas productivas de creación de empleo.

Pero vayamos a los números, que es el tema de esta nota.

Dos tercios de la tropa han pasado por las misiones. En el caso de la oficialidad es un porcentaje bastante mayor, un 75%. Ya eso marca un sesgo indiscutible. Ese 15% más indica que este dispositivo es más importante para la oficialidad y los mandos, por su motivación, por su impacto estructural, y también por los beneficios personales que resultan. Pero de esto no se habla, el tema son las casitas para la tropa, de modo que centrémonos en eso, aunque la alternativa resulte obvia: podrían atenderse más las necesidades de la tropa ahorrando en los privilegios de los oficiales.

En este punto no hay estudios, tendremos que hacer las cosas a ojo.

De los 26 mil funcionarios del Ministerio, 20 mil son tropa militar, y de eso 2/3, son 14 mil. Tomemos el período significativo de participación uruguaya en misiones de la ONU, unos 20 años. Para que un soldado pueda costearse una casita necesitará 3 o 4 misiones como mínimo, le llevará unos años y no todos llegarán a ese grado. Una estimación muy generosa diría que habrían llegado a esa meta tal vez la mitad, 7000 casitas en 20 años. Eso es lo que le queda en definitiva a Uruguay de las misiones.

Es una estimación grosera pero más que generosa, una casita por día. De ser así, sin duda habría un periodista con una cámara mostrando la casita, si además fuese presentable. Pero estimemos eso. Estimemos además el valor de esa modesta casita en unos 20 mil dólares. Simplificamos las cifras, 7000 casitas en 20 años a 20 mil dólares c/u, son 7 millones por año.

​TODO ESTE ROLLO viene porque la ONU nos ayuda con el 30% de este torpe plan asistencial, 2 millones por año. De 350 casitas, nosotros pagamos 250. La ONU pagó 100. (Estamos redondeando 70 y 30% sobre 350, que sería 245 y 105). Es todo lo que nos dejó, y se llevó el 35% de los recursos de “defensa” del país; ahora pasaría a llevarse el 50%. Y el gran negocio para el país, es que en vez de 100 casitas, al cabo de unos diez años serían 140. ​



Esas son las cuentas del boliche. El problema es que cuando uno tiene un boliche hay que hacerlo rendir, o cerrarlo. Este boliche tiene hoy graves problemas, produce un servicio de “guardias pretorianas”. La forma de hacerlo rendir y que las cuentas cierren es aumentar su productividad. Para eso hay que invertir, ese es el plan. Invertir y renovar el boliche tratando de evitar que cierre.

Pero con eso no hacemos nada, se necesita conseguir clientes, porque sin eso no habrá mayor productividad de valga. A eso fueron a Nueva York, clientes para guardias pretorianas.

Dictaduras, por supuesto. Guardias pretorianas de dictaduras. Los gobiernos democráticos , generalmente, no compran esos servicios.





1)http://www.elobservador.com.uy/el-viaje-vazquez-eeuu-expectativas-altas-bajos-resultados-n682926

2) La contribución de Uruguay para operaciones de paz de Naciones Unidas: acerca de las motivaciones y la interpretación de su record. http://www.scielo.edu.uy/scielo.php?pid=S1688-499X2014000100002&script=sci_arttext

3) http://www.teledoce.com/telemundo/nacionales/nin-novoa-afirmo-que-uruguay-esta-tomando-protagonismo-en-el-panorama-diplomatico/

4)http://inddhh.gub.uy/wp-content/uploads/2013/09/Coordinadora-por-retiro-de-las-tropas.pdf

5) http://historico.elpais.com.uy/13/01/12/pnacio_687903.asp

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